I
O. R. ¡La escuela simultánea (Simultanschule) está en peligro!1 Así dan la alarma los liberales con furioso celo y salen a campaña, llenos de una indignación artificial, contra los oscurantistas que quieren llenar la escuela primaria prusiana de curas y beatería aún peor de lo que ya lo está. También el señor Kopsch brama con brío, él que, cuando en su día se enteró antes que nadie del plan de estrangulamiento de los reaccionarios, guardó solícitamente el secreto en su pecho liberal; y quizá se unan también al coro de los «salvadores de la patria», enemigos de la escuela y de la cultura, los liberales de Bremen, después de haber tirado hace pocos días a la papelera la petición del magisterio de Bremen para que se suprimiera de la escuela la enseñanza de la religión. El liberalismo de estos famosos defensores de la escuela primaria llega justo hasta la escuela simultánea, y aprovechan la ocasión con la diligencia de un Barnum o de un fabricante de Odol para hacer propaganda de sus tendencias «progresistas», a fin de refrescar un poco su reputación, maltrecha por la usura arancelaria, los tratados comerciales y la manía de la flota, y hacerse recordar favorablemente por las masas.2 Era de prever que el proyecto de ley de enseñanza primaria traería consigo el renacer del alboroto por la escuela simultánea, de modo parecido a lo que ocurrió a comienzos de los años noventa con el proyecto de Zedlitz.
El desarrollo de la escuela simultánea en Prusia se remonta al año 1801, después de que la idea en que se basa la hubieran defendido ya antes con insistencia pedagogos como v. Rochow, Natorp y otros, e incluso el Consistorio Superior prusiano y un consejero de cancillería de Mecklemburgo-Strelitz, v. Türk. Aunque el nombre aún no existía, esta peculiar forma escolar ya existía entonces, como se ve por un edicto escolar del 18 de mayo de 1801 para las escuelas católicas inferiores de las ciudades y del campo de Silesia y del condado de Glatz. Dice allí, en el § 7: «En las aldeas de religión mixta, el maestro da a todos los niños, sin distinción de religión, la enseñanza de la lectura, la escritura y de todos aquellos conocimientos que no pertenecen a la religión. Como libros de lectura deben elegirse los que no contengan nada de las doctrinas distintivas de una u otra religión. Asimismo, todos los niños deben unirse para la oración o el canto en común al comienzo o al final de la escuela, como es costumbre, pero esta oración no debe contener nada parcial de un partido religioso». Disposiciones semejantes contenían para Renania la ley del 1 de mayo de 1802 y el decreto del 17 de diciembre de 1811, y lo mismo el reglamento para las escuelas rurales y las escuelas urbanas inferiores de la Nueva Prusia Oriental del 31 de agosto de 1805. Además se dictó para los maestros y los directores de escuela, «por altísimo encargo», una instrucción especial en la que figuraba la recomendación directa de una enseñanza moral sin religión. Así se sintió el soplo de la gran Revolución francesa hasta en la reaccionaria Prusia.
Pero el gobierno llegó pronto a la conclusión de que había «ido demasiado lejos», y se esforzó por reparar su punible «radicalismo» exigiendo en adelante siempre que en la escuela se diera la enseñanza religiosa confesional. Lo único que no se buscó fue separar las escuelas según la confesión de los niños, del mismo modo que en las escuelas normales los alumnos de distintas confesiones recibían enseñanza en común, al menos en los tres primeros decenios del siglo pasado.
La primera escuela de Prusia expresamente llamada simultánea apareció como proyecto en el año 1819. Un gran incendio había asolado entonces la ciudad de Gnesen. Para la reconstrucción se planeó enseñar en una sola escuela a los niños judíos y cristianos en edad escolar, que hasta entonces habían estado repartidos en dos escuelas católicas, una evangélica y cuatro judías, todas en estado sumamente lamentable, porque no se disponía de medios para construir varias escuelas. Esta escuela única, una escuela simultánea, debía fundarse y sostenerse con el patrimonio secularizado del disuelto convento de los Crucíferos. Pero el gobierno no lo permitió. Un informe inmediato de Altenstein al rey se opuso, «en parte por consideración al cultivo general de la religión, en parte en atención al reparo de dotar directa o indirectamente la enseñanza judía con bienes eclesiásticos cristianos».3 Con todo, el propio ministro contempló la posibilidad de unir a los niños evangélicos y católicos, solo que el patrimonio de ambas partes debía permanecer separado para facilitar una eventual separación que se deseara más adelante. Según se desprende de la exposición histórica, publicada en 1878 por el ministro Falk, del proceder de la administración de enseñanza prusiana al establecer escuelas primarias en lugares de población confesionalmente mixta, el ministro opinaba que la escuela simultánea, en primer lugar, se establecería más fácilmente y, en segundo lugar, que el espíritu único en que podía prosperar solo perduraría en ella si aparecía como obra de una unión libre, a la que ninguna de las partes estuviera ligada más tiempo del que durara en ella la convicción de la licitud y utilidad de los establecimientos comunes. Por un rescripto ministerial del 27 de abril de 1822 se comunicó para su conocimiento a todos los gobiernos y autoridades eclesiásticas la parte relativa a la escuela simultánea, redactada muy en contra de ella.
Qué poca simpatía se sentía en los círculos de gobierno por las escuelas simultáneas lo mostraron pronto las dificultades con que se obtenían del gobierno los medios necesarios para crear tales escuelas. Las autoridades provinciales se quejaron amargamente de ello. Así, entre otros, el presidente superior de Posen escribe en 1829 al ministro: «A la formación de escuelas confesionales va unido el gran inconveniente de que, con los medios divididos, apenas o en absoluto pueden conseguirse maestros útiles. Por eso tales escuelas confesionales no cumplen su fin en las ciudades pequeñas mejor de lo que puede hacerse por medio de las escuelas simultáneas». A lo que el ministro respondió que «no podía haber reparo en favorecer la unión si la falta de fondos impedía el establecimiento conveniente de escuelas confesionales y los miembros de la comunidad de ambas confesiones estaban de acuerdo sobre la organización de una escuela simultánea, que al fin y al cabo era mejor que ninguna o que una mala escuela confesional». El presidente superior de Posen y el gobierno de Bromberg exigieron, sin embargo, que se permitiera la coacción contra las comunidades católicas o evangélicas cuando la enseñanza confesional fuera insuficiente, y finalmente incluso la derogación de la disposición de 1822 como «un obstáculo para los esfuerzos por fomentar el bienestar del pueblo y por arraigar sentimientos de fidelidad al rey y al Estado en la provincia de Posen». La respuesta del ministro fue que las escuelas simultáneas debían considerarse siempre solo como excepciones, que en el caso dado, eso sí, se llevarían a cabo «aun contra la voluntad de los municipios y de las respectivas autoridades eclesiásticas».
Un período poco favorable para el desarrollo de las escuelas simultáneas comenzó en el momento en que el reaccionario y limitado ministro v. Raumer se hizo cargo de la administración de la enseñanza, el mismo v. Raumer que, entre otras cosas, fue capaz de prohibir los jardines de infancia de Fröbel como «instituciones socialistas y ateas». En su ciego celo contra todo lo que parecía liberal y progresista, v. Raumer tensó tanto el arco contra las escuelas simultáneas que hasta una «desaprobación de Su Majestad» le salió inequívocamente al paso. Con todo, el régimen de Raumer logró dejar languidecer de tal modo las escuelas simultáneas que en 1870 no quedaban en Prusia más que 60 escuelas simultáneas, todas debidas a situaciones de necesidad.
En cambio, el decenio siguiente fue para la escuela simultánea un período de vivo auge. No en vano el Kulturkampf de los años setenta se libró —y no en su parte más pequeña e insignificante— en el terreno de la escuela primaria. Sobre todo en Renania y en Westfalia las escuelas simultáneas fueron objeto de la agitación más celosa, de una agitación francamente apasionada y fanática. En innumerables asambleas tormentosas se tomó posición a favor y en contra de la escuela simultánea; en numerosos escritos teólogos, pedagogos, juristas, políticos y legos expusieron su punto de vista. Los parlamentos quedaron literalmente inundados de peticiones, tanto del lado evangélico como del católico; solo en la Cámara de Diputados llegaron a esperar resolución a la vez 337 peticiones relativas a la enseñanza primaria. El ministro Falk administró la enseñanza primaria en el sentido de que, «conforme a la tradición, consideraba la escuela primaria como un establecimiento del Estado sometido a la inspección estatal, que de hecho era por regla general confesional, pero que, en casos de necesidad financiera, pedagógica y nacional, o de utilidad así motivada por los municipios, podía ser simultánea, aun con la enseñanza religiosa confesional separada, que debía mantenerse como parte del plan de estudios». Sobre la licitud de tales escuelas simultáneas debía decidir el examen concienzudo de cada caso. En el año 1876, la comisión de enseñanza de la Cámara de Diputados fue aún más lejos que Falk. «Con la enseñanza obligatoria general», declaró, «unida a la obligación de contribuir, tal como la prescribe el Derecho general del país (Allgemeines Landrecht), la escuela primaria no podía ser confesional. El Derecho general no conocía en absoluto los conceptos de escuela confesional y escuela simultánea; eran invenciones de la práctica administrativa posterior. Según la ley prusiana, la escuela primaria era una escuela municipal civil bajo la inspección del Estado». Y así quedó. A los inspectores escolares de distrito se les encomendó la inspección de todas las escuelas primarias de su distrito sin consideración a la separación confesional. Hasta el año 1877 la enseñanza simultánea se había desarrollado en Prusia de tal manera que el número de escuelas simultáneas existentes ascendía a 442 (frente a 60 en el año 1870). Era un aumento al séptuplo. Sin embargo, las 442 escuelas simultáneas no formaban más que el 1,15 por ciento de todas las escuelas de Prusia. En el año 1896 había escuelas simultáneas en las ciudades 265, en 1901: 278; en el campo 415, en 1901: 525. Es un aumento del 1,15 por ciento de todas las escuelas en el año 1877 al 1,9 % en 1896 y al 2,2 % en 1901. La escuela simultánea, pues, solo ha hecho en Prusia, en el curso de los últimos 25 años, progresos mínimos, de una pequeñez casi ridícula.
Con el más reciente intento de estrangulamiento que los reaccionarios perpetran contra la escuela primaria prusiana, también a estas pocas escuelas simultáneas se les ha de apagar la luz de la vida.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha desde la imagen del Volksblatt für Halle und den Saalekreis, 16.º año, n.º 294, 16 de diciembre de 1905, primer suplemento (1. Beilage), pág. 5, digitalizado por la Universitäts- und Landesbibliothek Sachsen-Anhalt (ficha DDB: https://www.deutsche-digitale-bibliothek.de/newspaper/item/JD3YZ4DSFG67CQIJ2TDGL3LHQQYZJNQW). Firmado «O. R.» al comienzo del texto. Continúa en «La escuela simultánea. II» (17 de diciembre de 1905).
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Simultanschule se traduce «escuela simultánea»; Konfessionsschule, «escuela confesional»; Volksschule, «escuela primaria»; Dunkelmänner, «oscurantistas»; verpfaffen und vermuckern, «llenar de curas y de beatería»; Oberpräsident, «presidente superior» (de la provincia). Se conservan las cursivas del original, que reproducen su espaciado.
(N. del T.) Simultanschule: escuela pública común a niños de distintas confesiones, en la que solo la enseñanza religiosa se da por separado; se opone a la Konfessionsschule, escuela confesional. El artículo responde al proyecto de ley prusiano de sostenimiento de la escuela primaria (Volksschulunterhaltungsgesetz), presentado a fines de 1905 y aprobado en 1906, que consagraba la escuela confesional como norma. Otto Kopsch, maestro, era diputado del liberal Partido Popular Libre (Freisinnige Volkspartei) en la Cámara de Diputados prusiana. ↩
(N. del T.) Phineas T. Barnum, empresario de espectáculos norteamericano, prototipo del propagandista; el Odol, agua dentífrica de Dresde, era famoso por su publicidad masiva. Flottenkoller: el delirio de la construcción naval de guerra, que los liberales apoyaron. En el original se abre una comilla antes de «fortschrittlichen» que no se cierra. ↩
(N. del T.) Immediatbericht (el impreso dice «Immediatsbericht»): informe dirigido directamente al rey. Karl vom Stein zum Altenstein fue ministro prusiano de Cultos e Instrucción de 1817 a 1838; Adalbert Falk, de 1872 a 1879; Karl Otto von Raumer, de 1850 a 1858; Robert von Zedlitz-Trützschler presentó en 1892 un proyecto de ley escolar confesional que fue retirado. ↩