El endurecimiento del sistema de ahorro en las escuelas medias.
Por Karl Furtmüller.
Las medidas de ahorro tomadas en el curso 1931/32 en el ámbito de las escuelas medias federales de Viena1 no solo se han mantenido para el curso 1932/33, sino que se han endurecido de un modo muy considerable, que supera con mucho todos los temores. En la exposición que sigue no puede entrarse, naturalmente, en la cuestión de si la situación financiera del Estado federal ha hecho inevitable toda la presión de estas medidas o si quizá, con ahorros más amplios en otros terrenos, no se habría podido tratar con más miramiento a una enseñanza tan duramente acosada. Pero en todo caso es necesario exponer con toda claridad, en toda su extensión y en toda su profundidad, los efectos de estos ahorros sobre la organización y sobre las condiciones pedagógicas y didácticas de la enseñanza media vienesa.
Cuando en los primeros meses de 1931 se discutió por primera vez en los círculos de la escuela media el lema de la planificación, desde instancias autorizadas se puso especial empeño en que en los cambios organizativos así designados lo decisivo era la idea de racionalización, mientras que los pequeños ahorros que eventualmente pudieran resultar en el curso de la planificación no serían el fin, sino solo un efecto secundario, desde luego deseable, de la operación. Este año esa discusión ha enmudecido por completo, porque los hechos hablan con demasiada claridad. Ya no puede caber ninguna duda de que en este momento la planificación no es otra cosa que una medida para estrangular enérgicamente la enseñanza media. Esto se ha expresado con especial claridad, en el caso de Viena, en que según el primer plan del Ministerio de Instrucción para el curso 1932/33, aunque había que contar con seguridad con un aumento considerable del número total de alumnos, el número total de clases debía reducirse respecto del año anterior de 600 a 587. Tras meses del más esforzado trabajo conjunto de todas las instancias implicadas, después de repetidos intercambios de escritos y de una serie de negociaciones verbales, se logró aumentar paso a paso esa cifra hasta obtener por fin la autorización de 602 clases, es decir, en lugar de 13 de menos, 2 de más respecto del año anterior.
Estos avances no pudieron lograrse con discusiones generales, sino que exigieron la exposición más minuciosa de cada caso particular y, en cada uno, la prueba concreta de que sin la concesión de una clase más se producirían sencillamente situaciones insostenibles. Hay que decir, por desgracia, que poco a poco los argumentos pedagógicos sobre lo insostenible de la situación ya solo pueden contar con plena fuerza de convicción si pueden apoyarse también en argumentos por así decirlo físicos, es decir, en la prueba de la imposibilidad material de alojar un determinado número de alumnos en los locales disponibles. Así pues, por agradecido que se acoja la concesión de otras 15 clases obtenida por vía de negociación, tras todos estos antecedentes no podía esperarse de antemano que con el número de clases concedido fuera posible alojar satisfactoriamente a los alumnos existentes. Pero un examen detenido de la situación, tal como se ha producido efectivamente, tiene que causar graves desengaños incluso a quien estaba así preparado, y llenar de la más seria preocupación a todo el que se interese por la escuela media.
Veamos en conjunto la evolución de las escuelas medias federales de Viena en los últimos 3 años:
| Curso: | Número total de alumnos: | Número de clases: | Ocupación media de las clases |
|---|---|---|---|
| 1930/31 | 18.754 | 612 | 30,6 |
| 1931/32 | 19.870 | 600 | 33,1 |
| 1932/33 | 21.341 | 602 | 35,5 |
A lo largo de estos 3 años, la situación de la enseñanza media vienesa, que ya antes se había quedado muy por detrás de las necesidades de la época y que precisamente en los años 1929/30 y 1930/31 había dado lugar, por las dificultades existentes, a detenidas discusiones entre los profesionales, ha empeorado, pues, a saltos. Una media de 35,5 alumnos por clase en el conjunto de la enseñanza media federal de Viena significa que nuestra enseñanza superior2 tiene que contar con más alumnos que nuestra escuela popular. En efecto, en el curso actual tenemos en el conjunto de las escuelas populares y principales de Viena una media de 34,3 alumnos, y en las escuelas principales, algo más cargadas, una media por clase de 34,5. Puede decirse sin duda que seguramente es la primera vez en la historia escolar que la enseñanza superior de una gran ciudad tiene clases más numerosas que la escuela popular. En esta cifra total están incluidas además las clases quinta a octava de las escuelas medias, en las que no solo razones pedagógicas, sino también la tradición, abogan todavía más que en la escuela media inferior por un número de alumnos más bajo, y en las que las circunstancias particulares de cada centro hacen que todavía hoy se hayan mantenido una serie de clases con menos de 20 alumnos (en el BG IX y el BG XVIII, incluso una 7.ª clase con 10 alumnos cada uno)3. No es de extrañar, por tanto, que el resultado sea todavía más crudo si se considera aisladamente el ciclo inferior. En las clases primera a cuarta de las escuelas medias federales de Viena se sientan en el curso actual 14.146 alumnos en 344 clases, lo que da una media de 41,1 alumnos por clase. Para comprender el significado de esta media hay que recordar que antes de implantarse la planificación se había fijado para las clases segunda a cuarta la cifra de 45 como límite para dividir una clase, y que en los casos dignos de consideración se concedían divisiones aun cuando no se alcanzara del todo esa cifra.
Pero donde las medidas de ahorro llamadas planificación surten todo su efecto es, naturalmente, sobre todo en las clases más bajas, donde el estrangulamiento ha actuado con especial energía. Las primeras clases de nuestras escuelas medias federales han evolucionado así:
| Curso: | Número de alumnos: | Número de clases: | Ocupación media de las clases |
|---|---|---|---|
| 1930/31 | 3565 | 93 | 38,2 |
| 1931/32 | 3775 | 85 | 44,4 |
| 1932/33 | 3977 | 85 | 46,8 |
Pero también la segunda clase, en la que naturalmente repercuten los estrangulamientos efectuados el año anterior en las primeras clases, está terriblemente abarrotada. Contamos 4123 alumnos en 92 clases, lo que da una media de 44,8 alumnos por clase. Si se mantiene el sistema actual, tenemos que contar con seguridad con que este hacinamiento insoportable, como un edema que poco a poco amenaza la vida de un enfermo grave, suba año tras año una clase más.
Además, con las cifras medias se corre siempre el peligro de engañarse sobre toda la gravedad de la situación, ya que en ellas, por naturaleza, los peores casos quedan compensados por algunos más favorables. A ello se añade que en la enseñanza media vienesa, a diferencia de nuestra escuela popular, donde se procura con éxito nivelar en lo posible el número de alumnos, no hay una amplia compensación entre las distintas clases de un mismo curso. Lo impiden diversas circunstancias, unas inevitables y otras evitables, de las que todavía habrá que hablar, de modo que la dispersión es extraordinariamente grande. Procuremos, pues, al menos echar una mirada más detenida a la situación de las primeras clases.
De las 85 primeras clases de las escuelas medias federales de Viena, una mitad (43 clases) tiene de 32 a 47 alumnos por clase. En la otra mitad (42 clases) se sientan en cada clase de 48 a 60 alumnos. A saber, tenemos
| 48 | alumnos en | 4 clases |
| 49 | » » | 3 » |
| 50 | » » | 7 » |
| 51 | » » | 6 » |
| 52 | » » | 4 » |
| 53 | » » | 4 » |
| 54 | » » | 1 » |
| 55 | » » | 4 » |
| 56 | » » | 4 » |
| 57 | » » | 3 » |
| 58 | » » | — » |
| 59 | » » | 1 » |
| 60 | » » | 1 » |
Compárese con ello que entre las 4118 clases de la escuela popular vienesa solo hay 137 con más de 40 alumnos, y entre ellas, en total, 2 clases con 43 y 3 clases con 44 alumnos. Es decir, el número máximo de alumnos de la escuela popular vienesa, alcanzado en tres de 4118 casos, es inferior a la media de alumnos de nuestras segundas clases y muy inferior a la media de nuestras primeras clases de escuela media. Y para las cifras máximas de nuestras escuelas medias vienesas no se encuentra en la escuela popular de nuestra gran ciudad ni la más remota analogía: con ellas, la enseñanza superior de Viena se pone a la par de la enseñanza obligatoria de las ciudades pequeñas y los distritos rurales, comprensiblemente atrasada respecto de la gran ciudad.
Como esta creciente sobrecarga de las clases de escuela media solo se debe en pequeña parte a una disminución absoluta del número de clases, y esencialmente a un aumento del número absoluto de alumnos que el número de clases autorizado simplemente no ha tenido en cuenta, resulta tentador hacer responsable, como verdadera raíz del mal, a la afluencia a la escuela media, que se explica sobre todo por la situación económica y se tacha de malsana. Pero esta opinión tan extendida no resiste un examen a la luz de las cifras. Ya al comienzo del curso pasado se señaló que, pese al aumento absoluto del número de alumnos en las primeras clases de las escuelas medias, nos encontrábamos ya ante una disminución relativa, aunque al principio débil, de la afluencia a la escuela media. Pues según el número de alumnos de las cuartas clases de la escuela popular cabía esperar para el curso 1931/32, respecto de 1930/31, un aumento del 8%, mientras que el aumento real del número de alumnos en las primeras clases de la escuela media no llegó al 6%. Este fenómeno se manifiesta al comienzo del curso actual en medida extraordinariamente mayor. En las escuelas populares de Viena había en el curso 1930/31, en las cuartas clases, 21.114 niños; en 1931/32 eran 22.719. Esto da un aumento del 7,6%. En cambio, en las escuelas medias federales el número total de alumnos de la primera clase pasó de 1931/32 (3775 alumnos) a 1932/33 (3977 alumnos), un aumento del 5,3%. En el mismo período, las escuelas principales de Viena registran un crecimiento de 17.051 alumnos a 18.702, es decir, un aumento del 9,7%. Es, pues, indudable que, si bien a consecuencia de una generación más numerosa ambos tipos de escuela registran un aumento absoluto de niños de once años, en términos relativos la afluencia se ha desplazado muy notablemente de la escuela media a la escuela principal. Pero aun así estas cifras no dan todavía una imagen realmente característica del movimiento de alumnos. Esta solo se obtiene cuando se considera el número de alumnos por separado según los sexos. En efecto, en las primeras clases de las escuelas medias federales, frente a los 3002 varones y 775 muchachas del año pasado, hay este año 3047 varones y 930 muchachas. Esto significa, pues, en los varones un aumento de 45 = 1,5%, y en las muchachas un aumento de 155 = 20%. Este resultado, a primera vista del todo sorprendente, necesita para entenderse que se completen con las cifras de las escuelas medias femeninas. Estas tenían en 1932 [es decir, en el curso 1931/32] 1261 muchachas en 30 primeras clases, y en 1932/33, en cambio, 1092 muchachas en 27 primeras clases, un retroceso que se explica porque las disposiciones sobre la subvención de las escuelas medias femeninas tomadas en el marco de las medidas de ahorro impidieron a una serie de ellas abrir en el curso actual tantas primeras clases como el año anterior4. El número total de muchachas que estudian en las primeras clases de las escuelas medias de Viena es, pues, este año de 2122, frente a 2036 el año pasado, lo que significa un aumento del 4,3%. Así pues, en los varones el aumento absoluto de la generación respecto del año anterior ha sido absorbido casi por completo por la escuela principal, y también en las muchachas la orientación hacia la escuela principal se ha reforzado notablemente en términos relativos respecto del año anterior. Del mayor número total de alumnos no tiene, pues, ninguna culpa una afluencia creciente y malsana a la escuela media, sino sencillamente el hecho de que hace un decenio la miseria del pueblo austriaco se alivió temporalmente y con ello aumentó el número de nacimientos. Las cifras de alumnos de las clases cuartas (1931/32: 22.719; 1932/33: 22.914) y terceras (1931/32: 22.765; 1932/33: 21.596) de la escuela popular muestran que todavía en los dos próximos cursos tendremos que contar con generaciones de fuerza semejante para la primera clase de la escuela media o de la escuela principal. Después, el descenso de la natalidad repercutirá rápidamente, ascendiendo desde el quinto año escolar. Este panorama enseña lo especialmente valiosas que tienen que ser para nosotros, desde el punto de vista de la política demográfica, las pocas generaciones de fuerza más o menos normal. Poner en peligro precisamente la flor de estas generaciones hacinándolas en clases abarrotadas en las que, con la mejor voluntad, no se les puede ofrecer ni remotamente lo que necesitan, no solo desde el punto de vista pedagógico y didáctico, sino tampoco desde el de la higiene escolar, nos parece que significa dañar gravemente por decenios el desarrollo futuro de nuestro pueblo a cambio de ahorros relativamente pequeños durante muy pocos años.
Ya el año pasado se señaló que la designación de las medidas de ahorro organizativas como planificación podía ganar cierta justificación en la medida en que se procurara satisfacer lo mejor posible, mediante una organización planificada, las necesidades de estudio existentes con los medios disponibles. Desde este punto de vista hay que comprobar, por desgracia, que algunas de las medidas tomadas no solo no suavizan las dificultades que se derivan de la necesidad de ahorrar, sino que incluso las agravan expresamente.
A ellas pertenece, sobre todo, el modo en que se inserta a las muchachas en nuestras escuelas medias de varones. Desde hace 2 años, el Ministerio de Instrucción se mantiene en el punto de vista de que en los centros en que se admiten muchachas la regla debe ser la coexistencia de clases exclusivamente de varones y clases exclusivamente femeninas, mientras que solo se concede de mala gana, en casos excepcionales muy particulares, la creación de clases mixtas. A consecuencia de este punto de vista, de las 85 primeras clases de este año, 15 son clases exclusivamente femeninas. En las dos clases femeninas del BG XVI la separación no es arbitraria, sino que se debe a la diferencia de tipo de escuela (la clase de varones es de Gymnasium, las dos clases femeninas, de Realgymnasium C)5. Pero las otras 13 clases femeninas están junto a clases de varones del mismo tipo. Se producen entonces las siguientes situaciones:
| Gymnasium federal XII: | clase de varones de Gymnasium | 50 | muchachas 35 |
| Realgymnasium XXI: | clase de varones de Realgymnasium B/C | 50 | » 37 |
| 2.ª Realschule federal II: | clase de varones | 42 | » 53 |
| Realschule federal III: | » | 32 | » 46 |
| Realschule federal IX: | » | 38 | » 55 |
| Realschule federal XVI: | » | 53 | » 46 |
En 6 de 13 casos, pues, las clases femeninas del mismo tipo han impedido equilibrar clases con ocupaciones muy desiguales, y con ello han agravado considerablemente el mal del hacinamiento. En 5 de estos casos habría sido posible, formando clases mixtas, quedar al menos por debajo de la ominosa cifra de 50, que de este modo se ha rebasado sin necesidad objetiva por un punto de vista dogmático.
Todavía mayores son las dificultades que se derivan del tratamiento que se da actualmente a la cuestión de los tipos de escuela. Todavía no ha podido imponerse el punto de vista de que, en una época en que por razones financieras no pueden satisfacerse tantos deseos justificados de los padres, habría que complacerlos al menos allí donde satisfacer sus deseos y expectativas, que se mueven en el marco de la ley de escuelas medias, no costaría ni un groschen.
Como se sabe, desde hace años podemos comprobar una afluencia hacia las diversas formas del Realgymnasium, fácilmente explicable por la organización del sistema de títulos y derechos que dan los estudios. Esto se confirma también en el curso actual. El reparto de los alumnos de las primeras clases entre los distintos tipos es el siguiente, en comparación con el año anterior:
| Gymnasium | Realgymn. A | Realgymn. B/C | Realschule | |
|---|---|---|---|---|
| 1931/32 | 778 | 1207 | 377 | 1384 |
| 1932/33 | 747 | 1296 | 486 | 1475 |
Pero estas cifras, en las que se agrupan varones y muchachas, no dan una imagen del todo nítida de la situación real. Hay que pensar que la mayoría de las secciones femeninas creadas como clases de Realschule se continuarán probablemente en el ciclo superior como Realgymnasium C, y además que la situación de los tipos de escuela entre las muchachas solo puede abarcarse por completo considerándola junto con las escuelas medias femeninas. Pero puede renunciarse tranquilamente a este examen más detenido en lo que se refiere a las muchachas, porque aquí la cuestión de los tipos está resuelta satisfactoriamente, en el sentido de que toda muchacha puede acceder sin especial dificultad al tipo de escuela que desee. Muy distinto es el caso de los varones. Considerados solo ellos, la situación es la siguiente:
| Gymnasium | Realgymn. A | Realgymn. B/C | Realschule | |
|---|---|---|---|---|
| 1931/32 | 674 | 1133 | 227 | 955 |
| 1932/33 | 649 | 1217 | 287 | 894 |
Vemos, pues, en los Gymnasien y las Realschulen de nuevo un ligero retroceso. El aumento del Realgymnasium B/C corresponde exactamente al retroceso de la Realschule, mientras que el aumento del Realgymnasium A no solo compensa el retroceso del Gymnasium, sino que ha absorbido además todo el aumento del número total de alumnos. Hay que hacer constar a este respecto que este reparto de las cifras no ha surgido de forma natural, sino que es en cierto modo el resultado de una lucha de la administración con los deseos de los padres. Es cierto que poco a poco ha habido que decidirse a dar paso a paso más espacio al Realgymnasium ocupando Gymnasien con clases de Realgymnasium. En nuestros 12 Gymnasien federales de Viena hay actualmente 17 clases de Gymnasium y 10 de Realgymnasium. Aun así, la previsión para el Realgymnasium A sigue siendo del todo insuficiente. Si ya la media general de alumnos de las primeras clases, de 46,8, nos ha parecido espantosamente alta, en las clases del Realgymnasium A sube incluso al 48,4%. Esto no tendría por qué ser así si no se opusiera resistencia en cada caso, por así decirlo hasta el último aliento de caballo y jinete, a la transformación de una clase de Gymnasium en una de Realgymnasium. Durante un tiempo pareció incluso que se quería llegar al extremo de completar forzosamente, asignándoles alumnos de Realgymnasium, las primeras clases de Gymnasium previstas por la planificación para las que no había suficientes inscripciones, y de declarar a los padres que sus hijos tampoco tendrían en la cuarta clase perspectivas de encontrar en el mismo centro la posibilidad de estudiar en el Realgymnasium. Al final se retrocedió, sin embargo, ante este paso extremo. Con todo, entre las clases designadas como de Gymnasium hay una que se compone aproximadamente en dos tercios de alumnos de Realgymnasium y solo en un tercio de alumnos de Gymnasium, y sobre cuya organización posterior a partir de la cuarta clase el Ministerio de Instrucción se ha reservado la decisión. Además, no hay que pasar por alto que, ya sin medidas coercitivas, el hacinamiento de las clases de Realgymnasium y la mayor facilidad de acceso a algunas clases de Gymnasium que va unida a él llevan al Gymnasium a una serie de alumnos destinados en un principio al Realgymnasium. Los centros afectados no tienen ninguna duda de que esta situación no es en absoluto apropiada para elevar la calidad media de los alumnos de Gymnasium.
Al hacinamiento del Realgymnasium A, a la larga insoportable, se le podría poner remedio fácilmente, sin tener que ocupar los Gymnasien para fines del Realgymnasium más que hasta ahora, haciendo posible a los padres de todos los distritos de Viena enviar a sus hijos varones también a un Realgymnasium B/C. Es una prueba de la fuerza vital interna de este tipo de escuela que, pese a la tenaz resistencia que se le opone, sepa abrirse año tras año algo más de espacio. Dejando aparte el distrito 21.º, que ocupa una posición especial por su situación geográfica, este tipo sigue estando abierto a los varones solo en el Realgymnasium VIII y en el Realgymnasium XX. En ambos centros la afluencia es tan grande que a la larga no bastan ni siquiera para sus propios distritos y los alrededores próximos. Ya este año, la afluencia de varones al BRG XX ha llevado a transformar por fuerza en clase mixta la clase femenina prevista y a remitir a toda una serie de muchachas que vivían muy cerca de la escuela a la 1.ª Realschule federal del distrito II. Como, por otra parte, hubo que hacer ciertas concesiones a la comprensible y justificada resistencia de los padres, la clase mixta del BRG XX cuenta 52 alumnos, mientras que la clase femenina de la 1.ª BR II, con 34 alumnas, está demasiado poco aprovechada en las circunstancias actuales. Así pues, también aquí un agravamiento superfluo de la penuria existente, que sería fácil de evitar con una aplicación puramente objetiva de la ley de escuelas medias, libre de tomas de posición personales.
Ya el año pasado la reducción del número de clases no fue la única medida de ahorro que hirió a la enseñanza media. El golpe más duro, que cayó en otro terreno, fue, como se sabe, la supresión total de las prácticas de ciencias naturales de los alumnos. Todas las referencias a la tradición de medio
siglo de estas prácticas y a la enorme importancia que tienen no solo para las distintas asignaturas, sino para impregnar nuestra escuela con la idea del trabajo, no pudieron impedir que también para 1932/33 se mantuviera esta medida de ahorro con toda su dureza. Aquí ya no era posible endurecerla más, puesto que ya el año anterior se había procedido al cien por cien.
A tales nuevos endurecimientos se ha procedido, en cambio, en el límite para las horas de asistencia y divisiones de clase en las asignaturas técnicas y en los ejercicios físicos. En dibujo y geometría descriptiva el límite se elevó de 31 a 36; en los ejercicios físicos, de 31 a 35 para el ciclo superior y a 40 para el inferior. Cuando luego se vio que el aumento efectivo de alumnos por clase tenía que imponer, también con estos nuevos límites, un número mayor de horas de asistencia o de divisiones de clase, se dispuso lisa y llanamente para los ejercicios físicos que no se rebasara el número de horas de asistencia del año anterior, lo que tuvo como consecuencia, aun más allá del nuevo límite, la supresión de otras 160 horas de asistencia. Es evidente que la hora de gimnasia con más de 40 niños a cargo de un solo profesor ya no puede moverse con libertad metodológica, y que, aun así, la seguridad física de la juventud que hace gimnasia ya no está plenamente protegida en tales circunstancias. Hay que hacer constar además también este año que el hecho de que tales medidas de ahorro no se dispongan a tiempo, antes del comienzo del curso, sino que se ordenen después del comienzo del curso, en un endurecimiento por etapas, retrasa hasta bien entrado noviembre la llegada de una situación completamente ordenada en cada escuela, y aumenta así de nuevo considerablemente las dificultades pedagógicas y didácticas que se derivan de las medidas de ahorro.
No puede negarse, por tanto, que la opinión expresada hace un año en «Die Wiener Schule» de que las medidas de ahorro de entonces representaban el máximo de restricciones que podía exigirse razonablemente a la escuela media aun en los tiempos más duros ha resultado errónea. La situación creada para el curso actual no solo supera con mucho en dureza a la del año anterior, sino que muestra que los principios que se aplican actualmente a la enseñanza media tienen que llevar forzosamente, de año en año, a una situación cada vez peor. Está en la naturaleza de las cosas que los daños sanitarios, educativos y didácticos que de esta situación se derivan para nuestra juventud no se manifiesten de golpe, pero que con el paso de los años tengan que volverse cada vez más funestos. Con ello se relaciona el que, según todas las apariencias, ni las más altas instancias de nuestra administración, ni los padres, ni quizá siquiera el conjunto del profesorado se hayan dado plena cuenta hasta ahora de la funesta evolución que aquí se estaba preparando. Recordemos solo brevemente, una vez más, los peligros más importantes.
La vida en una comunidad de clase demasiado grande supondrá en todo caso, al menos para la parte de nuestra juventud amenazada en sus nervios, también un peligro para la salud. En las circunstancias actuales, en que estas clases grandes están alojadas casi siempre en locales inadecuados, con un volumen de aire demasiado pequeño, en que con frecuencia hay que apretar en los bancos a más niños de los asientos previstos, los peligros para la salud del conjunto de los alumnos afectados son tan evidentes que la autoridad escolar que se ve obligada a dejar subsistir tal situación cae en un grave conflicto de conciencia.
El trabajo en estas condiciones insalubres pone en peligro también la salud y la fuerza nerviosa del profesor. Está claro que con ello, en una interacción necesaria, empeora de nuevo también la situación de los alumnos.
Las tareas didácticas que plantean nuestros planes de estudio están concebidas para un número normal de alumnos y, como se sabe, ya con ese supuesto ponen al profesor ante problemas didácticos muy difíciles. En la clase abarrotada se vuelve sencillamente imposible despachar toda la materia prescrita, elaborar al mismo tiempo en la escuela, del modo prescrito, todo lo esencial —una tarea que no es idéntica al problema de la enseñanza por el trabajo propiamente dicha, sino que existe con la misma fuerza apodíctica también para el metodólogo de orientación más antigua— y, también en el sentido de los planes de estudio, trasladar a la escuela una parte esencial de la práctica. Los perjuicios inevitables serán: descenso del nivel, creciente porcentaje de fracasos, proliferación de las clases particulares.
La clase abarrotada hace todavía más difícil al profesor la tarea, ya de por sí difícil, de calificar. Sobre todo cuando la enseñanza en la clase se ha visto perturbada por frecuentes enfermedades de los alumnos o cuando el propio profesor ha estado enfermo aunque solo sea una o dos semanas, en ciertas circunstancias se le impone a la calificación un carácter verdaderamente aleatorio. Mucho más difícil todavía es, en tales circunstancias, hacer los exámenes de modo que la prisa forzosa no influya muy desfavorablemente en la situación psíquica del examinado.
La situación se agrava aún más porque en la clase excesivamente grande los asuntos puramente técnicos del funcionamiento escolar y el mantenimiento de la disciplina escolar exigen por naturaleza desproporcionadamente más tiempo que en la clase normal, y por tanto queda menos tiempo para las tareas didácticas, que se han vuelto más difíciles.
El hacinamiento de las clases tiene que agravar además muy sensiblemente, por desgracia, los perjuicios que se derivan de la extrema división en asignaturas que prevén nuestros planes de estudio y también nuestro reglamento de exámenes para la docencia en las escuelas medias. Basta tener presente que una asignatura de dos horas dispone, por período de evaluación6, de unas 15 horas semanales, y una de una hora, de unas 7. E imagínese entonces la enseñanza del francés o el inglés de dos horas en el ciclo superior con más de 40 alumnos, imagínese la enseñanza de la historia en la primera clase con 50 a 60 alumnos. Y además, también en tales clases el profesor no solo debe enseñar, sino también calificar; tiene, pues, por ejemplo, en noviembre, con ocasión de la primera junta de evaluación, que poner notas a 50 o 60 niños después de 7 horas de historia en la primera clase. Y el único remedio posible, a saber, reunir el mayor número posible de asignaturas en una sola mano, no solo lo dificulta nuestro reglamento de exámenes, sino que, en la modesta medida en que todavía sería posible según ese reglamento, resulta muy a menudo inaplicable en la práctica por la obligación administrativa de ocupar a cada profesor del centro con un número de horas exactamente determinado.
La verdadera tarea que la ley de escuelas medias ha planteado a nuestra escuela media, a saber, la reforma interior, la renovación y el desarrollo de nuestros métodos, queda interrumpida violentamente por esta penuria. Pero precisamente ahora se agolpan en nuestras escuelas medias los profesores en prácticas7, que de este modo, con la mejor voluntad de todos los implicados, se ven privados de una introducción realmente plena en las tareas de su profesión. Así, es de temer que también por este lado los males del presente sigan actuando durante un futuro muy largo.
La penuria a que esta situación somete a nuestra juventud de las escuelas medias hace, naturalmente, todavía más urgente insistir en la tarea educativa de la escuela. Esperamos que el mayor número posible de profesores conserve para esta tarea, también en las difíciles circunstancias actuales, no solo el entusiasmo, sino también la fuerza nerviosa. Pero también para ellos la pregunta de dónde sacar el tiempo para esta tarea, la más importante de la escuela, será siempre de nuevo un problema amenazador.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del facsímil de Die Wiener Schule. Pädagogische Beilage zum Verordnungsblatt des Stadtschulrates für Wien [La escuela vienesa. Suplemento pedagógico del Boletín de disposiciones del Consejo Escolar de la Ciudad de Viena], año 1932, número IV, 1 de noviembre de 1932, págs. 1-4, en ANNO, Österreichische Nationalbibliothek (ANNO_ssr19321101, imágenes 5-8). Firmado «Karl Furtmüller». Los comentarios S. n del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Se conservan las cursivas (que reproducen el espaciado del original), la división en párrafos y las tablas, con las cifras tal como se imprimieron (coma decimal en lugar del punto alto del original), aunque algunas no cuadren entre sí. Los términos de la organización escolar austriaca se dan la primera vez en alemán, en cursiva, y se explican en notas del traductor; las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo. Las adiciones del traductor van entre corchetes.
Escuelas medias federales (Bundesmittelschulen): las escuelas medias públicas sostenidas por el Estado federal austriaco, por eso directamente afectadas por los recortes del presupuesto federal. La «escuela media» (Mittelschule) era en Austria la enseñanza secundaria de los 10 a los 18 años (Gymnasium, con latín y griego; Realgymnasium, con latín y una lengua moderna; Realschule, sin latín: tipos que se dejan en alemán, porque «gimnasio» o «instituto» no les corresponden), en ocho clases divididas en un ciclo inferior y otro superior, que conducía al examen de madurez y daba acceso a la universidad; no corresponde a la «escuela media» española. (N. del T.) ↩
«Enseñanza superior» (höheres Schulwesen): aquí, la enseñanza secundaria que da acceso a la universidad, por oposición a la escuela popular obligatoria; no la universitaria. (N. del T.) ↩
Abreviaturas del original: BG = Bundesgymnasium (Gymnasium federal), BRG = Bundesrealgymnasium (Realgymnasium federal), BR = Bundesrealschule (Realschule federal); el número romano indica el distrito de Viena. (N. del T.) ↩
Las escuelas medias femeninas (Mädchenmittelschulen) eran en su mayoría privadas, sostenidas por asociaciones u órdenes religiosas con subvención pública. (N. del T.) ↩
Realgymnasium A, B y C: variantes del Realgymnasium según la ley de escuelas medias de 1927, que se distinguían por el orden y el peso del latín y de las lenguas modernas; en la B y la C la lengua moderna se empezaba desde la primera clase («lengua extranjera moderna desde el primer curso», como dice el artículo de 1931). (N. del T.) ↩
Konferenzperiode: el período entre dos juntas de evaluación (Zensurkonferenzen), en las que el claustro fijaba las calificaciones. (N. del T.) ↩
Probelehrer: candidatos a profesor de escuela media que hacían el año de prácticas obligatorio en un centro bajo la guía de un profesor titular. (N. del T.) ↩