CARACTERÍSTICAS del PRIMER, EL SEGUNDO Y EL TERCER HIJO
por el DR. ALFRED ADLER
EL PRIMER hijo nace por lo general en un mundo que espera su llegada con expectación y alegría. Su familia lo ha preparado todo para recibirlo. Es para su padre y su madre una experiencia única, sin igual. Si sigue siendo hijo único durante algunos años, es fácil que se le consienta y se le mime, que ocupe el centro del escenario. Sabiendo que es el único objeto de los cuidados de sus padres, siente su poder y su influencia. Y con el paso del tiempo este sentimiento aumenta.
Al cabo de unos años llega otro niño, y la situación del mayor ya no es tan agradable. Ya no es el centro de la escena. El nuevo bebé ocupa la atención inmediata de la familia. La conversación en la mesa gira en torno a su salud, su crecimiento, su aspecto y sus gracias. El horario de la casa se organiza en torno a él. El hijo mayor se siente destronado. Pero durante ese tiempo se ha formado un tipo que tiene por meta el centro del escenario. Se esfuerza siempre, de mil maneras, por recobrar su antigua situación de poder y de importancia en la familia. Sintiendo el obstáculo que se le cruza en el camino, quiere superarlo luchando. Pero el obstáculo es difícil de superar.
DURANTE todo este tiempo el hijo menor ha ido creciendo muy feliz. No sufre trabas, no se le contraría en sus deseos y ambiciones, y por eso es más encantador y simpático que su hermano o hermana mayor, que muy probablemente ha desarrollado cualidades poco atractivas al verse desplazado. Entre otras cualidades, el mayor ha desarrollado susceptibilidad, y así nota la preferencia de los mayores por el pequeño. Cree también que su poder se ve recortado e incluso frustrado. Si no logra imponerse en la lucha por la supremacía en su universo, es fácil que se vuelva abatido, malhumorado, más o menos desesperanzado, y que muestre esa desesperanza más adelante en la vida cuando se enfrente a problemas. Es muy probable que sea conservador, que comprenda el poder y esté de acuerdo con él. Si es lo bastante fuerte, se convierte en un niño luchador.
En cuanto al segundo hijo, nunca está solo, sino siempre frente al mayor. Esta imagen constante de un niño mayor y más grande ante sus ojos engendra en él un sentimiento de rivalidad. Tiene en su hermano mayor a alguien que le marca el paso. En adelante, en todos sus juegos y en todo su trabajo, su actitud es la de quien corre una carrera. Le anima siempre el deseo de ganar. Pero no valora ni reconoce el poder. Lucha contra el poder establecido y tiende a ser revolucionario. Si triunfa, es un tipo excelente; pero si es derrotado, por ejemplo, si no es capaz de competir con éxito con el mayor en el trabajo y en el juego, pierde la esperanza, se abate y lo pasa mal.
SI EL mayor es un chico y la menor una chica, el chico está en una situación difícil, porque la naturaleza favorece a la chica, mental y corporalmente, hasta los diecisiete años. Ella se desarrolla más deprisa y tiene más fuerza, y deja así en desventaja al chico. Un chico en tales circunstancias es un problema especial y, si no es capaz y no tiene éxito, es muy desdichado.
Cuando llega el tercer hijo, o el menor, está en una situación distinta de la del primero y la del mediano. Pero su condición se parece algo a la del segundo, en que también tiene un sentimiento de rivalidad con sus hermanos o hermanas mayores. Tiene que luchar por un lugar al sol frente a ellos, pero no tiene sucesor. Esto le da un gran sentimiento de poder, y si es capaz, a menudo supera a los hijos mayores de la familia gracias a su sentimiento de importancia. Si no es capaz, quizá se escude en el hecho de estar mimado y se vuelva perezoso, rehuya las tareas, pierda el tiempo y ponga excusas.
Estos son los tres tipos más importantes de niños. Se encuentran ejemplos de ellos en toda la literatura. En los cuentos de hadas en que aparece el hijo menor, siempre es él quien se lleva el premio. En la Biblia, Esaú y Jacob son ejemplos excelentes del hijo mayor y del segundo. Esaú era mayor que Jacob, y este tenía celos de él. Jacob se esforzaba siempre por superarlo, quería cambiar las cosas, vencer a Esaú. José es en la Biblia un ejemplo excelente del hijo menor. Aunque Benjamín era más joven que él, había diecisiete años de diferencia entre los dos, y José había adquirido durante ese tiempo el punto de vista del hijo menor, pues suponía que no tenía ningún hermano más pequeño. Incluso en tierra extraña, y cautivo como estaba, superó todos los obstáculos, fue reconocido como un gran hombre y salvó miles de vidas gracias a su sagacidad.
Para que los padres puedan afrontar los problemas que surgen en relación con el hijo mayor, el mediano y el menor, hay que tener en cuenta muchas condiciones individuales. Debe explicarse la situación a los niños y luego ayudarles a socializarse.
Por ejemplo, Tommy recibe a los cuatro años un hermanito.
Sintiéndose de repente desplazado, Tommy adopta una actitud belicosa. Si se le castiga, se enfurruña. Si sus padres le critican por su conducta, siente que se le ha tratado injustamente y persiste en su actitud combativa. Con métodos tan pobres como estos, los padres animan sin saberlo a sus hijos en hábitos desafortunados. Si, por el contrario, la madre o el padre de Tommy le explican lo que significa para él la llegada del hermanito, la situación cambiará. Si ve que va a tener un nuevo amigo, que recibe de todos tanto cariño como antes, el elemento belicoso y combativo deja paso a una actitud alegre y cooperativa.
Esto puede parecer un proceso lento cuando se aplica a los problemas que surgen constantemente, pero los niños aprenden pronto a adaptarse a las condiciones de vida más racionales y cómodas que trae consigo una educación de su sentimiento de comunidad.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del número digitalizado en archive.org (sim_parents_1928-05_3_5): Alfred Adler, «Characteristics of the First, Second, Third Child», Children. The Magazine for Parents (Nueva York) 3 (1928), n.º 5 (mayo), págs. 14 y 52. Hay una versión alemana, «Kindertypen», en el Duisburger General-Anzeiger del 24 de agosto de 1928, pág. 16. Los comentarios p. n del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.
Traducción: traducción íntegra al español, hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Se conservan la división en párrafos, las mayúsculas de comienzo de sección del original y la paginación. Social sense se traduce «sentimiento de comunidad», como las demás formas inglesas de Gemeinschaftsgefühl; las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo.