Por el DR. ALFRED ADLER, psicólogo vienés.
EL ERROR más común en la educación es que el maestro no comprende la coherencia de la vida del niño. Al «niño problemático», al «chico malo» de la clase, se le riñe y se le castiga; pero eso es más o menos tan necio como si un médico visitara a un hombre que se ha roto la pierna y le dijera: «¡Ajá! Veo que se ha roto usted la pierna. ¡Qué vergüenza!».
Si la maestra se pusiera en el lugar del niño malo, vería que, según su entender, actúa con inteligencia. O ha sido mimado o ha sido odiado, y ha crecido en una atmósfera de extrañeza, sin sentir nada en común con quienes le rodean y queriendo mantenerse apartado.
Descubrir al niño que roba y castigarlo no corrige el mal; aumenta en él el sentimiento de que aquello es un juego y no hace más que ponerlo a averiguar qué errores cometió que llevaron a descubrirlo, para poder evitarlos en el futuro.
El progreso de la educación se ha visto muy retrasado por la importancia que se da a la herencia de las capacidades. Decir que un niño está dotado y otro es torpe es retrasar a los dos. Al niño dotado lo paraliza pensar que se espera demasiado de él, y el torpe llega a pensar que es inútil intentar conseguir nada.
La humanidad es, como especie, tremendamente tímida. Necesitamos aliento, no desaliento. Necesitamos que se nos enseñe lo que es la verdad: que podemos ser lo que queramos si nos preparamos debidamente para ello.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre la imagen del Coronado Eagle and Journal (Coronado, California), 22 de mayo de 1928, en la California Digital Newspaper Collection (CJ19280522.2.22). Artículo sindicado, reproducido también en La Jolla Light and La Jolla Journal el 24 de mayo de 1928.
Traducción: traducción íntegra al español, hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Encouragement y discouragement se traducen «aliento» y «desaliento», según el glosario del archivo.