La cremación de las viudas y la neurosis de viudez

Por el Dr. ALFRED ADLER

Toda neurosis y toda psicosis empiezan ante una situación nueva. Así, también en la época en que una mujer enviuda aparecen a menudo fenómenos neuróticos más o menos graves. En una serie de casos de este tipo se me fue aclarando este cuadro. Podemos decir que aquí la mujer está ante una situación nueva, a la que responde como a un experimento, y pone de manifiesto hasta qué punto está preparada para una vida sin marido. No es fácil juzgar a una persona en una situación favorable. Piensen ustedes, por ejemplo, en el caso que he citado a menudo: si cierro la puerta de mi casa tres veces con cerraduras, cerrojos y rejas, pongo unos cuantos revólveres sobre la mesa, me hago vigilar por dos grandes perros guardianes y por la policía y por detectives, y luego afirmo que no tengo miedo, será difícil aportar la prueba en contrario. Lo que llamamos miedo y sus formas de manifestarse no podrá comprobarse. Los psicólogos individuales no daremos ningún valor a esa falta de síntomas, sino que más bien consideraremos el movimiento, es decir, aquí, los preparativos previos, y llegaremos a la conclusión: puesto que esta persona organiza su vida como un cobarde, es también un cobarde. Así también en los casos antedichos. Sucede con bastante frecuencia que una mujer que ahora ha enviudado parecía antes completamente sana. Ahora, de repente, las cosas son distintas. Eso es lo decisivo para nosotros, que siempre consideramos a una persona en relación con una situación, y a esta como piedra de toque. La respuesta a esta situación se da, como es sabido, de acuerdo con el estilo de vida de la persona en cuestión. Así, nuestra investigación ulterior nos lleva de vuelta a la época de la forma originaria de ese estilo de vida, a la primera infancia. Y con suficiente experiencia estamos en condiciones, en poco tiempo, de reconocer el paralelismo entre la forma originaria y el comportamiento de la persona en una situación determinada.

Quisiera ahora destacar, de la experiencia de que dispongo, algunos ejemplos de neurosis de viudez. El primer caso se refiere a una mujer de maravillosa belleza. Tenía unos treinta años cuando perdió a su marido, con quien vivía en buen matrimonio. Desde la muerte de su esposo cae en la más profunda tristeza, llora sin cesar, no quiere seguir viviendo, huye a casa de sus padres en la pequeña ciudad de provincias, se pone bajo la tutela de su familia y no quiere volver a hacer nada. Mis conversaciones con ella dieron lo siguiente: había sido muy mimada por su familia y después también por su marido, y se había comportado siempre de manera «normal». Pronto la perdí de vista. Este caso no era el primero de su clase, de modo que me enfrenté a él ya preparado, lo que me facilitó mucho el trabajo. Vi el estilo de vida de una niña mimada, además la nueva situación, así como ciertas formas de expresión anímicas que indicaban que no se sentía a la altura del problema de quedarse sola. Ahora queda claro por qué di a este capítulo el título de «cremación de las viudas»:1 porque las viudas indias que se dejaban quemar tras la muerte del esposo lo hacían en la misma situación por la que esta mujer cae en la melancolía: no se sienten a la altura de la nueva situación. He visto pacientes tan mimados que amenazaban con el suicidio, con la morfina, etc., si alguna vez su voluntad no se cumplía en el acto. Estas personas ponen la satisfacción de su necesidad de ternura por encima de todas las demás cuestiones de la vida. Imagínese ahora a esta mujer, tan mimada desde antes, que ha de empezar de nuevo como viuda, y ya no lo bastante joven. Es este un problema fácil,2 y se comprende que precisamente las personas mimadas, con poco valor, tiemblen y vacilen aquí.

Otro caso: una mujer de más edad (principios de los cuarenta), que tenía una hija que le daba algunas dificultades. A la muerte del marido se instaló en ella un abatimiento. Se vestía al modo de las mujeres muy viejas. Ya eso era un espectáculo impresionante, que muestra que quiere hacerse vieja, retirarse.3 Esto corre parejo con la idea de esperar la muerte, de morir, de no emprender ya nada. Esta mujer no iba más allá de poner a su marido por las nubes, como si quisiera aferrarse a él para no tener que pensar en otra cosa. Una vez me contó que un hombre había coqueteado con ella en el tren y luego le había dirigido la palabra. Lo cuenta con semblante alegre, aunque para volver enseguida a caer en la tristeza y a hablar con arrobo de su difunto esposo. Aquí destaca con fuerza un «sí», pero siempre seguido de un «pero». Este sí, pero es sin duda la mejor y más breve definición de la neurosis.

Un tercer caso: una mujer mimada, a la que se describe como un ser alegre y desenvuelto, que también se describe así a sí misma y que no se dejaba impedir por nada imponer su voluntad, sin traspasar nunca los límites del decoro, tenía una hija adulta que solo se rodeaba de mujeres viejas, llevaba una tranquila vida casera y reprochaba a menudo a su madre su irreflexión. La madre procura desempeñar el primer papel en sociedad; cuando ella misma invita a gente está extraordinariamente excitada, no puede dormir la noche anterior, se muestra muy ambiciosa y tiene inclinación a frecuentar la sociedad, aunque solo los días en que no padece, como le ocurre a menudo desde la muerte de su esposo, abatimientos, se siente cansada y muestra y agrava dolores y molestias de naturaleza corporal. Esta mujer, que también durante el tratamiento está siempre muy alegre, está indispuesta desde hace unos tres cuartos de año, se encierra, anda siempre con la bolsa de calor,4 pasa por incapaz y enferma. Tiene una llamativa inclinación a parecer vieja, habla siempre de la vejez, a veces con humor, pero su afán se dirige a presentarse como una mujer vieja. Antes practicaba mucho deporte; hoy, a lo sumo, juega a las cartas.

De esta mujer puedo contar el siguiente sueño: está con un grupo de gente preparado para una excursión, cosa que no ha hecho desde la muerte de su marido. (Tras una breve cura se siente muy bien, ha emprendido ya diversas cosas que había dejado de hacer durante años, muchos síntomas han desaparecido, incluso se ha hecho un vestido algo más juvenil.) Solo espera a la hija, que no llega; se pone a buscarla, tiene diversas dificultades para ello y por fin la encuentra en alguna parte. La hija le cuenta que no tenía ganas de participar y que ha preferido dar un paseo por el Prater. La interpretación del sueño se desprende de nuestro conocimiento de la meta. La hija, que siempre la amonesta, opone resistencia y prefiere lo old fashioned.5 El sueño deja este estado de ánimo: mi hija, y quizá con ella todos los demás, me señalan el camino para apartarme de la juventud. La hija, en efecto, reprocha siempre a la madre que se cuide demasiado poco.

Quizá hayan oído ustedes a menudo a pacientes decir que a veces se despiertan y no saben dónde tienen el brazo o el pie. En la literatura esto suele ponerse en relación con una postura desfavorable que produce una parestesia (adormecimiento de la mano). Esta paciente me cuenta que también su padre, igual que ella, presenta esos fenómenos. Algunos autores piensan en la tetania. Puedo informar de fenómenos parecidos. Por ejemplo, que hay personas que se despiertan con dolores en los brazos o en las piernas. Son personas que adoptan durante el sueño una posición como si tuvieran que estar acostadas en posición de firmes. Esta paciente, que siempre fue colérica como su padre, duerme con los puños apretados.

Puedo comunicar todavía un ejemplo que ha de mostrar cómo puede inferirse de un caso a otro. Se trata de una mujer que tras la muerte de su marido cayó en la melancolía. Una mujer de cuarenta años, robusta, rica, con cuatro hijos, que vive con su marido en el más feliz de los matrimonios, hasta que un día advirtió que él acariciaba a la criada. Desde entonces fue muy dura con él y no lo perdonó nunca más. Pero tras su muerte se hizo violentos reproches, como si con su conducta hubiera sido culpable en parte de la muerte de su marido. Solo que cuanto más se reprocha el trato que dio a su marido, más claramente señala el acto de infidelidad. No acusando al marido, sino acusándose a sí misma. También aquí vemos cómo en esta mujer, igualmente mimada —y todas las anteriores habían sido niñas mimadas—, que tan orgullosa estaba de su matrimonio, aparece tras la muerte de su marido el miedo a no poder seguir adelante sola con su vida, sobre todo porque tampoco podía considerar logrado su matrimonio. A ello hay que añadir que hay hijos. Por eso su enfermedad es también para los hijos un acicate para ocuparse más de la madre, para interesarse más por ella. No hay modo de sustraerse a la idea de que esta clase de «cremación de las viudas» neurótica es un intento de mostrarse vieja, incapaz e inepta para la vida y de escapar a la responsabilidad. En este contexto siempre me venía a la mente la palabra «desmantelamiento» (Abbau). Si nos preguntamos para qué sirve este desmantelamiento, encontramos en él dos ventajas aparentes. Una es la que acabamos de mencionar, la eliminación de la vida amorosa o, en general, de una nueva prueba en la vida. La segunda, la mayor presión sobre los hijos para que se ocupen más de la madre. Esta trágica transformación afecta siempre a personas extraordinariamente mimadas que hasta la muerte del marido no habían mostrado síntomas neuróticos dignos de mención, aunque la secreción glandular, etc., se comporte sin trastorno psíquico. Siempre encontramos en este estado a mujeres que quieren desempeñar un papel brillante, pero que ya no se sienten lo bastante fuertes para emprenderlo y por eso se desvían hacia el lado inútil, neurótico, de la vida con un «sí, pero».

Una de las muchas cuestiones que aquí se plantean es si no aparecen también fenómenos semejantes en los viudos. Puedo responder afirmativamente. Solo que aquí he observado que se trata casi siempre de hombres que han estado bajo la presión de una mujer fuerte y quieren guardarse de un segundo matrimonio. También aquí la neurosis transcurre casi siempre con el cuadro de una melancolía con depresión, adelgazamiento, insomnio y autorreproches.


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir de la Internationale Zeitschrift für Individualpsychologie 6 (1928), n.º 1, págs. 23-26 (Internet Archive), cotejada con las imágenes de página.

Traducción: traducción íntegra al español, hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Según el glosario del archivo, verzärtelt se traduce «mimado», Lebensstil «estilo de vida», Zärtlichkeitsbedürfnis «necesidad de ternura» y Mut «valor». Las cursivas reproducen las del original; las adiciones del traductor van entre corchetes.

  1. Witwenverbrennung: la cremación ritual de la viuda en la pira funeraria del marido en la India (sati). Adler habla de «capítulo», lo que hace pensar que el texto procede de una conferencia o de un libro en preparación. (N. del T.) ↩

  2. Así en el original («Das ist ein leichtes Problem»), probablemente errata por «kein leichtes Problem», «no es un problema fácil», como pide el sentido. (N. del T.) ↩

  3. Abbauen: «desmontar, reducir, retirarse»; en la Austria de la época se usaba también para la reducción de plantillas y la jubilación forzosa de funcionarios (Beamtenabbau). Más abajo se traduce el sustantivo Abbau por «desmantelamiento». (N. del T.) ↩

  4. Termophor (en la grafía corriente, Thermophor): almohadilla o bolsa térmica para dar calor. (N. del T.) ↩

  5. En inglés en el original: «a la antigua». (N. del T.) ↩