Ping
Encuentros
En una casa grande de la plaza de San Wenceslao, en el sexto piso, salgo por la puerta justo cuando llega el ascensor. De él sale de un salto un hombre con ropa gastada, que se quita el sombrero y me pide limosna. Asombrado y en tono de reproche, lo despido: «¡Para el ascensor tiene usted dinero, y a mí me viene a gorronear!» A lo que el hombre responde con un gesto de superioridad: «¡Una casa tan grande!... ¡Como para que no salieran a cuenta unos gastos del negocio tan pequeños!»
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En la Spálená veo un corro de gente. La gente estira el cuello y mira, toda en la misma dirección, hacia un balcón de esquina del tercer piso. «¿Qué pasa aquí?», pregunto a un hombre. «Ah, allá arriba una mujer quería tirarse. La agarraron por detrás y la volvieron a meter dentro. Pero ella se resistió y se armó una auténtica pelea.» —«Vaya, vaya», digo, «así que la cosa ya ha terminado... Pero entonces, ¿por qué sigue la gente aquí parada mirando?» El hombre sonríe con picardía: «¡Hombre, porque esperan que la mujer al final se tire!»
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Me sucede que en la ciudad tengo que buscar uno de esos urinarios públicos, aquí tan escasos. La encargada me empuja a una cabina. Quisiera desembarazarme del abrigo, el sombrero, el paraguas y unos cuantos paquetes, pero no encuentro ni percha, ni gancho, ni el más mínimo clavo. Al marcharme le digo a la mujer: «¡Debería usted clavar un clavito en la pared, para que uno pueda dejar sus cosas!» Una mirada imperiosa corta en seco mi queja. «Caballero», declara con el tono de la convicción más profunda, «¡no están los tiempos para eso!»
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Llaman a la puerta. Delante hay un hombre que con voz entrecortada me pide que le regale un traje usado. «No tengo ninguno», le explico. «Ah, seguro que tiene usted alguno.» —«No», repito, «no tengo ningún traje que pueda regalar.» Pero el hombre no se deja despachar: quiere a toda costa un traje. Por fin cede. Y con aire de protector, como si me hiciera un regalo, dijo: «Bueno, pues entonces deme al menos cinco coronas: eso es lo que he tenido que pagar por su dirección en la bolsa de los mendigos de la estación Wilson, porque necesito un traje con urgencia.»
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original): «Ping», «Begegnungen», Der Sonntag, suplemento dominical del Prager Tagblatt, 59.º año, n.º 217, 16 de septiembre de 1934, primera página del suplemento (ANNO / Österreichische Nationalbibliothek, ANNO_ptb19340916, imagen 9). Atribución del seudónimo a Otto Rühle según Stecklina (2002).
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). La Spálená es una calle céntrica de Praga; la estación Wilson (Wilsonbahnhof, Wilsonovo nádraží) es la actual estación central de Praga. Pavillon (urinario o aseo público) se traduce por el sentido. Se mantiene el cambio de tiempo verbal del original («sagte er») en la última estampa.