Querido Pfemfert: algo así no se había visto nunca, ¡semejante satisfacción no la ha vivido fácilmente nadie! Toda la política de partido de los últimos tiempos parece directamente empeñada en darnos la razón; es una sola confirmación de nuestra táctica en todas sus conclusiones, predicciones, advertencias, consecuencias. Palabra por palabra, punto por punto. ¡La cosa es casi inquietante! Si uno quiere disfrutar de la política actual, tiene que sacar números viejos de Die Aktion y leer nuestros denostados artículos. Sí, lo que nosotros, los niños malos, escribimos hace exactamente un año sobre Moscú, la Tercera, el KAPD, etc., es hoy la experiencia más inmediata del presente. Todo ha ocurrido tal como lo previmos y predijimos. En el desbarajuste sin remedio del embrollo de los partidos, nuestro punto de vista era la única orientación segura de la revolución, nuestra táctica la única hoja de ruta clara. Podemos afirmarlo sin presunción; los hechos lo demuestran. Si fuéramos, querido Pfemfert, de los que se alegran del mal ajeno, podríamos morirnos de risa con la suerte del VKPD y del KAPD, sobre todo con el papel que han representado últimamente sus papas y sus bonzos.

Recuerde, por favor: después del congreso de la escisión en Halle1, usted escribió en Die Aktion, y yo en el Kommunist de Dresde (y lo dije en muchas asambleas): ¡Atención, camaradas! ¡Ahora viene un golpe! El VKPD tiene que intentar cumplir las promesas que ha hecho a los obreros si no quiere perder todo crédito. Tiene que actuar, por orden de Moscú, como «vanguardia revolucionaria», y os mandará a la muerte. ¡Estad en guardia! Puntualmente, en primavera, llegó el golpe previsto. El KAP, que ya en otoño había parloteado sobre «tomar la iniciativa» y otros disparates por el estilo, naturalmente se sumó. Y justo los mismos camaradas de Alemania central que poco antes, en una conferencia de distrito en Leipzig, se reían de mí sin entender nada y me abucheaban (bajo la dirección de Jan A.2), están ahora en los presidios y me escriben: ¡Ay, cuánta razón tenías!

Además: bajo la impresión de lo que observamos en el congreso de Halle, escribimos: el método importado de Moscú del envenenamiento del partido, de la formación de células, de la siembra de desconfianza, de la desorganización paulatina y la voladura de la organización, tal como lo practicaron los comunistas en el USP, se vengará amargamente en el KPD. Qué pronto tendrá el veneno corrosivo en sus propias entrañas. Y el VKPD se llamará tarde o temprano el KPD contaminado y fracasado3. Y he aquí que surgió Paul Levi, hasta entonces lacayo tan servicial, que, después de que lo echaran del templo, paga las patadas recibidas con chismes y pendencias. Y desde entonces el VKPD está en estado de descomposición y desgaste. Está moral y políticamente acabado.

Usted sabe cuánto nos ha odiado Paul Levi. Cómo se complacía este vanidoso y pulido bolchevique de salón en hacer de dictador del partido y en clamar y tronar con patetismo de comediante contra

nuestra política revolucionaria. Sabe también qué final le predijimos. Hoy el todopoderoso es un pobre diablo y vive de nuestros argumentos. Todo lo que sabe decir contra Moscú (contra los «turquestanos», bromea este calmuco), lo roba a pedazos de Die Aktion y de la Revolution de Sajonia oriental. ¡Qué bien calibramos desde el principio al granujilla!

Vamos ahora a la acción de marzo de Alemania central. ¿No dijimos de antemano que la táctica de la ofensiva era una locura? ¿No hicimos todo lo posible para evitar el golpe? En nuestra crítica lo llamamos charlatanería, disparate, crimen. El VKPD se enfureció y se desató contra nosotros; el KAPD perdió el juicio y pidió el revólver. Luego los dos fueron a Moscú. ¿Y qué dijeron los Radek, Zinóviev, Trotski, Lenin del golpe de marzo? ¡Estupidez, locura, crimen! Los señores moscovitas, a cuyos ojos no somos más que miserables idiotas seudorrevolucionarios y que han lanzado contra nosotros una bula de excomunión tras otra, tomaron prestados de nosotros sus argumentos y hasta su vocabulario, e hicieron suya nuestra crítica de la acción de marzo.

¡Y no digamos el KAPD! Cuando hace un año, a mi vuelta de Rusia, defendí el punto de vista, compartido solo por usted, de ninguna comunidad con esta Internacional de partidos, de una espera tranquila, de que la Rusia soviética evoluciona hacia la contrarrevolución, la jauría amaestrada por Schröder y Goldstein4 se nos echó encima; se nos acosó e intrigó, se falsificó y se aterrorizó, hasta que la camarilla de figurones políticos, ávida de rublos, fue acogida en gracia por Moscú, adonde había ido arrastrándose a cuatro patas. No nos dejamos desviar. Tanto en Die Aktion como en la Revolution de Dresde trazamos con claridad y sin vacilar nuestro camino, con un rechazo tajante del embuste mundial bolchevique; también el camino del KAPD y el final que lo esperaba. Entonces encontró en Moscú su Damasco. ¿Y hoy? Los asnos de partido «dirigentes» del KAP se han convertido en rumiantes que, chasqueando la lengua y eructando, sacan otra vez a la luz como producto propio toda la lógica de nuestra argumentación contra la III Internacional y se creen, en este papel tan repugnante como ridículo, salvadores de la revolución y del proletariado mundial.

Querido Pfemfert, estamos de buenas, estamos de actualidad, se nos escucha... en Moscú, en el VKPD, en Paul Levi, en los antimoscovitas del KAPD. El mundo es divertido. De repente contentamos a todos. Durante tanto tiempo se nos ha tachado de herejes y apaleado, durante tanto tiempo fuimos canallas, traidores, contrarrevolucionarios. De golpe todo es distinto. Sus artículos aparecen en la KAZ. Mis artículos los imprime Paul Levi en su Weg5. Los argumentos de la Revolution de Dresde reaparecen en la Pravda de Moscú, y las maldiciones y los rayos y truenos de Die Aktion

(Pfemfert, ¡qué honor!, ¡qué honor!) quedan consagrados para toda la eternidad por boca de Trotski. Pfemfert, ¡nos vamos a hacer famosos!

... Tenía que escribirle un artículo para Die Aktion, pero no llegué a hacerlo. Mis ideas las tiene Levi, mi lógica Schröder, mis argumentos Trotski; toda mi política se ha convertido en patrimonio común de todos los partidos, partiditos y partidillos comunistas que siguen combatiéndose y superándose unos a otros. Y a usted le pasa lo mismo. ¿Y así vamos a sacar un número de Die Aktion? Confórmese con esta carta.

Pero en Jena, en el congreso del VKPD6, estaré con usted. Tendremos motivo para reír. ¡Augures! Sabemos cómo se cocinan las sopas de partido. Cómo se vuelven a encajar los miembros de partido dislocados. Qué aspecto tiene el teatro del congreso entre bastidores. Pero sabemos también que contra la tisis de partido no hay remedio. Que todo partido atacado por ella tiene que reventar sin salvación. Nosotros, los augures, lo sabemos. No debemos mirarnos (¡apúnteselo!), porque si no nos reiríamos7... Quizá en Jena, como en Halle, nos echen del congreso. Muy bien: al USP no le sirvió de nada, y al VKPD le servirá todavía menos.

En todo caso, en Jena nos reiremos como augures. Con ojos que saben y gestos que comprenden. Para nuestros adentros. Llenos de la más íntima satisfacción, quizá también por alegría del mal ajeno. Tenemos derecho y motivo para ello, porque «todo ha ocurrido así...».

Pero en septiembre nos reiremos a carcajadas. Con los pulmones llenos y retumbando el vientre. Como se ríe uno de los payasos del circo. El 11 iremos a una farsa. A ver a los peores peleles y a los más tontos payasos de Alemania. Es el congreso del KAP.

Así que, ¡hasta la vista, querido Pfemfert!

Muy cordialmente,

Otto Rühle


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre el facsímil de Die Aktion, 11.º año, cuaderno 33/34, 20 de agosto de 1921, col. 453-455 (volumen digitalizado por Google del ejemplar de la University of California; Internet Archive, DieAktion11jg1921).

Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Se conservan la división en párrafos y las cursivas (que reproducen el espaciado del original). Se mantiene el tratamiento de usted (Sie) con que Rühle se dirige a Pfemfert. Bonzen = «bonzos»; Putsch = «golpe»; März-Aktion = «acción de marzo». Los comentarios Sp. n del código marcan el comienzo de cada columna del original.

  1. El congreso del USPD en Halle (octubre de 1920), en el que el partido se escindió y su mayoría se unió al KPD, formando el VKPD. Der Kommunist era el periódico comunista de Dresde dirigido por Rühle; Die Revolution, el de la AAU de Sajonia oriental. (N. del T.) ↩

  2. Probablemente Jan Appel (1890-1985), dirigente del KAPD y de la AAU en Alemania central. (N. del T.) ↩

  3. Juego de palabras con la sigla VKPD (Vereinigte, «unificado»): verunreinigte («contaminado») y verkrachte («fracasado»). (N. del T.) ↩

  4. Karl Schröder y Arthur Goldstein, dirigentes del KAPD en Berlín. Schröder se retiró de la política ese mismo verano, como cuenta el texto que sigue en la revista. (N. del T.) ↩

  5. Unser Weg, revista fundada por Paul Levi tras su expulsión del VKPD en abril de 1921. (N. del T.) ↩

  6. El VII Congreso del VKPD se celebró en Jena del 22 al 26 de agosto de 1921. (N. del T.) ↩

  7. Alusión a la frase de Catón, transmitida por Cicerón (De divinatione, II, 51), de que le extrañaba que un arúspice no se riera al ver a otro arúspice; en la tradición alemana se aplica a los augures. (N. del T.) ↩