Este artículo, que Otto Rühle escribió para Die Aktion después del 13 de enero de 1920, lo aplacé yo, porque no quería permitir a Levi el gesto barato de decir, por ejemplo: «¡Se me ataca mientras estoy indefenso en prisión preventiva!». Levi es desde hace mucho un comunista parlamentario inofensivo que anda suelto, y la crítica de Otto Rühle no ha hecho sino ganar en justicia con los acontecimientos de marzo.1 F. P.
I
La manifestación del proletariado berlinés ante el edificio del Reichstag, convertida a tiros en un ovillo sangriento por las bestias del orden de Heine2, habría podido ser el preludio de la «segunda revolución» en Alemania. Quizá incluso su decisión.
Más de 100 000 obreros habían salido a la calle, que constituye su nuevo campo de batalla histórico. Abandonaron las empresas y las fábricas. Estaban allí y esperaban. Esperaban una consigna. Pero los dirigentes independientes —completamente independientes del gran y sagrado espíritu de la revolución— habían perdido la cabeza y estaban muertos de miedo. Otra vez el viejo miedo al coraje. En lugar de ir delante de las masas en la lucha, enardeciendo, señalando la meta, como verdaderos dirigentes —como Liebknecht cuando, para espanto de todos los filisteos rojos y negro-blanco-rojos, llevó en los días de enero la bandera de la revolución por las calles de Berlín—, se escondieron en el baluarte de la contrarrevolución. Detrás del muro de hierro de la Guardia de Seguridad3, levantado para proteger a los titulares de mandatos. Detrás de las ametralladoras.
Y mientras disfrutaban desde la ventana, lejos de las balas, del espectáculo del volcán en ebullición, se tenían por héroes.
Solo Zubeil y la Zietz4 estuvieron activos a su manera: ladrando, apretando los puños, chillando. Activos como pequeñoburgueses enfurecidos. Y hasta de esa actividad han abjurado después.
II
El USP había dado a las masas que se manifestaban una consigna que no lo era. Pero precisamente por eso, una consigna independiente. «¡Protesta contra la ley de consejos de empresa del gobierno!»5 Como si en este caos de un mundo que estalla importaran todavía los hilvanes de una camarilla impotente y en bancarrota de payasos y estafadores políticos. Demasiado insignificante incluso como pretexto; pero, en fin, nadie da más de lo que tiene...
Tan seguro como que los charlatanes del USP habrían pregonado a bombo y platillo el rechazo de la ley de consejos de empresa como un gran éxito de su estrategia de manifestaciones, es que ese éxito no habría sido un éxito en el sentido y según las exigencias de la revolución. Impedir el retroceso es, en el mejor de los casos, estancamiento, conservación del status; pero el estancamiento mismo es retroceso. Es hoy contrarrevolución.
La revolución necesita tempo, etapas, intensificaciones. ¡Necesita crescendo, fortissimo! Por tanto, necesita consignas positivas.
III
La Central del KPD (Liga Espartaco) —en Berlín, un estado mayor sin tropas— se había unido al USP para protestar contra la ley seudosocialista de protección del capital. Un apareamiento de carpas y conejos, como diría el viejo Träger6. O —para quien desee comparaciones de mejor gusto— un apareamiento de incapacidad bravucona con debilidad escurridiza.
En una conferencia en Turingia, Paul Levy, que actuaba allí como abogado propagandista con ínfulas parlamentaristas, sintió la necesidad de justificar la actitud de la Central o, por lo menos, de razonarla. Según su exposición, la Central había sentido la falta de una consigna positiva como un grave defecto de la acción y había dirigido al USP los consejos y las exigencias más apremiantes. ¿Qué habría podido contener semejante consigna positiva? Pues quizá: ¡Elección inmediata de consejos de empresa! ¡Toma inmediata de posesión de las empresas! ¡Convocatoria inmediata de un congreso de consejos! Inmediata... bueno, lo demás se habría desarrollado por sí solo. ¡Golpe tras golpe! Descargándose en acciones forzosas. Empujando hacia la decisión en una dialéctica revolucionaria.
Así Paul Levy.
¿Es eso romanticismo revolucionario? ¿Una sobrestimación desmesurada de las potencias revolucionarias? ¿Un golpismo disparatado?
Era la perspectiva de la Central: voilà! ¡Que se discuta con ella misma sobre el asunto!
Lo que aquí interesa del informe de Levy es que el USP (y eso sí puede creérsele) rechazó categóricamente lanzar consignas más positivas, que retrocedió espantado ante una acción que fuera más allá del hueco aparato de la protesta verbal y de la manifestación... Däumig y el Müller de los cadáveres7 no habían terminado todavía del todo con su sistema de casillas...
Así salió mal la cosa. La acción ante el Reichstag se quedó en nada. Una sola ametralladora derribó a la revolución, después de que esta había necesitado muchos meses para levantarse de nuevo de entre la sangre y los cadáveres, la cobardía y la traición.
El USP se había convertido por segunda vez en su Judas.
IV
¿Qué habría hecho Paul Levy en lugar de los lamentables bonzos del USP?
En la citada conferencia de Turingia informó al respecto.
Según ello, no solo está en posesión de la consigna revolucionaria que, como una bengala, señala el comienzo del asalto decisivo. También ha descubierto el punto desde el que hay que sacar de quicio al mundo capitalista y precipitarlo al abismo.
Ese punto es el parlamento.
«¡Si hubiera habido comunistas en la Asamblea Nacional, habrían sido ellos quienes, en lugar del USP, habrían lanzado la consigna! ¡Esa consigna habría desencadenado la revolución! ¡El congreso de consejos estaría ahí! Y el gobierno... y Geyer y Koenen... (Una voz: ¿Y la prensa burguesa, que habría silenciado su consigna?) ... ¡No habría silenciado la consigna de derribar al gobierno!.. ¡no, no!... ¡no la habría silenciado!»
Los oyentes se llevaron las manos a la cabeza y dijeron: ¡Uf!
¿Es eso romanticismo revolucionario o cretinismo parlamentario? ¿Golpismo o desvarío?
Quien, después de semejante proeza, sienta necesidad de hacerlo, que lo discuta con el propio Paul Levy.
V
Que le plantee también la pregunta: ¿por qué no lanzó Paul Levy en persona la consigna revolucionaria en el Reichstag?
¿Tenía que ser diputado para eso? ¿Tener un mandato en el bolsillo? ¿Un miserable papelucho que le da derecho a un asiento en el patio de butacas?
¿Quién le habría impedido lanzar la consigna a las masas, a la amplia opinión pública alemana, desde la tribuna del público?
Imagínese la situación: en plena sesión, de pronto, se levanta en la tribuna un hombre —un hombre bien plantado, un hombre bien vestido— y con voz atronadora lanza una consigna revolucionaria. ¡Qué sensación!
Berliner Tageblatt, titular en negrita: Debut de Paul Levy en la Asamblea Nacional.
Lokal-Anzeiger, titular en negrita: Los comunistas conquistan el Reichstag.
8 Uhr-Abendblatt, titular en negrita: ¡Una voz de la revolución desde arriba!
Coro de la prensa, coro de los titulares en negrita: ¡Una sensación inaudita en el parlamento!
¿Por qué demonios no realizó Paul Levy esta hazaña? ¿Por qué dejó pasar esta ocasión histórica?
¿Por qué no dio al menos fuera, ante el Reichstag, desde una rampa, la consigna revolucionaria positiva a las masas que esperaban, indecisas, ávidas de acción?
. . . . . . . . . . . .
Se hicieron repartir 12 000 octavillas. Él se quedó escondido como la violeta.
Los mamelucos del USP también se rajaron.
Así se desangró la revolución por segunda vez sobre el empedrado de Berlín.
VI
En las próximas elecciones, Espartaco entrará en el parlamento.
Entonces Paul Levy se sentará abajo, en el patio de butacas. Entonces lanzará consignas. Consignas revolucionarias positivas... ¡consignas como Dios manda!...
Y entonces —¡contad con ello!— ¡la revolución funcionará por fin!
. . . . . . . . . . .
¡No hay motivo para desesperar, proletariado alemán!
¡Todavía vive Espartaco! ¡Todavía puede votar al Reichstag!
El sufragio libre es la señal...
Tu destino está —¡de veras!— en las mejores manos.
Otto Rühle
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre el facsímil de Die Aktion, 10.º año, cuaderno 15/16, 1920, col. 221-224 (volumen digitalizado por Google del ejemplar de la University of California; Internet Archive, DieAktion10jg1920). La nota inicial es de Franz Pfemfert, editor de la revista.
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026), incluida la nota de Pfemfert que encabeza el artículo. Se conservan los apartados con números romanos, la división en párrafos, las líneas de puntos y las cursivas (que reproducen el espaciado del original). Parole y Losung = «consigna»; Führer = «dirigentes»; Bonzen = «bonzos»; Zentrale (del KPD) = «la Central»; unabhängig (referido al USPD) = «independiente», con el juego de palabras del original. Se respeta la grafía «Levy» del autor. Los comentarios Sp. n del código marcan el comienzo de cada columna del original.
Paul Levi (Rühle escribe «Levy»), presidente de la Central del KPD, estuvo detenido en «prisión preventiva» (Schutzhaft) a comienzos de 1920. Los «acontecimientos de marzo» son el golpe de Kapp (13 de marzo de 1920) y la huelga general que lo derrotó. (N. del T.) ↩
El 13 de enero de 1920, durante la segunda lectura de la ley de consejos de empresa, la policía y la Guardia de Seguridad dispararon contra la multitud reunida ante el Reichstag por convocatoria del USPD y el KPD: hubo 42 muertos. Wolfgang Heine (SPD) era ministro del Interior de Prusia. (N. del T.) ↩
Sicherheitswehr: cuerpo de policía militarizada creado en 1919 en Berlín. (N. del T.) ↩
Fritz Zubeil y Luise Zietz, diputados del USPD en la Asamblea Nacional. (N. del T.) ↩
La ley de consejos de empresa (Betriebsrätegesetz), aprobada en febrero de 1920, que limitaba los consejos a funciones consultivas dentro de la empresa; Rühle la llama más abajo «ley de protección del capital». (N. del T.) ↩
Probablemente Albert Träger (1830-1912), poeta y diputado liberal, conocido por sus dichos. (N. del T.) ↩
Leichenmüller: Richard Müller, dirigente de los delegados revolucionarios y del USPD, apodado «Müller el de los cadáveres» por haber dicho en 1918 que la vía hacia una Asamblea Nacional pasaría por encima de su cadáver. El «sistema de casillas» (Kästchensystem) alude al esquema de consejos de Däumig y Müller, que ordenaba los consejos de empresa en una pirámide de instancias. (N. del T.) ↩