Señores, si en la subvención de los Juegos Olímpicos se tratara de fomentar las aspiraciones gimnásticas y deportivas, es decir, de gastos al servicio de la cultura física, del cuidado de la salud y del bienestar de la juventud y del pueblo, entonces los socialdemócratas estaríamos sin más dispuestos a aprobar la suma pedida por el gobierno y suprimida por la comisión de presupuestos. Más aún, quizá desearíamos incluso un aumento de esa suma. Porque siempre hemos sostenido, y seguimos sosteniendo, que la riqueza mayor y más segura de una nación consiste en el número, la salud y la capacidad vital de todos sus miembros, y que para un pueblo no hay tarea más grande ni más meritoria que velar por que se conserven y fomenten la salud y la capacidad vital de todos sus miembros.

(¡Muy cierto!, en los bancos socialdemócratas.)

Para este fin ningún sacrificio nos parece demasiado grande.

(¡Muy cierto!, en los bancos socialdemócratas.)

Como prueba de ello puedo remitir al hecho de que los socialdemócratas, siempre que se ha tratado de cuestiones de protección de la maternidad, de la lucha contra la mortalidad de lactantes, de la protección de la infancia y de la juventud en todas sus formas, hemos presentado las mociones de mayor alcance y pedido las mayores sumas para estos fines. Correspondería, pues, por completo a nuestra concepción y a la actividad práctica que hemos desarrollado hasta ahora que nos pronunciáramos a favor de conceder esta suma. Si no lo hacemos, señores, es por la sencilla razón de que nos parecen faltar para ello las condiciones que necesariamente tenemos que exigir.

En la comisión de presupuestos se pidió al gobierno que informara de quiénes serían los destinatarios de la suma de 200 000 marcos que se espera obtener del Reichstag hasta el año 1916. El gobierno citó entonces toda una serie de asociaciones y corporaciones deportivas agrupadas en el Comité del Reich para la Preparación de los Juegos Olímpicos1. A la cabeza de estas asociaciones y corporaciones están los gimnastas nacionales alemanes2, a los que se han prometido 50 000 marcos. De que junto a estos gimnastas nacionales hay también gimnastas obreros, organizados a muchos miles en las asociaciones obreras de gimnasia y reunidos en la Federación Obrera de Gimnastas3, y de que junto a las asociaciones deportivas indicadas por el gobierno existe una infinidad de asociaciones obreras de deporte, el gobierno no ha tomado nota en absoluto.

(¡Oigan, oigan!, en los bancos socialdemócratas.)

Si antes se ha dicho que en los Juegos Olímpicos deben reunirse todos los círculos de la población que practican el deporte y la gimnasia, eso no corresponde en absoluto a los hechos, según los datos que el gobierno ha dado sobre los destinatarios del dinero que debe conceder el Reichstag. Precisamente los gimnastas obreros y los miembros de las asociaciones obreras de deporte quedan excluidos de recibir las aportaciones del Reich.

(¡Oigan, oigan!, en los bancos socialdemócratas.)

Y, sin embargo, precisamente los miembros de las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte proceden de los círculos del pueblo peor situados económica y socialmente; probablemente están también más perjudicados y dañados en su salud y en su cuerpo que otras capas y círculos profesionales del pueblo. Pasan todo el día en talleres y fábricas, entre hollín, humo y vapores, están expuestos a toda clase de peligros para su salud y su cuerpo y necesitan así, del modo más urgente y necesario, el descanso, el refresco o, como ahora se dice tan bonitamente, el fortalecimiento físico después del trabajo del día.

(¡Muy cierto!, en los bancos socialdemócratas.)

¡Y precisamente estos círculos de la población que hacen gimnasia y deporte han de quedar excluidos de una subvención con fondos públicos destinada supuestamente a fines gimnásticos y deportivos, a fines de cultura física y de cuidado de la salud!

Si las asociaciones de gimnasia y de deporte tienen derecho a una subvención con fondos públicos, a nuestro juicio lo tienen en primer lugar las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte.

Pero también por otro motivo. El desarrollo del deporte en el curso de los últimos años, sobre todo bajo la acción de influencias norteamericanas, ha seguido un camino que lo lleva muy cerca de la frontera de lo malsano.

(¡Muy cierto!, en los bancos socialdemócratas.)

Sí, han aparecido fenómenos que no pueden calificarse sino de malsanos, inquietantes y peligrosos. Hoy muchas veces ya no se hace gimnasia ni deporte para cuidar el cuerpo, fortalecerlo y concederle un descanso necesario, sino que se practica el deporte por el deporte. El deporte se ha convertido en un fin en sí mismo, y a las asociaciones y corporaciones deportivas a menudo solo les importa lograr marcas deportivas máximas, organizar concursos, competiciones, pruebas, etc., batir y rebajar récords, establecer nuevos récords y celebrar victorias. Es un desarrollo completamente malsano, y es significativo que, por ejemplo, la Asociación de Profesores de Gimnasia de Berlín se haya pronunciado contra estos fenómenos, y más significativo aún que incluso desde Norteamérica, desde los círculos de las corporaciones deportivas y en las columnas de las revistas especializadas, se alcen voces que advierten con la mayor energía contra tal desarrollo. Ahora bien, precisamente las asociaciones deportivas reunidas en el Comité del Reich son las que en primer lugar entran en consideración como portadoras de este desarrollo malsano.

(¡Muy cierto!, en los bancos socialdemócratas.)

Precisamente allí se encuentra el desarrollo inquietante y peligroso del deporte. Al fin y al cabo, toda la organización de los Juegos Olímpicos está construida sobre el principio de la competencia, de los récords, de las competiciones y de las victorias deportivas.

Frente a ello, las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte han sabido hasta ahora preservarse de este desarrollo malsano. Practican el deporte de forma moderada, sensata y popular. Su único fin es el cuidado y la disciplina del cuerpo mediante la gimnasia, el deporte y el juego. Así pues, si el dinero que aquí se pide ha de destinarse a la cultura física y al cuidado de la salud y no ha de emplearse en concursos, premios, etc., entonces en el empleo de las sumas procedentes de fondos públicos habría que tener en cuenta en primer lugar a las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte.

(¡Muy cierto!, en los bancos socialdemócratas.)

Sin embargo, las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte han de quedar excluidas por principio. El gobierno no ha respondido a la pregunta de por qué ocurre esto, y probablemente tampoco lo hará hoy. Pero nosotros sabemos por qué las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte han de quedar excluidas y no han de ser tenidas en cuenta en el reparto del dinero. Porque al gobierno no le gustan las convicciones y las ideas que cree encontrar en las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte,

(Asentimiento en los bancos socialdemócratas)

porque le escandaliza la concepción del mundo que allí se defiende, porque «toda la tendencia no le gusta»4. Con ello la subvención de los Juegos Olímpicos se convierte para nosotros en un asunto político.

(¡Muy cierto!, en los bancos socialdemócratas.)

Se caracteriza como una medida política dirigida contra la clase obrera y en particular contra la juventud obrera que hace gimnasia y deporte. Esto es razón suficiente para que rechacemos la concesión de la suma pedida.

Pero tenemos además otras razones, y a nuestro juicio son todavía de más peso. No solo es que las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte hayan de quedar excluidas del dinero, no: además se ven a diario acosadas y perseguidas del modo más duro y peor por los poderes dominantes, por la policía, las autoridades, los tribunales; se las obstaculiza en su actividad, se les impide cumplir sus deberes gimnásticos y deportivos, muchas veces ven amenazada su existencia y en parte arruinada. Se trabaja contra las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte con todos los medios imaginables y de todas las maneras imaginables. Se recurre a todo para hacerles la existencia tan difícil como sea posible. Desde hace años se organiza contra ellas una verdadera batida, tan mezquina como malintencionada e insoportable.

(¡Muy cierto!, en los bancos socialdemócratas.)

Todo esto ocurre con la intención y con el fin de poder declarar a las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte asociaciones políticas5.

(Exclamación en los bancos nacionalliberales: ¡Es que lo son!)

—Las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte no son asociaciones políticas. Si ustedes lo afirman aquí, lo hacen sin el menor rastro de prueba;

(¡muy cierto!, en los bancos socialdemócratas)

exactamente igual que lo han afirmado cientos y miles de veces la policía, las autoridades o los tribunales, sin aportar ni una sola vez la sombra de una prueba.

(Nuevo asentimiento en los bancos socialdemócratas.)

Ni una sola vez se ha conseguido demostrar, en las docenas y centenares de procesos, que de los estatutos de las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte pueda deducirse siquiera el rastro de una prueba de su actividad política; ni una sola vez se ha conseguido demostrar que en una hora de gimnasia o en una reunión de las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte se hayan discutido asuntos políticos o se haya hecho agitación política;

(¡muy cierto!, en los bancos socialdemócratas)

ni una sola vez se ha demostrado que desde la central de las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte se haya intentado hacer agitación política. El presidente del Tribunal Administrativo Superior, Dr. Bitter, ha declarado expresamente que las asociaciones de gimnasia y de deporte no son asociaciones políticas.

(¡Oigan, oigan!, en los bancos socialdemócratas.)

La Jefatura de Policía de Leipzig ha confirmado en un dictamen oficial que la Federación Obrera de Gimnastas no puede considerarse una asociación política. En docenas y centenares de procesos los acusados lo han negado con la mayor energía, y los testigos han negado bajo juramento, que jamás se haya intentado hacer agitación política en las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte. Y en ninguno de los juicios se ha conseguido jamás aportar siquiera la sombra de una prueba de esa afirmación.

(¡Muy cierto!, en los bancos socialdemócratas.)

A pesar de ello, en nombre del rey y en derecho se han declarado asociaciones políticas cientos y más cientos de asociaciones obreras de gimnasia y de deporte. ¿Por qué se ha hecho? Pues porque quizá hacían gimnasia en un local que estaba a disposición de la socialdemocracia para sus reuniones, o porque solían frecuentarlo los sindicatos, o porque en el local donde hacían gimnasia había un periódico socialdemócrata, o porque el local se había anunciado alguna vez en un periódico socialdemócrata, o porque las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte habían anunciado sus fiestas en un periódico obrero,

o también porque unos cuantos miembros de las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte eran a la vez miembros del partido socialdemócrata o de los sindicatos, o porque miembros de las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte habían ido alguna vez a fiestas del partido o de los sindicatos. Ha ocurrido también que una asociación obrera de gimnasia y de deporte fuera declarada política porque en el local donde hacía gimnasia colgaba un cuadro que representaba a un gimnasta con una banda roja y una antorcha encendida.

(Risas.)

Una asociación de veteranos6 que usaba la misma sala no fue declarada política, naturalmente; como tampoco se declaró política una asociación burguesa de gimnasia, aunque su presidente había declarado en la fiesta de despedida de los reclutas que los jóvenes gimnastas, como soldados, debían ser conscientes de que no tenían que prestar el juramento de fidelidad al emperador solo para luchar contra el enemigo exterior, sino también para empuñar las armas contra el enemigo interior.

(¡Oigan, oigan!, en los bancos socialdemócratas.)

Esta asociación no fue declarada política. Pero cuando en una asociación obrera de gimnasia se dijo en la fiesta de despedida de los reclutas que se esperaba que los compañeros gimnastas volvieran, tras su servicio militar, al círculo de sus compañeros de clase, se vio en ello la prueba de actividad política y se declaró política esta asociación. En cientos y más cientos de casos pueden aducirse argumentaciones, ejemplos y sucesos semejantes. Un medio especialmente apreciado, un método especialmente refinado, diría yo, consiste en quitar primero los locales a las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte, en negarles el uso de los gimnasios municipales, en no permitirles el uso de los campos de juego; y cuando entonces las asociaciones se refugian en locales que usan nuestro partido o los sindicatos, se las declara políticas, se las somete a condiciones especialmente gravosas y se les arrebata la juventud que quiere hacer allí gimnasia y deporte. La historia de padecimientos de la asociación berlinesa de gimnasia «Fichte» es un documento verdaderamente clásico de este método. Vayan ustedes a Hamburgo, Dresde, Hannover, Colonia, Leipzig, Chemnitz: allí encontrarán exactamente los mismos sucesos, el mismo método, la misma práctica. Del mismo modo se procede con las asociaciones de ciclistas. En todas partes el mismo método de persecución, de opresión, de vejación; en todas partes la misma guerra menuda, porque detrás de estas asociaciones se olfatea agitación política, actividad política. Estas prácticas y métodos rigurosos recuerdan la época de la opresión más oscura y más negra que la burguesía alemana sufrió en el periodo anterior a marzo de 1848.

(¡Muy cierto!, en los bancos socialdemócratas.)

Pero ante ella palidecen en parte incluso los métodos de los Metternich y de los compinches de Schmalz y Kamptz7; hoy se aplican de forma todavía más opresiva, todavía más rigurosa. Donde la policía y los tribunales no consiguen imponer la declaración de las asociaciones como políticas, tienen que intervenir las autoridades escolares, y estas sacan entonces de los escombros y el moho de decenios y siglos leyes y disposiciones gubernativas para aplicarlas contra los obreros. Ahí tenemos una ordenanza de 1808, una instrucción del gobierno de 1817, una orden de gabinete de 1834, una instrucción ministerial de 1839, y con estas disposiciones anticuadas y reaccionarias se procede contra las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte. Estos documentos polvorientos y descoloridos de una época de la peor arbitrariedad burocrática y de la más dura opresión del pueblo se desentierran y vuelven a aplicarse. Más aún, hoy se llega en parte todavía más lejos. Así, ha ocurrido que a un obrero de 15 años, cuyo padre había perdido la vida en una explosión de grisú en la mina «Achenbach», se le declaró ante el tribunal superior de tutelas de Lünen: te meterán en la educación tutelar si no te sales de la asociación obrera de gimnasia;

(¡oigan, oigan!, en los bancos socialdemócratas)

y como el muchacho estaba indefenso, tuvo que separarse de los amigos de la gimnasia y el deporte que le eran queridos y dar la espalda a la asociación obrera de gimnasia. Así se procede contra las asociaciones obreras de gimnasia, así se actúa por motivos políticos contra las asociaciones obreras de deporte.

(¡Oigan, oigan!, en los bancos socialdemócratas.)

El gobierno no nos ha dado ninguna garantía de que esto vaya a cambiar en el futuro. Al contrario, tenemos que esperar que los gimnastas obreros y los jóvenes de la clase obrera que practican el deporte sigan expuestos en el futuro exactamente al mismo trato, exactamente a las mismas medidas de coacción y de opresión, que sentimos como injustas, que nos ofenden y nos indignan.

(¡Muy cierto!, en los bancos socialdemócratas.)

Mal sabríamos defender el honor de la clase obrera alemana, mal representaríamos las justas pretensiones de las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte a un trato decente y justo por parte de las autoridades y los tribunales, si nos prestáramos a conceder aquí siquiera un pfennig para los Juegos Olímpicos, es decir, para aquellas asociaciones y corporaciones deportivas a las que se les cuenta como virtud la falta de convicciones políticas,

(¡muy cierto!, en los bancos socialdemócratas)

y que muy a menudo se han prestado a hacer bajos servicios de delatores y traidores contra las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte.

Si se ha dicho que se lo debemos al honor del pueblo alemán y de la nación alemana conceder esta suma para una fiesta deportiva tan grande, nosotros declaramos: al honor y a la reputación del pueblo alemán se le serviría mucho mejor si por fin se decidieran a abandonar estos métodos de un trato riguroso y, a nuestro juicio, injusto de la clase obrera y de las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte.

(¡Muy cierto!, en los bancos socialdemócratas.)

Se hace un mal servicio al nombre alemán tratando a los miembros del propio pueblo y a los hijos del país como a reos de alta traición, enemigos del país y delincuentes. Si se ha señalado que los gimnastas y deportistas de todo el mundo que se reúnan en Berlín en 1916 deberían obtener y llevarse una buena impresión del ser alemán y del espíritu alemán, nosotros declaramos: eso se logrará mucho mejor si por fin se quisieran suprimir las polvorientas y descoloridas leyes de coacción y de mordaza de hace cien y más años,

(¡muy cierto!, en los bancos socialdemócratas)

si se quisiera instaurar un trato más justo y más libre de prejuicios, un trato imparcial de la clase obrera y de las asociaciones obreras de deporte y de gimnasia, si por fin se quisiera acabar con las vejaciones y los abusos de corchete a que están expuestas la clase obrera y las asociaciones obreras de gimnasia y de deporte.

Por las razones que he expuesto, mantendremos la decisión de la comisión de presupuestos y rechazaremos las mociones presentadas. No podemos decidirnos a conceder dinero para una fiesta en la que la participación ha de comprarse con la renuncia a unas convicciones independientes y amantes de la libertad.

(Vivos aplausos en los bancos socialdemócratas.)


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del facsímil de las actas del Reichstag en la Bayerische Staatsbibliothek: Verhandlungen des Reichstags, XIII. Legislaturperiode, I. Session, t. 293, 214.ª sesión (14 de febrero de 1914), págs. 7333-7335 (https://www.digitale-sammlungen.de/de/view/bsb00003389?page=101).

Traducción: traducción íntegra al español de la intervención de Rühle, hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Las anotaciones taquigráficas de las reacciones de la sala se traducen en cursiva entre paréntesis, y la negrita reproduce la del acta. Turnen, Turner, Turnverein se traducen «gimnasia», «gimnasta», «asociación de gimnasia»; Körperkultur, «cultura física»; Fürsorgeerziehung, «educación tutelar». Las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo.

  1. Reichsausschuß für Olympische Spiele, fundado en 1904; los Juegos de la VI Olimpiada, adjudicados a Berlín para 1916, no se celebraron a causa de la guerra. (N. del T.) ↩

  2. La Deutsche Turnerschaft, la gran organización gimnástica burguesa y nacionalista. (N. del T.) ↩

  3. Arbeiter-Turnerbund, fundado en 1893, organización de gimnasia vinculada al movimiento obrero socialdemócrata. (N. del T.) ↩

  4. «die janze Richtung nicht gefällt»: frase en dialecto berlinés atribuida a Guillermo II y convertida en dicho popular para la hostilidad de las autoridades hacia toda la tendencia socialdemócrata. (N. del T.) ↩

  5. Según la ley de asociaciones del Reich de 1908, las asociaciones declaradas políticas no podían admitir menores de 18 años; la declaración privaba así a las asociaciones obreras de su juventud. (N. del T.) ↩

  6. Kriegerverein: asociación de antiguos soldados, de orientación monárquica y patriótica. (N. del T.) ↩

  7. Theodor Schmalz y Karl Albert von Kamptz, funcionarios prusianos de la Restauración, promotores de la «persecución de los demagogos» tras los decretos de Karlsbad (1819); a esa época remiten también las ordenanzas que cita Rühle a continuación. (N. del T.) ↩