I

La cuestión de la ilustración sexual de la juventud ha sido por primera vez en Alemania el objeto único y exclusivo de las deliberaciones de un congreso de cierta importancia. El tercer congreso de la Sociedad Alemana para la Lucha contra las Enfermedades Venéreas (Deutsche Gesellschaft zur Bekämpfung der Geschlechtskrankheiten), que se reunió en Mannheim el 24 y el 25 de mayo, tenía como único punto del orden del día la pedagogía sexual. Teniendo en cuenta que el problema sexual afecta por igual al lado corporal y al anímico de la vida humana, y que la cuestión de la ilustración sexual exige, por tanto, un examen y un tratamiento desde el punto de vista de la higiene y desde el de la educación, médicos y pedagogos se habían repartido el trabajo del congreso. Con ello no solo se aseguró a las deliberaciones una mayor profundidad, sino que gozaron sobre todo de una mayor variedad, que agradecieron todos aquellos a quienes importaba un examen y un esclarecimiento lo más variados y completos posible, y a la vez estimulantes, de esta materia difícil y delicada. Por desgracia, la parte que tomó la pedagogía en los trabajos benefició en lo principal solo a las escuelas de enseñanza media. La escuela popular, que es la única institución educativa para el 95 por ciento de todos los niños en edad escolar, tuvo una representación muy débil y salió también bastante malparada en las deliberaciones. Más aún: si se considera un factor de cultura como la escuela popular y su trabajo desde el punto de vista de su función e importancia sociales, hay que calificar de verdaderamente madrastra el trato que recibió la enseñanza popular, que es sin embargo uno de los instrumentos más importantes de la educación sexual. En crudo contraste estuvo la extraordinaria variedad, el cuidado y la profundidad con que se discutieron los caminos y los fines de la ilustración sexual de los alumnos de las escuelas secundarias. Era, en efecto, una asamblea de reformadores y filántropos burgueses que, constreñidos por los prejuicios y los miramientos de interés de su clase, intentaban sustituir con indignaciones morales y aseveraciones patéticas, con bellas ideologías de muchas palabras y con remedios ineficaces y emplastitos, lo que les faltaba en fuerza y resolución para ir a la raíz del mal y extirparlo de raíz. Buenas personas, pero malos músicos1: siempre el mismo cuadro, el que ofrecen todos los congresos y reuniones en los que reformadores burgueses intentan curar con resoluciones la miseria social de nuestro tiempo.

En la presidencia del congreso se sentaban cuatro consejeros privados, cinco consejeros, cuatro directores de escuela y dieciséis doctores; entre los ponentes había cinco profesores y media docena de doctores; el Ministerio prusiano de Cultos había enviado como representante al ponente encargado de la enseñanza media femenina. Eso basta para caracterizar en general el espíritu de la reunión. Pero dejemos hablar a la crónica de las ponencias que aquí más nos interesan.

Al comienzo de la asamblea, el doctor Blaschko, el benemérito secretario general de la Sociedad, trató de las tareas de la Sociedad Alemana para la Lucha contra las Enfermedades Venéreas en el terreno de la pedagogía sexual. Con la ilustración de la juventud en crecimiento, expuso, hay que empezar a tiempo si se quiere alcanzar el fin que con ella se persigue: allanar el camino a una vida sexual sana que se integre armónicamente en la vida entera del ser humano. Aunque el concepto de vida sexual natural esté sujeto a las oscilaciones que resultan de la diversidad de raza, temperamento, medio, etc., la meta se alcanza mejor limitándose al comercio sexual monógamo, que debe considerarse el ideal tanto ética como higiénicamente. No se debe predicar a la juventud la mortificación de la carne; al contrario, debe aprender a ver algo sano en un comercio sexual que no empiece demasiado pronto. Pero el entendimiento y la voluntad deben conservar el dominio sobre el instinto sexual. Para ello hacen falta un cuerpo sano y una sensibilidad sana, y por eso hay que exigir dietética del cuerpo y del alma y, sobre todo, ilustración. Los influjos perniciosos del presente sobre la vida sexual nacen especialmente de la cultura de la gran ciudad. El habitante del campo está en general fuera de la esfera de estos influjos desfavorables sobre la vida sexual; lo debe en no pequeña parte a su movimiento más sano y a su alimentación poco excitante. Esta circunstancia indica que la ilustración por sí sola no puede asegurar una vida sexual sana, pero constituye la base y el punto de partida de otras medidas.

De las formas y los medios de una parte de esta labor de ilustración se ocupó a continuación la señora profesora Krukenberg, de Kreuznach, en su ponencia sobre la tarea de la madre y del hogar en la ilustración sexual. Aunque sus exposiciones no contenían puntos de vista nuevos ni instrucciones metódicas para la práctica educativa, presentaron con un resumen claro y que agotaba lo existente las tareas que esperan cumplimiento dentro del círculo familiar. Preservar desde la infancia de representaciones falsas y sensaciones sucias, una estrecha relación de confianza entre madre e hijo, una ilustración ocasional, discreta, seria y objetiva, breve y adecuada a su fin: tal era más o menos la línea de pensamiento fundamental de su ponencia. La confianza del niño en la veracidad de los padres es condición indispensable; la naturalidad de la ilustración, el secreto del éxito. Nada de sonrisas, chistes ni burlas, nada de mojigatería ni de secretos. Además de preservar del alcohol, ante todo prevenir a tiempo el peligro del onanismo (Selbstbefleckung) observando al niño, con una postura adecuada al dormir y advirtiéndole del daño para la salud y de la seducción por los compañeros de escuela. A los jóvenes varones se les debe ilustrar sobre las enfermedades venéreas al dejar la casa paterna, lo mejor por medio de un buen libro; las muchachas que se quedan en casa de sus padres no necesitan informaciones detalladas sobre las enfermedades venéreas, la prostitución, etc. A ellas les bastan las explicaciones sobre la menstruación, el matrimonio por dinero y por conveniencia, el «vivir la vida» y el echarse a perder antes del matrimonio. La juventud debe aprender a mantenerse sexualmente sana y a disciplinarse aunque no se case. La ponencia ofrece muy poco a las madres proletarias, porque se mueve por completo en el marco de las condiciones de vida burguesas.

El maestro principal Enderlin, de Mannheim, trató en su conferencia de la ilustración sexual en la escuela popular. El orador fue lo bastante honrado para atribuir a la escuela una parte de la responsabilidad de la desoladora situación en el terreno de la vida sexual. Hasta ahora la escuela ha ensalzado la ignorancia como virtud y ha respondido a las necesidades ineludibles de la naturaleza humana con sermones morales que predicaban la ascesis. Eso tiene que cambiar. De acuerdo con las indicaciones metódicas que ya dio Salzmann, la enseñanza sexual debe empezar por la planta, para mostrar en ella que hay dos sexos y para acostumbrar a expresiones como fecundación, semilla, etc. De la planta se pasa a los peces y luego a las aves y los mamíferos. La enseñanza de las ciencias naturales ha de servir de base a la educación sexual, y por eso hay que aumentar el número de horas que se le dedican. Pero la ilustración solo puede ser una parte de las reformas en este terreno. Donde los malos hábitos y los extravíos sexuales ya se han arraigado, y donde la fantasía se ha apoderado ya en exceso de lo sexual, el saber por sí solo no puede corregir ni contener. Entonces hay que formar la voluntad, templar el dominio de sí, despertar el sentimiento de responsabilidad. Los medios más adecuados para ello son una intensa cultura física, la educación del cuerpo, el deporte y la educación conjunta de los sexos.

Con un alcance todavía mayor y ahondando más trató el mismo tema el maestro Höller, de Hamburgo. Expuso

las relaciones internas que existen entre la cuestión de la ilustración sexual y el problema de toda nuestra educación, y en consecuencia fundó el éxito de todos los esfuerzos de pedagogía sexual, en no pequeña parte, sobre el nuevo fundamento pedagógico general que ha de ganarse con la transformación de nuestra escuela del saber en una escuela del saber hacer. La actividad práctica de trabajo como medio de educación escolar y el desarrollo de la enseñanza de trabajos manuales serán, en su opinión, adecuados para ayudar a sanear y ennoblecer la vida sexual. Por lo demás, quería, como el orador anterior, que la labor de ilustración se asignara a la escuela y se enlazara con las lecturas de historia natural; pero antes que nada habría que introducir la enseñanza sexual en el campo de trabajo de los seminarios de maestros y maestras2.

Con esto queda agotada por completo la parte de las deliberaciones del congreso que toca a la esfera de intereses del proletariado. Lo que se expuso además sobre el elemento sexual en la literatura juvenil, sobre la ilustración sexual en las escuelas secundarias, la pedagogía sexual en el seminario de maestros, la ilustración sexual de los bachilleres, etc., o tenía solo interés profesional o se refería exclusivamente a las condiciones de la burguesía. Con visible empeño se rodearon todas las aristas, se evitó con miedo toda crítica de efecto más hondo y no se osó poner ante los ojos de la clase dominante la medida de culpa que ha cargado sobre sí con el escandaloso desamparo3 de la educación pública. Ni una palabra sobre la violencia hecha a los cuerpos y a los cerebros en el esquematismo de nuestros sistemas educativos, equivocados y contrarios a la razón; ni una palabra sobre la espantosa incultura que se hace sentir de manera aterradora en aulas abarrotadas bajo las manos de maestros mal formados; ni una palabra sobre el espíritu reaccionario de la administración escolar, que obstaculiza toda innovación, frustra toda reforma, reprime todo impulso libre e independiente, y en cambio fomenta la beatería, cultiva la obediencia de cadáver4 y cría un patrioterismo de alboroto hueco y brutal. Ni una mano que hubiera descorrido el velo de los abismos de nuestra vida social: aquí hambre, paro, miseria de la vivienda, descarrío y embrutecimiento intelectual y anímico, alcoholismo y aniquilación de todos los sentimientos santos y nobles; allí lujo, desenfreno, embriaguez de los sentidos, refinada avidez de placeres. Ni una boca acusadora que hubiera hecho saber a los representantes de la propiedad y de la cultura capitalista del presente que la situación desastrosa de nuestra vida sexual actual, de cuyo caos los mejores elementos, en tanteante perplejidad, buscan ahora ayuda y refugio en la ilustración y en el poder de la palabra, no es otra cosa que productos de la putrefacción y fenómenos de descomposición que el cuerpo social, podrido por dentro y que se derrumba sobre sí mismo, segrega para volver a producirlos cada día en mayor cantidad. Solo de vez en cuando se hicieron notar algunas opiniones divergentes, en las que sonaban acentos de comprensión social, como cuando Henriette Fürth señaló las miserables condiciones de vivienda y la jornada excesiva de las proletarias de fábrica, cuando el consejero sanitario Heidenheim se quejó del trato que había recibido por su labor de ilustración y cuando el profesor Hirth llamó la atención sobre los peligros a que están expuestos en su vida moral y sexual los aprendices, las dependientas y sobre todo las criadas. Ni con una sola palabra se acordó el congreso de la posición de la proletaria en la lucha de clases moderna, de su relación con el hombre, cambiada respecto de antes, de las relaciones sexuales nuevas y singulares que de ahí resultan, y del efecto que estas nuevas relaciones sexuales han de tener en la configuración de toda la vida sexual de la sociedad. Y ello aunque una base firme para una pedagogía sexual sana solo puede crearse si se tienen en cuenta las relaciones entre los sexos, transformadas gracias a la revolución de las condiciones económicas.

O. R.

II

[La redacción publica bajo el mismo título una carta de Henriette Fürth, que niega lo afirmado por «O. R.»: dice haber hablado de las condiciones sociales con toda la claridad que permitía una ponencia de veinticinco minutos, tanto que el consejero Kirschner, del Ministerio prusiano de Cultos, se lo reprochó, y haber combatido con firmeza la concepción del profesor Förster. Siguen las respuestas de los autores de los dos artículos; la primera es de Rühle:]

Los autores de los dos artículos responden a lo que antecede:

La señora Fürth vive en el dulce autoengaño de que en su ponencia de veinticinco minutos sí logró descorrer «el velo de los abismos sociales de nuestra vida». No puedo compartir ese optimismo, tanto menos cuanto que la consulta del acta oficial de su ponencia no ha hecho más que reafirmarme en mi juicio. De las más de 500 líneas impresas de la ponencia, a la miseria de la vivienda, el trabajo infantil y la penuria de las obreras de fábrica casadas corresponden unas 100; de 25 minutos, pues, 5. Que en 5 (¡cinco!) minutos pueda darse una exposición «clara» y «a fondo» de la miseria social, como la que es indispensable para comprender con cierta hondura los problemas de la pedagogía sexual, es algo que la señora Fürth no pretenderá hacernos creer ni ella misma. Que sus exposiciones hayan provocado la contradicción de un consejero privado del Ministerio prusiano de Cultos no quiere decir absolutamente nada en una época en que una cosa tan inofensiva como la fundación de un jardín de infancia hace que los señores Studt5 y consortes lancen rayos y truenos. A mi juicio, quienes se tomen realmente en serio el examen a fondo e inequívoco de una cuestión tan difícil y complicada como la de la pedagogía sexual no deberían aceptar en absoluto ponencias de veinticinco minutos.

O. R.


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir de los números completos de Die Gleichheit, 17. Jahrgang, Nr. 12 (10 de junio de 1907), págs. 101-102, y Nr. 13 (24 de junio de 1907), pág. 110, digitalizados por la Friedrich-Ebert-Stiftung. Ids OR1907-14 y OR1907-15. Los comentarios S. n del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.

Traducción: traducción íntegra al español de los textos de Rühle, hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Se conservan la división en párrafos, las cursivas (que reproducen el espaciado del original) y la paginación original. Geschlechtskrankheiten se traduce «enfermedades venéreas»; geschlechtliche / sexuelle Aufklärung, «ilustración sexual»; Sexualpädagogik, «pedagogía sexual»; Geschlechtstrieb, «instinto sexual»; Verwahrlosung, «descarrío» (o «desamparo» cuando se refiere a las instituciones); höhere Schulen, «escuelas secundarias» o «escuelas de enseñanza media»; Lehrerseminar, «seminario de maestros». Las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo.

  1. Gute Menschen, aber schlechte Musikanten: frase proverbial alemana (del Bettelstudent de Millöcker) para gente bienintencionada pero incapaz. (N. del T.) ↩

  2. Lehrerseminar: seminario de maestros, centro alemán de formación de los maestros de escuela popular; equivale a la escuela normal española. (N. del T.) ↩

  3. Verwahrlosung: «desamparo», abandono material de la educación pública; en otros contextos se traduce «descarrío». (N. del T.) ↩

  4. Kadavergehorsam: «obediencia de cadáver», la obediencia absoluta, sin voluntad propia, por la fórmula jesuítica perinde ac cadaver («como un cadáver»). (N. del T.) ↩

  5. Konrad von Studt, ministro prusiano de Cultos (1899-1907). (N. del T.) ↩