Por Otto Rühle.
Entre los cuadros patológicos de la edad escolar que se caracterizan inequívocamente como enfermedades escolares, ocupa el primer lugar, junto a la miopía, la desviación de la columna vertebral. Se habla de escoliosis escolar y se entiende por ella la incurvación o desviación lateral de la columna que no se debe a estados inflamatorios de los huesos ni a enfermedades destructivas, como la tuberculosis, sino que tiene su causa en trastornos del crecimiento del esqueleto. Según el grado y el lugar de la desviación se distinguen escoliosis totales, que afectan a toda la columna; lumbares, con la curvatura principal en la región lumbar; dorsales, con la curvatura principal en la columna torácica, y combinadas. Si puede generalizarse una comprobación hecha en Lausana, las escoliosis totales constituyen alrededor del 56 por ciento, las lumbares el 20, las dorsales el 12,7 y las combinadas el 8,5 por ciento de todas las escoliosis.
En general llama la atención que el porcentaje de niños afectados de escoliosis es extraordinariamente grande; es aproximadamente de un tercio por ciento1, pero hay también datos de hasta el 60 por ciento y aún más. En ellos están incluidos, es cierto, los niños en edad preescolar, pero su proporción es relativamente pequeña. Según el doctor Eulenburg, es del 8 por ciento, y según el doctor Schultheß del 10 por ciento; este último opina que podría estimarse sin reparo aún más alta, «porque las escoliosis de la edad preescolar, cuando no se deben a un raquitismo muy grave, presentan en su mayoría grados relativamente leves, conforme al lento desarrollo de la deformidad, y rara vez son objeto de tratamiento médico»; pero el doctor Schultheß no es capaz de aportar prueba alguna de que su opinión sea acertada. Las escoliosis que se observan en la edad preescolar son en su mayoría congénitas —sobre todo en hijos de obreras que tuvieron que hacer trabajos pesados hasta el parto o que en su trabajo se vieron obligadas a una postura desfavorable también durante el embarazo—; en otro caso son adquiridas por el raquitismo, que tiene su causa en una alimentación insuficiente e inadecuada de los niños, es decir, en la pobreza y la penuria social de las capas proletarias. El raquitismo produce en el niño una firmeza insuficiente de los huesos y del cartílago intervertebral y crea así la predisposición a la desviación de la columna, que se produce ya en casa o, con toda seguridad, más tarde en la escuela. El porcentaje más alto de escoliosis en la edad preescolar lo halló Wisser, a saber, el 40 por ciento; pero ningún otro observador ha alcanzado nunca ni aproximadamente esta cifra, por lo que probablemente no sea injustificado suponer que se trata de un error de observación o de condiciones de desarrollo del todo anormales en los niños.
La inmensa mayoría de las desviaciones de la columna se adquiere en la escuela, donde un método de enseñanza irracional condena a los niños, en los años de su más rápido desarrollo corporal, a estar sentados quietos durante horas, día tras día, en bancos escolares en su mayoría inadecuados, y donde, sobre todo en las clases de dibujo, aritmética y escritura, una práctica de enseñanza completamente equivocada obliga a menudo directamente a los niños a una mala postura. Nada menos que el conocido cirujano de Viena profesor Lorenz, que con sus importantes trabajos de higiene escolar, sobre todo con la investigación y el tratamiento de la escoliosis, ha abierto caminos nuevos, califica en su obra sobre la patología y la terapia de las desviaciones laterales de la columna la escoliosis, directamente y con toda decisión, de enfermedad escolar. También el doctor Schultheß, que en general adopta un punto de vista favorable a la escuela, no puede menos de declarar que «la escoliosis total convexa a la izquierda y la escoliosis lumbar de las niñas» han de considerarse «una forma favorecida en alto grado especialmente por la asistencia a la escuela». Del mismo modo, Hoffa, Schenk, Kocher, Mayr-Fürth y otros cargan en la cuenta de la escuela la culpa principal de la aparición de la escoliosis. Virchow se inclinaba antes a atribuir más culpa a la casa que a la escuela, pero más tarde, según cuenta Ettlinger, se convenció visitando las escuelas de que su suposición era infundada. Según el doctor Eulenburg, en efecto, el 89 por ciento, según el profesor Baginsky el 88,7 por ciento y según el doctor Fahrner el 90 por ciento de todas las escoliosis se forman entre los seis y los catorce años, y precisamente en niños que van a la escuela, de modo que con razón puede hablarse de escoliosis escolar. Tanto más si se tienen en cuenta los resultados de las siguientes investigaciones:
El doctor Mayer-Fürth halló entre 336 niñas de la escuela popular 189 que no estaban derechas. Al mismo tiempo resultó que en el curso de la escolaridad aumentaban el número y la importancia de las escoliosis. En el primer curso, en efecto, había 40 sin defecto y 31 (el 43,6 por ciento) con defecto; en el segundo, 32 sin defecto y 42 (el 56,7 por ciento) con defecto; en el tercero, 29 sin defecto y 37 (el 56 por ciento) con defecto; en el cuarto, 30 sin defecto y 40 (el 57,1 por ciento) con defecto, y en el quinto, 16 sin defecto y 39 (el 70,9 por ciento) con defecto. En dos clases de niños (primer curso) se encontraron al principio del curso un 29 por ciento de desviaciones y al final un 55 por ciento.
El doctor Krug halló también, según comunica en el Jahrbuch für Kinderheilkunde [Anuario de pediatría], un rápido ascenso del porcentaje según las clases: en las niñas, a los nueve años, un 11 por ciento; a los diez, un 16,5; a los once, un 28; a los doce, un 27; a los trece, un 35, y de los catorce a los dieciséis, un 32,5 por ciento; en los niños, en las mismas edades, 17; 17,5; 21; 20; 31 y 31,5 por ciento.
Un aumento del porcentaje del todo patente lo han demostrado también Bardenheuer y Castenholz: hallaron en el primer curso un 0 por ciento de escoliosis; en el segundo, un 6; en el tercero, un 19; en el cuarto, un 27; en el quinto y el sexto, un 32 por ciento.
De otras numerosas investigaciones mencionemos solo una, hecha en Lausana por Scholder, Weith y Combe. Según sus resultados, el ascenso por edades presenta esta serie: a los 8 años, un 9,7 por ciento de niñas y un 7,8 de niños; a los 9, un 20,1 de niñas y un 16,7 de niños; a los 10, un 21,8 de niñas y un 18,3 de niños; a los 11, un 30,8 de niñas y un 24,2 de niños; a los 12, un 30,2 de niñas y un 27,1 de niños; a los 13, un 37,7 de niñas y un 26,3 de niños; con más de 13 años, un 26,8 de niñas y un 33,3 por ciento de niños. El descenso de la frecuencia en las niñas de más de 13 años se explica porque no pudieron examinarse dos clases. Especialmente digno de nota es que la escoliosis total, que abarca alrededor del 56 por ciento de todas las escoliosis, es la que más ha aumentado, a saber, del 4,3 al 22,5 por ciento en los niños y del 6,8 al 14,8 por ciento en las niñas; este aumento de la escoliosis total constituye, como dice el doctor Schultheß, el elemento principal del aumento de la frecuencia de las escoliosis en conjunto.
En cuanto a la frecuencia de la escoliosis según los sexos, el doctor Erismann afirma que la padecen diez veces más niñas que niños. El doctor Guillaume halló en Neuchâtel, entre 350 niños, 62 (el 17,7 por ciento) y entre 381 niñas, 156 (el 40,9 por ciento) con desviaciones de la columna; de los 731 alumnos y alumnas en total, 218 corrían el máximo peligro de tener para toda la vida un cuerpo muy deformado. En las escuelas de Zug se encontró un 15 por ciento de los niños y un 22 por ciento de las niñas afectados de escoliosis. Se ha pensado que esto se debería quizá a que muchas escolares tienen que llevar en casa a sus hermanos pequeños, y casi exclusivamente en el brazo izquierdo. Con ello el centro de gravedad del cuerpo se desplaza hacia ese lado, y por la inclinación del cuerpo hacia la derecha se da ocasión a una incurvación de la columna hacia la izquierda. También los niños llevados siempre en el brazo izquierdo se inclinan, sobre todo si tienen poca fuerza muscular o son raquíticos, con el lado derecho del cuerpo hacia quien los lleva, y de este modo, según Eulenburg, se originaría el mayor número de escoliosis raquíticas de la primera infancia. Schildbach cree poder buscar una causa de la formación de escoliosis en que las niñas, al sentarse, empujan las faldas hacia un lado y por eso se sientan más altas por ese lado, de modo que el cuerpo adopta una posición torcida. También se han hecho responsables de la aparición de escoliosis las pesadas carteras de libros, que llevan sobre todo las niñas y con menos frecuencia los niños. Por lo demás, a la afirmación hecha casi en todas partes de que «todos» los observadores habrían comprobado «coincidiendo» que las niñas, por la mayor debilidad de su esqueleto, caen en la escoliosis antes que los niños, se opone el hecho de que Krug halló escoliosis en un 26 por ciento de los niños y solo en un 22,5 por ciento de las niñas, y Wisser en un 55 por ciento de los niños y solo en un 45,6 por ciento de las niñas.
La escoliosis, cuando es de origen funcional, se forma por lo general de modo que al principio la incurvación de la columna solo existe durante la postura incorrecta y se corrige en seguida en cuanto la postura vuelve a ser simétrica. Pero con el tiempo, cuando la mala postura se repite una y otra vez y quizá dura además cada vez más tiempo, la columna pierde su elasticidad, la deformación sobrevive a la mala postura, se hace permanente y ya no desaparece con la postura erguida. Con el tiempo se añaden la elevación de un hombro, la inclinación de la cadera y la giba de las costillas, y como consecuencia ulterior también un desplazamiento de los órganos internos, sobre todo de los pulmones y el corazón. Si el niño que crece, escoliótico ya desde la escuela, se ve obligado además por su oficio (carpintero, panadero, minero, etc.) a menudo a una postura torcida, se produce la escoliosis profesional, y el cuerpo puede deformarse así en el peor grado.
La causa principal de la escoliosis escolar es sin duda la mala postura en la clase de escritura, condicionada por la habitual inclinación de la letra y por la posición oblicua de los cuadernos. El 90 por ciento de las desviaciones que aparecen son convexas a la izquierda, es decir, coinciden con la posición de la espalda habitual al escribir. Schenk considera la escoliosis total sencillamente como la postura de escritura fijada, desde que encontró que el 80 por ciento de todos los niños que escriben adoptan una postura que corresponde a la escoliosis total convexa a la izquierda, y hasta el tan prudente doctor Schultheß se inclina a admitir este tipo de desviación como escoliosis escolar. También el doctor Mayer-Fürth declara: «la letra cursiva inclinada a la derecha hoy en uso es decididamente uno de los factores que contribuyen a la aparición de la desviación lateral de la columna de los niños». Del mismo modo —y en esto todos los investigadores son unánimes— ha de rechazarse la posición del cuaderno a la derecha. Obliga a desplazar la cabeza, los hombros y el brazo hacia la derecha, a levantar el hombro izquierdo y bajar el derecho. Con ello la columna pierde su postura erguida y se curva hacia la izquierda. Como consecuencia correcta de este conocimiento, ya en 1891 el congreso internacional de higiene escolar recomendó encarecidamente a las autoridades escolares la introducción de la letra vertical, con la que naturalmente desaparece a la vez la posición del cuaderno a la derecha; una sugerencia que desde entonces ha encontrado ya acogida en muchas escuelas, con el resultado de que la postura de los niños afectados ha mejorado mucho. El doctor Mayer-Fürth halló las siguientes cifras medias: con letra vertical se sentaban bien el 49,5 por ciento, casi bien el 35,5 y de manera insuficiente el 15 por ciento; en cambio, con letra inclinada, bien solo el 5,1 por ciento, casi bien el 33,1 y de manera insuficiente el 61,5 por ciento.
Pero no basta con esto. El peligro principal para los niños que padecen una escoliosis más o menos marcada es el largo tiempo que pasan sentados en la escuela; con él se favorece el desarrollo anormal de la columna anormalmente crecida. El movimiento y la actividad obligarían al cuerpo a cambiar de postura y crearían así una compensación también frente a la deformación escoliótica; estar sentado, en cambio, estabiliza la desviación. Salta, pues, a la vista, concluye de ahí muy acertadamente el doctor Küster, que la enseñanza intelectual tiene que interrumpirse mucho más que hasta ahora con movimientos corporales, como la gimnasia y los juegos al aire libre, los ejercicios de orden y la enseñanza de trabajos manuales. El doctor Schultheß pide también acortar el tiempo de estar sentado y además, como otros innumerables con él: observar estrictamente las pausas de cada hora, una iluminación correcta de los puestos de trabajo, la adquisición de buen mobiliario escolar (¡para elegir entre 200 sistemas de bancos escolares!) y, para los muy desviados, la creación de clases especiales. El doctor Petersen presentó en la 4.ª asamblea general de la Sociedad Alemana de Higiene las siguientes tesis sobre la cuestión de la desviación de la columna: 1. La escuela debe hacer lo posible para prevenir la incurvación de la columna: a) con un trabajo activo contra su aparición mediante la gimnasia y los juegos gimnásticos; b) con aulas y asientos favorables y con un orden correcto de las clases; c) instruyendo a los maestros sobre los principales malos hábitos de los escolares al sentarse. 2. La escuela debe procurar el descubrimiento precoz de la escoliosis: a) haciendo que al ingresar en la escuela todos los niños sean examinados obligatoriamente por el médico escolar; b) repitiendo estos exámenes a intervalos regulares, al menos una vez al año; c) haciendo que los maestros, una vez abiertos sus ojos para estas cosas, lleven al médico escolar a todo niño que adquiera una mala postura. 3. La escuela ha de procurar por su parte el tratamiento inmediato de todas las escoliosis, a saber: a) por cuenta de la escuela han de crearse, en lugar de las demás clases de gimnasia, clases obligatorias de gimnasia para escoliosis, en número aumentado como corresponda; b) a los escolióticos, que de por sí son más débiles, ha de concedérseles por la tarde una amplia exención escolar, según el caso, para que los niños tengan antes y después de la gimnasia el tiempo de descanso urgentemente necesario; c) la selección de los casos ha de hacerla el médico escolar; el control periódico y la elección correcta de los ejercicios, etc., debe confiarse a ser posible a médicos con formación especializada, sobre todo los casos graves; d) los cursos de gimnasia habrán de organizarse en los gimnasios existentes, y eventualmente en hospitales, en el mayor número posible de lugares, para hacer posible la participación de los niños también de las localidades vecinas (billete gratuito, traslado temporal del niño, instrucción de las madres, etc.); e) como directoras de los cursos han de procurarse mujeres, cuya formación se hará mejor en hospitales; f) los gastos se cubrirán con pequeñas aportaciones de quienes no carecen del todo de recursos y tarifas normales más altas de los más acomodados, así como con cursos privados para los ricos; los hijos de la gente sin recursos han de tenerlo todo gratis; g) estas tareas de la escuela necesitan urgentemente extenderse también a las escuelas privadas y a los pensionados de señoritas.
De todas estas reivindicaciones, hasta ahora solo se ha realizado una parte minúscula, en casos del todo aislados. En Leipzig existe una enseñanza de gimnasia ortopédica para escolióticos, y lo mismo en Schöneberg, cerca de Berlín, desde abril de 1906. En Maguncia, médicos ortopedistas tratan a los niños escolióticos a costa de la ciudad. Eso es todo. A logros mayores en este terreno de la higiene escolar y popular no ha sido capaz de elevarse todavía nuestra sociedad burguesa. La introducción de la letra vertical, la limitación al alfabeto latino2, el acento puesto en una escritura rápida, fluida y legible en lugar de la caligrafía hoy habitual solo han logrado imponerse todavía como experimento; pero donde más tenacidad se muestra en aferrarse a las viejas coletas es en el terreno de la reforma escolar, en la medida en que se refiere al método en su conjunto y aspira a un giro del adiestramiento del entendimiento a la formación armónica del ser humano, del amaestramiento a la educación, de la recepción pasiva de verdades hechas a la adquisición activa de tesoros del espíritu y del alma que vayan creciendo. También aquí parece que, antes de llegar a una educación que libere el cuerpo de las cadenas de la tiránica obligación a la inactividad y le devuelva su salud, su frescura y su buena figura, se quiere dar la razón a la frase de W. von Humboldt de que en Alemania siempre hacen falta dos siglos para eliminar una tontería.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), cotejada con el facsímil de la pág. 5 del Hamburger Echo, 21. Jahrgang, Nr. 162, 14 de julio de 1907, Erste Beilage (Staats- und Universitätsbibliothek Hamburg, vía Deutsches Zeitungsportal).
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Se conservan la división en párrafos, las cursivas y las cifras del original. Rückgratverkrümmung, Skoliose se traducen «desviación de la columna», «escoliosis»; Steilschrift, Schiefschrift, «letra vertical», «letra inclinada»; Kurrentschrift, «letra cursiva»; Handfertigkeitsunterricht, «enseñanza de trabajos manuales». Las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo.