I
Podrá discutirse tal vez si el nombramiento de médicos escolares ha cumplido hasta ahora plenamente su fin; lo que está fuera de discusión es que solo gracias a la actividad de los médicos escolares se ha hecho luz, en mayor escala, sobre el estado de salud de nuestra juventud escolar. Los informes de los médicos escolares han comprobado sin excepción que la salud de la juventud está peor de lo que puede imaginarse, que la generación venidera deja muchísimo que desear en aptitud para la vida y en fuerza vital. El orden económico y social capitalista, con la miseria social provocada por su esclavitud asalariada, su explotación y su política del hambre, que ha hecho de la pobreza, la invalidez y la degeneración fenómenos de masas, golpea también a los hijos de los desheredados, a la juventud del proletariado, con el terrible azote de la ruina de la salud. De la abundantísima masa de material reunido por los médicos escolares citemos aquí algunos datos que iluminan la miseria física de nuestra juventud escolar.
En Dresde, de 5095 niños examinados, el 50,5 % resultaron estar enfermos; entre ellos, el 19,3 % eran anémicos y débiles, el 16 % padecían enfermedades de la boca y la nariz, el 9 % inflamaciones de los ganglios, el 12,4 % sufrían enfermedades del sistema óseo, sobre todo raquitismo, el 6,3 % presentaban trastornos del habla y el 3,8 % eran débiles mentales.
En Stuttgart, el médico municipal Dr. Gastpar comprobó que de 10 100 niños solo el 15,7 % podían considerarse normales. Aun dando por sanos a los niños con raquitismo o con parásitos, quedaba todavía un 67,4 % que padecía alguna enfermedad. En el 44,2 % se comprobó raquitismo; en el 18,9 %, un estado de nutrición deficiente. El número de niños con parásitos subía del 18,9 % hasta el 33,5 % en algunas escuelas. En las cinco clases superiores, 2028 niños trabajaban por un salario, y además otros 4000 aproximadamente estaban ocupados en las tareas domésticas de sus padres. En estas condiciones debería buscarse la causa principal de la mayoría de las enfermedades y achaques.
En Wiesbaden, el Eldorado de las altas finanzas y de la aristocracia, de 883 niños recién ingresados en la escuela no menos de 583 estaban más o menos enfermos, y otro año, de 985, nada menos que 748, es decir, el 76 %, mientras que en las escuelas medias «solo» había que registrar un 42,3 % de enfermos. Como de desarrollo físico deficiente se encontró al 2,4 % de los alumnos de las escuelas medias y al 5,6 % de los de primaria.
En Offenbach, de 2116 niños examinados, el 37 % tenía un estado de nutrición insatisfactorio; se distinguían desfavorablemente de los demás por su debilidad física general, su delgadez, su musculatura flácida, su palidez y su complexión estrecha. El 7,7 % padecían de la boca o la nariz, el 3,1 % de la vista y el 4,2 % eran débiles mentales.
En el primer Congreso de la Tuberculosis, en Berlín, el Dr. Ritter, de Berlín, declaró haber comprobado mediante estudios detallados que en Berlín el 90 % de todos los niños eran escrofulosos. Al mismo tiempo confirmó la comunicación que el Dr. Petruschky, de Danzig, había hecho ante la gran conmoción de la asamblea, a saber, que según los resultados de sus investigaciones el 85 % de todos los niños debían considerarse portadores de los gérmenes de enfermedades tuberculosas. También otros médicos han confirmado total o parcialmente estas terribles comprobaciones. En Radebeul, cerca de Dresde, de 200 niños examinados por el médico escolar, 185 padecían escrofulosis, 160 caries, 21 miopía, 18 pólipos nasales, 12 enfermedades de las amígdalas, 12 sordera parcial, etc.; en Schöneberg, cerca de Berlín, de 1555 niños apenas uno solo pudo calificarse de completamente sano. En Rathenow, el médico escolar comprobó enfermedades tuberculosas en 57 de 136 niños; en Arnstadt, el 40 % de las alumnas estaban enfermas, lo que sorprendió incluso al médico. Enfermas de la vista o miopes había 110; del oído, 35; de la nariz, 22; del corazón, 27; con enfermedades de las vías respiratorias, 31; del estómago y el intestino, 14; de los nervios, 44; de los huesos y las articulaciones, 19; cloróticas, escrofulosas y raquíticas, 80; con defectos del habla, 17; de debilidad física general, 8; con enfermedades de los vasos linfáticos, 14. ¡Y estas muchachas enfermas, débiles, enfermizas han de traer al mundo la generación futura!
En Berlín, los médicos escolares solo han podido calificar de sanos hasta ahora a un 44 % aproximadamente de los niños examinados. Todos los años hay que rechazar entre el 10 y el 12 % de los niños que van a ingresar en la escuela por una constitución física demasiado débil.
En la provincia de Sajonia hay, según una estadística de la Casa del Samaritano de Cracau, cerca de Magdeburgo, 1512 niños lisiados menores de 14 años entre 2,8 millones de habitantes. En la provincia del Rin, según los datos del pastor Hohl, de la casa de diaconisas de Kreuznach, arrastran su mísera existencia más de 19 000 lisiados, 5865 de los cuales no han recibido enseñanza escolar. Que el ejército de los lisiados se recluta principalmente en el proletariado lo enseña el hecho de que entre los 1512 niños lisiados mencionados solo 83 procedían de familias acomodadas. La causa de la deformación física era en la mayoría de los casos la enfermedad y la falta de cuidados.
Enfermos del oído resultaron estar en Múnich el 20 % de 2000 niños; en Groß-Wartenberg, más de 100 de 700; en Plauen, el 27 % de todos los alumnos de la escuela auxiliar; en Berlín, el 35 %; en el distrito de Marburgo, 2142 de 7537.
En Mecklemburgo, de 251 niños sordomudos solo 145 (el 57,5 %) habían sido llevados a un médico, aunque en dos tercios había posibilidad de curar o aliviar la dolencia.
En Estrasburgo se comprobó que de 10 661 niños examinados solo 165 tenían una buena dentadura. Por término medio, a cada niño le faltaba un tercio entero de los dientes, y de los que tenía solo la escasa mitad estaba sana. El cuidado de los dientes, como prueban amplias estadísticas, está en general muy descuidado, y sin embargo los dientes cariados son en la infancia una de las principales puertas de entrada del bacilo de la tuberculosis. Así se originan los llamados ganglios linfáticos escrofulosos del cuello, que se han encontrado en el 90 % de los escolares municipales de Berlín y en el 85 % de los de Danzig.
(Concluirá.)
II
(Conclusión.)
Todos estos datos, con los que no se agota en modo alguno el material disponible, prueban que el estado de salud de nuestra juventud ofrece un cuadro horrible, espantoso. Nunca podrán justificarse los pecados y crímenes que nuestra sociedad dominante ha cometido hasta ahora, y sigue cometiendo cada día, no solo contra la generación presente, sino también contra la venidera.
Nuestra educación escolar podría contribuir de muchas maneras a aliviar esta terrible situación si estuviera organizada de acuerdo con las exigencias de la higiene y con los resultados de la investigación experimental. Pero, por desgracia, no es así. Presenta una infinidad de defectos y despropósitos que tienen como consecuencia graves daños para la salud de nuestros hijos. En lugar de educar el cuerpo, de fortalecerlo, de llevar al niño a la fuerza, la salud, la agilidad y la belleza, la escuela, con su irracional método de enseñanza y su organización caduca de la enseñanza, hace a los niños todavía más enfermos de lo que ya son. Los hechos lo demuestran:
El Dr. Zappert, en Viena, examinó durante tres cursos a 1399 niños y 1041 niñas y comprobó que en los dos primeros años escolares las enfermedades de los órganos respiratorios alcanzan una gran altura, en los dos siguientes disminuyen algo, en los dos que siguen son mínimas, para volver a aumentar en los dos últimos años. Las niñas enferman con más frecuencia que los niños. Zappert ve como causas principales de que enfermen sobre todo los escolares más jóvenes el comienzo de las clases a primera hora de la mañana, la obligación de salir a la calle con cualquier tiempo, el fuerte cambio de temperatura entre el aula y la estancia al aire libre y el polvo de las aulas. El aumento de las enfermedades pulmonares en los dos últimos años escolares ha de tomarse especialmente en serio, pues a una parte no pequeña de los enfermos les amenaza la tuberculosis pulmonar.
El fisiólogo sueco Axel Key examinó a 11 000 alumnos en busca de las llamadas enfermedades escolares: nerviosidad, dolor de cabeza, clorosis y similares. Resultó lo siguiente: del final del primer año escolar al final del segundo se duplica el número de niños enfermos por la escuela. El primer año escolar presenta un 17,6 % de niños enfermos por la escuela; el último, hasta un 50 %. En Dinamarca se encontraron resultados semejantes.
Aquí, en Halle, como es sabido, el Dr. Schmid-Monard, entretanto fallecido, encontró al examinar a 8000 niños que las enfermedades escolares habían afectado al 30 % de los niños y al 40 % de las niñas de 11 a 13 años, pero al 60-70 % de los alumnos de 16 a 17 años. En los tres primeros meses de escuela, el peso de las alumnas de primaria disminuyó una libra y media, y en el 7.º año de vida, es decir, en el primer año escolar, el peso de los niños que iban a la escuela aumentó un kilogramo menos que el de los niños de la misma edad que no eran escolares, y su talla quedó 2,1 centímetros por detrás de la de los alumnos de las escuelas medias.1
En Dresde, el maestro Graupner comprobó que los que habían repetido curso una vez llevaban un retraso de un año de crecimiento, y los que habían repetido dos veces, de dos, igual que la diferencia de desarrollo entre niños de familias más pobres y de familias acomodadas era de uno a dos años de crecimiento.
El profesor Axel Hertel comprobó en niños de seis años, tras su ingreso en la escuela, perjuicios muy considerables de la respiración, la circulación de la sangre y el metabolismo. Según Axel Key, la nerviosidad y el dolor de cabeza se multiplican por siete del primer al segundo año escolar, lo que indica una actividad intelectual contraria a la naturaleza.
La desviación de la columna, consecuencia del largo tiempo sentados en los bancos escolares en la primera infancia, se encuentra, según el testimonio concordante de todos los médicos escolares, en el 60 % por lo menos de todos los escolares. El profesor Dr. Lorenz, el profesor Dr. Hoffa, el Dr. Schultheiß y otros la califican de enfermedad escolar que desaparecería inmediatamente si la escuela se sirviera de un método de enseñanza más conforme a la naturaleza.
Que la escuela actual provoca también, en especial, miopía y enfermedades de la vista lo demostró el profesor Cohn hace ya una generación. El Dr. Schmid-Monard encontró en las escuelas primarias ampliadas de Halle al principio entre un 0,5 y un 1,5 % de niños con gafas; a los 11 años ya un 4,5 %, y a los 14, un 4,7 % en los niños y un [ilegible],6 % en las niñas. En las escuelas secundarias de niñas la cifra subía hasta el 13,3 %, y en las de niños, incluso hasta el [ilegible]3 %.
Las encuestas estadísticas sobre la difusión de la tartamudez han dado como resultado que a la edad de 6 a 7 años corresponde un 6 % de tartamudos, a la de 7 a 8 años ya un 10 % y a la de 11 a 12 años un 15 %, y que las causas de este rápido aumento han de atribuirse a nuestra enseñanza escolar.
Así trabajan la miseria social y una escuela equivocada, con fuerzas unidas, en la devastación de la salud y de la aptitud para la vida de la generación futura. Con pequeñas reformas escolares se pone tan poco remedio al mal como con los curanderismos de la reforma social burguesa. Aquí hace falta un trabajo entero y radical, pues el mal está en la médula misma; solo la creación de condiciones nuevas desde la raíz puede producir el proceso de curación necesario. La destrucción de la organización capitalista de la sociedad no solo significará cegar la fuente de todos los sufrimientos y necesidades del pueblo: será también el comienzo de una escuela nueva, de una educación nueva, que elevará al hombre a la salud, la fuerza y la belleza del cuerpo y del espíritu.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha desde las imágenes del Volksblatt de Halle, 16.º año, n.º 235, 7 de octubre de 1905, pág. 1 (OR1905-36), y n.º 236, 8 de octubre de 1905, pág. 1 (OR1905-37), digitalizadas por la Universitäts- und Landesbibliothek Sachsen-Anhalt. Artículo sin firma, atribuido a Rühle por la bibliografía de Stecklina (2002).
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Schulärzte se traduce «médicos escolares»; Schulkrankheiten, «enfermedades escolares»; Bresthaftigkeit, «invalidez»; Mittelschule, «escuela media»; Hilfsschule, «escuela auxiliar»; Quacksalbereien, «curanderismos».
Así se lee en el original («Mittelschüler»), aunque el sentido pide «los que no iban a la escuela». (N. del T.) ↩