La enseñanza de la religión

Al oscurantista de la Sächsische Schulzeitung [Gaceta Escolar Sajona] que, con las untuosas tiradas de un predicador de domingo por la tarde, arremetió contra el empeño del magisterio de Bremen por suprimir la enseñanza de la religión en la escuela primaria,1 le ha seguido ahora un «apreciado pedagogo» en el Leipziger Tageblatt para documentar el atraso de una parte del magisterio de Leipzig o de Sajonia en la cuestión de la enseñanza religiosa. La opinión pública, opina él, debería ocuparse de esta cuestión de la manera «más libre de prejuicios», lo que, naturalmente, no le impide seguir una línea de pensamiento en la que, tras un arranque más o menos razonable, tropieza con uno de los prejuicios más conocidos en la cuestión de la enseñanza religiosa. El articulista expresa la opinión de que la afirmación, apoyada por teólogos destacados, de que la religión no se puede enseñar, es en sí correcta, pero por lo general se entiende mal. Es cierto, dice, que en la religión se trata de un estado del ánimo que —igual que el sentimiento estético y el sentimiento nacional— no puede suscitarse en el niño por la instrucción intelectual; pero la enseñanza de la religión tiene la tarea de «dar a conocer al niño lo que la humanidad ha elaborado en su curso evolutivo en materia de cultura religiosa». Su tarea no ha de ser «producir en el niño la fe en dogmas confesionales cualesquiera, sino poner al niño en una relación viva con las enseñanzas morales y con las figuras de la historia de las religiones». Al niño deben transmitírsele «los fundamentos históricos y éticos del cristianismo»; además, los niños deben adquirir una mirada abierta para otras grandes religiones, su origen y su importancia para la humanidad. Hasta aquí, las explicaciones del «apreciado pedagogo» no se leen nada mal; uno tiene la sensación de que con ellas, algo apocadamente, sí, pero no del todo sin lógica ni comprensión, va a demostrarse que la enseñanza religiosa actual es prescindible y superflua. La enseñanza religiosa actual, que trata la religión de manera puramente memorística e intelectual, que no tiene tiempo ni fuerzas para profundizar el sentimiento religioso, que educa en la fe en los dogmas, que enseña una moral para la que no hay lugar en toda nuestra sociedad actual, que induce a la intolerancia, la hipocresía, la falta de convicciones, etc., que, como juzga el piadoso cristiano León Tolstói, constituye «el mayor crimen» que puede cometerse contra la juventud del pueblo. Pero a esta consecuencia no llega el «apreciado pedagogo». No ve a primera vista que la enseñanza religiosa que él defiende ya no es en absoluto enseñanza religiosa en el sentido de la Iglesia, ni siquiera en el sentido de la concepción histórica, del concepto de religión en general, sino solo una especie de enseñanza de las costumbres y de la historia; su sujeción a los prejuicios tradicionales le impide reconocer que, para poner al niño en «una relación viva con las enseñanzas morales y con las figuras de la historia de las religiones», no hace falta ya ninguna enseñanza religiosa especial, y que, por el contrario, la literatura, la historia y la enseñanza moral (sin dogmas ni adornos religiosos, sino construidas sobre una base histórico-universal, es decir, de ciencia social) son muy adecuadas, o pueden hacerse adecuadas, para cumplir también estas tareas. Basta con poder liberarse de la concepción estrecha y unilateral que nuestros pedagogos de gremio y nuestras administraciones escolares de peluca y coleta tienen del carácter de estas materias; hay que aprender, por el contrario, a considerarlas medios verdaderos, libres de toda tendencia accesoria, para introducir en la comprensión y la valoración del devenir y el desarrollo culturales, y esforzarse por convertirlas en tales, y entonces no se llegará a exigir que se mantenga la enseñanza religiosa, sino que se suprima de la escuela.

R.


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha desde la imagen de la Leipziger Volkszeitung, 12.º año, n.º 164, 19 de julio de 1905, sección «Sächsische Angelegenheiten» (SLUB Dresden, digital.slub-dresden.de/id394414608-19050719).

Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Dunkelmann se traduce «oscurantista»; zünftige Pädagogen, «pedagogos de gremio»; bezopfte Schulverwaltungen, «administraciones escolares de peluca y coleta» (el Zopf simboliza lo anticuado).

  1. En 1905 la Asociación de Maestros de Bremen reclamó, en una petición al Senado, la supresión de la enseñanza de la religión en las escuelas públicas. (N. del T.) ↩