La investigación infantil ha hecho en los últimos decenios progresos extraordinarios. Sobre todo el estudio de la psique de los niños anormales ofrece el grato espectáculo de un auge inconfundible. Lo expresa, en lo exterior, la evolución del órgano principal de la patología pedagógica en Alemania. Fundado hace apenas diez años como revista para la investigación de los defectos infantiles,1 pasó, después de convertirse en órgano de la Unión de Escuelas Auxiliares Alemanas, del estudio del niño defectuoso al estudio de la vida anímica infantil en general; se llamó en consecuencia, desde entonces, Zeitschrift für Kinderforschung [Revista de Investigación Infantil], y hoy es el órgano de la Asociación de Investigación Infantil, que cuenta entre sus miembros a los representantes más destacados de esta ciencia. En la ampliación del texto de la revista, en la mayor variedad y en la creciente profundización científica de su contenido se refleja el crecimiento del campo de actividad que la investigación infantil se ha ido abriendo poco a poco. Los excelentes psicólogos del niño del extranjero han sido en esto buenos maestros de los alemanes; la pedagogía, la medicina y la jurisprudencia han dado sin cesar estímulo y acicate para un trabajo intenso en un terreno todavía más o menos extraño. Afortunadamente, la práctica no se quedó del todo atrás respecto de la teoría; también la asistencia a la juventud anormal hizo algunos progresos. Surgieron la pedagogía terapéutica y la pediatría, nacieron escuelas para niños de pocas dotes y débiles mentales, epilépticos, sordomudos, ciegos, y además establecimientos de asistencia y de educación, casas de salvamento y cosas semejantes. Al mismo tiempo, la higiene escolar se abrió paso no solo en la pedagogía, sino también en las escuelas; sobre médicos escolares, cuidado de la salud escolar, etc., se han escrito en los últimos años bibliotecas enteras. Si los resultados de estas instituciones todavía hoy no satisfacen, la causa no está tanto en la capacidad de las disciplinas científicas correspondientes como en la organización insuficiente de las instituciones, debida a la sordera y a la resistencia pasiva de las clases dominantes, que para fines culturales no tienen, sencillamente, nada que dar. Pero también la dispersión y la falta de plan, la ausencia de todo contacto y entendimiento mutuo entre los distintos esfuerzos, les roban una parte considerable de su fuerza. Habría que aspirar ante todo a cierta unidad: no a un esquematismo, sino a una organización regida por puntos de vista superiores. Como mínimo, a una reunión de todos los esfuerzos particulares en torno a un centro.

Esta idea la ha meditado desde hace años, y la ha expresado repetidas veces, el director de instituto Trüper, de Jena, fundador de la Zeitschrift für Kinderforschung, junto con Koch, Ufer, Zimmer y otros. Por fin, en agosto del año pasado, en unión con el profesor Ziehm, el consejero médico privado profesor Heubner y el inspector de educación Piper, lanzó un llamamiento «A las asociaciones de psicología infantil y pedagogía terapéutica y a los amigos de estas ciencias», en el que propone celebrar cada tres años un congreso de investigación infantil y protección de la juventud, para lograr así la deseada reunión de todos los esfuerzos surgidos en torno al niño. Esta asociación de conjunto es necesaria, dice el llamamiento, porque todos esos esfuerzos prosperarán mejor si entran en contacto más estrecho. Los campos especiales se entrecruzan a menudo y de muchas maneras, en la teoría y en la práctica, y necesitan por eso apoyo y fomento mutuos. Como, además, ni siquiera la pedagogía normal ni la psicología experimental tienen cátedras propias en todas las universidades, sino que en muchos casos dependen todavía de la investigación autodidacta, la educación terapéutica, con sus problemas teóricos y prácticos más difíciles, lo siente doblemente y se ve doblemente obligada a crear por el camino de asociaciones y reuniones libres, de palabra y por escrito, los fundamentos científicos más indispensables y a fecundar la práctica. Además, en la educación de la juventud anormal y su organización, en su integración en el conjunto de la enseñanza y la educación públicas, en su relación con la sanidad pública y en la situación jurídica y profesional de los directores, maestros y médicos de dichos establecimientos y escuelas hay tanto necesario que conseguir que una unión resulta urgente, pues sin ella se logra menos.

El éxito del llamamiento fue extraordinario; en innumerables cartas, investigadores y maestros, médicos, higienistas y filántropos manifestaron su adhesión y ofrecieron consejos, indicaciones, proyectos de programa, etc. De los nombres conocidos de Leipzig citemos solo los siguientes: el profesor Dr. Lamprecht, Karl Richter, el Dr. Joh. Kretzschmar, el Dr. Alfred Spitzner y el Dr. med. Taube; entre las demás firmas merecen destacarse: el Dr. Ament (Wurzburgo), el profesor Binswanger (Jena), el consejero escolar Kerschensteiner (Múnich), el profesor Dr. Baginsky (Berlín), el profesor Dr. Leubuscher (Meiningen), el profesor Dr. Meumann (Zúrich), el Dr. Petersen (Hamburgo), el Dr. Polligkeit (Fráncfort del Meno), el profesor Rein (Jena), el profesor Dr. Schuyten (Amberes), el consejero escolar Stötzner (Dresde) y Ziegler (Estrasburgo).

Para llevar la cuestión así puesta en marcha a una conclusión provisional, el 28 de enero de este año se celebró en Berlín una reunión preparatoria a la que fueron invitados todos los firmantes del llamamiento y los representantes elegidos de las asociaciones que habían anunciado su participación. En cuanto al carácter del congreso, se decidió que fuera internacional, aunque como lengua del congreso solo podría entrar en consideración la alemana; como fecha se eligió provisionalmente la Pascua de 19062 y como sede Fráncfort del Meno (se propusieron también Berlín y Leipzig); luego se nombró una comisión ejecutiva y se encargó la dirección ulterior del asunto al profesor Ziehm, de Berlín.

Habrá que esperar a ver si el congreso, si llega a celebrarse, cumple las esperanzas puestas en él, y sobre todo si fecundará todo el campo de la investigación infantil y la protección de la juventud en la medida en que lo necesita. Si los nombres fueran garantía, su éxito estaría asegurado ya hoy.

O. R.


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha desde la imagen del número de la Leipziger Volkszeitung, 12.º año, n.º 91, 19 de abril de 1905, suplemento de folletín, digitalizado por la SLUB Dresden (digital.slub-dresden.de/id394414608-19050419).

Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Kinderforschung se traduce «investigación infantil»; Jugendfürsorge, «protección de la juventud»; Heilpädagogik y Heilerziehung, «pedagogía terapéutica» y «educación terapéutica», según el glosario; Kinderfehler, «defectos infantiles»; Rettungshäuser, «casas de salvamento».

  1. La revista Die Kinderfehler. Zeitschrift für pädagogische Pathologie und Therapie, fundada en 1896 por Johannes Trüper con J. L. A. Koch, Christian Ufer y Friedrich Zimmer. (N. del T.) ↩

  2. En la imagen, de baja resolución, se lee «1896»; el congreso proyectado era para 1906 (se celebró finalmente en Berlín en octubre de ese año). (N. del T.) ↩