Desde hace unos cien años, la psicología científica ha abandonado el punto de vista metafísico, que se remonta a representaciones religiosas, según el cual los múltiples fenómenos y manifestaciones de la vida interior humana habían de considerarse formas de actividad de unas fuerzas anímicas fundamentales ya dadas, efectos de ciertos actos de una facultad psíquica del alma. Poco a poco se ha impuesto el principio de la experiencia; la psicología ha entrado en una relación cada vez más estrecha e íntima con las ciencias naturales, la anatomía y la fisiología, hasta que finalmente Wundt —sirviéndose de los trabajos preparatorios de Fechner, Lotze, Weber, Helmholtz y otros— ha creado la psicología fisiológica, que se basa en el conocimiento de que lo espiritual, lo psíquico, ha de entenderse en algún sentido como fenómeno paralelo de ciertos procesos fisiológicos, y de que entre ambos terrenos existen relaciones recíprocas. Desde aquí no había más que un paso relativamente pequeño para que también la teoría fisiológica de la evolución ganara influencia sobre la psicología. Se formó una rama particular de la psicología, la psicología genética (llamada también psicología evolutiva), que se apoya estrechamente en la psicología de los pueblos (Völkerpsychologie) y en el fondo no es otra cosa que la transposición de la conocida ley biogenética, descubierta y formulada por Häckel1 (según la cual el desarrollo del individuo es, en todas sus fases, una repetición del desarrollo histórico del linaje), de lo fisiológico a lo psicológico, de la ciencia natural a la ciencia de la llamada vida del alma; una transposición que, naturalmente, no debe entenderse como un proceso exterior, tosco y mecánico. Una de las contribuciones más ingeniosas al desarrollo de la psicología genética la aportó Darwin en su escrito Ueber den Ausdruck der Gemütsbewegungen bei Menschen und Tieren [La expresión de las emociones en el hombre y en los animales] (1872).2 Salvo algunos puntos discutidos, la ciencia sigue hoy en el punto de vista de la analogía entre el desarrollo físico y el psíquico del individuo y de la raza. Lazarus, Steinthal, Wundt y otros se han servido sobre todo del desarrollo del lenguaje para obtener luz sobre la elevación espiritual del género humano en tiempos prehistóricos. Otros psicólogos han recurrido con este fin al desarrollo anímico del niño. Y la psicología infantil, cuyos representantes más importantes son, en Francia, Bernard Perez y Gabriel Compayré; en Inglaterra, James Sully; en América, Stanley Hall, Mark Baldwin y Harlow Russel,3 y en Alemania, Preyer y Lindner, al tomar como objeto de su estudio no solo el desarrollo del lenguaje infantil, sino toda la personalidad psíquica del niño, ha mostrado que el curso del desarrollo del niño «discurre en muchos puntos paralelo a aquellas épocas de la historia de la cultura que se designan como prehistoria; y no menos presenta rasgos que son propios también de las culturas de los pueblos primitivos (Naturvölker) que todavía hoy se hallan en grados inferiores de desarrollo. La investigación del niño es capaz, por consiguiente, de proporcionar materiales e indicaciones muy valiosos para una historia comparada de la cultura de las distintas razas y, con ello, para una historia general de la humanidad».

En estas ideas se apoya ahora un llamamiento que el profesor de Leipzig Dr. Lamprecht4 ha publicado en la prensa pedagógica y que tiene por fin «reunir un material lo más abundante posible y científicamente utilizable sobre el desarrollo espiritual del niño». Por de pronto se ha previsto abordar aquellos estudios particulares que encuentren en su realización práctica los menores obstáculos posibles; desde este punto de vista conviene partir de los dibujos infantiles, que se recogerán no solo en Alemania, sino también en otros países y continentes, para conocer con exactitud a los niños de las distintas razas en su desarrollo espiritual. Para ello se desea obtener del mayor número posible de niños de todas las edades dibujos libres, espontáneos, es decir, los que el niño hace enteramente por propio impulso, sin incitación, invitación ni ayuda alguna de los padres, maestros u otras personas adultas. Suelen nacer directamente de la actividad de juego del niño y son un producto natural de su impulso de representación. En segundo lugar se toman en consideración los dibujos del mayor número posible de niños que han surgido por invitación o incitación determinada de padres, maestros u otras personas adultas. Se trata en especial de los dibujos hechos bajo el control personal del maestro que participa en la recogida. Se desean además dibujos lo más numerosos posible de un mismo niño. Es sumamente importante poder seguir, desde un punto de vista determinado, el proceso de formación espiritual de un niño concreto a lo largo de varios años. Los dibujos prestan en ello los más valiosos servicios; a ser posible, deben pertenecer a diferentes años de la vida, preferentemente desde los primeros hasta los últimos años de la infancia, de modo que en cada caso particular pueda establecerse con exactitud el desarrollo individual. Por último, son también muy bienvenidos los dibujos de adultos. Se trata aquí, sin embargo, de personas que no ejercen el dibujo como profesión. Quedan excluidos, por tanto, los dibujos de artistas, dibujantes, profesores de dibujo, etc. En este grupo el desarrollo ha de seguirse desde el niño hasta la plenitud del individuo maduro; son especialmente bienvenidos también los dibujos de miembros adultos de aquellos pueblos que se hallan en un grado inferior de cultura. La representación puede hacerse tanto directamente del objeto dibujado como de memoria.

Para la obtención del material se han previsto varios años, de modo que quede tiempo suficiente para recogidas y cosas semejantes. Se reembolsan los gastos y los desembolsos de franqueo, y, si se desea, se devuelven los dibujos enviados una vez hechas copias. Los nombres de los remitentes se tratan con discreción y no se publican. La dirección es: Profesor Dr. Lamprecht, Leipzig, Schillerstraße 7, primer piso. En vista del importante fin científico que persigue la recogida y del gran servicio que esta acción puede prestar en su caso a la investigación científica, es de desear que el llamamiento encuentre en los círculos pedagógicos, y también en el pueblo en general, el interés y la buena acogida que puede reclamar y que sin duda merece.

O. R.


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha desde la imagen del número de la Leipziger Volkszeitung, 12.º año, n.º 78, 4 de abril de 1905, suplemento de folletín (Feuilleton-Beilage), digitalizado por la SLUB Dresden (digital.slub-dresden.de/id394414608-19050404, imagen 11).

Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Seelenleben se traduce «vida del alma»; Völkerpsychologie, «psicología de los pueblos»; Naturvölker, «pueblos primitivos»; Darstellungstrieb, «impulso de representación». Se conservan las cursivas del original, que reproducen su espaciado.

  1. Ernst Haeckel (1834-1919), que el impreso escribe «Häckel». (N. del T.) ↩

  2. The Expression of the Emotions in Man and Animals, Londres, 1872; Rühle cita el título de la traducción alemana. (N. del T.) ↩

  3. Así en el impreso; probablemente E. Harlow Russell, director de la escuela normal de Worcester (Massachusetts) y promotor del estudio del niño (child study). (N. del T.) ↩

  4. El historiador Karl Lamprecht (1856-1915), profesor en la Universidad de Leipzig, que desde 1905 reunió en su Instituto de Historia de la Cultura y Universal una gran colección internacional de dibujos infantiles. (N. del T.) ↩