No es casualidad que los dos Mecklemburgos lleven una cabeza de buey en el escudo. Para los más atrasados de los Estados alemanes es un símbolo digno. Si es verdad que la altura cultural de un Estado se juzga con la mayor seguridad y acierto por la cuantía de lo que gasta en fines culturales, los Mecklemburgos se han ganado de sobra su inteligente e ingenioso animal heráldico. Basta pensar en las tristemente famosas condiciones de la escuela popular1 de Mecklemburgo —una vergüenza cultural de primerísimo rango— para sentirse trasladado sin querer a la desolada y yerma incultura de la Rusia oriental. También otros fenómenos de la vida pública de Mecklemburgo despiertan esta agradable sensación. Últimamente ha ocurrido así, en particular, con los escritos en que el Dr. Schröder, de Kiel, conocido adalid de los intereses del profesorado de enseñanza media (Oberlehrerstand), ha arrojado luz sobre la enseñanza «superior» de Mecklemburgo-Schwerin.2 Han vuelto a llevar por todo el mundo la ominosa fama del país de los obotritas3 de ser la parte más oscura de Alemania.

Según Schröder, Mecklemburgo es el único territorio de lengua alemana en el que no hay en absoluto centros de enseñanza superior del Estado.4 Todos los Gymnasien de los dos Mecklemburgos son empresas puramente privadas, bien del gran duque, bien de algunas ciudades. Los estamentos (una representación popular no la hay todavía en Mecklemburgo) no conceden nada para las escuelas superiores, como tampoco para la Universidad de Rostock, que es igualmente un establecimiento privado. En consecuencia, los sueldos, sobre todo en las escuelas superiores municipales, son sumamente lamentables, y las medidas de las ciudades para escatimar a sus profesores un sueldo adecuado son toleradas en silencio, o hasta aprobadas, por el Gobierno de Schwerin. Así se han formado con el tiempo en las escuelas superiores de Mecklemburgo situaciones que desafían toda descripción. De la masa del material probatorio aducido por Schröder citemos solo unos pocos hechos.

En Grabow enseñaba en 1900-1901, en la Sekunda5 del Realprogymnasium, el inglés un hombre que no había hecho ningún examen para escuelas superiores, y el francés un hombre que ni siquiera tenía aún la habilitación para enseñar en escuelas superiores. A pesar de ello, el ministerio confió a ambos incluso la celebración del examen de bachillerato. La Realschule de Teterow cuenta, aparte del director, con solo dos profesores examinados para escuelas superiores. En el Gymnasium de Waren enseñó hasta 1904 un hombre que veinte años antes había tenido la intención de hacerse profesor, pero luego había sido agricultor durante dieciocho años. Cuando murió, le sucedió un hombre que los últimos 13½ años había trabajado como funcionario del registro civil en Berlín. La enseñanza de las matemáticas en las clases superiores estuvo hasta 1903 a cargo de un estudiante y ahora la imparte un profesor auxiliar sin habilitación para esa materia. El director, que por lo demás ha prestado grandes servicios a la investigación etnográfica de Mecklemburgo, cobra 1000 marcos menos de sueldo que un maestro de escuela popular prusiano. El director del Realgymnasium de Bützow no puede ya dar clase por su avanzada edad. Hace tiempo que se habría retirado si se hubiera encontrado un pedagogo idóneo a quien confiar la dirección de este centro modelo. Pero como el puesto rinde todavía 1100 marcos menos de lo que cobra un profesor prusiano con la mitad de años de servicio, no será fácil encontrar sucesor. El claustro cuenta con tres profesores, ni uno más, examinados para escuelas superiores; además enseñan dos maestros de escuela popular y cuatro señores que no han hecho examen alguno de magisterio de ninguna clase. ¿Es concebible, pregunta Schröder, que los voluntarios de un año (Einjährig-Freiwillige)6 de Bützow, que han recibido en una sola clase, en vez de en seis, la enseñanza que prescribe el reglamento militar, cumplan las condiciones que el Reich exige a los voluntarios de un año? Pese a ello, el centro no solo tiene derecho a expedir certificados de voluntario de un año, sino también a preparar para el estudio de la medicina, la veterinaria, la odontología y la farmacia. También en el Realgymnasium de Malchin enseñan, junto al director, solo cuatro profesores examinados para escuelas superiores; para dar abasto con la cantidad de horas científicas prescritas, que exigirían ocho o nueve profesores, tiene que echar una mano el profesor de dibujo, se hacen horas extraordinarias, se juntan clases y se suprimen del plan de estudios algunas horas semanales. Más escandalosas son aún las cosas en Ribnitz, donde, aparte del director, no hay más que dos profesores con formación científica para la enseñanza en el Progymnasium de siete clases. «¿Y cómo se las arreglan?» ¡Nada más sencillo!, responde el burgués de Ribnitz. Un profesor prusiano tampoco cobra más que los nuestros dos juntos; así que estos se conformarán también si cada uno tiene que trabajar por dos. Juntamos siempre las cuatro clases de dos en dos, ¿y lo que todavía queda? Bueno, para eso tenemos a nuestra gente, aunque nunca haya hecho un examen de magisterio, o al menos ninguno para escuelas superiores; ¿qué más da? El Gobierno, todo bondad, ¡todo lo mira con paciencia!»7

Desde hace más de diez años, el profesorado de las escuelas superiores de Mecklemburgo ha movido todas las palancas para acabar con esta situación contraria a la cultura. Como el único camino hacia esa meta solo podía verse en una mejora de los sueldos en general y, en particular, en la equiparación de los sueldos de los profesores de los centros municipales con los de los centros granducales, desde 1893 trabajó por ese objetivo una comisión. Esta redactó un memorial que fue enviado a la comisión restringida de la Caballería y la Provincia (Ritter- und Landschaft)8 de Mecklemburgo, y al mismo tiempo obtuvo una audiencia con el entonces gran duque Federico Francisco III, que dio a los representantes del profesorado la firme promesa de satisfacer sus deseos. Dijo textualmente: «La desigualdad de los sueldos en las escuelas granducales y en las municipales es una injusticia que no debe tolerarse en adelante». Esta promesa no ha sido cumplida por el Gobierno de Mecklemburgo hasta el día de hoy. Y eso que el profesorado de las escuelas superiores municipales la ha recordado sin cesar; durante una década entera ha apelado a ella. En vano. Destaquemos a continuación, muy brevemente, las distintas etapas de esta lucha llevada con tenacidad e incansablemente.

1893: petición de los representantes recibidos en audiencia al Gobierno para que apoye la propuesta ante la Dieta o presente un proyecto del Gobierno; respuesta negativa; al mismo tiempo, respuesta de la comisión restringida de la Caballería y la Provincia al memorial presentado: los estamentos no encuentran «motivo alguno para acceder a la propuesta».

1894 y 95: nuevos ruegos y representaciones ante el gran duque y el ministerio; sin resultado.

1896: consulta al ministerio sobre «si tenían aún alguna perspectiva de recibir apoyo del alto Gobierno del país, o si en efecto debían quedar completamente abandonados a su suerte»; respuesta negativa.

1897: escrito al duque Juan Alberto, que tras la muerte de Federico Francisco III había asumido la regencia, y audiencia; respuesta: «Se acometerá el asunto».

1898: en el ministerio se elabora un proyecto, pero, «dada la escasísima perspectiva de aprobación por los estamentos, ni siquiera se osa presentarlo».

1898: nuevo escrito al duque regente; respuesta: ¡esperar! Al mismo tiempo, escrito al Consejo Escolar Superior. Dos meses después: ruego al ministerio de que informe del resultado de un escrito dirigido por el ministerio a las autoridades municipales; ninguna respuesta. Nuevo escrito al Consejo Escolar Superior.

Por fin: proyecto del Gobierno sobre la mejora de los sueldos (34 000 marcos más para seis ciudades); rechazado de plano por la Dieta.

1899: de nuevo audiencia con el duque regente; seguridades de la benevolencia del Gobierno. Nuevo memorial al Gobierno y a la Dieta; respuesta del Gobierno: proseguirá «sus esfuerzos por conseguir también para los profesores de las escuelas superiores municipales un aumento adecuado de los sueldos», pero «en la presente Dieta no cabe esperar un proyecto soberano sobre este asunto».

1900: nuevo escrito al ministerio; respuesta negativa.

Escrito al canciller del Reich y a la Comisión Escolar del Reich con el ruego de que procuren que en las escuelas de Mecklemburgo se ordene una situación que el propio ministerio de Mecklemburgo había declarado insostenible; respuesta negativa.

Nuevo ruego al duque regente para que presente un proyecto en la Dieta; resultado: promesa de un proyecto. Petición de audiencia: denegada. Escrito al ministerio. Carta a la comisión restringida de la Caballería y la Provincia refutando las objeciones opuestas al primer proyecto y señalando las consecuencias de la retribución insuficiente para las escuelas. Al mismo tiempo, informe a la Comisión Escolar del Reich sobre el fracaso de todos los pasos dados hasta entonces y nueva petición de que intervenga para remediar los abusos; sin resultado.

Proyecto ante la Dieta (suma solicitada: 87 500 marcos); rechazado una vez más.

1901: nuevos escritos al duque regente y al ministerio; ninguna respuesta.

Petición al gran duque Federico Francisco IV, llegado entretanto al gobierno, invocando la promesa de su padre; ninguna respuesta.

1902: de nuevo peticiones al gran duque y al ministerio; de nuevo ninguna respuesta.

Petición de audiencia; respuesta negativa.

Nuevo escrito al ministerio; respuesta evasiva.

1903: escrito reiterado al gran duque con el ruego de que conceda a las ciudades una subvención de la tesorería granducal (Renterei) o haga llegar un proyecto a la Dieta; respuesta negativa.

Escrito al ministerio; respuesta dilatoria.

1904: peticiones al ministerio y al gran duque; respuesta negativa.

Así pues, a los «superiores» proletarios de la enseñanza (Schulproleten) de Mecklemburgo no les ha quedado al fin otro remedio que apelar a la opinión pública y mostrarle cómo a los Gobiernos, en cuanto administradores y ejecutores de la voluntad de las clases poseedoras, hay que arrancarles formalmente cada ápice de prestaciones para fines culturales, y hasta arrebatárselas poco menos que empleando la fuerza física. Naturalmente, el Dr. Schröder, que por encargo de sus colegas de Mecklemburgo ha entregado a la opinión pública el «cuadro de incultura desde la Alemania más oscura», ha sido difamado de la manera más odiosa y cubierto de inmundicia por la prensa reptil,9 y también el diputado nacionalliberal Dr. Büsing no ha sabido responder en el Reichstag a las graves acusaciones del profesorado de Mecklemburgo más que con ataques y sospechas contra Schröder. A la polémica contra estas manifestaciones está dedicado el segundo de los folletos de Schröder. El primer capítulo se ocupa de la Kreuz-Zeitung; el segundo, del diputado Dr. Büsing, que se han erigido ambos en auxiliadores del Gobierno de Mecklemburgo. El tercer capítulo demuestra, con el material oficial aportado en un artículo oficioso de las Mecklenburger Nachrichten, que la situación descrita por el Dr. Schröder es en realidad «mucho más espantosa» todavía, y que también la de los demás profesores de Mecklemburgo, incluidos los de los centros granducales, es «muchísimo más lamentable» de lo que podía suponerse por la exposición del Dr. Schröder. Los ingresos de los profesores granducales de Mecklemburgo solo son superados en mezquindad, en toda Alemania, por tres Estados: Meiningen y los dos Schwarzburgos. En Prusia, los ingresos de los profesores, aun en las ciudades más pobres, son durante los primeros 25 años de servicio más de 1000 marcos superiores por término medio; en el otro Estado vecino de Mecklemburgo, Lübeck, lo son incluso en unos 2000 marcos, mientras que en Mecklemburgo-Strelitz la situación es aún más desoladora que en Schwerin. El cuarto capítulo del escrito reúne voces de la prensa, entre las que, sin embargo, la prensa socialdemócrata casi desaparece (solo se cita el Vorwärts), aunque precisamente ella ha sido la que más atención ha prestado a las revelaciones de Schröder. Ni siquiera nuestro periódico del partido en Mecklemburgo, la Mecklenburger Volks-Zeitung, que se publica en Rostock y que ha hecho suya con gran calor la causa defendida por el Dr. Schröder, aparece mencionado. ¿Por qué será? Para los profesores, por mal pagados y miserablemente tratados que estén como proletarios, los socialdemócratas no son —ni siquiera en el trato intelectual— la compañía adecuada…

Por secundario e indiferente que sea en sí este punto, encierra sin duda un significado sintomático muy serio. Así como se teme siquiera mencionar a la socialdemocracia como promotora de los intereses propios por los que se lucha y se combate, así no se atreve uno —más aún: en los círculos del profesorado «superior» de Mecklemburgo, de sentimientos «nacionales», como subraya repetidamente el Dr. Schröder, se es completamente incapaz— de pensar hasta el final la idea de que la política cultural de la socialdemocracia es la única capaz de remediar males tan hondamente arraigados como la miseria escolar de Mecklemburgo. Con escritos y peticiones, audiencias y súplicas humildísimas no se consigue nada —las experiencias de Mecklemburgo son un ejemplo de manual de ello—; hay que trabajar con todas las fuerzas para que la regulación de la enseñanza se sustraiga a los Estados federados y se convierta en asunto del Reich. Solo entonces, y si al mismo tiempo crece cada vez más la influencia de la socialdemocracia en la legislación, habrá garantía de que se atiendan las exigencias de la cultura en el terreno de la escuela, al menos dentro del marco del orden social actual. No solo en la escuela «superior», sino sobre todo también en la escuela popular. Porque si ya los abusos en las escuelas «superiores» de Mecklemburgo claman al cielo, puede uno calcular aproximadamente cómo serán las escuelas en las que se «educa» a los hijos del pueblo trabajador.

O. R.


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha desde la imagen del número de la Leipziger Volkszeitung, 12.º año, n.º 62, 15 de marzo de 1905, suplemento de folletín (Feuilleton-Beilage), digitalizado por la SLUB Dresden (digital.slub-dresden.de/id394414608-19050315, imágenes 11 y 12). Los años 1893, 1897 y 1904 de la cronología y la cifra de 34 000 marcos son de lectura dudosa por la baja resolución de la imagen.

Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Höhere Schulen se traduce «escuelas superiores» y Oberlehrer «profesor» (véase la nota t3); Volksschule, «escuela popular»; Stände, «estamentos»; Landtag, «Dieta»; Schulmisere, «miseria escolar». Se conservan las cursivas del original, que reproducen su espaciado.

  1. Volksschule: escuela elemental pública y gratuita, a la que iban los hijos de los trabajadores. (N. del T.) ↩

    1. Mecklenburgische «höhere» Schulen. Ein Unkulturbild aus dem dunkelsten Deutschland [Escuelas «superiores» de Mecklemburgo. Un cuadro de incultura desde la Alemania más oscura]. 2. Der Schweriner Regierung Flucht in die Oeffentlichkeit. Weiteres über «höhere» Schulen im dunkelsten Deutschland [La huida del Gobierno de Schwerin a la opinión pública. Más sobre las escuelas «superiores» en la Alemania más oscura]. Ambos en la editorial de E. Kannengießer, en Gelsenkirchen.
    ↩
  2. Los obotritas, pueblo eslavo que habitó el territorio de Mecklemburgo en la Edad Media; la casa gran ducal pretendía descender de sus príncipes. (N. del T.) ↩

  3. Höhere Schulen o höhere Lehranstalten designan en alemán los centros de enseñanza media (Gymnasium, Realgymnasium, Realschule, etc.), y Oberlehrer, a sus profesores titulares. Se traduce «escuelas superiores» para conservar las comillas irónicas del autor sobre höhere. (N. del T.) ↩

  4. Sekunda: sexto y séptimo curso de los nueve del Gymnasium y centros afines; el Realprogymnasium era un Realgymnasium sin los cursos superiores. (N. del T.) ↩

  5. El certificado de voluntario de un año (Einjährig-Freiwilliger) daba derecho a cumplir un servicio militar reducido a un año y lo expedían los centros de enseñanza media autorizados tras seis cursos. (N. del T.) ↩

  6. En el original, el cierre en verso rimado: «Die Regierung voller Huld — Sieht das alles in Geduld!». Falta la comilla de apertura de la respuesta del burgués. (N. del T.) ↩

  7. Ritter- und Landschaft: los estamentos de Mecklemburgo (la nobleza propietaria de fincas y las ciudades), que formaban la Dieta (Landtag) común de los dos grandes ducados; su comisión restringida (engerer Ausschuß) actuaba entre sesión y sesión. (N. del T.) ↩

  8. Reptilienpresse: expresión de la época para la prensa subvencionada o inspirada por el Gobierno, desde el «fondo de reptiles» de Bismarck. (N. del T.) ↩