Sobre el proyecto de Escuela Obrera
El proyecto de Escuela Obrera publicado hace meses en este lugar se discute actualmente con viveza en la prensa del partido y de los sindicatos, así como en asambleas obreras, cárteles sindicales1, etc. Como probablemente toda idea nueva, encuentra celosos defensores y adversarios que la rechazan; según las observaciones hechas hasta ahora, el número de los primeros parece ser con mucho el mayor. En la medida en que la oposición se refiere a la duración de los cursos previstos, al número de participantes o a otras cosas más o menos secundarias para el conjunto, apenas tiene peso, pues los datos de mi propuesta sobre esas cuestiones no se consideran en absoluto fijados definitivamente; al contrario: cuánto han de durar los cursos, cuántos participantes ha de tener cada curso, etc., todas estas cuestiones solo podrán regularse definitivamente cuando se haya aclarado la base financiera de la empresa, que depende de la participación de la clase obrera. Tal como están ahora las cosas, hay fundadas perspectivas de que la Escuela Obrera tome una forma que, precisamente en los puntos mencionados, se aparte en su beneficio del proyecto original.
Entre los adversarios de principio del proyecto, el que con más aspereza lo ha rechazado es el camarada Schulz, de Bremen2. Si la forma de su crítica ha suscitado entre camaradas del partido —como prueban las manifestaciones que me han llegado— la opinión de que el camarada Schulz no se dejó guiar solo por motivos objetivos al redactar su artículo, el camarada Schulz no tiene que culpar de ello más que a sí mismo. Mi juicio sobre el artículo de Schulz (Neue Zeit, n.º 43) solo puedo darlo así: o el camarada Schulz no ha leído en absoluto mi propuesta, o no la ha entendido, o no quiere entenderla. No soy capaz de encontrar otra explicación para la postura del camarada Schulz.
Aunque la Neue Zeit publicará en su n.º 47 una refutación detallada del artículo de Schulz, quisiera ya aquí decir unas palabras sobre el reproche principal que el camarada Schulz hace al proyecto de Escuela Obrera.
Dice el camarada Schulz: ¿Qué valor tiene la enseñanza del alemán para la lucha de clases? Que un obrero cometa unas cuantas faltas de ortografía o de gramática menos no supone ganancia alguna para la lucha de clases.
No sé si esto pretende ser un chiste o si el camarada Schulz me cree en serio tan estrecho de miras, tan maestro de escuela, como para pensar que suprimiendo las faltas de ortografía y de gramática de la correspondencia de la clase obrera podría conquistarse el mundo. Lo que en realidad quiero —y lo que el camarada Schulz no parece comprender— es poner al servicio de la lucha de clases toda ciencia que el obrero necesite. Creo conseguirlo mejor familiarizando al obrero con la ciencia de tal modo que esta sea para él un valioso pertrecho en la lucha de clases. Esto vale también para los elementos del saber: lengua alemana, lectura, escritura, expresión oral. Por el modo metódico en que quiero, por ejemplo, que se dé la enseñanza del alemán, el obrero que aprende ha de ser educado, y lo será, como luchador de clase más útil y más capaz. Nada más equivocado que la afirmación del camarada Schulz de que la formación obrera que yo pretendo ha de ser un fin en sí misma y tener ante todo un significado individual. Nada más infundado y fuera de lugar que hablar, como el camarada Schulz, de los «trillados carriles de la política cultural burguesa». De verdad no sabe lo que dice. Nada deseo más ardientemente que un apartamiento de la pedantería cultural3 que hoy se cultiva a menudo en las asociaciones educativas y por la que nos entran en el movimiento un montón de espíritus refinados, estetas, moralistas, etc., que no sirven para un trabajo decidido al servicio de la lucha de clases. Remito de nuevo al n.º 47 de la Neue Zeit y expreso mi convicción: si el camarada Schulz se hubiera informado sobre mi proyecto antes de escribir, no habría errado el golpe tan por completo.
Cómo se juzga, por lo demás, el proyecto de Escuela Obrera en los círculos pedagógicos lo muestra un artículo de fondo del n.º 32 de la Pädagogische Reform [Reforma Pedagógica], que se publica en Hamburgo. Esta revista profesional escolar está redactada con un espíritu del todo libre y defiende en numerosas reivindicaciones escolares y cuestiones pedagógicas controvertidas el punto de vista de la socialdemocracia; que es competente, más aún, una especie de autoridad, para juzgar el valor pedagógico de la idea de la Escuela Obrera, ni siquiera el camarada Schulz se atreverá a dudarlo. Pues bien, la Päd. Reform escribe:
¡Desde abajo!
En los últimos meses ha recorrido amplios círculos del pueblo trabajador de Hamburgo y de las ciudades más importantes vecinas del noroeste de Alemania un movimiento educativo muy digno de atención. Por insólitos que parezcan este movimiento y las reivindicaciones que plantea a quien está lejos de él y a quien conoce menos el espíritu de las capas más conscientes de nuestra clase obrera, y por críticamente que algunos colegas consideren de momento el proyecto en sus detalles, el fenómeno entero es tan característico de la necesidad general y profundamente sentida de cultura, y tan alentador en su tendencia ideal, que todo maestro de escuela popular tomará conocimiento de él con interés y simpatía.
El movimiento ha partido del escritor y redactor Otto Rühle, de Harburg, conocido por sus folletos sobre «La escuela popular tal como es y tal como debería ser». En un llamamiento a los sindicatos libres de Alemania, invitó a fundar una «Escuela Obrera». Por medio de ella se ha de realizar una labor educativa directa entre las masas de obreros adultos, para suplir los resultados de la escuela popular, deficientes y rápidamente destruidos de nuevo por las consecuencias del intenso trabajo asalariado. Las asociaciones de formación complementaria, extendidas por toda Alemania, se ven impedidas de una actividad fructífera, primero por la falta, sensible en casi todas partes, de fuerzas docentes adecuadas, y segundo porque a sus miembros o alumnos les faltan los conocimientos básicos, el pertrecho intelectual, para seguir formándose de modo duradero mediante las conferencias populares que suelen ofrecerse y las discusiones que eventualmente las siguen. Incluso en las grandes ciudades, estas asociaciones solo han podido retener por eso de forma duradera a una fracción ínfima de los obreros. Y esos pocos han tenido entonces que hacer sacrificios desproporcionados.
«Lo que más a menudo y más penosamente se hace notar en todas partes donde los obreros quieren actuar en la vida profesional, en la lucha política y sindical, en la conversación y en la prensa, es el deficiente dominio de la lengua materna. Ahora bien, la capacidad de expresarse correcta y precisamente en el trato oral y escrito no solo es prueba de cierto grado de formación lógica, sino que, por otra parte, solo se aprende a pensar hablando. El ejercicio sistemático de la expresión lingüística, el control constante de si lo expresado de palabra y por escrito corresponde real y exactamente a lo que se quería y se sentía, a lo que se quería decir, es el camino natural, pero también el único, para hacer capaz la facultad de pensar de elaborar y penetrar elementos científicos, sean de naturaleza exacta o filosófica. La Escuela Obrera proyectada ha de servir, pues, en primer lugar a la enseñanza de la lengua.
Rühle concibe la solución práctica de esta tarea como una combinación de lecciones por correspondencia y enseñanza viva por maestros. Por lo que toca a las lecciones por correspondencia, su sola idea suscita enseguida una serie de reparos. Frente a ello hay que tener presente que, en primer lugar, estas lecciones —que, por cierto, aparecerán en 20 entregas— no serán en modo alguno un mero refrito de las de Toussaint-Langenscheidt4, sino que, en toda su estructura y contenido, han de adaptarse por completo a las necesidades prácticas más inmediatas del público obrero. Han de ofrecer la materia gramatical imprescindible, incluida la ortografía, y además un ejercicio práctico de estilo lo más variado posible, partiendo siempre de materias y volviendo siempre a materias que interesen especialmente al obrero, lo estimulen en lo concreto y cuyo dominio le haga avanzar de inmediato en la práctica. Las frases o textos que sirvan de punto de partida a cada sección metódica se tomarán, pues, de la vida sindical y cooperativa, del trato con las instancias de los organismos de seguros y con el tribunal industrial, etc. Mociones y resoluciones, comunicaciones comerciales, cartas oficiales, escritos judiciales, etc., pero también fragmentos bien elegidos de la literatura económica, política e histórica que interesa especialmente al obrero, se emplearán para ilustrar y ejercitar la gramática.
Para corregir los trabajos escritos que han de hacerse por cuenta propia, que acompañan de continuo el curso y han de surgir orgánicamente de cada sección, y en general para la preparación e introducción viva y didáctica a las lecciones, se añade luego, como segundo elemento, el maestro ambulante. En cada localidad donde se reúnan unas 50 personas se organizará con este fin un curso de al menos 10 semanas de 4 horas (2 tardes de 2 horas). En ese tiempo no se trabajará, naturalmente, todo el material de estudio, sino que solo se abrirá, por así decirlo, el curso. Rühle quiere que cada maestro enseñe siempre a la vez en dos localidades vecinas, o en dos cursos en la misma ciudad, y encargarle además las correcciones semanales de los alumnos actuales y de los ya preparados antes. Como estas últimas han de ser muy detalladas y positivas, un maestro tendrá con ello ocupación de sobra. Los maestros ambulantes percibirán un sueldo inicial de 1800 marcos y dietas mensuales de viaje de 90 marcos. Ya se ha empezado a ganar maestros adecuados, que naturalmente habrán de ocuparse de ello como cargo principal. Los costes de todo el aparato se cubrirán, por una parte, con las organizaciones sindicales y, por otra, con los miembros individuales que participen en la enseñanza. Aquellas pagarían una cuota anual de 6 marcos por cada centenar de sus miembros, y estos pagarían 50 pfennigs por cada lección. A cambio se suministra no solo la lección por correspondencia, sino la enseñanza de 40 horas, los cuadernos de ejercicios necesarios y la corrección.
La «Escuela Obrera» no niega, desde luego, su origen en el espíritu de la máquina, y por nosotros puede llamársela fábrica de cultura al por mayor. Pero ¿no hemos tenido que pasar en todos los terrenos —piénsese en la industria y el arte, la literatura y la escuela— por una época de producción en masa rutinaria, para empezar por satisfacer en lo más tosco e inmediato las necesidades de las masas, es decir, para mantener siquiera con vida a una sociedad que crece hasta lo colosal? ¿Y no sigue, por otra parte, en cada terreno, en cuanto el hambre de las masas se ha calmado aunque sea a duras penas, de modo del todo natural, el refinamiento y la animación individuales? Desde esta consideración general no puede, pues, rechazarse ni combatirse el proyecto. ¡Y aún menos mirarlo con sonrisa de sabihondo! Pues el movimiento parece haber ganado ya terreno firme. El número de obreros ganados para él por acuerdos propios ha superado los 50000 y se acerca ya a los 100000. Como, ante estos hechos, cabe esperar que las instancias sindicales centrales no tardarán por su parte en elevar la Escuela Obrera a institución oficialmente reconocida en el mundo obrero y en aprobar las cuotas anuales mencionadas, el comienzo práctico parece asegurado, y la marcha mostrará si el desarrollo de este nuevo movimiento educativo es tan sano y vigoroso que se remedien poco a poco las carencias inherentes al primer proyecto.
En principio, saludamos el proyecto como síntoma del afán de cultura que está vivo en la masa de la clase obrera alemana y que ya no se conforma con las posibilidades educativas limitadas y del gusto de los de arriba. En el hecho de que decenas de miles de sencillos compatriotas estén dispuestos a dar sus monedas para tal idea, más aún, a sacrificarlas, para conquistar con ellas ante todo un horizonte más amplio para algunos miles de entre ellos, dotados y enérgicos, vemos un signo alentador de los tiempos. Nos sentimos fortalecidos en nuestro optimismo natural, en la confianza en el futuro intelectual de nuestro pueblo y en la feliz configuración de nuestra escuela, por la conciencia de que el gran conjunto se eleva, ¡de que se levanta el suelo en que todos echamos raíces!»
Hasta aquí el artículo de la Päd. Reform. El título «¡Desde abajo!» es también —casi diría— simbólico, en cuanto que la Escuela Obrera proyectada no es en modo alguno una empresa cuya tarea se agote únicamente en dar clases de alemán. Poco a poco se le irán añadiendo otras ramas de enseñanza, se irán abriendo en círculos ascendentes otros campos del saber, de modo que los más inteligentes y más deseosos de aprender de entre los camaradas lleguen poco a poco hasta las regiones superiores de la ciencia. Exactamente como lo desea también el camarada Schulz, solo que él propone construir la casa empezando por arriba, mientras que la Escuela Obrera, al empezar a trabajar «desde abajo», ha de crear primero una buena base general. Solo de este modo puede hacerse un trabajo educativo a fondo en provecho y beneficio de las ideas de la lucha de clases; solo por este camino podemos llegar —y esta convicción penetra, por suerte, en círculos cada vez más amplios— a una buena formación obrera.
O. R.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre las págs. 1-2 del Volksblatt für Harburg, Wilhelmsburg und Umgegend, Nr. 189, 13. August 1904 (Deutsches Zeitungsportal, DDB; ejemplar de la SUB Hamburg). Artículo escrito en primera persona por el autor del proyecto de la Escuela Obrera, Otto Rühle, y firmado «O. R.»; concluye en las primeras líneas de la pág. 2. Véanse también «1904-04 Ein neuer Weg zur Volksbildung» y «1904-08 Nochmals die Arbeiterschule».
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Se conservan las cursivas del original (espaciado en Fraktur); la cita de la Pädagogische Reform va sangrada, como bloque, aunque en el original solo la marca el cambio de cuerpo. Arbeiterschule se traduce «Escuela Obrera», Wanderlehrer «maestro ambulante», Fortbildungsverein «asociación de formación complementaria». Las adiciones del traductor van entre corchetes.
Gewerkschaftskartell: federación local de los sindicatos de una ciudad. (N. del T.) ↩
Probablemente Heinrich Schulz (1872-1932), pedagogo socialdemócrata, entonces redactor en Bremen. (N. del T.) ↩
Bildungsmeierei: término despectivo para el cultivo superficial y afectado de la cultura. (N. del T.) ↩
El método de enseñanza de lenguas por correspondencia de Charles Toussaint y Gustav Langenscheidt (desde 1856). (N. del T.) ↩