En el n.º 186, el camarada Brandler vuelve a tomar la palabra, en primer lugar para defenderse de mi reproche de haber afirmado, a sabiendas, una falsedad. Mantengo este reproche mientras el camarada Brandler no pruebe que yo me haya comprometido de alguna forma, por escrito o de palabra, a enseñar la lengua alemana en 10 semanas. El camarada Brandler se remite a algunas crónicas de reuniones; ya le he declarado personalmente que no tengo la menor influencia en la redacción de las crónicas y que, por principio, no corrijo crónicas. Si el camarada Brandler declara que puede aportar la prueba de la verdad «citando algunos pasajes» del folleto que he publicado... pues bien, ¡que saque el plumero!1 El único pasaje que entra en consideración ya lo he citado yo mismo en el n.º 184, y dice contra el camarada Brandler. Además, el domingo, en una conversación personal, el camarada Brandler declaró sin rodeos que en este caso se había «equivocado». Pero el camarada Brandler parece haber olvidado esta confesión tan deprisa como su intervención a favor del proyecto de escuela obrera en la asamblea de la asociación de formación complementaria del 1 de junio. El camarada Adolf Meyer, que en el n.º 185 toma también la palabra en el asunto, está en un error cuando afirma que solo el camarada Kahl se entusiasmó por mi proyecto; también el camarada Brandler estaba entre sus defensores. En su remitido, el camarada Brandler censura además la cifra de 50 a 60 alumnos y cree poder documentar con ello su capacidad para juzgar cuestiones pedagógicas. Pues bien, supuse 50-60 participantes como lo máximo porque contaba con que la empresa debía sostenerse financieramente incluso con la menor participación imaginable de la clase obrera. Pero la experiencia de pocos meses ha dejado ya sin objeto mi suposición, porque la disposición de los camaradas a apoyar financieramente la escuela obrera supera todas mis expectativas; de ello se deduce también que las instalaciones de la escuela obrera podrán ser mucho más ventajosas y adecuadas de lo que yo había supuesto. Cuanto mayor sea la participación, más medios habrá para organizar y ampliar la empresa de modo que responda en todos los sentidos a las más altas exigencias. Así pues, si al camarada Brandler le guía el afán de ayudar a crear algo bueno y valioso para la clase obrera, que haga agitación —como en su día prometió— para que muchos se sumen a la escuela obrera, y que no dificulte la agitación con objeciones necias y reparos infundados. Con la afirmación de que a los maestros de la escuela obrera se les exigirá un «rendimiento inaudito» y de que además correrían el peligro de caer en la unilateralidad y la rutina, el camarada Brandler no hace más que demostrar de nuevo que le faltan los presupuestos más elementales para pensar y juzgar pedagógicamente. En cuanto a si se encontrarán bastantes maestros por los sueldos fijados, puede tranquilizarse el camarada Brandler; los reparos son verdaderamente mezquinos. Si es posible encontrar, en las condiciones de la «Asociación de la Prensa Obrera», bastante personal para la difícil y responsable labor en la prensa del partido y de los sindicatos, también será posible ganar maestros para la escuela obrera en las mismas condiciones. Aún más divertidos que los «juicios pedagógicos» del camarada Brandler son los del camarada Adolf Meyer. Dice: 10 semanas de enseñanza son demasiado, un obrero no tiene tiempo para eso; por tanto, adentro con las asociaciones de formación complementaria, donde la enseñanza dura... de 1 a 1½ años. Y además: a un obrero que se mata a trabajar durante el día no se le puede exigir que dos o tres noches por semana le queden mucha atención y aplicación para la clase de alemán; por tanto, es mejor que vaya a las asociaciones de formación complementaria, donde recibe... economía política, historia, ciencias naturales, legislación de protección obrera, alemán, cálculo, taquigrafía, canto, etc. ¿No nota el propio camarada Meyer lo cómico que resulta cuando da así vueltas en círculo? También la manera en que trata la cuestión de los costes es original: calcula que las asociaciones de formación complementaria son mucho más baratas, pero se olvida por completo de tener en cuenta que los alumnos de la escuela obrera reciben, por el importe de 10 marcos por curso, todo el material de enseñanza, también la obra didáctica que incluso el camarada Brandler considera tan importante que desea que se ponga al alcance también de las asociaciones de formación complementaria. El camarada Meyer observa además que las asociaciones de formación complementaria de Hamburgo no tendrían por qué temer a la escuela obrera; pero lo cierto es que solo la agitación por la escuela obrera ha despertado a las asociaciones de formación complementaria de su sueño de Bella Durmiente. Estoy hasta ahora extraordinariamente satisfecho con los éxitos de mi agitación, no solo en Hamburgo, sino también «en otras partes»; pero precisamente mis éxitos en Hamburgo deberían ser para las asociaciones de formación complementaria un claro testimonio de que, a pesar de sus años de vegetar —o a consecuencia de ello—, no han podido ganarse la confianza de la clase obrera de Hamburgo en la medida que sería deseable y de esperar.
Otto Rühle, Harburg.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha desde la imagen del Hamburger Echo, n.º 189, 13 de agosto de 1904, pág. 3 (OR1904-34), digitalizado por la Staats- und Universitätsbibliothek Hamburg (Deutsches Zeitungsportal).
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Fortbildungsverein, «asociación de formación complementaria»; Arbeiterschule, «escuela obrera»; Genosse, «camarada»; Eingesandt, «remitido».
Heraus mit dem Flederwisch!: expresión coloquial («¡fuera el plumero!»), es decir, «¡que lo saque y lo enseñe!». (N. del T.) ↩