¡Las jornadas internacionales de las damas se han disipado! ¡Disipado como una embriaguez! Creo que esa es la palabra justa; porque a una embriaguez se pareció todo este bullicio festivo, y un susurro fue también el de tantas colas de seda, sobre todo en las veladas de bienvenida y en las diversas recepciones1.
Hacer el balance de estos catorce días, cosa que en realidad acepté con cierta ligereza, no debería de ser, sin embargo, tan fácil, porque a nosotros puede interesarnos menos la pompa desplegada en el momento, los muchos discursos y respuestas, que lo que allí se hizo o no se hizo de trabajo positivo.
Permítanme, pues, empezar por las dos jornadas del sufragio femenino celebradas el 3 y el 4 de junio, que transcurrieron bajo la égida de la anciana Miss Susan B. Anthony (Mrs. Chapman Catt) y de la señorita doctora en derecho Anita Augspurg. A diferencia de las reuniones que siguieron, del International Council of Women y del Congreso Internacional de Mujeres, estas jornadas tuvieron un carácter considerablemente más sencillo y ofrecieron también un conjunto bastante redondo, ya que se trataba solo del desarrollo de una única idea, de una causa concreta. Las deliberaciones, en las que se trataba de constituir una «Alianza Mundial por el Sufragio Femenino», habrían ido probablemente aún mucho más deprisa, pues no había verdaderos obstáculos en el camino de este asunto, de no haber sido por el grupo holandés dirigido por la doctora en medicina Aletta Jacobs y la camarada Ruttgers, que se comportó como enfant terrible y, con una táctica dilatoria aplicada sin cesar, alargó las deliberaciones sobre programas y estatutos. Pero al final, tras muchas consideraciones puramente lingüísticas (traducción de los estatutos, etc., a las lenguas extranjeras), el parto, artificialmente dificultado, se produjo con bastante fortuna. La «Alianza Mundial por el Sufragio Femenino» se constituyó con Mrs. Chapman Catt como primera presidenta y la señorita doctora en derecho Augspurg como segunda presidenta. La anciana Susan B. Anthony, que rechazó la presidencia porque ya no se sentía con fuerzas para ese trabajo, fue nombrada presidenta de honor, y lo mismo, a propuesta suya, su hermana. Como las holandesas están plenamente en el terreno del feminismo y declararon su adhesión a la Alianza Mundial inmediatamente después de constituida, todas sus quejas deben de explicarse solo por una campaña contra determinadas personalidades, quizá contra la Dra. Augspurg, a cuya elección como segunda presidenta se resistieron con uñas y dientes. Si hablo aquí tanto de las holandesas es porque su comportamiento fue sentido en general como desagradable y porque más tarde (como la camarada Ruttgers en la legislación protectora de las obreras) volvieron a destacar desagradablemente. En un periódico holandés, la señora Franken-Wynaendts defiende la actuación de sus compatriotas en la cuestión del sufragio alegando que no podían obrar de otro modo, porque eran a la vez miembros del International Council of Women. Pues bien, la excusa es muy floja, porque también las demás participantes de la Alianza Mundial por el Sufragio Femenino eran miembros del I. C. of W.
El domingo 5 de junio, las tres americanas Susan B. Anthony, la señora Chapman Catt y la predicadora Anna Shaw predicaron desde el púlpito, en la iglesia americana de la Wollendorfplatz, el sufragio femenino. La anciana Susan no tuvo reparo en recomendar la revolución de las condiciones sociales, y sin embargo Berlín sigue en su sitio de siempre: no se notaron temblores de tierra especiales. Aunque comparto plenamente el punto de vista de Clara Zetkin de que no necesitamos predicadores, ni mujeres ni de otra clase, y de que más bien deberíamos sacar a la humanidad de las iglesias hacia la alegría y el goce, sí podría imaginar que en esta época de transición unas predicadoras entusiastas como estas americanas, tratando cuestiones sociales desde el púlpito, podrían ejercer una gran influencia, en beneficio del progreso general, sobre las mujeres, que al fin y al cabo están acostumbradas a la iglesia. Y las iglesias, al fin y al cabo, existen. Y para asambleas generales no nos las concederán todavía. En todo caso, me pareció que los asistentes volvían a casa con el corazón elevado. Sobre todo la señora Chapman Catt actúa directamente sobre el auditorio por la música de sus palabras, por su voz melodiosa.
El 6 de junio por la noche hubo una asamblea pública en la que las representantes extranjeras hablaron ante un público mayor, y la señora Cauer, la Dra. Augspurg, etc., tuvieron el triunfo de que esta primera asamblea de la Alianza Mundial por los Derechos de la Mujer transcurriera de manera muy edificante.
Como palabras especialmente conmovedoras de las jornadas del sufragio femenino quisiera mencionar el relato de Susan Anthony, en el que expuso con modestia que fue una mujer westfaliana, Mathilde Franziska Annecke, la primera que señaló la conquista del sufragio femenino y luchó por él. M. F. Annecke huyó en 1848 a América con Carl Schurz y otros, para encontrar allí la libertad. Pero allí llegó a comprender que en América había, sí, libertad, pero solo para una mitad de la humanidad, ¡para los hombres! Esa comprensión fue el motor de su lucha por el sufragio femenino, en la que Susan Anthony, su más ardiente defensora, estuvo primero a su lado y después a la cabeza del movimiento. Mathilde Franziska Annecke, dijo, ha sido demasiado poco reconocida por todo su trabajo en esta causa y, por desgracia, murió demasiado pronto. Susan Anthony fue la más afortunada, la que vio germinar la semilla.
También la historia, contada por Mrs. Chapman Catt, del martillo de Wyoming con guarniciones de plata que había traído conmovió a los numerosos asistentes. Este martillo se usará en adelante en las asambleas por el sufragio femenino en lugar de la campanilla. Wyoming es, como es sabido, el primer Estado americano que impuso el sufragio femenino, y lo impuso tras dura lucha con los demás Estados. El martillo está hecho con madera de Wyoming y lo regalaron las mujeres de Wyoming.
En las deliberaciones del I. C. of W. no estuvieron representadas en absoluto las mujeres radicales, y en el Congreso Internacional de Mujeres, solo algunos de los elementos más jóvenes de las mujeres radicales alemanas. La brecha que se ha abierto en Alemania entre mujeres moderadas y radicales parece hacerse cada vez más ancha y profunda; eso se desprende también, sobre todo, de que la señorita Dra. Augspurg se marchó nada más constituirse la Alianza Mundial por el Sufragio Femenino y de que la señora Cauer, viuda de consejero escolar, asistió a todas las deliberaciones posteriores solo como representante de la prensa, sin tomar la palabra ni una sola vez.
¿Qué voy a contarles ahora de las deliberaciones del I. C. of W.? No lo sé, aunque asistí a ellas de principio a fin. Fue lo más aburrido y monótono que he vivido nunca, y me recordó aquella época terrible en que, por orden superior, me vi obligado a estudiarme de cabo a rabo el «Mesías» de Klopstock. El Consejo Internacional de Mujeres sesionó del 6 al 11 de junio en la Casa de los Arquitectos. Celebra su asamblea general cada cinco años. La condesa de Aberdeen fue elegida presidenta para los próximos cinco años, y la señora Marie Stritt, segunda presidenta. Mrs. May Weight-Sewall, la presidenta saliente, fue nombrada miembro de honor. A la federación mundial pertenecen 19 países y se ocupa de todos los asuntos que afectan al movimiento de las mujeres. Durante la sesión del I. C. of W. hubo una gran asamblea pública en la que la señora von Suttner expuso sus conocidas ideas pacifistas.
Y ahora, al Congreso Internacional de Mujeres. Sesionó del 12 al 18 de junio en los locales de la Filarmónica, organizado por la Federación de Asociaciones de Mujeres Alemanas. Las conferencias se repartieron en cuatro secciones, y en esas cuatro secciones se dieron unas 50 conferencias diarias, es decir, unas 250 conferencias en los cinco días del congreso. Dar una visión de conjunto de esas conferencias es imposible, y los y las representantes de la prensa se encontraban en una situación nada agradable. Quiero señalar también ya aquí que muchas de las ponencias más excelentes se mencionaron muy brevemente o nada en los periódicos, y que, en cambio, a informes de asociaciones del todo insignificantes se les dio amplio espacio en los periódicos alemanes. Especialmente engorroso resultó el debate prefijado a la manera inglesa. Las oradoras inscritas para el debate presentaban casi siempre prolijos informes de sus asociaciones, que no interesaban a nadie y no tenían nada que ver con un debate, y se puso inequívocamente de manifiesto que la junta directiva habría preferido suprimir del todo el debate. Si a varios oradores y oradoras, como Lily Braun, el conde Hoensbroech, el profesor Harnack, etc., etc., se les concedió algunas veces la palabra durante unos minutos, eso no cambia nada de lo dicho; a lo sumo, había que reconocer que Lily Braun y otros lograron, en los pocos minutos que se les concedieron, llevar a las asambleas tanto material inflamable. Problemas del todo nuevos del movimiento de las mujeres no aparecieron, a mi juicio, en este congreso; pero tampoco era ese su fin. Su fin, la propaganda de la causa de la mujer en Berlín, o en Alemania, lo ha logrado. Cuánto tiempo seguirá actuando, si vendrá una crecida de las olas del movimiento de las mujeres, un debilitamiento o un retroceso, ¿quién puede decirlo? En todo caso, el movimiento de las mujeres se ha vuelto por ahora presentable en la corte y en los salones, y quien defienda la idea del sufragio femenino ya no será contado en adelante entre los imbéciles en Alemania.
En la sección de educación se trataron en largas ponencias sobre todo las cuestiones de los jardines de infancia, de la escuela unificada, de la coeducación, de las escuelas complementarias y de los estudios universitarios de las mujeres. En la sección de profesiones femeninas, la agricultura y el servicio doméstico se trataron en parte de manera muy floja, de modo que fue un verdadero placer oír, al final de estas deliberaciones, el vigoroso trueno de Lily Braun. La situación de las obreras industriales se trató de forma bastante exhaustiva. No hace falta que explique aquí que informes tan tristes como los que trajo, por ejemplo, la señorita van der Mey, de Holanda, no se escucharon con gusto. Las ponencias sobre la mujer en el comercio y el transporte tuvieron un regusto picante, porque al mismo tiempo se libraba en el Reichstag la lucha por los tribunales mercantiles2, y mujeres de ideas muy progresistas, como Eva von Roy, de Königsberg, y otras, no tuvieron reparo en reprochar al congreso que era precisamente su reunión la que relegaba a segundo plano la reivindicación positiva de las dependientas de comercio. Que las mujeres burguesas, pese al «inaceptable» de Posadowsky, acudieran en masa a su recepción forma parte del cuadro. Una asamblea de protesta de las dependientas de comercio sobre este asunto estuvo bien concurrida, pero no tuvo más éxito. Las deliberaciones sobre los esfuerzos por elevar la moralidad mostraron de nuevo un enorme avance del abolicionismo3 en Alemania. Un amplio marco se dio a la asistencia a los enfermos, a la asistencia social y a la lucha contra el alcohol, mientras que el arte y la literatura fueron tratados algo como hijastros. Sobre organizaciones profesionales y cooperativas presentaron buenas ponencias Else Lüders y la señora Altobelli-Benetti; sobre las leyes de protección de las obreras, la señorita Helene Simon, que, eficazmente apoyada por los datos estadísticos de la señorita van der Mey, se enfrentó también a la adversaria de las leyes de protección de las obreras, la señora Ruttgers-Hoitsema. Sobre el seguro de vejez e invalidez habló Adele Schreiber, de Berlín; sobre la legislación de asociaciones, la señorita L. G. Heymann, de Hamburgo, que cosechó grandes aplausos. Sobre el matrimonio, la madre soltera, la tutela, la beneficencia y la asistencia a huérfanos se dieron numerosas conferencias, e igualmente sobre las mujeres en las diputaciones escolares, en los tribunales y en las profesiones científicas; se presentó mucho bueno, nada esencialmente nuevo, en lo que no puedo entrar aquí con más detalle. Hay que señalar también aquí las ponencias sobre el sufragio municipal y eclesiástico, así como el político. Este último, sobre todo, se trató con bastante detenimiento. Las asambleas nocturnas estuvieron igualmente muy concurridas; se discutieron los temas más diversos, pero no se les puede atribuir mayor valor, porque en ellas el debate estaba del todo excluido. Berlín estuvo, por así decirlo, 14 días patas arriba y aclamó a las extranjeras que chapurreaban el alemán.
Permítanme mencionar todavía, a posteriori, tres conferencias que quedaron fuera de los actos del congreso. Fue, en primer lugar, la asamblea de maestras, en la que la señorita Lischnewska dio una conferencia muy buena sobre el celibato de las maestras; además, la conferencia de Lily Braun sobre «El sufragio femenino y la socialdemocracia» y, last not least, la conferencia de Clara Zetkin «Sobre el movimiento burgués de las mujeres», que me impresionó más que las 250 conferencias de la Filarmónica juntas.
R.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha desde la imagen del Hamburger Echo, n.º 146, 24 de junio de 1904, suplemento, pág. 5 (OR1904-29), digitalizado por la Staats- und Universitätsbibliothek Hamburg (Deutsches Zeitungsportal). Firmado «R.»; la atribución a Otto Rühle es de la bibliografía de Stecklina (2002) y el texto no la confirma.
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Weltbund für Frauenstimmrecht, «Alianza Mundial por el Sufragio Femenino»; Bund deutscher Frauenvereine, «Federación de Asociaciones de Mujeres Alemanas»; Fortbildungsschule, «escuela complementaria»; Handlungsgehülfinnen, «dependientas de comercio». Los nombres propios se dejan como en el impreso.
El original juega con verrauscht («pasado, disipado»), Rausch («embriaguez») y Rauschen («susurro, frufrú»). (N. del T.) ↩
Kaufmannsgerichte: tribunales de arbitraje para conflictos entre comerciantes y sus empleados, creados por ley en julio de 1904; se discutía si las dependientas podrían votar en ellos. El «inaceptable» es la declaración del secretario de Estado del Interior, conde Posadowsky, contra el voto de las mujeres en esos tribunales. (N. del T.) ↩
Movimiento por la abolición de la reglamentación estatal de la prostitución. (N. del T.) ↩