¡Mis queridos niños Garabateadores!
Ya hace medio año que dejé Praga y el «Prado de los Niños». Al principio iba a ser solo un viaje largo; de América, claro, no se puede volver tan deprisa. Apunté muchas cosas para contároslo todo a mi vuelta. Pero ahora las cosas han salido de otra manera, y tengo que comunicaros que no volveré con vosotros tan pronto.
Mirad en el mapa de América la parte del medio. Ahí encontraréis el país de México, que es una federación de 24 estados y un «Distrito Federal», es decir, un «distrito del gobierno». En este «D. F.» está la capital, México, a 2350 m de altura, al pie de los montes, mucho más altos todavía, Popocatépetl e Ixtacíhuatl, cuyos nombres cuesta tanto recordar. Bueno, quizá los recordéis más fácilmente si sabéis que vuestra Lizzi vive ahora allí. Por desgracia no puedo escribir a cada uno por separado, aunque eso —por los sellos tan raros, claro— seguro que os gustaría. Solo puedo mandaros a todos juntos, a través de nuestro periódico, un saludo cariñoso y aseguraros que no os he olvidado. Incluso os echo mucho de menos a menudo, y cuando leo en el «Prado de los Niños» —que me envían aquí— los nombres de los viejos amigos, se me escapa una lagrimita de emoción; pero luego me alegro de que sigáis colaborando con tanto cariño y de que siempre se presenten nuevos niños Garabateadores. Si el espacio del «Prado de los Niños» lo permite, encontraréis de vez en cuando alguna colaboración mía; os contaré de mi viaje y de mi nueva patria, donde los niños son morenos y, en lugar de Fritz, Kurt, Mizzi y Gretel, tienen nombres como Héctor o Belisario, Guadalupe y Consuelo. Casi nunca llevan zapatos, pero son terriblemente educados. Si se le pregunta a un renacuajo de seis años: «¿Cómo te llamas?», contesta: «Hernán García Gómez, su seguro servidor». Si se le pregunta dónde vive, dice la calle y el número de la casa y añade: «Mi casa está a su disposición». Y nadie se va, ni siquiera a la habitación de al lado, sin decir antes: «Con su permiso, me retiro». Pero de todo eso os hablaré otro día.
¡Y ahora, por el momento, adiós! Siempre pienso con cariño en los tres bonitos años en que trabajamos juntos y nos divertimos. Quien quiera escribirme, que lo mande al Prager Tagblatt con la indicación «Reenviar a Lizzi Kritzel». Me alegro con cada carta.
Recibid todos el saludo más cariñoso de vuestra fiel amiga Lizzi Kritzel.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir de la imagen del Prager Tagblatt, n.º 271, 21 de noviembre de 1936, suplemento infantil «Die Kinderwiese», pág. 2 (pág. 8 en ANNO), Österreichische Nationalbibliothek. Firmado «Lizzi Kritzel», seudónimo de Alice Rühle-Gerstel.
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Las fórmulas de cortesía mexicanas que la autora traduce al alemán se devuelven a su forma española habitual.