CARL FURTMUELLER:

La educación progresista en la República austriaca

Solo durante un año después de la fundación de la República austriaca tuvieron los socialistas el control del Ministerio de Instrucción.1 Intelectual y políticamente, sin embargo, fueron los dirigentes en todas las cuestiones de educación a lo largo de toda la historia de la República austriaca. Incluso cuando, hacia finales de los años veinte, el partido reaccionario se hizo con el poder, solo pudo librar batallas defensivas desde su cuartel general en el Ministerio de Instrucción; el Consejo Escolar de la Ciudad de Viena, posición pedagógica clave en manos de los socialdemócratas, ponía los problemas en el orden del día y conservaba la iniciativa.

El mérito histórico de Otto Glöckel es haber sabido hacer de la escuela no un asunto rutinario de administradores y maestros, sino la preocupación apasionada de grandes masas del pueblo. Incluso entre sus adversarios políticos, su entusiasmo ganó miles de partidarios para sus ideas de progreso en la educación. Con tanta mayor facilidad pudo movilizar a la clase obrera, porque desde que el proletariado austriaco luchaba por los derechos políticos luchaba también por mejores escuelas. Una vez que el Ministerio de Instrucción intentó, con una maniobra política, bloquear un experimento de nuevos métodos y planes de estudios, cien mil obreros desfilaron ante el Parlamento en una solemne manifestación a favor de la reforma escolar: probablemente el grupo de presión por la educación más poderoso que ha visto el mundo.

Las cuestiones de la educación progresista se habían discutido ampliamente entre los maestros de Alemania y de Austria antes de la primera guerra mundial e incluso durante ella. Había habido muchos experimentos en pequeña escala. Era natural que propuestas distintas llevaran en direcciones distintas, y que pequeños grupos concretos de maestros, trabajando con grupos concretos de alumnos que desde luego no eran representativos del promedio, pudieran ensayar muchas cosas nuevas que no habría sido aconsejable copiar en una situación distinta.

El movimiento austriaco puso orden en ese caos desde dos lados. En primer lugar, nunca olvidó que el trabajo no había de hacerse solo en algunos puestos avanzados de la frontera pedagógica, sino para todas las escuelas y en todas ellas; y por eso la audacia tenía que combinarse con la prudencia. En segundo lugar, el movimiento austriaco relacionó todas las cuestiones propiamente pedagógicas con dos grandes ideas rectoras, una política y otra social. Desde el punto de vista político, la joven República austriaca, sucesora de una monarquía casi absoluta, tenía que proporcionar a sus niños la clase de educación que los capacitara en su vida adulta para ejercer sus nuevos derechos y deberes. Socialmente, la nueva educación tenía que tener en cuenta la creciente conciencia de las masas. Como en el marco de una sociedad capitalista es imposible abolir por completo

los privilegios educativos de las clases propietarias, la tarea consistía en recortar esos privilegios y facilitar a cada niño el camino de formación más adecuado a sus aptitudes e intereses.

La nueva escuela exigía una nueva formación del profesorado. Se trazó un plan para trasladar la formación de los maestros de todos los grados a institutos pedagógicos vinculados a las universidades, con lo que se aseguraba a los maestros de la escuela popular una base literaria y científica más sólida, y a los profesores de asignatura una mejor disciplina pedagógica. Este plan lo frustraron el partido clerical, que no quería renunciar a la poderosa posición que tenía gracias a las numerosas escuelas normales católicas, y las universidades, que contemplaban toda la obra de la reforma escolar con un odio fanático y negaban la «educación para el pensamiento crítico» no solo a las masas de alumnos, sino también, expresamente, a los maestros de la escuela popular. Así que actuó la Ciudad de Viena. En su Instituto Pedagógico estableció cursos de formación de dos años para titulados de las escuelas normales y también de las escuelas medias. Por desgracia, la crisis económica hizo pronto imposible el nombramiento de nuevos maestros.

Otras secciones del Instituto Pedagógico, grupos de estudio y revistas profesionales dieron a los maestros mayores diversas oportunidades de familiarizarse con los nuevos métodos de enseñanza. La Biblioteca Pedagógica de Viena se hizo famosa como biblioteca de consulta en los países de lengua alemana. En las escuelas populares y en las escuelas principales (Hauptschulen), los maestros apoyaron en general las reformas con verdadera entrega, a menudo con entusiasmo. En las escuelas medias, los partidarios del progreso en la educación tuvieron que disputar el terreno palmo a palmo.

En su trabajo por la joven generación, las escuelas no estaban solas. La Ciudad de Viena creó un sistema muy ramificado de asistencia y protección a la juventud. La población, por propia iniciativa, trabajaba en las asociaciones de padres establecidas en cada escuela y en la poderosa organización «Freie Schule-Kinderfreunde».2 La propia juventud creó sus asociaciones en libertad democrática. En esa joven generación vivía una fe poderosa en un futuro que ella ayudaría a construir. La vida de la juventud y de la escuela en Viena despertó pronto el interés amistoso del extranjero. Cada vez más educadores venían de todos los países europeos, e incluso de ultramar, para una visita rápida o para un estudio más a fondo de la labor educativa de Viena. Pronunciaron muchas palabras de aprecio y de aliento. Lo que más hondamente nos conmovió fue que, al resumir lo que se había hecho e intentado en Viena en interés de la juventud, llamaran a Viena la «capital del niño».

Un honor nos vino incluso del lado del enemigo, a la manera en que los fascistas rinden honores. Cuando los criminales de febrero de 1934 se pusieron a destruir todo lo que era valioso para los obreros, las escuelas no podían pensar en quedar al margen. Uno de los primeros actos del régimen de Dollfuss, después de derribar la República, fue una reorganización de las «Hauptschulen» que hizo imposible a los alumnos pasar a las escuelas medias. Para saciar plenamente su odio a la clase obrera tenían que cerrar a los hijos de los obreros la puerta de la enseñanza superior.

Cuando la clase obrera se levante de nuevo, las escuelas de Austria recobrarán su carácter democrático y reanudarán su lucha por la igualdad de oportunidades para todos los niños.


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original, en inglés), hecha a partir del facsímil de Austrian Labor Information (Nueva York, Austrian Labor Committee), n.º 20-21, noviembre-diciembre de 1943, sección inglesa «Austrian Labor News», págs. 11-12, en ANNO, Österreichische Nationalbibliothek (aid=ali, 1943). Los comentarios p. n del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.

Traducción: traducción íntegra al español del original inglés, hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Los nombres ingleses de las instituciones austriacas se traducen por sus equivalentes en el glosario del archivo (véase la nota t1). Las adiciones del traductor van entre corchetes.

  1. En el original inglés, Department of Education: el Ministerio de Instrucción austriaco (Unterrichtsamt, luego Unterrichtsministerium), donde Glöckel fue subsecretario de 1919 a 1920. Del mismo modo, Board of Education for the City of Vienna es el Stadtschulrat für Wien, el Consejo Escolar de la Ciudad de Viena; preparatory schools, las escuelas medias (Mittelschulen), que preparaban para la universidad; junior high schools, las escuelas principales (Hauptschulen), y normal schools, las escuelas normales de maestros (Lehrerbildungsanstalten). (N. del T.) ↩

  2. «Escuela Libre - Amigos de los Niños», asociación socialdemócrata de padres y de educación infantil. (N. del T.) ↩