KARL SCHRATT:

Unas palabras a los maestros

Maestros y maestras de Austria, todos vosotros, tanto si trabajáis en escuelas populares o en escuelas principales (Hauptschulen)1 como en escuelas medias o profesionales, ¡escuchadnos! Ninguna profesión ha sido herida tan hondamente por la ignominia del dominio de Hitler como la vuestra. Porque a vuestros sufrimientos personales y a vuestra servidumbre personal se añade aún la maldición de que debéis volver del revés vuestro trabajo de maestros y educadores. No basta con que tengáis que ver cómo se sustrae a la escuela la mejor energía de vuestros alumnos y se la derrocha en una instrucción militar desmedida y embrutecedora; no basta con que tengáis que aguantar que cualquier espía del claustro, de uniforme o sin él, y hasta cualquier funcionario de las Juventudes Hitlerianas, se haga el amo de vosotros. Debéis tomar parte vosotros mismos, activamente, en la obra de esclavizar al pueblo; debéis dar a la juventud mentira en lugar de verdad, debéis llevarla a la barbarie en lugar de a la humanidad. Todo el trabajo sucio que Göbbels lleva a cabo en la prensa y en la radio, el encubrimiento de la culpa de Hitler en la guerra, el embellecimiento y la justificación de las espantosas crueldades contra checos y polacos, de las brutales deportaciones tanto de judíos como de alemanes, todo eso debéis repetirlo en el aula, debéis envenenar a los niños para que lleven el veneno a sus padres.

Maestros y maestras, colegas y camaradas, ¿queréis y podéis ser herramientas sin voluntad de semejante ignominia y esclavización? ¿No ha de haber conservado la escuela austriaca, que en tiempos de Otto Glöckel2 nos envidiaban pueblos grandes y poderosos, ni una chispa de su fuego sagrado? En el momento en que por todas partes, en Alemania y en Austria, la voluntad de resistencia se agita cada vez con más fuerza, en que por todas partes, en los ferrocarriles, en la industria de armamento, en las oficinas, se hacen cada vez más frecuentes actos de sabotaje muy cautelosos, muy astutamente camuflados, ¿van a fallar precisamente los batallones del espíritu?

Maestros y maestras, sabemos qué presión pesa sobre vosotros, sabemos qué peligros amenazan al insumiso. No queremos induciros a ninguna imprudencia. Pero, como en la fábrica y en la oficina, también en el aula encuentra el que está decidido cien posibilidades de desbaratar los propósitos del régimen, de minar el espíritu de guerra y de trabajar así, por su parte, por la caída del nazismo. Por eso os decimos, en primer lugar: ¡haced lo que tengáis que hacer y aquello a lo que se os obligue, pero no deis ni un solo paso más! Si lo meditáis con exactitud y serenidad en cada caso, vuestra actitud adquirirá una seguridad y una dignidad que os harán inatacables para los esbirros del sistema, pero que los alumnos y padres decentes comprenderán muy bien y les servirán de consuelo y de apoyo. En segundo lugar: cuando se trate de ejecutar órdenes de la autoridad impopulares, molestas, absurdas, guardaos bien de ayudar a la sinrazón de los de arriba con vuestra propia razón. Cumplidlo todo al pie de la letra y, si alguien protesta, invocad el deber general de obediencia; el descontento acabará volviéndose no contra vosotros, sino contra la autoridad. Y en tercer lugar, y esto es lo más importante: la enseñanza os da mil ocasiones en que, sin relación aparente con las cuestiones del presente y de la política, podéis despertar en vuestros alumnos las fuerzas del espíritu y del ánimo que son incompatibles con la mentalidad plebeya del nazismo. La educación en el pensamiento crítico, esa bella y gran tarea que un día nos impuso la reforma escolar, podéis seguir persiguiéndola también hoy, discreta pero eficazmente, mostrando con ejemplos de un pasado lejano con qué gusto la tendenciosidad desfigura la verdad y qué importante es el viejo y buen principio alemán: «Man soll sie billig hören beede»3. Y Göbbels podrá poner algunas obras en la lista de proscripción, pero no puede impedir que la literatura alemana de su gran época esté llena de la idea de humanidad. Y así volverán a aparecer una y otra vez palabras como «Sea noble el hombre, generoso y bueno» — «Todos los hombres serán hermanos...» — «Hablan y sueñan mucho los hombres de días futuros mejores...»4, y podéis convertirlas en un antídoto contra la propaganda del día. Os está prohibido hablar del respeto a la vida humana y a la dignidad humana, pero en la clase de ciencias naturales podéis enseñar que toda vida merece respeto y toda criatura, consideración. Pero ¿para qué acumular ejemplo sobre ejemplo? Cada uno de vosotros descubrirá, a partir del trabajo en su materia y del contacto vivo con sus alumnos, qué es oportuno y qué es posible.

En todo caso, ¡ayudad a preparar la gran obra que hay que realizar! Porque la liberación de nuestro pueblo no ha de ser obra de ejércitos extranjeros, sino de nuestro propio levantamiento. Para ese día estad preparados, trabajad para él, a fin de que podáis responder ante vuestra conciencia, pero también para que podáis mirar a los ojos de vuestros alumnos y de sus padres con orgullo y alegría cuando de nuevo resuenen por las calles los gritos de «¡Libertad!» y «¡Amistad!»5.


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del facsímil de Der sozialistische Kampf / La lutte socialiste (París, editado por la Representación en el Extranjero de los Socialistas Austriacos), n.º 26, 30 de diciembre de 1939, pág. 585, en ANNO, Österreichische Nationalbibliothek (aid dsk, 1939, imagen 13). Firmado «Karl Schratt», seudónimo de Carl Furtmüller en el exilio de París (atribución según la bibliografía de psyalpha, Zaufarek 2010). Los comentarios S. n del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.

Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Se conserva la división en párrafos; las erratas del impreso («Schmack und Verkslavung») se traducen por el sentido evidente. Las citas literarias se traducen y se identifican en notas del traductor; las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo. Las adiciones del traductor van entre corchetes.

  1. Hauptschule: escuela de enseñanza secundaria de 10 a 14 años creada por la ley escolar austriaca de 1927, que sustituyó a la antigua Bürgerschule; la escuela popular (Volksschule) es la primaria obligatoria, y la escuela media (Mittelschule), en Austria, la secundaria que lleva al examen de madurez (Gymnasium, Realgymnasium, Realschule). (N. del T.) ↩

  2. Otto Glöckel (1874-1935), dirigente socialdemócrata, subsecretario de Instrucción en 1919-1920 y presidente del Consejo Escolar de la Ciudad de Viena desde 1922; impulsor de la reforma escolar austriaca, en la que Furtmüller fue uno de sus principales colaboradores. Murió en 1935 tras haber sido internado por el régimen austrofascista. (N. del T.) ↩

  3. «Hay que oír a los dos con equidad»: final del viejo proverbio jurídico alemán «Eines Mannes Rede ist keines Mannes Rede, man soll sie billig hören beede» («El discurso de uno solo no es discurso de nadie; hay que oír a los dos con equidad»). (N. del T.) ↩

  4. Citas de Goethe («Das Göttliche»: Edel sei der Mensch, hilfreich und gut) y de Schiller («An die Freude»: Alle Menschen werden Brüder; «Hoffnung»: Es reden und träumen die Menschen viel / Von bessern künftigen Tagen, que Furtmüller cita de memoria). (N. del T.) ↩

  5. «Freundschaft!» («¡Amistad!») era el saludo tradicional de los socialdemócratas austriacos. (N. del T.) ↩