EL DR. ADLER DICE:

«El amor y el matrimonio son la cuestión más grande del mundo, porque es la única que el hombre no puede resolver. Quizá su verdadera solución esté en ajustarse a las leyes internas del amor. El amor tiene que mirar al futuro. Eso significa hijos, educación y adecuarse al desarrollo de la humanidad.» De esta entrevista de Betty Ross con el famoso discípulo y sucesor de Freud,1 considerado hoy el psiquiatra más eminente del mundo.

LA CUESTIÓN MÁS GRANDE DEL MUNDO

«¡El mundo está lleno de hombres y mujeres que tratan de escapar del amor!»

Esta sorprendente afirmación sale de labios del Dr. Alfred Adler, famoso científico vienés, conocido como «el padre del complejo de inferioridad».

«¿Escapar del amor?», repito tras él. El célebre sabio asiente y prosigue: «Sobre todo las mujeres pertenecen a esta clase. ¿Por qué? Porque tienen mayores complejos de inferioridad».

«¿A qué se debe eso?», pregunto.

«Nuestra cultura y nuestras tradiciones les imponen más obstáculos y cargas; esas opresiones provocan un sentimiento de inferioridad, y este complejo desempeña un papel importante en el amor y el matrimonio. Los hombres y mujeres maduros que fingen cinismo o frialdad ante el amor en realidad padecen de esto.»

«¿Qué es lo que produce un complejo de inferioridad?»

«Suele desarrollarse en la primera infancia entre los niños odiados o mimados, o en los que se mantienen apartados de la gente y se dejan solo con la única persona que los atiende. Esto produce una actitud egocéntrica, que deja al individuo ocupado únicamente en velar por su propio bienestar. Como resultado, todo interés por los demás disminuye. No quiere unir sus intereses a los de nadie. Para compensar esta inferioridad, aspira a la superioridad, y su objetivo principal es someter a los demás. Su meta es mandar, dominar.»

«¿Explica esto al amante dominante?», me pregunto.

EL DR. ADLER asiente. «Sí, y ya sea hombre o mujer, un amante así solo despierta resistencia en el corazón de la otra persona. Esto convierte el amor en un combate, y con mucha frecuencia rompe el matrimonio.

»Porque, si no puede dominar, toma el único camino que le queda: la huida. Eso explica por qué el mundo está lleno de hombres y mujeres que tratan de escapar del amor. A menudo este sentimiento de huida hace que las facultades de la persona se vuelvan imperfectas y se perviertan», continúa el científico. «El hombre de esta clase no tiene el impulso de darse la mano con los demás; solo quiere ser un conquistador. A la mujer de esta clase se la reconoce por lo general por su frigidez. La mujer "fría", la novia de mármol, existe solo porque teme perder su superioridad.»

«¿Puede dominarse este sentimiento?», se le pregunta.

«Sí», es la respuesta confiada. «Si uno está en armonía con las leyes del amor.»

«¿Y cuáles son?» Escucho atentamente, porque el Dr. Adler ha abierto con éxito el camino en el campo de la psicología individual. Sus libros sobre el tema son conocidos internacionalmente. En ellos se ha propuesto desarrollar un conocimiento vivo de la naturaleza humana, aplicable y útil a cada individuo.

En esta rama de la ciencia trata de demostrar que la única felicidad es la que nace de la utilidad social y cooperativa. Ha mostrado científicamente que el patrón de conducta que se origina en los primeros años de la infancia resulta a menudo dañino y perjudicial. Así, por medio de la psicología individual, intenta arrancar de raíz las mentiras vitales, los engaños y los errores profundamente arraigados que suelen acompañar a un patrón de conducta falso.

EL DR. ADLER deja de pasear inquieto y se sienta a mi lado. El autor de «Organic Inferiority», «The Neurotic Character»2 y otras contribuciones científicas es corpulento, de bigote poblado, tez rubicunda y frente ancha. Su mirada amplia y clara parece abarcar todos los problemas de la humanidad y reflejar sus cavilaciones sobre ellos. Pensativo, continúa:

«La relación del ser humano con el cosmos, la sociedad y el sexo le da algunas ventajas y algunas dificultades. Como el hombre se esfuerza siempre por desarrollarse, está constantemente previendo, evitando y sopesando las dificultades de la vida. Aceptar las ventajas, sin embargo, es su herencia. En la lucha contra las dificultades está el sentimiento de inferioridad. Eso es lo principal. Todos sus movimientos muestran huellas de un afán de compensación y de un esfuerzo por resolver los tres problemas de la vida.»

«¿Y cuáles son?», pregunto.

«El primero es el social: ¿cómo se comporta un individuo con los demás?

»El segundo se refiere a su ocupación: ¿en qué medida quiere un hombre ser útil a la sociedad?

»El tercero se refiere al amor y al matrimonio, la cuestión más grande del mundo. ¿Por qué? Porque es la única que el hombre no puede resolver.»

Como si pensara en voz alta, el Dr. Adler continúa: «Quizá su verdadera solución esté en ajustarse a las leyes internas del amor».

«¿Cuáles son?», le interrumpo.

«El amor tiene que mirar al futuro; eso significa hijos, educación y adecuarse al desarrollo de la humanidad. El amor es una tarea para dos personas, de la misma clase. Dos», subraya, levantando dos dedos. «Así como comer, beber y dormir son tareas para una persona, el amor lo es para dos. Porque el amor tiene que ser siempre recíproco; uno tiene que pensar en el otro. Como en cualquier empresa en la que intervienen dos personas, tienen que conjugar su temperamento, su conducta y su actitud el uno con el otro. Tienen que ayudarse, no estorbarse. ¡Tienen que estar así!», exclama, entrelazando las manos de forma teatral. «Con este espíritu, dos personas forman una unidad que trae el amor.

»Pero, además, hay que guardarse de los obstáculos del amor», advierte. «Son los modales egoístas. El egoísmo significa falta de sentimiento de comunidad, que se convierte en un gran inconveniente para el amor.»

«¿CÓMO puede uno evitarlo?», pregunto.

«Contrastando constantemente su conducta con las leyes del amor», es la respuesta. «Si sus ideas no coinciden con ellas, no siga adelante con su desarrollo equivocado. No crea que siempre tiene que conquistar», añade con seriedad. «El amor no se conquista. Si cree eso, siempre saldrá derrotado. El amor significa igualdad.»

«Igualdad», reflexiono. «Y, sin embargo, cuántas veces hombres brillantes se casan con jóvenes al parecer sin cabeza. ¿Cómo lo explica la psicología?»

«Esos tipos son cobardes», sugiere el Dr. Adler, «que, para conservar su superioridad, se casan por debajo de su nivel. Es una base equivocada para el matrimonio. Inevitablemente, las dos partes son desdichadas, sobre todo la mujer. Porque se ve coartada en su pensamiento y en su acción, y se da cuenta de que está por debajo de su marido. Él, a su vez, espera que ella se comporte como una esclava agradecida. De una situación así, ¿qué puede resultar sino el fracaso?»

«O el divorcio», comento.

«¿El divorcio?» Tras reflexionar un momento, añade con voz lenta

(Continúa en la página 15)

y precisa: «Está muy bien pensar en el divorcio si uno está casado con un tirano, con un hombre egoísta que no sabe resolver la cuestión del amor».

El Dr. Adler3 continúa: «Una regla breve que conviene recordar al elegir pareja es esta: elija solo a un semejante».4

«¿En qué señal se le reconocerá?»

El científico de fama mundial lo explica: «¿Está constantemente regañando, criticando, oprimiendo, obligando a los demás? ¿Tiene pocos amigos y compañeros? ¿Les es infiel? ¿Está constantemente ocupado en su propia persona? ¡Entonces no es un semejante!».

Con un amplio gesto de la mano, el sabio aparta a este ser insociable de su horizonte y del horizonte del amor.

Para terminar, pregunto, medio en broma: «¿Hay una receta científica para un matrimonio feliz?».

«Sí», responde el Dr. Adler con una sonrisa. «Un buen sentimiento de comunidad. Este comprende tres factores: consideración por la otra persona, mirada al futuro y votos de permanencia.»


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir de las imágenes de las páginas en Trove (National Library of Australia, nla.news-article149319862): Table Talk, Melbourne, 6 de agosto de 1936, pp. 11 y 15.

Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026), con la entradilla, el titular y la llamada de continuación tal como se imprimieron. Social feeling se traduce «sentimiento de comunidad», según el glosario del archivo.

  1. Adler nunca fue discípulo ni sucesor de Freud, aunque la prensa de la época lo presentaba a menudo así; él mismo rechazó siempre esa caracterización. (N. del T.) ↩

  2. Títulos ingleses de Studie über Minderwertigkeit von Organen (1907) y Über den nervösen Charakter (1912) [Estudio sobre la inferioridad de los órganos; El carácter nervioso]. (N. del T.) ↩

  3. En el original, por errata, «Dr. Alder». (N. del T.) ↩

  4. Fellow-man: el Mitmensch de Adler, el que vive en solidaridad con los demás; «semejante» en el sentido fuerte del término. (N. del T.) ↩