ELLAS EMPEZARON
Hollywood se lleva el mérito, o la culpa, de haber originado la moda femenina del pantalón. Aquí ven ustedes (a la izquierda) a Marlene Dietrich, que fue la pionera de la moda, y a Glenda Farrell (a la derecha), que no tardó en adoptar el nuevo estilo.
ELLAS SIGUIERON EL PASO
He aquí una versión estupenda de la moda del pantalón, que parece estar arrasando en el mundo de la moda femenina. Sarah Williams y Minnie Stephens, pulcramente vestidas con trajes de hombre, dan a la gente de las calles de Washington motivo para quedarse boquiabierta.
POR PAUL HARRISON
NUEVA YORK, 1[?] de febrero. ¿Pantalones para las mujeres?
Los modistos, que olfatean la ocasión de imponer una nueva moda importante, dicen que «sí».
Los artistas, que miran con ojo crítico el intento de conciliar las líneas femeninas con el anguloso vestido masculino, dicen «quizá».
Los psicólogos, a quienes solo les interesan las inhibiciones y las neurosis, dicen: «¡No!».
Porque parece que los pantalones son bastante más que una prenda de vestir. Son un símbolo de dominio. Los hombres no pusieron demasiadas objeciones cuando las mujeres empezaron a llevar el pelo corto, o cuando fumaban cigarrillos, o bebían cócteles, o adoptaban pequeños toques de masculinidad en su atuendo. Pero los pantalones… bueno, eso es llevar la campaña de emancipación un poco demasiado lejos, por mucho que digan las Dietrich y las Garbo y los cientos de otras muchachas esbeltas y encantadoras que llevan pantalones.
Porque los pantalones, dicen los psicólogos entrevistados aquí, son un desafío directo a la supuesta superioridad del varón.
Todo porque el mundo es de los hombres
El Dr. V. E. Fisher, psicoanalista1 y profesor de psicología anormal en la Universidad de Nueva York, dio esta severa opinión sobre la moda del pantalón, que ahora parece destinada a extenderse por todo el país:
«Esta es todavía una época de hombres, y nuestra sociedad se basa en valores masculinos. Las mujeres ya no pueden ganar lo que consideran una estima suficiente cumpliendo su función biológica natural de criar una familia. Están obsesionadas por un afán ciego de logros en el terreno del hombre. Y, como un paso hacia su ambición, empiezan a llevar pantalones, y sombreros de fieltro, y camisas, y corbatas, y zapatos recios».
Para la mayoría de las mujeres, sin embargo, la moda no es más que una moda pasajera, cree el Dr. Fisher. Pero aun así es un indicio de la «naturaleza innatamente exhibicionista» de las mujeres, declara. «En toda mujer normal hay una tendencia natural e inherente a exhibirse ante el sexo opuesto», continúa. «Esta tendencia se expresa a través de su ropa, pero al parecer nunca de modo adecuado o completo. Por eso está en un estado constante de disposición a adoptar algún nuevo medio de exhibición».
Augura una muerte natural a la moda
El Dr. Fisher cree que la moda morirá porque, según dice, las mujeres descubrirán que los trajes masculinos no son lo bastante exhibicionistas, ya que no son ni tan reveladores ni tan bonitos como su propia ropa femenina.
Pero una opinión más alarmante es la que expresa el Dr. Alfred Adler, conocido internacionalmente como jefe de su propia escuela de pensamiento psicológico, que ha investigado y escrito libros sobre la «protesta masculina» de las mujeres.
El problema, tal como lo ve el Dr. Adler, es que demasiadas niñas quieren ser niños. Desde la primera infancia, los pequeños están convencidos de que sus padres son en cierto modo personas superiores, que gobiernan la casa, ganan el sustento, se aventuran por el mundo y tienen una existencia más deseable que las madres. Una niña está sometida a diario al argumento de que las niñas son menos capaces que los niños y solo sirven para actividades no esenciales.
«Y así», dice el Dr. Adler, «las evidentes ventajas de ser hombre han causado graves trastornos en el desarrollo psíquico de las mujeres, hasta el punto de que hoy hay una insatisfacción casi universal con el papel femenino».
¡Las niñas quieren ser niños!
Las encuestas realizadas por los psicólogos en escuelas de niñas han revelado que al menos el 40 por ciento de las alumnas querían ser chicos, señaló el Dr. Adler.
«Los hombres se visten para agradar a las mujeres, y eso es natural», dijo. «A las mujeres se las educa para ser atractivas para los hombres, en el vestido y en los modales. Eso también es natural, pero más de una muchacha inteligente se rebela contra esa idea de orientar su vida a agradar a los hombres, y entonces hace un valiente intento exterior de igualdad tratando de comportarse como un hombre.
»La única solución es enseñar a las muchachas y a las mujeres que están en ascenso y que su igualdad es ya un hecho consumado».
El psicólogo admite que a él personalmente la moda del pantalón le parece muy atractiva, pero en eso discrepa abiertamente de dos entendidos varones en encanto femenino. George White, por ejemplo, veterano productor de revistas de Broadway, está seguro de que la opinión masculina nunca tolerará la moda.
«¿Escondería su encanto bajo un traje de tweed holgado una mujer sensata que hubiera dedicado mucho tiempo y dinero a desarrollar una figura bonita y unos tobillos finos?», se preguntó White. «¡No, si le importa su popularidad! ¿Vestiría yo a un coro con pantalones de hombre? ¡No, si quisiera seguir en Broadway!».
Es insólito, pero ¿es arte?
McClelland Barclay, ilustrador de revistas y retratista de mujeres hermosas, acaba de volver de Florida, donde algunas mujeres aparecen con trajes de pantalón. Barclay cree que, artísticamente, la moda es un completo error y que tiende a apagar todos los rasgos femeninos deseables.
«Tomen, por ejemplo, el estilo masculino en la ropa de noche de las mujeres», dijo. «Hasta ahora los hombres han vestido de negro para realzar el esplendor y el color de los preciosos vestidos de noche. Pero pongan también a las mujeres en traje de etiqueta y tendrán una reunión que parece un congreso de enterradores. Es más que feo. ¡Es trágico!».
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original): Niagara Falls Gazette (Niagara Falls, Nueva York), jueves 16 de febrero de 1933, p. 6; reportaje sindicado de Paul Harrison fechado en Nueva York, transcrito sobre la imagen de la página (fultonhistory.com).
Traducción: traducción íntegra al español, hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026), del titular, los pies de foto, los subtítulos de columna y todo el reportaje, incluidas las opiniones de los demás entrevistados. Las adiciones del traductor van entre corchetes.
El periódico imprime «psychoananalyst» y, más abajo, «exhibionistic», erratas por «psychoanalyst» y «exhibitionistic». (N. del T.) ↩