Los hombres cobardes prefieren esposas serviles, dice el famoso psicólogo vienés
EL DR. ALFRED ADLER,
psicólogo vienés de fama mundial,
en una entrevista con Betty Ross.
VIENA, 1932.
—Desde el punto de vista científico, ¿qué augura un matrimonio feliz?
—Un buen sentimiento de comunidad1, que incluye tres factores.
—¿Y cuáles son?
—La consideración por la otra persona, la mirada puesta en el futuro y los votos de permanencia. Pero el mundo de hoy está lleno de hombres y mujeres que tratan de huir del amor.
Esta sorprendente afirmación salió de los labios del Dr. Alfred Adler, famoso científico vienés, al que yo había llevado algunos de los desconcertantes problemas humanos de hoy.
—¿Huir del amor? —repetí, y, como el científico asintiera, le pregunté—: ¿Qué sexo predomina en esta huida del amor?
El Dr. Adler respondió:
—El femenino, porque las mujeres tienen mayores complejos de inferioridad.
—¿A qué se debe eso? —pregunté.
—A nuestra cultura y nuestras tradiciones, que les imponen más obstáculos y cargas —contestó el científico—. Sin embargo, este sentimiento de inferioridad es muy común entre hombres y mujeres maduros, que a menudo lo disimulan bajo un cinismo fingido, bajo la frialdad o de otras maneras.
El profesor vienés dejó claro que no pertenece a la escuela de los psicoanalistas. Su discrepancia con su distinguido compatriota y contemporáneo, el Dr. Sigmund Freud, la explica así:
—Freud admite el complejo de inferioridad y dice que se debe a deseos reprimidos, mientras que yo digo que en su raíz está un mal desarrollo mental. Ese es el punto de nuestro desacuerdo.
»Freud lo remite todo a deseos reprimidos. Yo concedo los deseos reprimidos, pero digo que brotan de la cobardía, y que la cobardía nace de la inferioridad. Y sostengo que todo esto, resultado de un pensar equivocado, puede remediarse con un pensar correcto.
Antisociales
Los «conquistadores» frustrados buscan la huida
»El complejo de inferioridad desempeña un papel importante en el amor y en el matrimonio. Suele desarrollarse en la primera infancia entre los niños odiados o mimados, o entre los que se mantienen apartados de la gente y se dejan solo con la única persona que los atiende. Esto produce una actitud egocéntrica, ocupada por entero en velar por el propio bienestar.
»Este complejo disminuye el interés por la otra persona. No quiere unir sus intereses con nadie y, para compensar este sentimiento de inferioridad, aspira a la superioridad, con el objetivo principal de someter a la otra persona. Su meta es mandar, dominar.
—¿Y a qué conduce esta actitud?
—Al amante dominante, que, sea hombre o mujer, solo despierta resistencia en el corazón de la otra persona. Esto convierte el amor en un combate y a menudo significa la ruptura del matrimonio.
—¿Y si no puede dominar?
—Toma el único camino que le queda: la huida. Eso explica por qué el mundo está lleno de hombres y mujeres que tratan de huir del amor.
»El hombre de esta clase solo quiere ser un conquistador y no tiene el impulso de darse la mano con los demás. A la mujer se la reconoce por lo general por su frigidez. La mujer «fría» —o novia de mármol— solo existe porque teme perder su superioridad.
—¿Puede dominarse este sentimiento?
—Sí —fue la respuesta confiada—, si uno está en armonía con las leyes del amor.
—¿Y cuáles son?
—Para definirlas hay que trazar primero ciertas leyes de la vida —fue la respuesta.
Lucha
Los hombres buscan compensaciones a sus dificultades
»La relación de un ser humano con la sociedad le da algunas ventajas y algunas dificultades. En la lucha contra las dificultades reside un sentimiento de inferioridad.
»Eso es lo principal, y todos sus movimientos muestran huellas de un afán de compensación y de un esfuerzo por resolver los tres grandes problemas de la vida.
—¿Y cuáles son?
—El primero es una cuestión social: ¿cuál es el comportamiento de un individuo hacia los demás?
»El segundo se refiere a su ocupación. ¿Hasta qué punto quiere un hombre ser útil a la sociedad?
»El tercero implica el problema del amor y del matrimonio.
»Este último es la mayor cuestión del mundo —subrayó el Dr. Adler—. ¿Por qué? Porque es la única que el hombre no puede resolver. Quizá la verdadera solución esté en ajustarse a las dos leyes interiores del amor —prosiguió.
—¿Cuál es la primera ley? —pregunté.
Compatibilidad
El egoísmo hace fracasar muchos matrimonios
—El amor tiene que tener la mirada puesta en el futuro —fue la respuesta—. Eso significa hijos, educación y conformarse al desarrollo de la humanidad.
—¿Y la segunda ley?
—… es que el amor es una tarea para dos personas, de la misma clase.
»Dos —reiteró el Dr. Adler—. El amor tiene que ser siempre recíproco. Uno tiene que pensar en el otro. Como en cualquier empresa en la que intervienen dos personas, tienen que ayudarse, no estorbarse.
»Dos personas con este espíritu forman una unidad que trae el amor. Pero entonces hay que guardarse de los obstáculos del amor.
—¿Y cuáles son?
Pensativo, el sabio vienés se acarició la barbilla, una barbilla llena, rolliza.
—Los modales egoístas —fue la respuesta—. El egoísmo significa falta de sentimiento de comunidad. Por eso se convierte en un gran inconveniente para el idilio. Si el sentimiento de inferioridad es demasiado grande, la vida de un individuo queda obstaculizada, incomprendida y sin desarrollar.
—¿Está el ritmo y la dimensión de la civilización actual criando en nosotros un sentimiento de inferioridad? —pregunté.
El Dr. Adler negó con la cabeza y repitió:
—La inferioridad suele desarrollarse en la infancia, entre niños sin experiencia de la sociedad, y su causa es un mal desarrollo mental. A partir de entonces, este complejo es la raíz de todo.
—¿Cómo puede uno impedir que destroce su vida amorosa?
—Contrastando constantemente su comportamiento con estas dos leyes del amor —fue la respuesta—. No sienta que tiene que conquistar siempre. El amor no ha de conquistarse. Si piensa así, saldrá siempre derrotado. El amor significa igualdad.
—Y sin embargo —objeté—, siempre se ve a gente que elige pareja no entre sus iguales, sino claramente por debajo de ella. ¿Cómo lo explica la psicología?
Mal emparejados
Los hombres cobardes prefieren esposas inferiores
—Esos hombres son cobardes —replicó el Dr. Adler—, que, para conservar la superioridad, se casan con mujeres muy por debajo de su propio nivel. Es una base equivocada para el matrimonio. Inevitablemente, las dos partes son desgraciadas, sobre todo la mujer. Ella se da cuenta de que está por debajo de su marido. Él, a su vez, espera que su actitud sea la de una esclava agradecida. ¿Qué puede salir de una situación así sino el fracaso?
—O el divorcio —comenté.
—¿El divorcio? —repitió el Dr. Adler. Luego, tras reflexionar un momento, añadió con acento lento y preciso—: Si uno no está casado con un semejante, sino con un tirano, tiene toda la razón en considerar el divorcio.
Compañerismo
¡Cuidado con los tipos dominantes!
»Una regla breve que hay que recordar al elegir pareja en el amor y en el matrimonio es esta: elija solo a un semejante2.
—¿En qué se le reconocerá? —pregunté.
—¿Está constantemente regañando, criticando, reprimiendo, obligando a los demás? ¿Tiene pocos amigos y camaradas? ¿Les es infiel? ¿Está constantemente ocupado en su propia persona? ¡Entonces no es un semejante!
Con un amplio gesto de la mano, el famoso científico apartó de sí a este ser insociable.
Antaño distinguido colaborador del Dr. Sigmund Freud, el célebre fundador vienés del psicoanálisis, el Dr. Alfred Adler ha alcanzado después renombre internacional por sí mismo como psicólogo eminente y como principal rival de Freud en ciertas líneas del pensamiento científico.
Conocido especialmente por sus obras sobre el complejo de inferioridad, el Dr. Adler, en esta entrevista sobre los problemas del matrimonio, trata ambas cuestiones como una sola.
Entre sus libros científicos figuran Organic Inferiority [La inferioridad orgánica], Knowledge of Man [Conocimiento del hombre] y The Neurotic Character [El carácter neurótico]. Su última obra, What Life Should Mean to You [Lo que la vida debería significar para ti], está escrita para el lector profano.
EL PSICÓLOGO. El Dr. Alfred Adler, famoso científico vienés, que en la entrevista adjunta culpa a los complejos de inferioridad de muchos fracasos en el noviazgo y en el matrimonio. Foto de International News Photo.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original): Syracuse American (edición dominical del Syracuse Journal), Syracuse, Nueva York, domingo 31 de julio de 1932, p. E-3; entrevista de Betty Ross, datada en «Vienna, 1932», transcrita sobre la imagen de la página (fultonhistory.com).
Traducción: traducción íntegra al español, hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026), del titular, el subtítulo, todo el texto de la entrevista, los subtítulos de sección, el recuadro y el pie de foto. El diálogo se da con raya, a la manera española. Las adiciones del traductor van entre corchetes.