EL REPORTERO ITINERANTE
Alfred Adler descubre que los cinco primeros años son los más duros para tu neurosis
El carácter del hombre queda fijado antes de los seis años, dice el famoso vienés, que está aquí para dar una serie de conferencias en Columbia
Por Louis Sherwin
¿NACISTE bueno o malo?
He aquí una de esas preguntas eternamente jóvenes que siempre dan pie a una pelea. Muchas son las cabezas ensangrentadas y los ojos morados que ha provocado. Los teólogos han disputado sobre ella. Filósofos y metafísicos se han insultado. Los sociólogos han peroratado y los criminólogos han experimentado.
«El niño», dice el doctor Alfred Adler, «no es por naturaleza ni bueno ni malo. Los que dicen que es malo hacen mucho daño en el mundo.»
El famoso vienés, que ha sido él mismo el centro de la tormenta en más de una batalla académica, llegó hace poco a Nueva York para dar una serie de conferencias en la Universidad de Columbia y en otros lugares. Esta es, anuncia de paso, su última visita a América.
«Tengo demasiado que hacer en los años que me queden», declaró. «Las visitas que he hecho en los últimos cinco años me han obligado a dejar sin hacer mucho trabajo. En adelante me quedaré en Viena e intentaré terminarlo. De todos modos, aquí hay muchos discípulos míos que seguirán por mí.»
El carácter, fijado a los cinco años
De todos los cismáticos freudianos, Alfred Adler suele ser considerado el más positivo y el más coherente. Su sistema de ideas se basa en un punto de partida puramente biológico. Ha prestado más atención que ninguno de sus colegas a la psicología infantil. Su aforismo, tal como se ha citado arriba, es en efecto una confirmación científica del antiguo proverbio según el cual el niño es el padre del hombre.
«¿Considera usted que el carácter de un hombre está fijado a los treinta años?», le pregunté.
«A los cinco», respondió con énfasis.
Adler se apartó por primera vez abiertamente del dogma freudiano cuando desarrolló su teoría de la inferioridad basada en el defecto orgánico. Su corolario inevitable era la reacción defensiva compensatoria, que él llamó la protesta masculina y que Nietzsche, mucho antes que Adler o Freud, había descrito como la voluntad de poder.
Hubo un tiempo en que Adler no era tan conocido en América como Jung. Sus primeros escritos, según algunos estudiosos, eran de lectura difícil. Pero en los últimos años ha hecho varios viajes aquí, dando cursos de conferencias, atrayendo a un grupo considerable de discípulos y explicándose en persona. Estos contactos han contribuido a una claridad sustancialmente mayor. Los neurólogos que discrepan de él saben ahora al menos de qué discrepan. Y uno de los que no discrepan, evidentemente un amigo y discípulo ferviente, me declaró que el doctor Adler era «la mayor inteligencia viva».
Un sabio afable
Personalmente me pareció afable, cortés y paciente. Ha aprendido a expresarse en inglés y a evitar la jerga polisilábica más temible del aula alemana. De aspecto es bajo, rechoncho y canoso. Tiene una sonrisa grave pero pronta. Su obra en América la considera ahora, según dice, cumplida.
«El niño, al nacer, se relaciona con lo que le rodea enteramente a través de la madre», dice. «Observando su actitud hacia su familia, cómo escucha, cómo se expresa, se puede averiguar su capacidad de interés por los demás y de cooperación. Esta facultad de cooperación tiene que entrenarse. A los cinco años está fijada.
»Si la opinión que un niño tiene de la vida es que ha de ser el centro de atención, todo su estilo de vida, sus pensamientos, deseos y actos tienen que ajustarse a ello. Esto es lo que llamamos personalidad. Naturalmente, hay en ello un millón de variedades y matices. Así es como nos diferenciamos de los demás: en la diferencia de grado de nuestra capacidad de cooperación.
»Un niño que padece debilidad corporal y al que por ello se le permite estar demasiado interesado en sí mismo se vuelve egoísta. La única posibilidad de evitarlo es el método de educación adecuado.
»Hay maneras por las que un niño puede volverse egoísta artificialmente. Por ejemplo, si se le abandona y no experimenta la cooperación de los demás. En muchos casos el complejo de inferioridad puede quedar tapado por un complejo de superioridad. Ambos son en realidad expresiones de lo mismo. Las dos actitudes tienen su raíz en el egoísmo.
»¿Me pregunta usted si el niño nace malo o bueno? El niño nace con aptitudes. Estas aptitudes son neutras, ni buenas ni malas. Lo que resulte de ellas depende enteramente de cómo se desarrollen.
»Los psicólogos y teólogos que dicen que los seres humanos son malos por naturaleza hacen muchísimo daño. De esa teoría morbosa salen la represión, el terror, los sistemas draconianos de castigo, todas las ideas que aterrorizan a la humanidad.»
El delito, «no por herencia»
«Entonces, ¿está usted de acuerdo con la escuela de criminólogos que sostiene que el delito es producto del ambiente y no de la herencia?», pregunté.
«Desde luego, no de la herencia», respondió el doctor Adler. «Todos los vicios son errores sociales. No pueden heredarse.»
«Pero si las deformidades físicas determinan el desarrollo del carácter, ¿no puede un tratamiento adecuado, que elimine esas deficiencias, conseguir que desaparezca la psiconeurosis?»
«Sí, si se eliminan antes de que el niño tenga cinco años. Pero en algunos casos el entrenamiento, la educación, puede eliminarla también.
»Hubo el caso de un muchacho aparentemente sano que se portaba tan mal que sus maestros querían enviarlo al reformatorio. Entonces
Un psicólogo declara que los niños no nacen ni buenos ni malos, sino que manda el desarrollo posterior al nacimiento
contrajo una tuberculosis de cadera y quedó inválido durante algún tiempo. Cuando se curó, resultó ser el mejor chico de la familia.
»Lo que no se había comprendido antes era que se le relegaba constantemente a un segundo plano en favor de su hermano mayor. Se consideraba abandonado y su mala conducta era una rebelión. Cuando cayó enfermo, vio que sus padres, al contrario de lo que había creído, le querían de verdad. Así que abandonó su rebelión.
»Cada caso en psicología es una obra de arte individual.»
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir de la imagen de la página en fultonhistory.com: «Alfred Adler Finds First 5 Years Are the Hardest on Your Neurosis», New York Evening Post, 24 de octubre de 1930, p. 3, columna «The Roving Reporter», firmada por Louis Sherwin. El segundo antetítulo encabeza en el periódico la columna donde continúa el texto y se deja en ese lugar.
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). «Egotistic»/«egotism» se traduce por «egoísta»/«egoísmo»; style of life, por «estilo de vida», como el Lebensstil alemán.