Un psicólogo declara que prohibir libros es una buena idea

El doctor Adler, de Viena, dice que Boston puede tener el plan acertado, aunque el motivo sea discutible.

Viena. Quizá Boston tenga razón.1 Quizá habría que prohibir libros, piensa el doctor Alfred Adler, el famoso psicólogo vienés.

El doctor Adler acaba de volver a su ciudad natal tras una temporada de gran éxito en la Universidad de Columbia. Por sus logros en la psicología, en su país y en el extranjero, el gobierno municipal de Viena acaba de nombrarle «ciudadano de honor».

Pero los libros y Boston preocupan al doctor Adler, aunque está a 4.000 millas del escenario de aquel conflicto y ocupado con sus clases en la Universidad de Viena y sus consultas privadas.

«Quizá me esté arrogando mucho al decirlo», dijo el doctor Adler, «pero como psicólogo creo en la prohibición de libros.

Prohibiría muchos libros

»Hay muchos libros que yo no permitiría leer a los niños. Hay otros muchos que no permitiría leer a los profanos. Solo una mente bien preparada puede apreciar ciertos libros.»

Como otros censores, el Herr Doktor cree que él mismo es inmune a los efectos de los libros que vedaría al público. Mientras John A. Sumner quiere que decidan la censura los perseguidores del vicio, y Reed Smoot los senadores de los Estados Unidos,2 el doctor Adler pondría la decisión en manos de los psicólogos.

«Yo, por ejemplo, puedo leer estos libros sin que me hagan daño», dijo. «Pero hay muchas mentes que no serían capaces de captar la verdad o la falsedad del contenido de ciertos libros. No todos estos libros son de ficción. Muchos son científicos.»

Abuelas que se convierten en lobos, perros con ojos tan grandes como platos, muchachos llamados Jack que matan gigantes, todo el tinglado de personajes extraños y espantosos de Grimm, Anderson3 y otros narradores de cuentos de hadas serían también despachados por el doctor Adler.

«Los cuentos de hadas son malos para los niños. Muy malos. Algunos niños bien preparados podrían sobrevivir a ellos, pero en el niño medio crean una multitud de imágenes falsas. Esas imágenes falsas llevan a neurosis, a complejos, a inhibiciones.

»Los libros para niños deberían vigilarse cuidadosamente. Solo habría que dar al niño los que hayan sido aprobados cuidadosamente por psicólogos.»

El doctor Adler idearía algún método para contrastar los libros.

«Quizá podría organizarse un sistema por el que a un libro se le pusiera el sello "Para ser leído solo por el psicólogo". O quizá en otros libros solo habría que sellar unas cuantas páginas.

El doctor Adler bajó la mano con fuerza en ademán de estampar un sello de goma.

«¿Entonces Boston tiene razón?»

«Sí, puede que Boston tenga razón. Tengo entendido que es una ciudad muy puritana, pero al prohibir libros quizá esté haciendo algo mejor que abrirlos a toda clase de mentes. Ahora bien, el psicólogo podría leer esos libros y no le harían daño. Pero hay muchas, muchísimas mentes que no podrían hacerlo.»


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir de la imagen de la página en fultonhistory.com: «Psychologist Declares Book Ban Good Idea», Rochester Times-Union, 21 de agosto de 1930, p. 12; despacho sin firma fechado en Viena.

Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Se respetan las comillas de cierre que faltan en el original.

  1. Entre 1927 y 1930 las autoridades de Boston, a instancias de la Watch and Ward Society, prohibieron la venta de decenas de libros (entre ellos obras de Dreiser, Sinclair Lewis, Hemingway o Upton Sinclair); de ahí la expresión «Banned in Boston». (N. del T.) ↩

  2. John S. Sumner (el periódico imprime «John A.»), secretario de la New York Society for the Suppression of Vice; el senador Reed Smoot, de Utah, encabezó en 1929-1930 la campaña para que la ley arancelaria permitiera a las aduanas confiscar libros «obscenos» importados. (N. del T.) ↩

  3. Así en el original, por Andersen. (N. del T.) ↩