La educación como remedio.

El psiquiatra vienés Dr. Adler habla de sus experiencias en Estados Unidos.

Información propia del Neues Wiener Journal.

El conocido psiquiatra vienés y fundador de la psicología individual Dr. Alfred Adler, que también este año ha pasado varios meses en Nueva York para dirigir allí una clínica creada expresamente para él, se encuentra de nuevo en Viena desde hace unos días. Como es sabido, los métodos del Dr. Adler han echado hondas raíces desde hace años en los círculos psiquiátricos norteamericanos. La clínica, creada principalmente con fines de pedagogía terapéutica para niños, se financia exclusivamente con organizaciones privadas y, durante la ausencia del Dr. Adler de Nueva York, la dirigirá uno de sus discípulos.

El Dr. Adler hizo ayer a uno de nuestros colaboradores interesantes declaraciones sobre su actividad en Estados Unidos durante los últimos cuatro meses: «Que la psicología individual haya podido ganar en Estados Unidos un círculo tan numeroso de seguidores se debe sin duda, en primer lugar, a que al otro lado del charco existe un interés enorme por todos los métodos capaces de ayudar al mundo a ponerse en pie por medio de la psicología. En Estados Unidos se quiere corregir con procedimientos racionales todo lo que está mal en el alma humana. Ya sea la locura, el alcoholismo, el desbarajuste matrimonial o la inclinación al delito, todo eso se quiere encauzar por la senda de lo normal mediante la influencia educativa. Filosofía, psicología o psiquiatría: para el norteamericano solo cuenta el fin, y en este caso el fin consiste para él en la curación del género humano. La rama de la pedagogía terapéutica fundada por mí se emplea en Nueva York al servicio de la rehabilitación de esos niños anímicamente degenerados a quienes una educación equivocada ha llevado a un estado anímico que, para el ojo del profano, y a veces incluso para la mirada del médico, apenas se distingue de una grave enfermedad del sistema nervioso.

»Durante la actividad que acabo de terminar en Nueva York he tratado veinticuatro casos escolares. Entre los jóvenes cuya corrección anímica había que emprender había toda clase de extraviados anímicos: ladrones, fugitivos y todos los demás defectos mentales que pueda haber en los adolescentes. El caso más interesante fue quizá el siguiente: se nos presentó a un muchacho de dieciséis años que parecía incapaz de cualquier trabajo. No podía sostener un vaso en la mano; más bien lo dejaba caer en cuanto se lo daban. Además era completamente incapaz de escribir a mano. Los intentos de animarle a redactar un manuscrito con tinta o lápiz terminaban en un garabato totalmente ilegible. Al principio no me pareció posible eliminar por la vía de la psicología individual las inhibiciones existentes. Yo mismo deduje desde el principio una grave enfermedad

nerviosa y tenía pocas esperanzas de poder con el caso a mi manera.

»Pronto, sin embargo, reconocí que se trataba de las consecuencias de una educación equivocada. Una hipersensibilidad del muchacho, quizá existente por naturaleza, había sido exacerbada por la educación en la casa paterna y en la escuela hasta producir aquellos fenómenos que, vistos desde fuera, daban un cuadro patológico perfecto. En un tiempo relativamente breve se logró desentrañar los factores anímicos que actuaban conjuntamente en el muchacho y hacerle ver su capacidad de rendimiento corporal. No resultaba en absoluto incomprensible que no pudiera escribir, ya que su maestro lo exponía sin cesar a las burlas de sus compañeros, de modo que se le fijó la idea de que la causa de su incapacidad para escribir había que buscarla en su constitución corporal. De este modo se disculpaba ante sí mismo su mala letra.

»Cuando llegué al punto de poder someter al muchacho a mi influencia directa, emprendí el primer intento. Le di un vaso de agua con la orden de dejarlo caer inmediatamente. El efecto fue que lo mantuvo firmemente en la mano. Había despertado en él la voluntad de dominar con naturalidad su fuerza corporal. Poco después salieron bien también los primeros intentos de escritura. Cuando me marché, la letra del muchacho se había vuelto perfectamente legible y aprovechable».


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre las imágenes de las páginas en ANNO (Österreichische Nationalbibliothek, ANNO_nwj19290613, Bild 6 y 7): «Erziehung als Heilmittel. Der Wiener Psychiater Dr. Adler über seine Erlebnisse in Amerika. Originalbericht des "Neuen Wiener Journals"», Neues Wiener Journal, n.º 12.772, 13 de junio de 1929, págs. 6-7. Periodista sin firma.

Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026), con titular y subtítulo del original. Heilpädagogik se traduce «pedagogía terapéutica»; Durchbrenner, «fugitivos» (niños que se escapan de casa o de la escuela); seelisch entartet, «anímicamente degenerados», respetando el léxico de la época.