Según el Dr. Alfred Adler, psicólogo vienés, muchos de nuestros problemas más graves en América proceden de nuestra feroz lucha por la superioridad.
«El espíritu de competencia aparece en todos los aspectos de la vida americana», dice. «Sus jóvenes, hombres y mujeres, se esfuerzan por ser dioses y diosas. Cuando no alcanzan su ideal, se derrumban; de ahí el suicida, el criminal, el neurótico.
»Todo el mundo tiene que tener un récord. Un edificio de cincuenta pisos es un récord. Casarse con tres mujeres es un récord. Bailar hasta las 6 de la mañana es un récord. El americano quiere ser un conquistador en todo lo que hace».
En Viena, explica, es muy distinto. Allí, «si un hombre es competitivo, si se esfuerza por ser un dirigente, lo oculta como una vergüenza. Si un estudiante ambiciona ser el primero de la clase, se ríen de él. Al fútbol y a los demás juegos se juega y se asiste por recreo, o porque no hay otra cosa que hacer, no por los campeonatos.
»En Europa, un hombre bueno que no alcanza el éxito sigue siendo respetado y querido por sus semejantes».
Es evidente que hay aquí un gran abismo entre el Viejo Mundo y el Nuevo. ¿Cuál es mejor? «El nuestro», contestará sin vacilar la mayoría de nosotros. Pero pagamos caro toda esta gloria competitiva. La vida es algo más que récords.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original): The Napa Journal (Napa, California), domingo 6 de marzo de 1927, p. 2, suelto editorial sin firma, transcrito sobre la imagen de la página (California Digital Newspaper Collection, NJ19270306.1.2).
Traducción: traducción íntegra al español, hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Se conservan el titular y la división en párrafos. Las adiciones del traductor van entre corchetes.