ASPECTOS PSIQUIÁTRICOS DE LA DESORGANIZACIÓN INDIVIDUAL Y SOCIAL
ALFRED ADLER
RESUMEN
Toda desorganización personal es signo de falta de preparación en el sentimiento de comunidad. La psicología individual ha mostrado al individuo como un todo, que expresa su particular «estilo de vida» como una unidad relacionada con los problemas del trato social, la ocupación y el amor y el matrimonio. La vida humana se expresa en movimiento y dirección hacia una solución lograda de las confrontaciones exteriores e interiores. El «estilo de vida» de un individuo queda enteramente constituido en el niño a temprana edad. Los fracasados nunca se deterioran en su estilo; el grado de sentimiento de comunidad, la capacidad y la cooperación y la contribución nunca disminuyen. Hay dos maneras de reducir los fracasos entre los individuos: una es disminuir la carga y las confrontaciones que se imponen al individuo y a las masas; la otra, crear una nueva institución para aumentar el sentimiento de comunidad durante la infancia. Nuestro objetivo debería ser hacer de las escuelas el centro del progreso social.
Probablemente lo más sensato sea averiguar cuál es la visión o la filosofía de la vida de cada una de las distintas escuelas de pensamiento. Puede ser quizá la visión de un luchador, de un semejante amistoso, de un tipo «que obtiene» desengañado,1 de un sentimiento religioso hondo y fuerte, de una opinión moralista o de un juicio científico sobre la evolución ineludible de la humanidad.
La psicología individual prefiere este último punto de vista en sus apreciaciones críticas. Como conoce este hecho particular y sus tendencias exclusivas, la psicología individual está en condiciones de justificar todas sus conclusiones.
Si reducimos todos los fracasos a unas pocas clasificaciones conocidas, que lo son porque el sentido común ha simplificado la agrupación, podemos mencionar a los niños problemáticos, los neuróticos y psicóticos, los suicidas, los delincuentes, los perversos sexuales, los bebedores, los toxicómanos y las prostitutas. Los consideramos fracasados porque no responden a lo que esperan las personas con sentimiento de comunidad. Sus desviaciones aparecen cuando se enfrentan a un problema de la vida que exige para su solución más sentimiento de comunidad del que han adquirido. Sin preparación, creen o están seguros de que tienen el paso cerrado. Pero la vida, con su estructura inherente y vulnerable de afán por un logro satisfactorio, no permite detenerse. O prevalecen los resultados del choque, o cierto grado de actividad persistente da lugar a una solución antisocial.
Los recodos peligrosos en el camino de las personas cuyo sentimiento de comunidad se ha visto frustrado son los tres siguientes: el trato social, la ocupación y el amor y el matrimonio.
El modo de comportarse con los demás es el problema de los individuos que viven asociados con otros. Pese a las muchas variedades, la solución correcta depende de un grado suficiente de sentimiento de comunidad. Este grado de sentimiento de comunidad es la característica principal de cada persona y está implicado en todos sus actos.
Puesto que vivimos sobre una pobre corteza terrestre, la relación entre el hombre y el cosmos significa trabajo dentro de la división del trabajo. Desde el punto de vista de la salvación de la humanidad, significa cómo ser útil. Las desviaciones de las personas sin sentimiento de comunidad son la delincuencia, la pereza, la falta de preparación. Este problema, como el primero, puede volverse tan difícil que la persona media no podría soportarlo.
El problema del amor y el matrimonio solo pueden resolverlo correctamente dos personas sobre una base de igualdad, con una entrega mutua y una decisión definitiva. Si no están preparadas en sentimiento de comunidad, fracasan. Los fracasos consisten en una resistencia secreta o abierta, que convierte esta tarea para dos personas en un asunto de una. Las perversiones son signos de una persistencia continuada en la fase primaria de la función sexual; las deficiencias son signos de una fase secundaria incompleta. Todo amor o matrimonio refleja el bienestar de la generación futura. Entre los fracasados siempre se echa en falta este interés.
TODA DESORGANIZACIÓN PERSONAL ES SIGNO DE FALTA DE PREPARACIÓN EN EL SENTIMIENTO DE COMUNIDAD
La psicología individual ha mostrado al individuo como un todo, que expresa su particular «estilo de vida» como una unidad relacionada con los problemas exteriores antes mencionados. Analizar esta unidad significa descomponer el todo en partes y dar a esas partes nombres hechos por el hombre. Esas partes se consideran como una definición de manual y se perciben desde el punto de vista particular del observador. Así ocurre con todos los contenidos interiores, como la percepción, la sensación, el sentimiento, la emoción, los instintos, las pulsiones, la conciencia y lo inconsciente, y los reflejos. Los mismos hechos discutibles pueden verse cuando se trata de las capacidades heredadas y de las influencias del ambiente. La estadística solo puede dar cierta probabilidad, sin tener en cuenta las múltiples variedades. El individuo concreto observado no puede juzgarse con la medida de la probabilidad. Las experiencias que declara el observado no se consideran en su ambigüedad, sino que se toman más bien en la interpretación del observador. Este hecho deplorable induce a error al individuo y al observador, que interpretan ambos en el lenguaje del sentido común, el cual no siempre está en la base de la importancia de las experiencias y de sus consecuencias. El estilo de vida parece ser el gran poder que hace las experiencias y sus consecuencias, dándoles su valor, y es sin duda más fundamental en la construcción de una personalidad que la herencia y el ambiente. Incluso en enfermedades como las psicosis y los trastornos endocrinos prevalece el «estilo de vida».
Todas las capacidades humanas son heredadas, y solo es una conjetura justificada insistir en que lo son en grados distintos. De esta afirmación hay que excluir a los débiles mentales, a las personas enfermas que tienen en alto grado deficientes los instrumentos del cerebro y de las glándulas endocrinas. Todas las posibilidades heredadas y todas las influencias del cuerpo, todas las influencias del ambiente, incluida la acción educativa, son percibidas, asimiladas, digeridas y respondidas por un ser que vive y se esfuerza, que se esfuerza por un logro satisfactorio según su propia visión. La subjetividad del individuo, su particular «estilo de vida» y su concepción de la vida moldean y dan forma a todas esas influencias. La vida individual reúne todas esas influencias y las usa como ladrillos que la incitan a construir una totalidad que se dirige a una meta de éxito al relacionarse con los problemas exteriores. Esta incitación, como también el sentido que el niño da a la vida y el que se da a sí mismo, son creaciones del niño, en su mayor parte olvidado, independientes de los hechos a la luz del sentido común e independientes de la interpretación del sentido común.
Estos ladrillos no pueden considerarse estáticos ni separarse de la vida. No existen como entidades, sino que la vida en sus distintas cualidades es vivida por el observador como si existieran esas distintas partes de la vida, a las que se convierte artificialmente en entidades dándoles nombres más o menos adecuados. Al analizarlas, por desgracia, se las percibe con un criterio de sentido común o, peor aún, desde el punto de vista parcial y prejuzgado del observador. Estos ladrillos, en la corriente de la vida, tienen sentido y dirección, pero estas cualidades solo se las da el «estilo de vida», que hay que encontrar como la unidad en movimiento. De otro modo, reducida a ladrillos sin cualidad, dirección ni meta definidas, la vida sería una tarea insoluble. Todos los científicos lo han sentido más o menos y han dado vida a estas nociones hechas por el hombre animándolas con su propio aliento, convirtiéndolas en yoes, demonios, inconsciente o incluso espíritus. Así parecen unas veces racionales y otras irracionales, pero muy rara vez partes completas del todo, formadas y moldeadas por él. Yo mismo, como inventor del «complejo de inferioridad», nunca lo he pensado como un espíritu, sabiendo que nunca ha estado en la conciencia ni en el inconsciente del paciente, sino solo en mi propia conciencia, y lo he usado más bien para aclarar las cosas, de modo que el paciente pudiera ver su actitud en la coherencia correcta.
No sé más que otros sobre la vida humana, pero puedo ver que se expresa en movimiento y dirección hacia una solución lograda de las confrontaciones exteriores e interiores. La dirección en el uso de todas las cualidades humanas se caracteriza por la meta, subjetivamente esperada, de un logro perfecto y por el grado de sentimiento de comunidad. Así como en física no podemos medir ningún movimiento sin relacionarlo con otro espacio, en la psicología individual ese otro espacio es la organización social de la humanidad y sus exigencias, que suponemos eternas. Distintos grados y variedades de actividad son también inherentes a la estructura de esta vida individual que se esfuerza.
El punto crucial es ahora que la dirección hacia un logro satisfactorio es creación del niño a temprana edad. Pasados los tres o cuatro años de edad de un niño, podemos averiguar cómo ha usado los ladrillos para crear su «estilo de vida»; y surge la pregunta: ¿cuál es la mejor dirección para un logro satisfactorio? ¿Qué es realmente el éxito? No podemos esperar que un niño de esa edad, en su relación con el estrecho círculo de su familia, responda de manera suficiente; o al menos no a menudo. Al examinar la dirección elegida por los individuos encontramos miles de respuestas distintas. Sea cual sea la dirección elegida, detrás de ella está la concepción de la vida y el estilo de vivir, la creación del niño olvidado, su creación independiente, olvidada mientras solo se consideren los ladrillos. Quien considera los contenidos interiores suficientemente válidos y aptos para comprender una personalidad pasa por alto las posibilidades casi ilimitadas de la fuerza creadora del niño y se inclina hacia pseudoproblemas, como la ambivalencia, la desintegración, etc.
Como señalé antes, todos los problemas de la vida tienen un fuerte valor social. El individuo tiene que estar preparado para una solución correcta, normal, valiosa y lograda. Eso significa que tiene que poseer un grado suficiente de sentimiento de comunidad. Por tanto, el ladrillo que llamamos «posibilidad heredada de sentimiento de comunidad» tiene que volverse vivo y activo. Un estado de ánimo y una actitud así le dan algo más que un sentimiento de interés por los demás:2 se comporta como parte del todo de la humanidad, se siente en casa en una concepción lo más cercana posible al mundo real, tiene valor y sentido común, que son funciones sociales, frustradas en todos los fracasados. Está dispuesto a aceptar las ventajas de nuestra vida social y es buen perdedor cuando se cruzan en su camino las desventajas. Es, y quiere ser, dueño de su destino con una consideración efectiva por el bienestar de los demás.
El «estilo de vida» de un individuo queda enteramente constituido en la primera infancia y no cambia mientras el individuo no comprenda las discrepancias inevitables respecto de las exigencias ineludibles de los problemas sociales. No dudo de que algunas personas, por la experiencia, acercan su estilo equivocado a una adaptación social, pero siempre solo si su sentido común (una función social) trabaja por mejorar. De lo contrario, los fracasados que observamos no han cambiado lo más mínimo.
Un hecho interesante que puede comprobarse es que los fracasados nunca se deterioran en su estilo, que el grado de sentimiento de comunidad y la capacidad de cooperación y de contribución nunca disminuyen. Sé que esta afirmación será acogida con gran asombro, pero si hemos comprendido que el «hecho exógeno» saca a la luz la falta constante de sentimiento de comunidad, y que en una situación favorable el individuo no se pone a prueba, vemos claramente que olvidamos continuamente al «fracasado potencial», que siempre corre peligro, en una situación que lo confronta, de convertirse en un fracasado consumado.
Hay dos maneras de reducir los fracasos entre los individuos a lo largo de su vida. La primera es más evidente y parece más adecuada al estado de ánimo de nuestra generación. Consiste en disminuir la carga y las confrontaciones que se imponen al individuo y a las masas. Esto parece mucho más convincente, porque la vida complicada y sobrecargada de nuestro tiempo ataca de inmediato y se siente, con razón, a menudo demasiado dura e injusta. El paro, la amenaza de guerra, la inseguridad de la vejez, del futuro de los hijos, etc., producen continuamente problemas de progreso o de regresión según los deseos y esperanzas de alivio en la mente del individuo y de las masas. Una presión social demasiado grande en las relaciones sociales, la ocupación o los problemas amorosos será combatida siempre por el individuo y por las masas como una epidemia y como las serpientes de cascabel. Pero al grado de presión que se siente y se resiste se contrapone el grado de disposición y de preparación para hacer frente a las dificultades. Cuanto más socialmente adaptado está el individuo, y por tanto más provisto de valor, mayores son sus esfuerzos por cooperar y contribuir al bien de la comunidad, desarrollándose para dar lo mejor de sí. El mérito y el valor de un movimiento de masas se determinan también por la preparación social de la gente, y solo pueden medirse por su contribución al bienestar de la humanidad. Si la vida y la evolución de la humanidad significan realmente, en su resultado final, cooperación y contribución, entonces, con el paso del tiempo, todos los esfuerzos personales y todos los movimientos de masas están condenados si no se dirigen al bienestar de la humanidad.
No cabe duda de que a la generación actual le falta el grado adecuado de sentimiento de comunidad, lo cual constituye también una falta de valor y de sentido común. Los fracasos en la solución de problemas, que son invariablemente problemas sociales, se producen unas veces en un afán activo e insocial y otras en una retirada más pasiva e insocial, y se llaman fracasos porque sobrepasan los límites de tolerancia del sentimiento de comunidad de la colectividad. El individuo o el grupo mejor adaptado socialmente está en desventaja en la lucha. Su sentimiento de estar en lo cierto le deja dormir tranquilo. El individuo o el grupo insocial o antisocial está siempre más inquieto y alerta para planear ataques. La gente perezosa, lenta y vacilante, que solo desea vivir como un gusano en una manzana, es presa fácil del grupo antisocial más activo. El progreso ineludible de la humanidad restablece finalmente la conquista del sentimiento de comunidad, pero a veces al cabo de mucho tiempo en comparación con la duración de la vida de un individuo. Los individuos y grupos con sentimiento de comunidad deberían ser conscientes de este peligro continuo para la humanidad y para la democracia.
La segunda manera de reducir los fracasos no resta importancia a la necesidad urgente de aliviar toda clase de cargas innecesariamente aumentadas, pero se ocupa especialmente de dos cuestiones: ¿quién es capaz de encontrar para sí y para otros la dirección correcta hacia el bienestar de la familia humana, si no el individuo socialmente adaptado? Y ¿qué dirección se elegiría en un movimiento de masas si el poder que hay detrás no condujera hacia la evolución de la humanidad?
La segunda manera apunta a una nueva institución en la historia de la humanidad, que sería una institución para aumentar el sentimiento de comunidad durante la infancia. Como he explicado, el grado de sentimiento de comunidad se detiene después de los tres o cuatro años de edad y persiste en la misma cantidad y calidad durante toda la vida, mientras el individuo no comprenda el error de su concepción de la vida. Todos los esfuerzos hechos hasta ahora parecen insuficientes. La atención médica, la aplicación de la ley, la educación e incluso la enseñanza religiosa no han producido los resultados deseados. La razón de este fracaso reside en los errores de concepción fijados en los individuos desde la infancia, errores que no detectan ni los propios individuos, ni sus educadores, ni sus semejantes. El tratamiento o la cura llegan después de los resultados consumados de los fracasos y se aplican individualmente. Como he intentado demostrar de manera científica, todos los fracasos de individuos y de masas y todos sus logros fallidos son siempre fracasos por falta de sentimiento de comunidad, y su mejora solo puede llegar cuando aumenta su sentimiento de comunidad, afirmación que concuerda con las conclusiones de todos los psicólogos, psiquiatras y sociólogos con sentimiento de comunidad.
Pero los mejores resultados de los trabajos científicos son inútiles mientras no se ponen en práctica, mientras no se ha encontrado un método para aplicarlos. Este método, para nuestras ideas, es un instituto para el fomento del sentimiento de comunidad. Por supuesto, lo primero que pensaría la gente que esté de acuerdo con ello sería instruir a los padres. Ese sería un camino demasiado largo y requeriría muchos más expertos de los que podríamos encontrar. Pero en los jardines de infancia y en todas las demás escuelas podríamos capacitar a los niños para un mayor sentimiento de comunidad si se ve que les falta. Esta labor no podría llevarse a cabo sin la ayuda de maestros formados en estos esfuerzos e instruidos por expertos bien seleccionados. Todas las escuelas se convertirían entonces en el centro del progreso social de la generación siguiente, que no solo estaría capacitada para llevar una vida más adaptada socialmente, sino que podría hacer frente a los problemas que la confronten mejor que nosotros. Y, buscando un camino de progreso, encontraría siempre una dirección hacia el bienestar de la humanidad.
Está enteramente justificado plantear la pregunta de qué podría hacerse ahora por la generación actual en relación con el plan arriba esbozado. Si consideramos el enorme ejército de maestros que estarían capacitados para la educación del sentimiento de comunidad, su inevitable influencia sobre los padres y las familias de los niños, la difusión de ese espíritu nuevo en todas las demás instituciones y organismos de asistencia, en todos los movimientos religiosos y políticos, no podemos dudar de que también nuestra época se beneficiaría enormemente.
Conozco todas las objeciones que pueden plantearse. Las he examinado a fondo y he encontrado que son fáciles de superar. Creo que es esencial hacer un esfuerzo concentrado de este tipo si la humanidad ha de alcanzar un estadio mejor. La mejor solución que he podido encontrar para disminuir los males innecesarios de los individuos y de la humanidad sería ese instituto, con su objetivo de hacer de las escuelas el centro del progreso social.
LONG ISLAND COLLEGE OF MEDICINE
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre el facsímil de The American Journal of Sociology, vol. XLII, n.º 6 (mayo de 1937), pp. 773-780 (Chicago, University of Chicago Press), digitalizado en Internet Archive.
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Se conservan las divisiones y la paginación del original; el resumen va en cursiva, como en cuerpo menor en el original. Social interest se traduce siempre «sentimiento de comunidad» y socially interested, «con sentimiento de comunidad»; failures, «fracasados» o «fracasos»; confrontations, «confrontaciones»; bricks, «ladrillos»; common sense, «sentido común». Las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo.
Getting type: el tipo humano que espera recibirlo todo de los demás sin dar nada; Adler lo opone en sus escritos ingleses al que contribuye (giving). (N. del T.) ↩
En el original, more than a feeling of social interest. Como en todo el texto social interest se traduce «sentimiento de comunidad», aquí se parafrasea para evitar la redundancia. (N. del T.) ↩