LECCIONES DE amor
Lo que dice un científico famoso sobre los hombres polígamos, la mujer moderna y el matrimonio
En el futuro las mujeres no tendrán que casarse para obtener protección social o económica; los hombres que han madurado no son polígamos, aunque los que no entienden el amor, los que mentalmente siguen siendo niños, SÍ lo son, dice un famoso científico vienés, el Dr. Alfred Adler.
Su interesante receta para los males sociales del mundo, que incluye la propuesta de que las escuelas nos enseñen a amar, se ofrece en el siguiente artículo, obtenido por la representante de The Australian Women's Weekly en Londres.
Por el DR. ALFRED ADLER
LA DELINCUENCIA, los nervios, los suicidios, los matrimonios desdichados y otros trastornos sociales podrían barrerse en un par de generaciones si se atacaran en las aulas del mundo, donde las malas tendencias se desarrollan casi sin freno.
El mundo nunca ha hecho ningún esfuerzo por curar la delincuencia. La sociedad castiga el delito, pero eso no es una cura.
Si todos los maestros fueran psicólogos formados —un sueño mío que algún día se hará realidad—, el niño descarriado, difícil y socialmente hostil nunca llegaría a ser el delincuente de mañana.
Los matrimonios desdichados son obra de nuestro peculiar sistema social. Si todo hombre y toda muchacha que se aman pudieran casarse, si el dinero no interviniera, si no intervinieran las relaciones sociales y si se pudiera convencer a los parientes de que se ocuparan de sus asuntos, habría muchos menos matrimonios desdichados.
La elección de la mujer
LAS mujeres del futuro no tendrán que casarse para tener un hogar o protección, y eso eliminará una causa fecunda de desdicha.
A las muchachas del futuro no se las considerará fracasadas si no se hacen con un marido, porque tendrán tal formación psicológica que atraerán al hombre y, aun así, serán capaces de decidir si se casan o no: otro motivo de desdicha que desaparece.
Los hombres que han madurado no son polígamos. Solo son polígamos los que no entienden el amor, los que mentalmente siguen siendo niños. No están preparados para el matrimonio, y de ese solo hecho nace el instinto de la promiscuidad, que en realidad es una rebelión contra el matrimonio.
La persona educada para amar, la persona que comprende que también en el amor tiene que haber un dar y un recibir, nunca podría ser polígama.
Vamos mejorando
AUNQUE la herencia tiene una influencia enorme en nuestros atributos físicos, apenas la tiene en nuestra constitución mental. Nuestros actos más bondadosos son a menudo fruto de la vanidad, la ambición o el miedo.
La herencia es algo extraño. Somos producto de nuestros antepasados y, salvo en ciertas materias como la guerra, la economía y la psicología, pensamos en gran medida como ellos pensaban.
Somos mejores que ellos. El mundo es un lugar mejor que antes, y sé que no deja de mejorar, porque lo malo va desapareciendo poco a poco. Solo queda lo bueno y lo grande.
Las personas que no han dado nada a la sociedad desaparecen. La arquitectura, el arte, la literatura, la música perduran para siempre, pero la persona corriente que no fue muy buena ni muy inteligente, o que no tuvo hijos buenos o inteligentes, está muerta: olvidada.
Lo curioso es que nunca se ha sabido de asesinos que hayan engendrado asesinos, y los borrachos rara vez engendran borrachos, porque sus hijos se educan de tal modo que se extirpan precisamente esos rasgos.
Se ve, pues, qué fácil le resulta al psicólogo advertir y extirpar ciertos rasgos en niños más afortunados.
Con todo, muchos psicólogos escarban demasiado en los motivos humanos. Lo que importa es la reacción, no tanto el motivo que hay detrás.
Rara vez está bien despojar a la gente de sus ilusiones. Todos tenemos nuestros sueños, y nos hacen bien, siempre que no lleguen a dominarnos.
La educación en la infancia
ES fácil distinguir al niño con tendencias delictivas. Siempre es el niño que agarra. Es del tipo que «obtiene», y cuando es mayor y no puede obtener, toma. Por lo general rebosa vitalidad para sus propios proyectos y es perezoso y desganado para los de los demás. Quiere dirigir, mandar, y siempre tiene agravios imaginarios.
El psicólogo formado puede enderezarlo mientras es todavía niño, pero cuando la adolescencia ha pasado, es casi demasiado tarde.
El niño que se convertirá en neurótico es también un tipo muy definido. Es egocéntrico, tímido, quiere estar todo el tiempo en casa con la madre o la hermana, anhela estar solo, imaginarse el héroe de todos los cuentos que lee, y nunca tiene la voluntad de enfrentarse al mundo tal como es.
Yo estudio las reacciones prácticas de una persona ante el mundo cotidiano, en lugar de ocuparme de sus recuerdos e inhibiciones subconscientes.
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LA mayor ayuda para tratar con niños descarriados es una madre comprensiva.
Por eso los hijos de los pobres son a menudo mucho más difíciles de tratar que los hijos de los ricos, porque, al contrario de lo que se suele creer, los primeros son mucho más consentidos y mimados que los segundos.
Observe a una madre pobre con su bebé. Llora por algo. Ella se lo da, le convenga o no. Juega con él cuando él quiere jugar. No se le enseña a dar, sino a tomar.
Al niño rico solo se le permite lo que le conviene. Solo se le alimenta a las horas de comer, y aprende a plegarse a la sociedad ya desde bebé.
Los sueños de los niños
LO que más trato de influir es la vida de ensueño de los niños, porque es en sus pensamientos donde los niños se desarrollan sobre todo. En todo lo que digo hablo solo de niños sanos y que no tienen deficiencia mental.
Para el mentalmente normal nada es imposible. Las personas se ponen sus propios límites. Uno dirá: «No sé cantar», pero toda persona que sabe hablar sabe también cantar, porque hablar es la más complicada de todas las actividades humanas y debería ser también la más musical.
Uno de los males del mundo de hoy es que no hay suficiente concentración.
Si los maestros, en lugar de decir a los niños que no pueden hacer esto o aquello, se limitaran a enseñarles a concentrarse, no tendrían fracasos ni en los exámenes ni en la vida.
Los fracasados en la vida son los que se sienten vencidos, los que sienten que no pueden llevar a cabo lo que deben. Nadie tiene por qué sentirse así. No debería haber límite para el poder del hombre.
Quien no progresa en su trabajo, quien no se encuentra bien y, sin embargo, no tiene nada orgánico, debería consultar a un psicólogo, igual que consultaría a un médico. En América esto se ha convertido en costumbre, y creo que, por algo, allí hay menos clavijas cuadradas en agujeros redondos1 que en casi ningún otro lugar del mundo.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir de las imágenes de las páginas en Trove (National Library of Australia, nla.news-article47476404): The Australian Women's Weekly, Sídney, 17 de octubre de 1936, pp. 3 y 26.
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026), con el titular, la entradilla de la redacción, los ladillos y el pie de la ilustración tal como se imprimieron.
Square pegs in round holes: expresión inglesa para las personas que ocupan un puesto para el que no son aptas. (N. del T.) ↩