¿Qué es la psicología individual?

Fracasos en el amor.

Por el Dr. Alfred Adler.

(De una conversación.)

Hemos mostrado que el niño vive ya desde la edad más temprana su organismo y saca de esas vivencias ciertas conclusiones. Una inferioridad orgánica existente puede conducir fácilmente a un sentimiento de inferioridad. Pensemos, por ejemplo, en el gran número de niños zurdos. Cuando estos niños se ven en una situación para la que están mal preparados y para la que tampoco son orgánicamente aptos, aparecerán siempre como los insuficientes, los torpes, los inútiles y los inferiores con la mano derecha, y en consecuencia presentarán también cierto número de actos fallidos. Pero, como sabemos por experiencia, puede ocurrir que un niño, si se le aplica un método educativo más acertado, llegue a valer para la vida a pesar de esa insuficiencia aparente o real, e incluso alcance más tarde grandes logros. (¡Sobrecompensación!)

El mismo hecho pudimos verlo en los demás fenómenos de déficit de los órganos. Se mostró, en efecto, que en los llamados fenómenos de déficit de los órganos sexuales (manifestaciones patológicas debidas a la atrofia o a la perturbación de la actividad de un órgano) vuelven exactamente los mismos problemas y las mismas concepciones que aparecen en la concepción de los caracteres de las personas, a los que también se considera algo definitivo, dado, y casi siempre incluso algo condicionado por la naturaleza de su organismo.

Si ponemos a personas con una determinada deficiencia en una situación en la que esa deficiencia se hace sentir continuamente, es difícil lograr una compensación. Antes bien, debemos tratar de hacer justicia a esa persona. Es decir, debemos tratar de averiguar si acaso no se han formado, en el curso de un desarrollo en circunstancias desfavorables, las deficiencias que en condiciones más favorables son en gran parte remediables.

Ahora bien, los fenómenos externos que se nos presentan, por ejemplo, en los fracasos de la vida erótica son del todo comparables a aquellos fracasos que pudimos observar también en la educación y que encontramos en toda la psicología de las neurosis.

Permítaseme aquí un inciso que me parece muy esencial, porque toca una cuestión que hoy agita a toda la patología: que las condiciones externas de vida y la educación ejercen influencia sobre todos los órganos está fuera de duda. Pero es también más que probable que esa influencia se dé asimismo en el desarrollo de las glándulas de secreción interna. Así, es indudable que ciertos métodos educativos erróneos pueden afeminar al muchacho o poner a una muchacha en una actitud masculina.

Entrenamiento del alma.

Desde el punto de vista de la psicología individual, lo más importante, como en todas las demás funciones vitales, también para enderezar y sanar lo erótico funcional es el entrenamiento del alma (Seelentraining). No cabe, en efecto, ninguna duda de que todas las formas de expresión que podemos observar en una persona dependen de un estilo de vida que ella misma se ha elaborado. Este estilo de vida de una persona puede seguirse de un extremo a otro, y hacemos mal cuando, en las investigaciones psicológicas, entresacamos una forma de manifestación cualquiera, la desligamos del conjunto y la consideramos aisladamente. Permítaseme un ejemplo para hacer comprensible nuestra concepción. Un muchacho padece un defecto de carácter: roba, se escapa de casa. Según el método corriente, se supondrá que es un niño descarriado, al que hay que quitarle sus malas costumbres con bondad o con violencia. Pero cómo hacerlo con éxito, eso no se dice. Si, en cambio, una investigación psicosexual más exacta da por resultado que el muchacho tiene una enorme necesidad de ternura, que roba solo para hacer regalos a sus compañeros, ganárselos como amigos y comprar así su ternura, y que se escapó de la casa paterna solo porque se ocupaban demasiado poco de él, entonces se podrá decir en general: este es, considerado por fuera, un ladrón y un vagabundo, pero en realidad es un niño fuertemente atado por su necesidad de ternura, que solo tiene una meta ante los ojos, a saber, encontrar calor en su entorno.

Así habrá que proceder también en todas las perturbaciones funcionales de la esfera sexual. Todas estas perturbaciones, así como todas las formas de perversión, no expresan nunca sino lo que expresa la personalidad entera. Son formas de expresión reveladoras de un estilo de vida cerrado en sí mismo, que no sirve para la sexualidad. Y es interesante que este se componga también una peculiar lógica neurótica para aferrarse a la anomalía. No solo padece una perturbación de la función sexual, sino que dispone además de una infinidad de razones en contra de la norma.

Un hijito modelo.

Hasta dónde pueden remontarse las relaciones con la anomalía lo probará el hecho siguiente: un homosexual había sido un niño muy enclenque, nacido tardíamente, hijo de una madre extraordinariamente necesitada de amor, que había atraído al niño por completo hacia sí. Lo ocupaba en su trabajo, es decir, en labores de mujer, y educaba al muchacho como de ordinario solo se educa a las niñas. Así creció como una planta de interior, tenía un aspecto bastante femenino, y así ocurrió que, en la época de la infancia, otros muchachos más masculinos que él lo buscaban de buen grado y lo acariciaban, pues en la infancia se tiende a menudo con más facilidad a direcciones perversas que a lo normal. Y cuando, por si fuera poco, actuó en una obra de teatro disfrazado de niña, se ganó las simpatías de todos los niños.

El problema del desarrollo sexual no me parece en absoluto tan sencillo como nos enseña el psicoanálisis. Pues cualquiera que fuese el desarrollo normal y natural que tuviera lugar, no puede tenerlo si las circunstancias externas imponen un desarrollo forzado. Y es muy instructivo ver que en la infancia nada se considera y se castiga como una falta tan grave como el desarrollo hacia lo normal.1 Mientras los niños se ocupan sexualmente de alguna manera infantil antinatural, no es que uno se alegre mucho de ello, también hay castigos, pero en conjunto se tolera mal que bien. Pero el espanto rebasa todos los grados en cuanto un niño se ejercita de manera normal. Así pues, no podemos considerar lo que percibimos en la vida infantil como algo no influido por las circunstancias externas. No podemos saber en absoluto qué desarrollo seguiría la sexualidad si no tuviéramos que levantar barreras.

En este contexto quisiera señalar aún otra cosa, que se refiere a la dificultad del tratamiento de las perversiones. También esto pertenece al terreno del entrenamiento. No hay duda de que la persona normal se entrena casi sin cesar en dirección a la meta erótica que tiene ante sí: en la calle, en la conversación con otros de su mismo sexo, mediante comparaciones continuas. Existe, pues, un entrenamiento incesante para el papel sexual y para el ideal erótico. Por eso, aun cuando se hayan descubierto los errores del desarrollo equivocado de una persona, uno se encuentra todavía ante nuevas dificultades. Es más o menos como cuando a un zurdo que no sabía nada de ello se le hace sentir esa deficiencia. Con eso no se consigue que valga lo mismo que los demás. La dificultad es esta: ¿cómo se le enseña un entrenamiento sano? También aquí se muestra algo parecido a lo que ocurre en la educación, donde se habla de falta de talento allí donde solo falta el método acertado.


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre las imágenes de las páginas en ANNO (Österreichische Nationalbibliothek, ANNO_nfp19290818, Bild 22 y 23): «Was ist Individualpsychologie? Mißerfolge in der Liebe. Von Dr. Alfred Adler. (Aus einem Gespräch.)», Neue Freie Presse, Viena, n.º 23321, 18 de agosto de 1929, págs. 22-23. Es el cuarto y último artículo de la serie (I: 28-7-1929; II: 4-8-1929; III: 11-8-1929).

Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026), con el titular, el subtítulo, los ladillos y la división del original. Las cursivas reproducen el espaciado (Sperrdruck) del original. Organminderwertigkeit se traduce «inferioridad orgánica»; Ausfallerscheinungen, «fenómenos de déficit»; Seelentraining, «entrenamiento del alma»; Zärtlichkeitsbedürfnis, «necesidad de ternura».

  1. En el original, «nichts als ein ein so schweres Vergehen», con la palabra ein repetida por errata. (N. del T.) ↩