Veladas de seminario del «Colegio de Doctores en Medicina de Viena»1.
5 de mayo de 1924.
Patología sexual.
Ponentes: Alfred Adler, Oswald Schwarz.
¿Qué opina usted del tratamiento con yohimbina o con hormonas?
No cabe la menor duda de que la yohimbina y los preparados hormonales despliegan cierto efecto en los trastornos sexuales. Entra aquí en consideración sobre todo la impotencia. Basándome en mi propia experiencia, quisiera subrayar que con los pacientes así tratados exclusivamente por la psicoterapia estoy satisfecho de los resultados. Mediante la psicoterapia pura se consigue sin duda curar toda clase de trastornos sexuales. Pero como también con el tratamiento medicamentoso se obtienen resultados favorables, surge la pregunta de cómo entender esta aparente contradicción entre este último y una psicoterapia exclusiva. Como todos los trastornos sexuales son psicógenos, la psicoterapia representa, en consecuencia, el único método de tratamiento racional. Que también ayuden las intervenciones corporales se entiende por el hecho de que toda medicación va unida a un efecto sugestivo. Por eso, al estimar los éxitos terapéuticos, hay que tener en cuenta los factores mencionados. La yohimbina y otros preparados de efecto parecido, por ejemplo la muriacitina, actúan por hiperemia de los órganos sexuales. Todo trastorno sexual se basa en un trastorno de los procesos reflejos. Si una inhibición cerebral no es excesivamente fuerte, es posible que con los medios mencionados se superen inhibiciones leves. Todos estos medios actúan de modo parecido al onanismo. De ahí resulta que con la yohimbina puede obtenerse un efecto favorable allí donde se busca una excitación pasajera. También las hormonas, que despliegan un efecto erotizante, pueden emplearse con provecho en inhibiciones leves. Así como en la embriaguez alcohólica ligera el erotismo se exalta mucho, es plausible suponer que con los diversos preparados se rompen inhibiciones leves. No solo los casos leves, también los graves y gravísimos pueden reaccionar a veces. Pero hay que tener en cuenta lo siguiente. No todo caso que podría estimarse grave por su curso ha de considerarse grave. Ni la larga duración ni la resistencia a diversas intervenciones terapéuticas hacen de un caso un caso grave. Veo casos que habían sido tratados antes por urólogos y que fueron curados después mediante una terapia adecuada. Los pacientes que ponen en primer plano los trastornos sexuales no han de considerarse casos muy graves. Pero si un paciente así está perturbado en toda su actitud ante la vida y se comporta del mismo modo en la sexualidad, el caso es grave. Precisamente un caso así, por así decir ruidoso, ha de considerarse leve y curable con yohimbina, mientras que un paciente con trastornos aparentemente leves puede ser, teniendo en cuenta los factores antes mencionados, un caso grave2. En resumen, puede decirse que el médico puede probar los medios antes mencionados; en cuanto resulte que el paciente es un neurasténico, hay que recurrir a la psicoterapia. — A algunas preguntas dirigidas al ponente, este respondió del modo siguiente: En mi exposición sobre la impotencia me he limitado a la que se presenta en personas por lo demás sanas, y no he incluido en el marco de la discusión la impotencia que sobreviene a veces en un grupo de enfermedades orgánicas o de anomalías del metabolismo, por ejemplo la impotencia diabética. El priapismo se presenta, por ejemplo, en la esclerosis múltiple y en pequeños pólipos de la uretra posterior; estos procesos tienen que excluirse, naturalmente. Desde el punto de vista pronóstico, un trastorno sexual que se presenta periódicamente permitirá un pronóstico mejor. Es un factor favorable que en estas anomalías de la esfera sexual se trate de periodos breves. — Con el diagnóstico de impotencia senil tenemos que ser sumamente prudentes. A veces el instinto sexual retrocede ya entre los 40 y los 50 años. Tales casos han de tratarse psicoterapéuticamente. Hay que decir al paciente: «Podrá usted, si quiere.» — Si tras la aplicación de yohimbina se presenta alguna vez una ejaculatio praecox, habría que considerar si no se trata de una impotencia psíquica. Vemos a menudo que la forma del trastorno sexual cambia. En la impotencia psíquica se puede iniciar el tratamiento con uno orgánico, pero también un procedimiento combinado, como uno medicamentoso-psíquico o uno hidroterapéutico-psíquico, puede llevar a la meta. A veces iniciar una terapia orgánica en la impotencia puede ser perjudicial, al dirigir la atención del paciente hacia el factor sexual. Con ello se da la posibilidad de una agravación y de una perseveración. Si el médico domina la psicoterapia, este será sin duda rara vez el caso.
¿Cuáles son las causas de la llamada impotencia psíquica?
Si se ha de decir sobre tales cuestiones algo duradero y que resista la crítica, hay que estar seguro de lo que se dice. En la impotencia hemos de ver un síntoma psicógeno. La impotencia es una de esas formas de expresión que podemos calificar como propias de un hombre completamente desalentado. Así entendemos que en la melancolía la impotencia pase a primer plano. Si se fijan ustedes tan solo en la actitud exterior del impotente hacia el otro sexo, podrán comprobar que se establece una distancia entre el hombre y la mujer. El acercamiento al otro sexo puede lograrse cuando alguien, con una palabra, da ánimos al paciente con su ejemplo. Así se puede devolver el valor a estos pacientes al menos en un 50 %. Por eso el médico tiene que influir en la mayoría de los impotentes psíquicos mediante un aliento amistoso. En tales situaciones es como si se hubiera echado un cerrojo. El paciente querría avanzar, querría casarse. La impotencia es la expresión del «no» del paciente. Contra la influencia desfilará una infinidad de contrarrazones. El paciente siempre deshace sus razonamientos; hace un trabajo de Penélope. Al paciente le gustaría mucho, pero se ha impuesto una tarea mucho más importante: no poner nada en juego. Hay diversas relaciones de la vida en las que existe cierto riesgo. Si indagamos en el pasado del paciente, encontramos que ya en la casa paterna mantenía cierta distancia con su madre. Un hombre que ha tenido tales vivencias penosas respecto de su madre cae en una inseguridad entrenada desde la primera juventud. Todo su cuerpo dice: «Mantente a distancia.» Este hombre da, por así decir, un rodeo en torno a su libido; se masturba sin cesar. Este hombre se encuentra en un error. De ahí nace en la psicología individual la tarea de eliminar tales errores con palabras. Con este fin podemos mostrar al paciente su opinión equivocada. Con indicaciones oportunas dirigiremos su atención hacia su error y trataremos de corregirlo. Precisamente en la impotencia psíquica las cosas son extraordinariamente sencillas. En cuanto estos pacientes se interesan por los demás, reaccionan también al aliento. En los casos que acuden al médico basta cualquier método, cualquier medicamento. El síntoma de la impotencia psíquica es una forma de expresión del hombre desalentado. — Sobre algunas preguntas dirigidas al ponente, este se expresó del modo siguiente: Sucede a veces que una mujer se ríe de su marido durante el acto. Este hombre del que se han reído pierde su superioridad. Hay un gran número de mujeres que temen su inferioridad. En toda mujer existe el afán de ser equivalente al hombre. El sentimiento de inferioridad, de rebajamiento del ser humano, nunca es un punto de reposo; ahí comienza la fermentación, de ahí arranca la risa. Una mujer que se ríe de su marido no lo hará solo en la vida conyugal, sino que también se burlará de él en otras ocasiones. Ante los certificados que eventualmente se pidan al médico sobre una supuesta impotencia, este tiene que ser sumamente reservado, y yo aconsejo proceder con diplomacia. Que se intente lograr una reconciliación entre marido y mujer mediante una diplomacia benévola.
¿Es perjudicial el onanismo?
Esta cuestión es una de las más importantes de la patología sexual. Sin duda la mayoría de estas personas presenta trastornos somáticos de algún tipo. Determinar el daño causado por el onanismo es difícil. Lo que en uno cae todavía en el ámbito de lo normal es ya exceso en otro. En general, los trastornos somáticos en el onanismo resultan de que existe en él una tendencia al exceso. El onanismo es una forma anormal de la reacción sexual, por cuanto sigue el camino inverso al normal. Mientras que en condiciones normales la excitación erótica se recibe de fuera, el onanista tiene que excitar su propia fantasía. Es esta una dirección contra natura. Tales personas tienen síntomas somáticos no por el onanismo, sino junto al onanismo. Todas esas neurosis gástricas, cardiacas u otras son expresiones que el paciente no puede decir de otro modo. Estos síntomas son la expresión de un hombre que no está muy activamente ante la vida. El onanismo es una actividad sexual del solitario. Todos los trastornos que observamos en el onanismo (la palidez del rostro, la neurosis cardiaca, la pérdida de memoria, etc.) no son consecuencias del onanismo, sino que le están coordinados. Como es sabido que las opiniones de los legos sobre las consecuencias del onanismo son de lo más desfavorables, el onanista cae en el más grave apuro. Tarea del médico es ilustrar debidamente a estas personas, presas del error acerca del significado del onanismo. — A una pregunta sobre esto respondió el ponente: El onanismo es algo fisiológico. El medio desempeña un gran papel en que una persona llegue al onanismo. La seducción es a menudo decisiva. Puede decirse: onanista non nascitur sed fit3. En cuanto al pronóstico de si alguien seguirá siendo onanista, aparte del medio es decisivo que el paciente pase del autoerotismo al erotismo con la mujer.
¿Cómo se refrena el instinto sexual en la pubertad?
La respuesta a esta pregunta cae en el terreno de la concepción del mundo. El hedonista tendrá ante ella una actitud muy distinta de la de alguien que tiene ante sí valores morales y éticos superiores. Ya en la infancia se observa un instinto sexual a menudo difícil de domar. Si observan ustedes a tales niños en la pubertad, ven que están reñidos con su familia, como, en general, están dominados en toda la dirección de su pensamiento por el instinto sexual. Se trata de personas que se encuentran en un punto de vista equivocado. Con ello llegamos al terreno de la educación y de la concepción del mundo. Ya Pestalozzi se ocupó detenidamente de la educación de tales niños. El instinto sexual puede intensificarse, pero también amortiguarse. En cuanto se muestran en la infancia manifestaciones especialmente insistentes de él, lo más importante es ganar influencia sobre el niño. Solo cuando nace una relación amistosa entre el niño en cuestión y su educador puede esperarse que las razones de este caigan en terreno fértil. La cuestión sexual es una cuestión de concepción del mundo. Nosotros sostenemos el punto de vista de subordinar el instinto sexual a las exigencias de la cultura. Es seguro que un niño bien integrado en la familia nunca mostrará un instinto sexual insistente. Este puede a veces provocarse cuando los padres conceden a esta circunstancia una atención especial. Así, un instinto sexual desmedido solo surge cuando los niños notan que por la mañana y por la noche se vigila escrupulosamente que las manos no estén bajo la manta. Cuando se trata sobre todo de un muchacho, se piensa enseguida en dar el consejo de llevarlo a una prostituta. Esto es muy corriente y conduce a malos resultados. Las consecuencias pueden ser graves. Como se trata aquí de una cuestión de concepción del mundo, una banalización del instinto sexual puede ser muy perjudicial para el desarrollo de un joven. Como en estas personas se trata de fracasos de la educación, los errores educativos seguirán actuando mientras no se logre integrarlas en la familia o en un círculo de amigos. Una excitación sexual puede presentarse tanto en las muchachas como en los muchachos ante una dificultad que los agobia. Así se observa en escolares ante tareas difíciles. Se trata de niños que no se han adaptado bien a las exigencias de la vida. En tales casos se recomiendan por lo general ejercicios deportivos, con lo que la excitación sexual desaparece en parte.
K.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original): «Seminarabende des „Wiener medizinischen Doktorenkollegiums“. 5. Mai 1924. Sexualpathologie. Ref.: Alfred Adler, Oswald Schwarz», Medizinische Klinik 20 (1924), n.º 39, 2 de octubre de 1924, págs. 1378-1380, informe firmado «K.» (ANNO, Österreichische Nationalbibliothek). Los comentarios S. n del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.
Traducción: traducción íntegra al español, hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Se conservan la división en preguntas y respuestas, las cursivas (que reproducen el espaciado del original) y la paginación original. Trieb se traduce «instinto», según el uso de la época; Weltanschauung, «concepción del mundo». Las notas del traductor van señaladas como «N. del T.».
Wiener medizinisches Doktorenkollegium: corporación de los doctores en medicina de Viena, que organizaba cursos y veladas de formación para médicos. (N. del T.) ↩
El razonamiento parece contradictorio con la frase anterior; se traduce tal como está impreso (el informe es un resumen del secretario, no un texto revisado por los ponentes). (N. del T.) ↩
«El onanista no nace, se hace», sobre el modelo de poeta nascitur, non fit. (N. del T.) ↩