Ha muerto Leopold von Schrötter.
En la noche del martes al miércoles, a las dos y media de la madrugada, murió el consejero áulico profesor Schrötter, a consecuencia de una parálisis cardíaca repentina, a la edad de 71 años. Apenas se había apagado un alegre banquete en el que, con ocasión del congreso que se celebra estos días en Viena, se había reunido en casa de Schrötter una serie de los más conocidos representantes de la laringología; el último brindis, del profesor Heymann, el discípulo más antiguo de Schrötter, había sido todavía para el anciano maestro. Los invitados se retiraron y Schrötter se fue a la cama. Poco después su hijo oyó un estertor sospechoso y encontró a su padre agonizando. La ayuda médica, que llegó pronto, fue inútil; tranquilamente y sin sufrimiento falleció el sabio, que antes no había notado en sí nada de enfermedad.
Con él desaparece un venerable fragmento de la escuela médica de Viena. Aunque era un epígono, vivía todavía en él la tradición de Rokitansky y de su maestro Skoda, y se mostró lo bastante fuerte para llevar a término una nueva ampliación de la ciencia médica: la clínica de las enfermedades de la laringe. Aquí Schrötter había actuado como creador, y la técnica, el diagnóstico y la terapéutica, en parte los había creado de nuevo, en parte los había impulsado de modo eminente. Le ayudaron mucho su inteligencia despierta, su perspicacia y su ingenio natural; una inclinación artística a vencer las dificultades técnicas guiaba su ojo y su mano, y así sus métodos e instrumentos se difundieron pronto por todo el mundo y se convirtieron en patrimonio común de la laringología. La misma inclinación a la técnica exacta le mantuvo fiel a las tesis de Skoda sobre la percusión y la auscultación, de modo que en los últimos decenios casi solo en el aula de Schrötter se podían oír demostraciones detalladas de los métodos de exploración de Skoda y su comentario. Así ocurrió que Schrötter se mantuvo con gran tenacidad en aquel terreno de las enfermedades internas al que ya Skoda se había dedicado con enorme éxito: la investigación y el diagnóstico de las enfermedades del aparato respiratorio y circulatorio.
Con ello tenía que tropezar por necesidad natural con el enorme material clínico que parecía cerrarse con fuerza inquietante al arte médico: la tuberculosis pulmonar. El conocimiento del proceso morboso, que debemos en primer lugar a Rokitansky y a Virchow, y el descubrimiento por Koch del agente patógeno, el bacilo tuberculoso, parecían no haber tenido influencia alguna en los esfuerzos curativos. La frecuencia de esta enfermedad en Viena —ya se había arraigado el nombre de morbus Viennensis— tenía que empujar a este hombre, de inteligencia reflexiva e investigadora, a buscar nuevas salidas. Así llegó, después de que los intentos del médico Brehmer de combatir la tuberculosis con aire, luz y alimentación abundante parecieran prometedores, a trazar el plan de un movimiento de sanatorios a gran escala, cuyo primer fruto fue el sanatorio de Alland. Con más fuerza que en Austria se extendió esta idea en otros países, y Alemania, por ejemplo, debe a la iniciativa de Schrötter, aunque también al poderoso impulso del seguro de vejez e invalidez, su floreciente red de sanatorios. Con la misma determinación señaló Schrötter el valor del tratamiento climático y con su propaganda dio a algunos balnearios un prestigio considerable. El Semmering, Abbazia y, últimamente, la isla de Arbe gozaron de su especial protección. Eran progresos, aunque no una victoria, y en los últimos años, en congresos y en algunas publicaciones, la escuela de Schrötter dio un paso decisivo adelante al señalar con mayor insistencia el factor de la predisposición. Desde este punto lleva un camino visible a la consideración del estado de salud de los padres, cuya alteración trae consigo el deterioro del germen. Con ello también el factor social podrá hacerse valer plenamente en la cuestión de la tuberculosis.
Pero Schrötter siguió siempre fiel al cultivo de la laringología. En la clínica de Skoda encontró tiempo y ocasión para familiarizarse con los trabajos preliminares del laringólogo Türk.1 Y cuando más tarde se hizo cargo de la cátedra de laringología, emprendió con celo y éxito el desarrollo científico de su disciplina. Demostró su capacidad técnica ideando medios y procedimientos para localizar con el espejo laríngeo los cuerpos extraños introducidos en las vías respiratorias y extraerlos con instrumentos adecuados. Su «colección de cuerpos extraños», que actualmente se exhibe en el congreso de laringólogos, es una de las más importantes del mundo. Los métodos para observar los movimientos del interior de la laringe hasta muy abajo, hasta la bifurcación de la tráquea, y para ver la pared posterior de la laringe —perfeccionados por Kilian—, fueron ideados por él. A ello se sumaron observaciones sobre los tumores internos de la laringe e intentos de extirparlos por vía natural, desde la boca. Schrötter fue el primero en realizar tales operaciones. En el terreno literario brilló con la publicación de sus «Informes de la clínica laringológica» (Berichte aus der laryngologischen Klinik) y de las «Lecciones sobre las enfermedades de la laringe y de la tráquea» (Vorlesungen über die Krankheiten des Kehlkopfes und der Luftröhre). En 1887 examinó como consultor al príncipe heredero alemán Federico, le diagnosticó un cáncer de laringe y aconsejó la operación radical.
Sus principales aportaciones literarias en el campo de la medicina interna son el antiguo tratado sobre las «enfermedades del corazón» y el más reciente sobre las «enfermedades de los vasos» en el manual de Nothnagel, que, como todos los escritos de Schrötter, se distinguen por la claridad, la síntesis diligente y el rigor lógico.
Había nacido en 1837 en Graz, hijo del químico Anton Ritter von Schrötter; obtuvo el doctorado en 1861, fue alumno de Schuh, más tarde asistente de Skoda, y obtuvo la habilitación en 1869. A la muerte de Türk se hizo cargo de la primera cátedra de laringología; a la muerte de Oppolzer dirigió provisionalmente su clínica, y en 1875 fue nombrado profesor extraordinario de enfermedades de la garganta y del pecho. Durante algunos años dirigió el servicio de enfermedades internas del Hospital Rodolfo (Rudolfsspital); en 1881 fue nombrado jefe de servicio (Primarius) en el Hospital General y en 1890 recibió la dirección de la tercera clínica médica. Este año debía tener lugar su jubilación. Como a menudo puede observarse, también en él la despedida de la profesión y la de la vida coincidieron de cerca.
Dr. A. A—r.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir de la imagen de página de ANNO (Österreichische Nationalbibliothek, aze/19080423/6): Arbeiter-Zeitung (Viena), n.º 112, 23 de abril de 1908, pág. 6, firmado «Dr. A. A—r.». La firma, que el OCR leía mal, se ha verificado en la imagen; la atribución a Adler se basa en ella y en el barrido de prensa de 2026.
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Se conservan las cursivas (que reproducen el espaciado del original). Las adiciones del traductor van entre corchetes.
Así escribe el original los nombres de Ludwig Türck (1810-1868) y, más abajo, de Gustav Killian (1860-1921); se respeta su grafía. (N. del T.) ↩