La situación económica de las obreras suizas en la posguerra.
Por V. Adler.
** En ningún otro país de Europa se ha consumado la decadencia económica de la posguerra tan rápidamente como en Suiza. Suiza, que durante la guerra era todavía la tierra soñada de todos los que se lucraban con la guerra y de los «cansados de la guerra» capitalistas, muestra ya hoy claras huellas de la decadencia general y de la pobreza. La alta cotización del franco suizo, que imposibilita la exportación a casi todos los países europeos y reduce así las posibilidades de ganancia de los productores de artículos de exportación, los lleva a continuos ataques contra la clase obrera, para resarcirse a costa de ella. La lucha contra la jornada de ocho horas, las rebajas de salario pese a la subida de los precios de los alimentos, los cierres patronales, el traslado de grandes ramas de la industria a países de salarios más bajos y un paro siempre creciente imprimen su sello a la vida económica de Suiza.
También las mujeres proletarias se ven duramente afectadas por estas circunstancias. El trabajo femenino ya desempeñaba antes un gran papel en la vida económica de Suiza. Más de una cuarta parte de toda la población femenina ejercía una profesión. La necesidad durante la guerra empujó a un gran número de mujeres proletarias al engranaje capitalista. Por desgracia, el último censo profesional data de 1910, de modo que, para conocer la evolución durante la guerra y después de ella, tenemos que atenernos a la estadística sindical, que solo abarca una parte de las mujeres trabajadoras, pero que da, a pesar de todo, una imagen aproximada de la evolución que se ha producido.
El número de afiliadas a los sindicatos subió de 5772 en 1908 a 26 647 en 1918 y 43 906 en 1919. El número de mujeres organizadas en los sindicatos se quintuplicó en el período 1913-1919, mientras que el de afiliados varones apenas aumentó algo más del doble. El número de afiliados varones era de 80 706 en 1913 y de 182 038 en 1920.
El paro, que se presentó rápidamente después de la guerra, tenía que afectar, pues, duramente también a las mujeres proletarias, y doblemente en un momento en que muchos de sus maridos se habían quedado también sin trabajo.
A esto se añade el siguiente encadenamiento, funesto para las mujeres de Suiza: el paro es mayor en las industrias que emplean el mayor número de mujeres, a saber, en la industria textil, la metalúrgica y la relojera.
El paro en la industria textil, tras crecer rápidamente hasta 42 732 en agosto de 1921, ha vuelto a bajar a 22 766 en noviembre de 1921, mientras que la industria relojera y la metalúrgica mostraron un aumento constante del paro, que en noviembre de 1921 alcanzó la cifra de 57 076.
La industria metalúrgica y la textil han figurado siempre entre las ramas exportadoras más importantes de la industria suiza. Y en consecuencia son las que más tienen que sufrir por la desfavorable cotización. Más aún: la industria textil presenta el hecho aterrador de que el número de parados totales y parciales era en noviembre de 1920 tan grande como el número de los organizados en sindicatos, ¡y en agosto de 1921 incluso mayor!
En estas condiciones de trabajo, los patronos intentan naturalmente una y otra vez rebajar los salarios, alargar la jornada y, donde esta conducta encuentra resistencia, recurrir al cierre patronal. Que con esta táctica son las mujeres, como la parte menos capaz de resistencia del proletariado, las que más tienen que sufrir, se ve en todos los países. Así, periódicos suizos de todos los cantones informan una y otra vez de intentos de los patronos de volver a implantar la semana de 52 horas e imponer una sensible rebaja salarial en empresas textiles y de bordado con mano de obra principalmente femenina. También los cierres patronales en empresas con personal en su mayor parte femenino están a la orden del día. Y todo esto sobre la base de que los salarios de las obreras son ya hoy la mitad de bajos que los de los hombres. Los patronos saben bien que con las mujeres, sobre todo dada su organización relativamente débil, tienen el juego mucho más fácil que con los hombres. Una estadística sobre los movimientos salariales en Suiza en 1920 muestra, en efecto, que en los movimientos salariales de 1920 participaron: 163 298 hombres y 61 420 mujeres.
Ante este paro cada vez mayor, el Consejo Federal se vio obligado a dictar ya en 1919 disposiciones sobre la asistencia a los parados, que luego se completaron en septiembre de 1921. Según ellas, todo parado que haya cumplido la obligación legal para recibir el subsidio1 cobra de 6,50 a 8 francos por día. Si tiene mujer e hijos, esta cantidad aumenta en 50 céntimos por cada persona. ¡El sustento de la mujer y de los hijos se calcula, pues, en la decimotercera parte de los ingresos del marido, ya de por sí reducidos! Pero en cuanto su mujer y sus hijos ganan algo, el subsidio del obrero, como dicen las ordenanzas correspondientes, «se reduce en la medida en que haya en la familia otros ingresos o bienes».
La nueva situación económica nacional e internacional ha traído también en Suiza fuertes cambios políticos y ha agudizado los antagonismos en ambos lados.
Suiza, que antes de la guerra era un refugio para los revolucionarios perseguidos de todos los países, ha cambiado hoy por completo de cara. La persecución de los comunistas, la acción armada contra obreros que se manifiestan y la expulsión de «extranjeros molestos» están a la orden del día.
Pero también en el otro frente se han producido cambios. De la vieja socialdemocracia reformista, con sus partidarios en parte pacifistas y en parte entusiastas de la guerra, ha surgido el nuevo Partido Comunista, y el número de sus partidarios crece sin cesar. El viejo Partido Socialdemócrata advierte contra los «excesos de masas» y quiere contener el paro por la vía de una «legislación pacífica». Pero el paro es en Suiza un fenómeno de masas, que solo puede combatirse eficazmente con un movimiento de masas.
Así pues, las condiciones suizas dictan su tarea al Partido Comunista suizo:
convencer a la clase obrera, todavía presa en buena parte de ilusiones pequeñoburguesas, de la insostenibilidad de la sociedad actual a la luz de la decadencia económica, y asumir la dirección de la lucha contra la pauperización. Su lucha decidida contra la rebaja de los salarios, contra la supresión de la jornada de ocho horas, contra la reacción política, y su exigencia de un subsidio de paro adecuado harán del Partido Comunista el único representante de los obreros y obreras revolucionarios de Suiza.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del facsímil de la Internationale Presse-Korrespondenz (Inprekorr), edición alemana (Berlín), 2.º año, n.º 42, 6 de abril de 1922, págs. 343-344, rúbrica «Proletarische Frauenbewegung», en archive.org. Firmado «V. Adler»: el registro semestral de autores de la Inprekorr lo asienta como «Adler, V.»; Valentine (Vali) Adler, que vivía entonces en Berlín, publicó en 1922 en la misma rúbrica otros artículos sobre la situación de las obreras con el seudónimo «Dina Schreiber», documentado por el Dokumentationsarchiv des österreichischen Widerstandes (DÖW) y por la nota biográfica de los Beiträge zur Marx-Engels-Forschung, Neue Folge, Sonderband 3.
El mismo texto se reimprimió, firmado «V. Adler.», en Die Kommunistische Fraueninternationale 2 (1922), cuaderno doble 3/4, págs. 463-465, con retoques de estilo menores; entre ellos, la precisión de que el traslado de industrias a países de salarios bajos se hacía «sobre todo a Alemania», y la cifra de varones en los movimientos salariales de 1920, que allí es 163 289 (véase el pie del original).
Traducción: traducción íntegra al español, hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Aussperrung se traduce «cierre patronal»; Arbeitslosenfürsorge, «asistencia a los parados»; Verelendung, «pauperización»; Kriegsgewinnler, «los que se lucraban con la guerra». Las cursivas reproducen la negrita del original. Las adiciones del traductor van entre corchetes.
die gesetzliche Unterstützungpflicht erfüllt hat: literalmente, «ha cumplido la obligación legal de subsidio»; se entiende que el parado reúne las condiciones legales para tener derecho al subsidio. (N. del T.) ↩