El congreso internacional de estudiantes socialistas de Ginebra.
Los días 26, 28 y 29 de diciembre de 1919 se reunió en Ginebra un congreso internacional que, por primera vez, congregaba a los representantes de los trabajadores intelectuales socialistas y debía acercarlos entre sí. En este congreso estuvieron representados los delegados de los tres partidos alemanes, los austriacos (soc.), los ingleses, los franceses, los suizos (com.), los yugoslavos (com.), los holandeses y los belgas. Los representantes de Italia, Escandinavia, Finlandia, España, Portugal, Hungría y Bulgaria no pudieron acudir, porque se les negaron los pasaportes pese a la solicitud del Gobierno suizo. Sin embargo, habían tomado posición por escrito sobre las cuestiones más importantes. El orden del día comprendía los puntos siguientes:
1. Informe del comité.
2. Organización de la federación.
3. Organización de la enseñanza:
a) Fundamento de principio: enseñanza para todos; escuela unificada;
b) ¿Reforma o revolución?
Reformas que pueden conseguirse hoy:
c) Internacionalización de la enseñanza, internacionalización de las universidades;
d) Enseñanza de la historia;
e) Comités universitarios;
f) Universidades populares, bibliotecas, teatros populares.
4. Informe sobre la organización de la enseñanza en Rusia:
a) Programa de Lunacharski y de la señora Lenin, Wyneken;
b) diversas propuestas.
5. Propaganda.
6. El antimilitarismo:
a) Diversas propuestas;
b) Colaboración con grupos pacifistas en la lucha contra el odio entre los pueblos.
7. Diversas mociones.
8. Posición ante los partidos políticos y ante la juventud socialista y sindicalista.
9. Adhesión a la Segunda o a la Tercera Internacional. Internacional del Espíritu (Henri Barbusse) o independencia de la federación.
10. Aprobación de los estatutos.
De los informes que presentaron el primer día los representantes de todos los países se desprendía que la mayoría de los grupos de estudiantes se dedicaba exclusivamente al trabajo político dentro del partido. Así, por ejemplo, en Suiza las asociaciones de estudiantes no son viables como organizaciones independientes, porque todos los elementos aprovechables trabajan en la juventud proletaria. Algo parecido parece ocurrir también entre los comunistas alemanes y en Yugoslavia. El delegado yugoslavo, en su informe sobre el movimiento estudiantil en Yugoslavia, subrayó muy especialmente que precisamente los trabajadores intelectuales que proceden de un medio burgués podrían aprender mucho más del trabajo práctico dentro del proletariado, como hizo también Marx, que de consideraciones puramente teóricas. De los informes aportados por los representantes de todos los países parece digno de mención que solo en Alemania, Austria e Inglaterra
existieran ya asociaciones de estudiantes antes de la guerra; en todos los demás países no se pasó a organizar a los estudiantes socialistas hasta durante la guerra y después de ella, y hoy, al menos a juzgar por los informes, navegan casi sin excepción en aguas radicales bolcheviques, con la excepción de los ingleses, que rehúsan tomar posición política o trabajar dentro del partido, aunque tuvieron que admitir que precisamente sus miembros más valiosos son militantes activos del partido proletario.
A la cabeza del congreso se puso a discusión, como la cuestión más candente, la de la Internacional. La opinión de que todo grupo que se constituya hoy debe tener límites políticos nítidos, para lo cual valía como criterio la «adhesión a la Segunda o a la Tercera Internacional», fue subrayada con energía sobre todo por los representantes radicales, y ya antes de que empezara el congreso los suizos declararon que jamás se sentarían a una mesa con un socialista mayoritario. Nada más comenzar el congreso se constituyó un grupo de estudiantes que ya se habían adherido a la Tercera Internacional, con la firme decisión de abandonar el congreso si este no se declaraba a favor de la Tercera Internacional. A este grupo pertenecían el comunista alemán, los suizos, los yugoslavos, los franceses, los holandeses y los belgas. Estos camaradas se adhirieron a la Tercera Internacional porque tenían el vivo afán de encontrar un camino firmemente trazado, de ir derechos a una meta determinada; y como la actitud de todos los demás partidos socialistas ante los problemas más importantes no había mostrado otra cosa que un tímido tanteo y vacilación, se fueron allí donde veían una política consciente de sus fines y adoptaron las directrices de los bolcheviques. Pero al mismo tiempo se ponen de manifiesto las grandes desventajas de esta adopción irreflexiva, sin que se hayan creado en las masas proletarias de cada país las condiciones para recibirla. Así, por ejemplo, los estudiantes holandeses y belgas se adhirieron a la Tercera Internacional aunque todo su partido sostiene un punto de vista completamente opuesto, e incluso hostil. Pero con ello los estudiantes pierden precisamente lo que este grupo exigía expresamente: la conexión con su proletariado, que es lo único de lo que puede nacer un trabajo político fecundo. Los holandeses y los belgas declararon que también en sus países querían llevar a cabo la escisión del partido, de modo que también allí, como en Austria, la fundación del partido comunista partirá de los estudiantes. Estos camaradas olvidaban que en ninguna parte las masas estaban educadas para una intervención revolucionaria, y, por haber perdido el contacto interno con el proletariado, se convirtieron en ideólogos revolucionarios. Así, por ejemplo, los partidarios de la Tercera Internacional exigían por un lado que se aplicaran en todos los países no solo los principios, sino también los «métodos» de los bolcheviques, y por otro anhelaban una «dictadura sin violencia»: contradicciones que ninguna política proletaria podría resolver. En este congreso estaban reunidos los típicos románticos de la revolución, que tenían la palabra «adhesión a la Tercera Internacional» por la única confesión de fe revolucionaria válida.
Frente a ellos estaban los ingleses, que deseaban una asociación de estudiantes completamente indiferenciada, que a ser posible no tuviera nada que ver con los partidos políticos y se ocupara exclusivamente del estudio del socialismo.
Los independientes alemanes y la delegación austriaca (soc.) intentaron mediar entre ambos bandos. Estas dos delegaciones habían conocido por experiencia propia los inconvenientes que acarrea una posición poco clara de un grupo político. Por eso pidieron al congreso una declaración decidida en favor de los principios de la Tercera Internacional, es decir, de la dictadura del proletariado. Pero subrayaron que la adhesión a una «Internacional de la acción» solo podían llevarla a cabo los partidos políticos, que son los portadores de la acción, nunca grupos aislados. No quieren abandonar, como individuos sueltos, el terreno
de su partido, que en ambos países tiene detrás a las masas proletarias. Sobre la base de una declaración de principios en favor de la Tercera Internacional, deseaban crear una comunidad de lucha revolucionaria unitaria, para luchar así, dentro de sus partidos, por la adhesión a la Tercera Internacional. De esta federación quedarían excluidos los socialistas mayoritarios y la parte de los ingleses que representaba el socialismo reformista.
Pero los camaradas comunistas no quisieron renunciar a consumar también formalmente la adhesión a la Tercera Internacional. A pesar de ello, se habría llegado a la estrecha comunidad de trabajo entre todos los estudiantes revolucionarios a la que aspiraban los austriacos y los independientes alemanes, si una carta enviada por la Internacional Juvenil Comunista no hubiera dado otro giro a todo el asunto. La carta expresaba la esperanza de que los estudiantes revolucionarios «rechazaran a todos los socialpatriotas que no se adhieran a la Tercera Internacional». Esta carta, que se presentaba con la pretensión de un mandato divino, hizo imposible toda negociación de unidad, pues todos los comunistas se sintieron obligados a seguirla al pie de la letra. También aquí se vio que los comunistas adoptaban ciegamente lo que venía de Rusia y ponían su pensamiento de «verdaderos revolucionarios» en completa dependencia del comité ejecutivo ruso. Así fracasó esta comunidad de trabajo entre camaradas que en los principios pensaban exactamente igual, porque los comunistas, en su ideología burguesa, tomaban «la apariencia por la esencia de la cosa» y no podían comprender que algunos camaradas no se adhirieran a la Tercera Internacional por razones puramente tácticas. Se fundó, pues, una internacional estudiantil puramente comunista, cuyos miembros pertenecen a los partidos comunistas y que tiene su sede, de modo permanente, allí donde se reúne la Internacional Juvenil Comunista. A propuesta de los austriacos, este secretariado asumió la obligación de hacer llegar a todas las organizaciones socialistas noticias sobre su actividad, para, como dicen los estatutos, «fomentar la propaganda en favor de la adhesión a la Tercera Internacional». Hacia el final del congreso, los ingleses hicieron todavía el intento de fundar una oficina internacional de enlace que abarcara a todos los estudiantes con fines de intercambio de noticias. Hasta el final del congreso no pudo aclararse si los comunistas aceptarían. Esta comunidad de enlace se llamará «Libre Asociación de Estudiantes Socialistas y Comunistas (?) para el Estudio y la Difusión del Socialismo». Estos dos hechos muestran que los comunistas no eran del todo contrarios, al menos en parte, a una colaboración laxa. Merece además destacarse que los comunistas alemanes y una parte de los suizos abogaron, en la reunión preparatoria de la fracción comunista, por la entrada de los independientes y de los austriacos, pero que después se plegaron a la mayoría de su grupo.
La parte más valiosa e interesante del congreso en cuanto al fondo fue sin duda el informe del comunista ruso Birinkoff1 sobre la reforma escolar rusa, en la que ya se aplican el principio de la escuela unificada del trabajo y el principio de la integración de la escuela en la comunidad comunista. Los demás puntos del orden del día tuvieron que quedar sin tratar, en parte por falta de tiempo, pero en parte también por falta de interés. La atención de todos los participantes había estado tan absorbida por la cuestión de la Internacional que todas las demás cuestiones se sintieron como secundarias.
Valentine Adler.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del facsímil de Der Kampf. Sozialdemokratische Monatsschrift (Viena), año 13 (1920), n.º 1 (enero), págs. 44-46, en ANNO, Österreichische Nationalbibliothek. Es el escrito publicado más antiguo que se conoce de Vali Adler, entonces estudiante de ciencias políticas en Viena; apareció en la revista teórica de la socialdemocracia austriaca.
Traducción: traducción íntegra al español, hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Mehrheitssozialisten se traduce «socialistas mayoritarios» (el SPD alemán, frente a los «independientes» del USPD); Arbeitseinheitsschule, «escuela unificada del trabajo». Las cursivas reproducen el espaciado del original. Las adiciones del traductor van entre corchetes.
Así en el impreso; no se ha podido identificar al delegado. (N. del T.) ↩