Si la vida es un movimiento hacia delante que se produce por sí mismo y quiere ser comprendido desde sí mismo, entonces el lenguaje, el pensamiento y la razón son medios previsores, superiores a las funciones animales, de aseguramiento y conservación de la vida. Por cultura entendemos entonces la suma de todas las medidas e instituciones al servicio de ese aseguramiento, y el procedimiento para transmitir, afianzar y seguir desarrollando esa cultura y sus conquistas de generación en generación se llama educación.

El contenido, la forma y la meta de la obra educativa resultan de la clase dominante en cada momento en la sociedad, que imprime su sello a la configuración de la vida de la humanidad en el aspecto social, jurídico, político, en suma, ideológico. Al cambiar las condiciones económicas cambian las formas sociales, los contenidos ideológicos y, con ellos, los postulados éticos, los ideales artísticos, los sistemas pedagógicos. Siempre es la sociedad o, mejor dicho, la estructura socioeconómica y el complejo de formas de vida ideológicas de cada época social. El ideal educativo no es el resultado de esfuerzos especulativos de, por ejemplo, la filosofía, la teología, la ética o la estética, sino la expresión de tendencias económicas reales que, por sus intereses vitales, actúan sobre la juventud con los medios de la educación.

En la sociedad de clases, la juventud de la clase poseedora se educa para el dominio, el goce, la conciencia de mando y el sentimiento de pleno valor; la de la clase desposeída, para la obediencia, el trabajo, la renuncia y el sentimiento de inferioridad. Esta contraposición puede seguirse a través de todas las fases del desarrollo histórico. La burguesía capitalista tiene sin duda interés en elevar el nivel intelectual de la clase obrera por encima del horizonte de los siervos de la gleba y los campesinos sometidos, porque necesita cierta inteligencia del proletariado para la producción de mercancías y la economía monetaria; pero en cuanto la técnica maquinista desarrollada, en el grado de dirección económica más desplegada, hace prescindible la inteligencia obrera más allá de cierto punto, el magnate de la industria y de la bolsa se vuelve tan enemigo de la instrucción como el hidalgo rural1. Y mientras el privilegio material de la propiedad triunfe con una desnudez sin escrúpulos sobre todas las pretensiones y títulos jurídicos de los desposeídos, en este orden divino del mundo la instrucción y la educación seguirán llenando con sus tesoros y sus dones el platillo de la balanza de los ricos —como mercancías que se compran al detalle con buen dinero—, mientras la pobreza se queda con las manos vacías.

La clase dominante ha organizado su poder en el Estado burgués. Este Estado es una formación autoritaria: la posesión de dinero se transforma en prestigio, influencia, valía social, autoridad. Está organizado de forma centralista: el centralismo garantiza del modo más seguro el dominio de unos pocos sobre muchos. Su ideología tiene como eje el individualismo: la voluntad de poder encuentra su manifestación en la aspiración a una personalidad fuerte y superior. Como el Estado es el portador oficial de la educación burguesa, esta educación corresponde al Estado en su carácter, su organización y su tendencia: es autoritaria, centralista, individualista.

La familia es la célula del Estado burgués. En su estrechez, su aislamiento, su aire ideológico viciado prosperan todas las virtudes que la propiedad privada necesita para conservarse y asegurarse. Es el semillero del egoísmo, que no es otra cosa que el individualismo traducido a la ética. En ella prolifera la autoridad, que domina toda la relación entre padres e hijos y penetra y determina toda la obra educativa. Por eso la educación familiar está anclada en la educación para la obediencia. Orden, amenaza, elogio y reproche, castigo: esos son los medios educativos. Medios educativos, desde luego, para esclavos, siervos, súbditos, objetos de explotación, no para hombres libres, para revolucionarios. Aquí se peca indeciblemente, incluso por parte de proletarios despiertos y valientes luchadores de clase. Solo el día en que en la educación terminen las órdenes y los golpes se habrá dado el primer paso hacia una educación libre, socialista.

En la vieja escuela el espíritu de la educación burguesa aparece de forma totalmente pura y desnuda, oficial y brutal. La clase burguesa creó la escuela como creó la fábrica, el cuartel y la cárcel. En el fondo, solo variaciones múltiples de un mismo tema. No es casual que las cuatro instituciones presenten una coincidencia verdaderamente asombrosa ya en lo puramente externo, en su construcción y sus instalaciones, y más aún en lo interno, en su funcionamiento, su organización y su función, su espíritu y su atmósfera. La vieja escuela es cuartel de educación, fábrica de instrucción, cárcel de niños. Sus medios son —aquí como allí— la coacción, la disciplina, la uniformización, la mecanización, el adiestramiento, el sojuzgamiento. El resultado es la masa indefensa, dispuesta a trabajar y a dejarse explotar, dócil, en manos de una casta de propietarios segura de sí, insolente y brutal, ávida de placeres y versada en todas las artes del dominio.

¿Cuándo cambiará esto? Cuando nos pongamos seriamente, en conexión con la gran obra de liberación económica y social, a impulsar también la emancipación intelectual, la destrucción de la ideología burguesa, la revolución de la educación social a gran escala, con fuerzas poderosas y celo abnegado; cuando declaremos a la práctica educativa actual en la casa y en la escuela la lucha a vida o muerte.

Todo ser humano tiene nueve meses más de lo que dice el calendario. Por eso su educación debe comenzar ya antes del nacimiento. El niño tiene derecho a exigir de sus padres todas las condiciones físicas y mentales que le garanticen un desarrollo sano, normal y logrado. La sencilla práctica del criador de animales, que para la reproducción no emplea animales enfermos e inferiores, sino los ejemplares más fuertes, más robustos, más sanos y de más pleno valor, debe convertirse en ley moral no escrita, pero férrea, de la procreación para el ser humano consciente de que en el niño ve algo más que una repetición del pasado. El ejército de débiles mentales e idiotas, locos y delincuentes, tarados e incapaces, lisiados y enfermos de toda clase, que hoy puebla los asilos, hospitales y cárceles y que la sociedad tiene que arrastrar como un lastre molesto y costoso, sería infinitamente menor si los hombres fueran más ilustrados y responsables, menos entregados al alcohol y al desenfreno, más dispuestos a evitar todo pecado contra su descendencia y contra el interés de la sociedad2.

Mientras la familia siga existiendo como asociación social basada en el parentesco de sangre y siga siendo el primer lugar de educación del niño, tenemos que conformarnos con ella, por muy caduca que sea y por muy deficientemente que cumpla sus tareas pedagógicas. La época socialista la ampliará y transformará previsiblemente en una gran familia de camaradas, dará así a su carácter el sello de una comunidad social y creará en ella las primeras condiciones para la práctica de una educación socialista.

Pero no podemos esperar con la educación para el socialismo hasta que se haya establecido la sociedad socialista. Ya hoy tenemos que empezar, en el medio que encontramos, cada uno en su círculo de vida, y por tanto, en primer lugar, en la familia.

Si el mundo burgués está orientado por el principio del individualismo, el proletario lo está por el socialismo. Toda educación proletaria socialista tendrá que empezar, pues, por la educación para la comunidad, por despertar y cultivar el sentimiento de comunidad, el respeto, el amor y la ayuda mutuos.

Lo primero es la integración en el círculo de vida, la incorporación a la comunidad, la habituación mediante el ejercicio, el ejemplo y la comprensión. Al pequeño se le habitúa no solo a la limpieza, la regularidad y el orden, sino también a la convivencia pacífica, el compañerismo, el respeto al derecho y a la libertad de los demás, la solidaridad, la subordinación voluntaria a la voluntad y al interés de la colectividad. De la mayor importancia es para ello el ejemplo vivo de los adultos, que con su hacer y su dejar de hacer le muestran como vivencia la idea del socialismo. «Si los hombres hubieran sido educados como socialistas», podría decirse en el sentido de la frase de Goethe, «podrían engendrar socialistas educados»3. Además, en el juego se despliegan sobre el niño las más fuertes influencias educativas. Si el juego solitario sirve más bien a la educación individual del niño, en el sentido de que despierta cualidades y virtudes que adornan al hombre como hombre, desarrolla capacidades y crea aptitudes que ayudan a formar y modelar una personalidad total armónica, los juegos sociales son verdaderos lugares de preparación para la vida. El niño se integra como miembro en la comunidad infantil, tiene que adaptarse y subordinarse, tiene que tener consideración y afirmar su puesto luchando, exactamente igual que fuera, en la vida de los adultos.

Quizá el niño pueda pasar ya ahora los primeros años de juego en el jardín de infancia. En el futuro socialista, este será, después de la comuna, el siguiente lugar de educación importante.

El jardín de infancia debe ser un verdadero jardín, con árboles, praderas, arriates, montones de arena, ocasiones de juego, prado de chapoteo y algunos animales que sepan soportar la ruda ternura de los niños. Y el juego debe ser un verdadero juego, libre, sin influencias, inventivo, que ponga en movimiento de forma creadora todas las fuerzas, que libere todas las energías, lleno de valores sociales. Empieza con la compensación de lo defectuoso de nacimiento, con la preparación del equilibrio exterior e interior. El punto de partida lo forman el cuidado de la salud y la cultura física. La gimnasia se hermana con el ritmo y el sonido, la imagen y la línea. La liberación de las trabas corporales a la luz de estas experiencias convierte la gimnasia en danza, en pose artística, en expresión de inspiraciones estéticas. Al mismo tiempo, los sentidos se educan para la máxima exactitud de sus funciones, así como la fantasía recibe mil estímulos e impulsos para la producción libremente desplegada en la palabra, el color, el sonido y el material.

Pronto la expresión de la vivencia interior encuentra su plasmación concreta en el hacer productivo. El niño empieza a crear. Fröbel fue el primero en enseñar a los educadores a apreciar al niño desde el principio como ser creador. Al ordenarse en pequeños sistemas las manipulaciones primitivas del juego y de la ocupación doméstica, se produce una acción planificada sobre la constitución física, mental y anímica del niño. Pronto el jardín de infancia deja paso al cuarto de juegos4.

En la escuela popular actual, la enseñanza se ocupa de una determinada cantidad de materia de saber aprendible, que se almacena de manera más o menos mecánica y garantiza una orientación intelectual en la extensión y la medida que en general convienen al burgués. El aprendizaje desemboca en verbalismo, instrucción mecánica, empolle: la cantidad de saber determina el grado de cultura. Junto a ello, la educación tiene que dar al carácter de los niños una forma que corresponda a la finalidad de su empleo futuro en el proceso económico capitalista, en el organismo del Estado (como soldado, contribuyente, súbdito, etc.). En el despertar y el cultivo de la capacidad creadora del niño, de su independencia, en el reconocimiento de su valor personal propio, en una autodeterminación e independencia, no solo no se tiene interés, sino que se las teme. Así que en la educación tampoco se habla de ello.

Para que la educación actúe en esta dirección y ayude así a liberar lo más propio y lo más profundo del niño en interés de una configuración completamente nueva de la vida social, ante todo el trabajo tiene que haber adoptado otro carácter social.

Desde el dominio de la propiedad privada y la división de la sociedad en clases que va unida a él, el trabajo es el duro deber de los pobres y los dominados. Se traduce en explotación, que asegura la existencia de los ricos y dominantes, los libera del trabajo —en particular del trabajo manual— y les ofrece la posibilidad de enriquecerse más allá de la medida de sus necesidades vitales. Como todo trabajo de esclavos, este trabajo está proscrito, es odiado; se realiza a disgusto; uno se avergüenza de él. Dondequiera, cuandoquiera y en cualesquiera circunstancias que la clase dominante participe en el trabajo, lo hace siempre con la sola intención y el solo fin de mantener el trabajo como explotación, dirigirlo y aumentar su rendimiento. La meta sigue siendo siempre verse liberado pronto y por completo del trabajo. Mientras existan clases, una de las cuales funda su existencia en el sojuzgamiento y la explotación de la otra, el trabajo será el medio de la explotación y no perderá su carácter de destino social de servidumbre.

En la sociedad socialista, en cambio, el hombre tendrá una relación con el trabajo completamente nueva, de otra índole. El derecho de propiedad común de todos sobre todos los medios de trabajo, el derecho al producto del trabajo derivado del rendimiento en el trabajo, la supresión del sistema salarial, etc., le asegurarán una posición completamente nueva en el proceso económico, cuyo nuevo sentido será este: abastecer suficientemente de medios de existencia a toda existencia mediante el rendimiento solidario de la colectividad, poner la existencia material de los hombres sobre una base más amplia y más rica, aumentar la cantidad de bienes culturales disponibles, elevar la medida del disfrute general de la cultura. Este trabajo ya no tendrá el carácter de un duro deber, de un poder hostil al hombre, de una violencia ajena venida de fuera, sino que será una bella evidencia, el destino natural del hombre. Así como la educación para el desprecio del trabajo (entre los ricos) o para ser bestia de carga (entre los pobres) determina la actitud anímica de los hombres de hoy hacia el trabajo, así la educación para la alegría en el trabajo, que ve en el trabajo una necesidad vital elemental y evidente, dominará la relación de los hombres socialistas con el trabajo. Solo a partir de esta relación serán posibles una educación por el trabajo y una escuela del trabajo, una educación y una escuela en el sentido y con los medios del nuevo trabajo.

En Moscú, Blonski ha construido una escuela del trabajo de este tipo, que desde luego no es más que un primer comienzo5. El funcionamiento va de la casa al taller y a la fábrica. La meta no es ejercer un oficio ni formar fuerzas para la industria, sino una formación general activa en el trabajo, la liberación de todas las fuerzas creadoras del hombre, la multiplicación de las capacidades de expresión, la consumación del hombre como personalidad armónica en el organismo de la comunidad fundada en la solidaridad y el comunismo.

Con el cuartel, la fábrica y la cárcel desaparece la escuela. Maestro llega a serlo todo hombre ejemplar. Lugar de instrucción y de educación pasa a ser la producción social en todos los terrenos. La oposición entre trabajo manual e intelectual, entre agricultura e industria, se va compensando cada vez más. El método más importante y más acentuado será, puesto que tiene como condición y a la vez como meta la libertad y la independencia de la personalidad, la autoeducación.

En el problema del socialismo, el trabajo y la educación no se trata de una nueva asignatura, un nuevo método, una nueva provisión de las plazas de maestro, una nueva escuela: se trata de la revolución de toda la educación. Esta revolución es el abandono por principio e incondicional de la escuela, el maestro, el aprendizaje, el libro, el saber. Y la adhesión por principio e incondicional a la empresa productiva, el taller, el trabajo, la vivencia creadora, el saber hacer, la independencia, la calidad.

Una nueva educación en el marco de una nueva cultura será un aseguramiento nuevo y mejor en interés de la nueva sociedad.

Tesis para el cursillo (4 tardes):

I. Sociedad y educación

Los instintos humanos más profundos están dirigidos al aseguramiento (conservación del individuo y de la raza mediante la alimentación, la existencia, el cuidado, la reproducción).

La comunidad, el lenguaje, la razón, el trabajo, la economía, el matrimonio, la moral, la ciencia, el arte y la religión son medios de aseguramiento contra las necesidades y peligros de la vida.

Llamamos cultura a todo el sistema del aseguramiento humano. La tarea y la meta de la cultura son el dominio de las cosas, la superación de lo orgánico por lo supraorgánico, la sustitución de la animalidad por la humanidad.

Felicidad es la sensación de placer ante un aseguramiento logrado.

*

La comunidad primitiva se escindió con la aparición de la propiedad privada y la economía privada.

Clases sociales. Cultura de clase.

La clase dominante se apodera del aparato cultural y lo pone a su servicio exclusivo. (Cultura de adultos, cultura masculina).

El medio de transmisión de la cultura es la educación. Sentido y tarea de la educación: hacer apta a la nueva generación para su obligación cultural, en interés de un aseguramiento mayor. (Nietzsche: segunda procreación6).

*

Toda educación está condicionada socioeconómicamente. Contenido, forma y meta resultan del sistema económico, de la estructura social, del complejo de formas de vida ideológicas de cada época.

Posición social de la clase de los señores: dominio, dirección, goce, pleno valor; de la clase de los esclavos: trabajo, servidumbre, privación, inferioridad.

Transmisión de la cultura y participación en la cultura mediante la educación únicamente en la medida del interés de la clase de los señores (pena de muerte para quien enseñe a los esclavos).

Ideal educativo: en los Estados del interior con una casta dominante de grandes terratenientes, la nobleza rural conservadora (monarquía absoluta); principio orientador: vinculación a la tierra, al estamento, a la tradición, a la autoridad); el hombre lo tiene todo solo en feudo (vida, bienes, bendición de la Iglesia, gracia de Dios). «El campesino más tonto es el mejor». Catolicismo. En los Estados marítimos con comercio e industria, la burguesía hábil en los negocios (repúblicas urbanas); principio orientador: libertad (en el comercio, la venta de mercancías, el tráfico de dinero, la explotación. Ganancia. «El aire de la ciudad hace libre», «la cultura hace libre». Aparición de las escuelas urbanas; gremios, formación de los artesanos, protestantismo (calvinismo para el Estado industrial y marítimo, luteranismo para el Estado interior de terratenientes); la Reforma introduce la enseñanza religiosa en la escuela (catecismo de Lutero).

La profundización de los antagonismos de clase provoca la separación entre trabajo intelectual y manual, entre actividad intelectual y manual. En relación con ello: escuelas superiores (universidad), lenguas, filosofía, derecho y ciencia política para la capa superior («secretarios doctos», casa civil de cadetes); conocimientos comerciales, materias prácticas, merceología, contabilidad para el burgués; trabajo manual, elementos de instrucción miserables, virtudes de esclavo para el proletariado.

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A la lógica de la propiedad privada corresponde la personalidad (encarnación de la conciencia subjetiva de valía y de valor); su ideología está orientada por el individualismo.

Filosofía de la Ilustración.

Máxima pedagógica: ¡perfeccionamiento del hombre en el hombre por sí mismo!

El desarrollo del capitalismo (diferenciación del trabajo, producción en masa, proceso de trabajo colectivo, máquina) lleva a reconocer al individuo aislado como una ficción y a comprender el valor del hombre en su conexión orgánica. (El hombre «socializado»).

Se desarrolla la condición económica de la pedagogía social.

La burguesía no quiere comunidad. (Dualismo = sociedad de dos clases).

La educación tiene que convertirse en parte inmediata de la lucha de clases.

II. Familia y educación

Surgida del clan como gran familia, la familia de la época burguesa es la típica pequeña familia (comunidad de progenitores y engendrados). Célula de la sociedad basada en la propiedad privada.

Antaño, comunidad de trabajo, de economía, de vida y de educación (campesino, artesano), «fuente de cultura». De importancia elemental para mantener la mentalidad y la ideología más favorables al interés de clase (individualismo, egoísmo, «mi casa, mi mundo»).

Familia burguesa: sedentaria, arraigada, casa propia, o al menos hogar propio, tradición, sentido de familia («dulce hogar»), primer lugar de educación (la escuela materna de Pestalozzi). Todavía hoy goza de prestigio, también entre el proletariado de mentalidad pequeñoburguesa.

*

El capitalismo ha trasladado el trabajo de la casa y el taller a la fábrica.

Trabajo asalariado del padre. Trabajo de la mujer. Explotación de los niños.

La familia en plena descomposición. (Ya solo comunidad de vivienda, comida y sueño). Perdido todo contenido cultural.

A esto se suman la miseria de la vivienda, el desarraigo, la inseguridad de la existencia, la creciente penuria económica (emigración, suicidios).

Depresión anímica. La disposición más desfavorable que cabe imaginar para las tareas educativas.

*

Principios educativos y métodos educativos de la familia: autoridad (orden, elogio, reproche, recompensa, castigo, golpes). Meta: el niño obediente.

Paralelo: empresario – obrero; Estado – súbdito; autoridad – público; oficial – soldado; padres – hijo.

Medios de intimidación y domesticación: religión, palo, trabajo remunerado.

Medios de liberación e independencia: ilustración, educación sexual, productividad.

Juego (ensayos previos de la vida. Educación social).

Educadores secundarios y coeducadores: la calle, los vecinos, los amigos, el cine, el libro, el escaparate, el periódico.

*

El Estado ha transferido en parte a la escuela la tarea educativa de la familia.

Inconsecuencia: los padres, obligación de mantenimiento sin poder de disposición; el Estado, poder de disposición sin prestación de manutención.

Escuela – fábrica – cuartel – cárcel.

Maestro: formado, empleado, controlado y pagado por el Estado, mantenido en una sensible dependencia material e intelectual.

Enseñanza: niño normal, plan de estudios normal, horario normal, método normal. (El militarismo como modelo, los suboficiales como maestros).

Todas las reformas son saboteadas.

La revolución de la educación es la supresión por principio de la escuela, el maestro, la enseñanza, el libro, el adiestramiento en el saber.

III. Niño y educación

El sentimiento fundamental de la psique humana es el sentimiento de inseguridad y de inferioridad frente a la naturaleza, la vida, los adultos, la cultura. (Medir, comparar, evaluar; aspiración a un estado de equilibrio anímico. Meta: pleno valor, seguridad).

El niño comienza la lucha contra el mundo circundante que le es hostil en la primera hora de su vida (líneas directrices, disposiciones, modos típicos de comportamiento, carácter).

La inferioridad orgánica y una constitución social desfavorable como impulsos permanentes del desarrollo anímico.

Psique de clase.

La falta de relación con la familia, la patria chica, la naturaleza, la comunidad pueden aumentar el sentimiento de inseguridad.

Pero sobre todo la presión de la autoridad en la educación doméstica y escolar. (Insultos, desprecio y postergación, golpes).

En el niño proletario se acumulan las causas que despiertan, desencadenan y fomentan el sentimiento de inferioridad.

*

El niño reacciona a su sentimiento de inferioridad con una actitud de defensa. («¡Quiero ser un hombre!» = «protesta masculina»). Meta: ganar poder para hacer la vida más soportable.

Agresión directa: el niño obstinado. (Lucha contra la autoridad con medios masculinos). Actividad = afirmación de la autoridad. Defensa contra la vida concebida como una maquinaria de violencia. La obstinación, la rebeldía y la revuelta son actitudes que perturban la comunidad, hostiles a la comunidad.

Agresión indirecta: el niño obediente (lucha contra la autoridad con medios femeninos). Disimulo, mentira, astucia, sumisión, adulación = afirmación indirecta de la autoridad. También esta actitud es asocial, hostil a la comunidad, porque mata la iniciativa creadora.

En el niño proletario, la obediencia y la obstinación corresponden al comportamiento del proletariado frente a la burguesía en las primeras fases del desarrollo capitalista.

Cuando la actitud de defensa se convierte, por efecto del desarrollo, en un fenómeno de masas, los actos individuales de protesta tienden a la unión (golfillos, pandillas, organización).

La lucha del niño contra las causas de su inferioridad se libra:

a) de forma negativa (aislada):

Descarrío (escapadas, vagabundeo, novillos, miedo al fracaso).

Prostitución (miedo al papel femenino, rebelión contra las leyes morales, lucha contra la posición privilegiada de los hombres, afán de desvalorizar el orden sexual vigente).

Criminalidad (la infracción de la ley como medio de hacerse valer; consecuencia: protección de la sociedad frente a sus propios productos).

Perversión sexual (el muchacho huye de la mujer, la muchacha de su destino de mujer. Satisfacción sustitutiva: onanismo, homosexualidad; asocial).

Neurosis (la enfermedad como medio de evasión).

Suicidio (consecuencia extrema del que sucumbe en la lucha y no encuentra camino hacia la comunidad).

b) de forma positiva (unida):

Agrupación en organizaciones (Amigos de los Niños7, asociaciones juveniles, grupos infantiles).

Preparación de una nueva educación (la educación tiene que convertirse en parte inmediata de la lucha de clases).

IV. Proletariado y educación

Socialismo utópico (sobrestimación del poder social de la educación. Rousseau. Fourier. Owen).

Socialismo marxista (la educación como factor de la legalidad social. No creadora, sino ejecutora del desarrollo social).

Marx (El capital) sobre la educación. Resolución de la I Internacional8.

Los partidos y los sindicatos (¡programas!) no van más allá, en su posición ante la escuela y la educación, de un reformismo pequeñoburgués.

*

La revolución de la educación significa:

  1. Educación mediante la producción social (educación por el trabajo y escuela del trabajo en la fraseología de los reformadores escolares: trabajos manuales para muchachos, enseñanza ilustrativa, escuela de producción). Antagonismo entre la escuela y el lugar de trabajo.

Solo un nuevo sentido y contenido del trabajo (supresión de la propiedad privada y del trabajo asalariado) hacen posible la revolución de la educación en el espíritu del socialismo (marca el camino Blonski, La escuela del trabajo).

  1. Educación mediante una nueva comunidad (el ideal de comunidad en la fraseología de las asociaciones autoritarias. ¡Sin superar la autoridad y el centralismo no hay verdadera comunidad!).

Comunidad de trabajo – comunidad de vida – comunidad de educación.

El pleno valor humano solo está garantizado en la comunidad.

Supresión de las clases sociales, de la superioridad del sexo masculino sobre el femenino, de los adultos sobre los niños.

El fin de la dependencia material y social es el comienzo de una nueva cultura, una nueva ideología, una nueva constitución anímica.

La educación se convierte en camaradería, ayuda mutua, solidaridad, autoeducación.

No es que los hombres vayan a convertirse en ángeles: solo que su aseguramiento se obtiene con medios más perfectos y con mayor efecto.

El dominio de las cosas extrahumanas (resistencias, necesidades, peligros) experimenta un progreso enorme. Sensación general de placer ante un aseguramiento logrado: una felicidad social más alta.

Socialismo: el aumento de las energías sociales y la elevación de la perfección y la dicha sociales (en lo ético); la sustitución de la voluntad de poder y de la autoridad por la conciencia y la vida comunitarias (en lo psicológico); la mayor libertad e independencia de los hombres frente a sus condiciones socioeconómicas de existencia (en lo sociológico); la mayor aptitud de los hombres para las tareas del desarrollo social (en lo pedagógico).

Bibliografía

Otto Rühle, Grundfragen der Erziehung [Cuestiones fundamentales de la educación]. (Editorial Am andern Ufer, Dresde-Buchholz-Friedewald).

Max Adler, Neue Menschen [Hombres nuevos]. (Editorial de la Laubsche Buchhandlung, Berlín).

S. Kawerau, Soziologische Pädagogik [Pedagogía sociológica]. (Editorial Quelle & Meyer, Leipzig).

P. P. Blonskij, Die Arbeiterschule [La escuela obrera]. (Editorial Die neue Gesellschaft, Berlín-Fichtenau).

Otto Rühle, Das kommunistische Schulprogramm [El programa escolar comunista]. (Editorial Die Aktion, Berlín).

Otto Rühle, Umgang mit Kindern [El trato con los niños]. (Editorial Am andern Ufer, Dresde-Buchholz).


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), que sigue a la de marxists.org (https://www.marxists.org/deutsch/archiv/ruehle/1932/xx/erzieh.htm), según el guion publicado en Der Pionier, boletín de funcionarios de la Gemeinschaft proletarischer Freidenker [Comunidad de Librepensadores Proletarios], 2.º año, n.º 15, 1932. No se ha visto el impreso.

Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Se conservan la estructura de guion y de tesis, con sus frases nominales, y las cursivas de la transcripción. Gemeinschaftsgefühl se traduce «sentimiento de comunidad»; Sicherung, «aseguramiento»; Minderwertigkeitsgefühl, «sentimiento de inferioridad»; Vollwertigkeit, «pleno valor»; Leitlinien, «líneas directrices»; männlicher Protest, «protesta masculina»; Trotz, «obstinación»; Verwahrlosung, «descarrío»; Bildung, «instrucción» o «cultura» según el contexto. Las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo.

  1. Landjunker: el Junker, noble terrateniente, en particular de Prusia oriental. (N. del T.) ↩

  2. dem sozialen Interesse: aquí no designa el sentimiento de comunidad de la psicología individual, sino el interés de la sociedad, en paralelo a «su descendencia». (N. del T.) ↩

  3. Rühle adapta una sentencia atribuida a Goethe según la cual, si los hombres fueran educados, podrían engendrar hijos educados. No se ha localizado la fuente exacta. (N. del T.) ↩

  4. Spielstube: así en la transcripción; quizá errata por Schulstube («aula»), que encajaría mejor con el paso a la escuela del párrafo siguiente. (N. del T.) ↩

  5. Pável Petróvich Blonski (1884-1941), pedagogo soviético, autor de Trudovaia shkola (1919; en alemán, Die Arbeitsschule, 1921), donde expuso el programa de una escuela del trabajo «politécnica». (N. del T.) ↩

  6. Alusión a Nietzsche, que concibe la educación como una segunda procreación del individuo; no se ha localizado el pasaje. (N. del T.) ↩

  7. Kinderfreunde: la organización socialista de educación infantil «Amigos de los Niños», nacida en Austria en 1908 y extendida a Alemania en los años veinte (Reichsarbeitsgemeinschaft der Kinderfreunde, 1923). (N. del T.) ↩

  8. La resolución sobre el trabajo de mujeres y niños y la enseñanza politécnica aprobada en el congreso de Ginebra de la Asociación Internacional de los Trabajadores (1866), redactada a partir de las instrucciones de Marx. (N. del T.) ↩