Lucha de clases, lucha de masas
Por Otto Rühle (¡impreso en agosto de 1915!)
El socialismo es producto de fuerzas y tendencias revolucionarias. Lleva las marcas de fuego de su origen revolucionario desde la hora de su nacimiento.
Como conocimiento científico y como movimiento político, ha brotado del seno de la era capitalista.
El capitalismo, al hacer saltar el venerable armazón de la economía feudal de satisfacción de necesidades, arrancó al campesino de la gleba y al artesano gremial de su taller para entregarlos, pronto acompañados de mujer e hijos, a la servidumbre industrial de la fábrica, que les tenía reservado un sombrío destino de miseria. Si el campesino había sido en su propia tierra un productor independiente, y el obrero del oficio dueño de sus instrumentos de trabajo, ambos se convirtieron en el proceso de producción capitalista en esclavos de un sistema de nueva orientación y nueva organización. El desarrollo les arrebató la herramienta de las manos y la transformó en máquinas que, al requerir instalaciones grandes y costosas, pertenecían a los capitalistas. Ya no eran la voluntad y la personalidad del productor, su laboriosidad, su gusto y su afán creador, su disposición y su modo de ver individuales lo que decidía la producción: el silbato de la fábrica, la voz del capataz, la prescripción del ingeniero, el poder de mando del jefe habían reemplazado su libertad e independencia. Más aún: en el mecanismo muerto, y sin embargo tan vivo, de las máquinas que tenía que atender, le había surgido un nuevo amo y señor. Oficio y herramienta, terruño y taller, independencia y derecho de autodeterminación, todo se había perdido. Pobre, sin libertad, desvalido, el productor estaba allí, una ruedecilla en un gran engranaje, uno entre muchos: un proletario.
Una ruedecilla, sin duda, en el gran mecanismo. De poco valor, fácil de sustituir, reemplazable en cualquier momento. ¿Quién repara en algo tan insignificante?...
Las máquinas golpeaban y escupían mercancías y más mercancías. La fuerza del vapor era el elemento impulsor y motor. El gigantesco aparato de producción de la fábrica se parecía a un monstruo de mil manos con fuerzas creadoras multiplicadas. Entre ellas jugaban, zumbaban y obraban las pequeñas ruedecillas, los hombres débiles, las fuerzas de trabajo de poco valor del brazo, de la mano, de los dedos...
Pero ¿y si de pronto la última y más pequeña de esas ruedecillas fallaba en el estruendoso subir y bajar de la fábrica? ¿Si se negaba a funcionar? ¿No tenía que pararse toda la fábrica, detenerse el mecanismo de relojería? ¿No sufría entonces la producción una fatal interrupción, y el cálculo de ganancias del capitalista un fatal déficit? ¿Y si al final también las demás ruedas, en negativa solidaria, no querían seguir participando?
Entonces amaneció en el proletario un conocimiento lleno de presentimientos: como individuo lo habían privado de la libertad, despojado de la independencia, habían borrado su individualidad, rebajado a un mínimo su valor como productor. Pero en unión con otros, él, el individuo, volvía a ganar valor y significación. De la conexión viva con sus semejantes le nacía poder. ¿Quizá la comunidad con los demás le daba también la fuerza para luchar con éxito contra el capital, su enemigo y opresor? ¿Para reconquistar su derecho, su libertad, su humanidad? Sí, ¿quizá del poder de la solidaridad, de la colectividad, le nacía la posibilidad de superar del todo el capitalismo?!...
De las nieblas de una incertidumbre medrosa e interrogante surgió, todavía gris como una sombra, pero con nitidez creciente, un camino que parecía conducir desde el fondo del destino de miseria proletario hacia la libertad.
Un destino común había arrojado a los proletarios por millares bajo el dominio del capitalismo. Como el destino, los unía ahora en un todo la esperanza de escapar a la explotación y a la servidumbre. Y la oposición común al capitalismo los formó como clase. Los lazos sentimentales del sentirse uno se endurecieron y pronto se forjaron hasta formar el aro de hierro de la conciencia de clase. El proletariado abrió los ojos y conoció su situación de clase, la oposición de clases, el antagonismo de los intereses de clase. Y en la llama de este conocimiento se encendió la voluntad de clase.
La oposición entre capital y trabajo, una relación económica, se expresa como relación social en la oposición entre burguesía y proletariado. Intereses económicos opuestos condicionan intereses vitales, concepciones de la vida y fines vitales opuestos. Si el afán de la burguesía se dirige a conservar la economía capitalista como fundamento del orden social capitalista, que encuentra su expresión característica en todas las formas de manifestación y expresiones vitales del ser social, y su apoyo en todos los medios y métodos del poder del Estado, el afán del proletariado se concentra en la superación del capitalismo y el establecimiento del orden socialista en la vida económica y social. La situación de clase del proletariado engendra en él una determinada dirección de la voluntad, la voluntad de clase, que se manifiesta políticamente y trata de influir en el desarrollo político.
Cuando la voluntad de clase se traduce en acciones políticas, despierta la lucha de clases. En ella se desfoga el antagonismo de los intereses de clase, aplicado a las exigencias prácticas del día y dirigido, en su meta, a la superación definitiva del sistema capitalista.
Movimiento y meta final en uno.
La lucha de clases es fundamento y base del movimiento socialista, es el alma de todos los esfuerzos de emancipación del proletariado, es la garantía de la victoria final de la idea socialista. La lucha de clases es el acorde fundamental revolucionario en la sinfonía polifónica de la pugna por los bienes y fines más altos de la vida. Con la lucha de clases se sostiene o cae el carácter revolucionario de la socialdemocracia, se sostiene o cae la meta final de la lucha de emancipación, se sostiene o cae la garantía de la victoria socialista...
La condición previa para levantar la nueva sociedad en lugar de la vieja es la conquista del poder político por la clase revolucionaria; es la revolución política, que pone en manos del proletariado las palancas del desarrollo social. Las formas de la subversión provocada y sostenida por el proletariado están condicionadas por el modo de movimiento económico del proletariado.
El elemento de poder del feudalismo era la tierra. El capitalismo revolucionó el feudalismo con ayuda del dinero, el elemento de poder en manos de la burguesía. Pero ¿con qué se revoluciona el capitalismo? ¿De nuevo con dinero, como creen los sindicatos y las cooperativas? ¿Con ayuda del Parlamento, la herramienta típica de la política de intereses burguesa y capitalista?
El elemento de poder del proletariado se deriva de su posición en el proceso de producción. Descansa en la fuerza de trabajo. La fuerza de trabajo del proletariado crea la plusvalía para la clase capitalista, está al servicio de las luchas de competencia capitalistas, asegura al sistema del capitalismo su existencia económica. Así, la fuerza de trabajo del proletariado es para la burguesía el medio de su existencia. Pero con ello puede convertirse también en el medio de su destrucción. La organización de la fuerza de trabajo constituye la formación de combate proletaria para el enfrentamiento con el capitalismo. Impregnar esta organización del espíritu de la lucha de clases revolucionaria significa la organización de la revolución proletaria, que, descargándose en acciones de masas y alcanzando el nervio vital del capitalismo en la forma de la huelga política de masas, allana el camino a la dictadura del proletariado.
Si el poder del proletariado reside en su papel de productor, también tiene que obtener de ese papel los medios de su liberación. El despliegue y la afirmación de su poder solo pueden producirse trasladando el método de una lucha económica a la lucha política. La lucha de clases tiene que convertirse en lucha de masas, en acción de masas, en huelga de masas. Con ello alcanza al capitalismo en su raíz. Con ello saca de quicio el mundo de la explotación y la servidumbre.
Lucha de clases, huelga de masas, revolución proletaria: esas son las etapas en el camino hacia la meta final, la liberación de la clase trabajadora.
¡No hay otro camino que este!
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha desde las imágenes de Die Aktion, año 11, cuaderno 5/6, 1921, col. 89-91 (archive.org, DieAktion11jg1921, págs. PDF 39-40). Es la reimpresión de un artículo impreso, según el subtítulo, en agosto de 1915; Franz Pfemfert lo presenta, en una nota que lo precede y no se traduce, como prueba de las posiciones de Rühle durante la guerra frente a la campaña contra él.
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Bedarfswirtschaft se traduce «economía de satisfacción de necesidades»; Klassenlage, «situación de clase»; Klassenwille, «voluntad de clase»; Proletar, «proletario»; Kollektion, «colectividad». Las cursivas reproducen el espaciado del original.