El camarada Otto Rühle acaba de terminar la refundición completa y la ampliación sustancial de su obra Das proletarische Kind [El niño proletario]. Es la primera monografía valiosa sobre la miseria infantil alemana. El libro aparecerá hacia finales de enero de 1922. He aquí un fragmento.

Proletario es todo el que vive de la venta de su fuerza de trabajo, la única mercancía que posee.

El desarrollo les quitó a sus antepasados, o a él mismo, todo lo que tenía: la tierra, el taller, la herramienta, el oficio, la clientela; solo le dejó la desnuda fuerza de trabajo.

Para poder vivir, vende la fuerza de trabajo a quien la compra para ponerla en actividad junto con materias primas, instalaciones, máquinas, etc.: al capitalista.

La fuerza de trabajo gastada se transforma en el proceso de producción en valor de mercancía. Al sustraer al obrero más fuerza de trabajo de la que le devuelve en salario, el capitalista obtiene plusvalía. La plusvalía, hecha visible en dinero al venderse la mercancía, se llama ganancia. Obtener ganancia es el impulso y el fin del modo de producción capitalista. La fuente de toda ganancia y, con ello, de toda la riqueza social es la fuerza de trabajo del proletario.

En que el proletario da más de lo que recibe está el secreto del enriquecimiento capitalista. Y al mismo tiempo el secreto de la pobreza proletaria.

A la obtención de plusvalía en interés del empresario capitalista sirven los trabajadores manuales y los intelectuales. El proceso es múltiple y muy ramificado; obreros, maestros de taller, técnicos, empleados de comercio, directores tienen en él su lugar y su función. Todos son proletarios. Solo que la mayoría aún no ha despertado a la conciencia de su pertenencia a la clase proletaria. El cuello duro blanco, la

levita burguesa, la educación y la ideología burguesas, el trato burgués y el nivel de vida burgués que les permite un salario más alto les engañan sobre su carácter de proletarios.

Sobre todo el nivel de vida burgués. Como uno no vive en barrios obreros, en la calle obrera, en el cuartel de alquiler (Mietskaserne) obrero, no frecuenta la taberna obrera, no lleva blusa de obrero, no habla la lengua obrera ni tiene que soportar la miseria obrera, cree ser burgués. Si no gran burgués, como el consejero comercial, el accionista, el banquero, al menos pequeño burgués, como la sólida clase media, el funcionario de cierto rango, el hombre de estudios. ¡Todo engaño! Quien tiene que vender su fuerza de trabajo porque no tiene otra cosa para ganarse la vida es proletario.

Y sin embargo, admitimos aquí una diferencia. Cuando en nuestro examen hablamos del proletario, nos referimos al proletario con nivel de vida proletario. Y cuando ponemos la mira en el niño proletario para observarlo e investigarlo en su origen, sus condiciones de desarrollo y su trayectoria, nos referimos al niño proletario en el medio proletario. Qué haya que entender en concreto por medio proletario lo mostrará la exposición.

No caemos aquí en el error de recurrir, para fijar el concepto de proletario, a una escala de ingresos y de intentar según ella una delimitación de las categorías. La cuantía del sueldo o del salario es, en general, indiferente. Un universitario o un funcionario puede estar, por sus ingresos, muy por debajo del nivel salarial del obrero medio y, sin embargo, su medio familiar puede ser completamente burgués. A la inversa, un obrero puede cobrar un salario mucho más alto que un empleado o un maestro y, sin embargo, su medio familiar tiene un carácter absolutamente proletario. La evolución de la estructura social ha seguido durante la guerra y después de ella un curso caracterizado por un aumento en parte considerable de los salarios obreros y por un retraso a menudo grande de los sueldos de los empleados, de los funcionarios y de las profesiones universitarias. En general, según se dice, los obreros están hoy mejor pagados y los miembros de las profesiones burguesas, peor. Eso se llama proletarización creciente.

Hay que subrayar siempre que la cuantía del salario o del sueldo no decide por sí sola el avance de la proletarización. Lo definitivamente decisivo es siempre y solo la relación del individuo con el capital. El pequeño maestro artesano independiente puede tener el nivel de vida proletario más mísero y, sin embargo, no es un proletario propiamente dicho. Y el director general de una fundición, que percibe altos ingresos y lleva una vida enteramente burguesa, es a pesar de todo un proletario. Sin embargo —y aquí la aparente contradicción se vuelve lógica—, unos ingresos permanentemente bajos desarrollarán con el tiempo cada vez más la tendencia a destruir el nivel de vida burgués y el medio familiar burgués y a cambiarlos por otros de carácter proletario. Si hoy los círculos universitarios y de funcionarios están, por sus ingresos, peor situados que antes en términos absolutos o relativos, el proceso de proletarización no se cumple realmente en ellos en el sentido de que ahora empiecen a ser proletarios (¡lo eran desde hacía mucho!), sino en el de que, con el derrumbe y la pérdida de su nivel de vida burgués, cobran conciencia de su pertenencia a la clase proletaria y tienen que aprender a sentirse —a regañadientes, rezongando y desesperados, pero de forma inevitable— proletarios con medio proletario.

Este proceso se está cumpliendo actualmente en proporciones enormes y abarca zonas de reclutamiento cada vez mayores para el ejército de masas proletario.

El representante típico de la clase proletaria de hoy —el proletario de pura sangre de Sombart1— es el obrero fabril moderno. En la economía alemana existe un fuerte predominio de la producción industrial sobre la agrícola. Por desgracia, ninguna estadística reciente informa sobre esta proporción; dependemos de las cifras anticuadas de 1907. Pero ya entonces, de cada 1000 personas adultas, 563,6 vivían de la industria, el comercio y el transporte, y solo 286,5 de la agricultura. Hoy la proporción se ha desplazado incomparablemente más a favor de la primera categoría.

De 1895 a 1907, en la agricultura y la industria alemanas, el número de los independientes disminuyó en 152 000 y el de los asalariados aumentó en 4½ millones. De cada 100 personas con ocupación eran independientes en

IndustriaAgriculturaComercio
1882:34,427,844,7
1895:24,931,036,1
1907:17,625,329,0

Además, en innumerables casos la supuesta independencia no era otra cosa que una dependencia enmascarada respecto del gran capital. Cuanto más crecía este y se organizaba en cárteles y trusts, más pequeñas existencias ponía bajo su poder manteniendo en apariencia su independencia. Esta tendencia del desarrollo capitalista se ha reforzado enormemente en el último decenio, de modo que las cifras de 1907 ya no corresponden ni de lejos a la realidad. Los ejércitos de los dependientes se han vuelto legión.

Los obreros fabriles constituyen el contingente proletario en el sentido más estricto. El núcleo lo forman aquellos esclavos asalariados que pueblan los barracones de las grandes fábricas modernas, separados de su familia, alimentados en cantinas, en un trato ya solo laxo y ocasional con los suyos. Son ya muchos cientos de miles. En torno al proletariado de las fábricas y de las minas giran, en anillos cada vez más anchos, una serie de otros grupos de ocupación y de existencia de la índole más diversa, pero sobre el mismo fondo y de estructura afín. A todos ellos los caracteriza

el rasgo de la carencia de propiedad y el hecho de que viven únicamente de la venta y del producto de su mercancía, la fuerza de trabajo. A mayor distancia se suman capas mayores y menores que encubren su naturaleza proletaria con ideologías y costumbres burguesas. Como ya se ha señalado, la guerra y la revolución, el hambre y las patadas las han llevado en muchos casos a reconocer su pertenencia al proletariado. Cuanto más se ha impuesto el desarrollo capitalista, mayor se ha hecho la proporción del proletariado en la población total. Quizá hace un decenio se estaba cerca de la realidad cuando, con una estimación y un cálculo prudentes, se consideraba elementos proletarios al 70 % de la población, es decir, a 46 millones de 65. Hoy esta proporción ya no es exacta. No será exagerado afirmar que 55 millones de los 61 millones de la población total deben contarse en el proletariado en sentido amplio.

Una mayoría gigantesca dominada y explotada por una minoría diminuta. Esa es la marca de la sociedad de clases.

Y en ello se expresan la posición y el papel del proletariado en la sociedad de hoy.


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre el facsímil de Die Aktion, 11.º año, cuaderno 51/52, 1921, col. 707-710 (volumen digitalizado por Google del ejemplar de la University of California; Internet Archive, DieAktion11jg1921). Es un anticipo de la nueva edición de Das proletarische Kind (1922); la primera edición (1911) está en este archivo con el título «El niño proletario. Una monografía».

Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026), incluida la nota de la redacción que encabeza el texto. Se conservan la división en párrafos y la tabla del original. Arbeitskraft = «fuerza de trabajo»; Mehrwert = «plusvalía»; Profit = «ganancia»; Lebenshaltung = «nivel de vida»; Milieu = «medio»; Prolet y Proletar se traducen «proletario». Los comentarios Sp. n del código marcan el comienzo de cada columna del original.

  1. Werner Sombart (1863-1941), economista e historiador; la expresión Vollblutproletarier procede de sus escritos sobre el socialismo y el movimiento social. (N. del T.) ↩