Señores, a propósito de este título, casi todos los años oradores de los partidos más diversos se han quejado de que los medios asignados a la investigación y la lucha contra la tuberculosis eran demasiado modestos. Cada vez el gobierno ha sostenido en sus declaraciones que no es tarea del Reich, sino de los Estados federados y de los municipios, combatir con energía la tuberculosis. He buscado en vano en las declaraciones del gobierno una fundamentación y una justificación objetivas de esta posición; pero, al fin y al cabo, es comprensible que un gobierno que gasta cientos y miles de millones en los fines del militarismo no tenga medios disponibles para las tareas de la cultura.
Si hoy vuelvo a quejarme de que la suma aquí prevista es insuficiente, no lo hago por tradición, sino por otro motivo. Si no se quiere que una parte muy considerable de las grandes sumas que los Estados federados y los municipios gastan cada año en la lucha contra la tuberculosis se emplee en vano y sin resultado, el Reich tiene el deber de conceder medios más abundantes para medidas preventivas, en particular frente a la tuberculosis infantil. La lucha contra la tuberculosis ha tenido éxito. Cuánto han contribuido a este éxito los 100 000 marcos que el Reich gasta cada año es imposible de calcular. Creo no equivocarme si afirmo que las cifras de mortalidad por tuberculosis han
disminuido en todo el mundo civilizado, y que las cifras de la mortalidad en general están en constante descenso. Por desgracia, la juventud no ha sacado prácticamente ningún provecho de los éxitos que se registran en Alemania. Mientras que en las edades más avanzadas el descenso de la mortalidad por tuberculosis es muy considerable, y mientras que en las edades medias el retroceso de la cifra de mortalidad todavía puede calificarse de notable, entre la juventud, y en particular en la edad escolar obligatoria, hasta hace muy poco no se registraba ningún retroceso; al contrario, se ha comprobado un aumento, y solo en los últimos años las cifras se han estancado. De cada 10 000 habitantes murieron en Prusia en 1911 de tuberculosis, en total, 15,12; en el primer año de vida, en cambio, unos 21,65; en el segundo año de vida, 14,72, y del segundo al decimoquinto año de vida, 6. Frente a años anteriores, esto apenas es un progreso. Incluso el informe sobre la sanidad del año 1911, elaborado por el Ministerio del Interior prusiano, dice:
Exámenes sistemáticos de los médicos escolares han mostrado que la tuberculosis está más extendida en la edad escolar de lo que antes se creía.
Una panorámica de diversos Estados federados permite ver lo grande que es la mortalidad por tuberculosis en algunas partes del Reich. No voy a leer aquí las cifras; pero el hecho es que para el primer año de vida no solo existe en todas partes una mortalidad por tuberculosis extraordinariamente alta, — —
(Campanilla del presidente.)
[El vicepresidente Dove pide un poco más de silencio.]
— — sino que las cifras del primer año de vida están además en constante aumento. Del segundo al decimoquinto año de vida las cifras son más bajas y mantienen cierta regularidad; las mejoras ocasionales quedan compensadas por empeoramientos ocasionales, en parte considerables. Lo seguro es que en ninguna parte puede hablarse de un éxito positivo, sino que la lucha contra la mortalidad tuberculosa ha fracasado prácticamente entre la juventud.
Este hecho extraordinariamente triste lo ha reconocido también el señor director ministerial consejero privado Dr. Kirchner1 en conferencias ocasionales; así, en 1906, con motivo de las deliberaciones del Comité Central para la Lucha contra la Tuberculosis, donde demostró que en los últimos 20 años la cifra de mortalidad por tuberculosis había aumentado entre los niños varones un 3 por ciento en el cuarto y quinto años de vida, un 19 por ciento en el segundo y del undécimo al decimoquinto, un 23 por ciento del quinto al décimo y nada menos que un 90 por ciento en el primer año de vida.
(¡Oigan, oigan!, en los bancos socialdemócratas.)
Del mismo modo, entre las niñas ha aumentado un 12 por ciento en el cuarto y quinto años de vida, un 15 por ciento en el segundo y del décimo al decimoquinto y un 25 por ciento del quinto al décimo, mientras que al mismo tiempo las cifras de mortalidad por tuberculosis para esas mismas edades han bajado en Inglaterra.
Además, el señor consejero privado Dr. Kirchner ha señalado en otras ocasiones, por ejemplo en el Segundo Congreso Internacional de Higiene Escolar y en la duodécima asamblea de la Asociación para la Salud Escolar, la situación desfavorable de la juventud en lo que respecta a la mortalidad por tuberculosis. Según los informes de la prensa, dijo en esa ocasión —con permiso del señor presidente, cito—:
Es triste el hecho de que la disminución de la mortalidad por tuberculosis no sea la misma en todas las edades. En las edades más avanzadas la disminución es muy fuerte, mientras que en la edad escolar no solo no se constata ninguna disminución, sino que la mortalidad ha aumentado de manera muy considerable.
El informe registra en este punto: movimiento en la asamblea.
Entre las enfermedades infantiles de la edad escolar, la tuberculosis ocupa el primer lugar del décimo al duodécimo año de vida. De ello se sigue que hay que hacer más para combatir la tuberculosis durante la escolaridad. Y se puede hacer.
En otro informe se dice:
De 1875 a 1902, en los grupos de edad juveniles y en el sexo femenino la mortalidad por tuberculosis no ha disminuido, sino que incluso ha aumentado, tanto la mortalidad absoluta como la relativa. Un nuevo cálculo en los años 1903 a 1906 no mostró mejores resultados. Solo los cálculos de la mortalidad del año 1910 han permitido constatar que se manifiesta una disminución. Únicamente la mortalidad relativa sigue creciendo, prueba de que los esfuerzos por combatir la tuberculosis en la edad infantil no han alcanzado ni mucho menos su meta.
La parte que corresponde a los niños entre las víctimas de la tuberculosis —ese es el sentido de estas afirmaciones— no ha disminuido, sino que está creciendo, a pesar de los elogiados progresos de la ciencia y de las tan alabadas conquistas de nuestra política social. Y eso que la cifra de mortalidad es todavía una medida muy insuficiente y dudosa de la difusión de la tuberculosis en la edad juvenil; pues, naturalmente, muchas enfermedades en la edad infantil no conducen a la muerte, sino a la convalecencia y a la curación; en otros casos, el niño enfermo se arrastra todavía durante años, achacoso, y si muere más tarde, la defunción no se inscribe en la rúbrica de los niños, sino en la de los adultos, aunque indudablemente se tratara de una tuberculosis infantil que solo en años posteriores tuvo su triste desenlace. Así pues, la cifra de enfermos de tuberculosis es sin duda muchas veces mayor que la cifra de mortalidad por tuberculosis, sobre todo entre la juventud.
En años anteriores el gobierno ha dicho que la tarea de la lucha contra la tuberculosis no corresponde al Reich, sino a los Estados federados, y en particular a los municipios. De cómo cumplen los municipios esta tarea, una prueba muy interesante. La Central de Asistencia a la Juventud2 realizó en 1908 una encuesta y recibió de 468 localidades los cuestionarios enviados. Entre ellas había 238 localidades, es decir, más de la mitad, en las que se comprobó que los médicos escolares habían detectado niños tuberculosos o sospechosos de tuberculosis. ¿Qué han hecho estas 238 localidades por los niños tuberculosos y sospechosos de tuberculosis? Pues bien, 109 municipios no han hecho otra cosa que excluir a los niños de la enseñanza en clase.
(¡Oigan, oigan!, en los bancos socialdemócratas.)
Cinco municipios en total han concedido tratamiento médico, y 139 municipios han dispuesto el ingreso de los niños en establecimientos adecuados. Estas prestaciones son totalmente insuficientes y muestran lo equivocado que es que el gobierno del Reich señale una y otra vez que no es el Reich, sino, junto a los Estados federados, los municipios quienes tienen la tarea de combatir la tuberculosis en la edad infantil. Las administraciones municipales o no están obligadas a ello, o no están
en condiciones de hacerlo, porque les faltan medios; o no poseen la comprensión de la política social ni el entendimiento necesario para salir al paso del mal a tiempo y de manera adecuada. Por eso resulta sin más un deber del Reich llevar a cabo la lucha contra la tuberculosis con medios más abundantes que hasta ahora y en forma de una organización de gran envergadura,
(¡muy cierto!, en los bancos socialdemócratas)
sobre todo en la medida en que la juventud necesita una ayuda enérgica.
Cuánto necesita esa ayuda, y en qué medida y extensión, lo muestran solo unos pocos datos. En Rathenow se comprobó tuberculosis en el 42 por ciento de los escolares; en Kötzschenbroda, un barrio residencial de las afueras de Dresde, en el 48 por ciento; en el Instituto Anatomopatológico de Múnich, en el 48,8 por ciento; en Kirchberg, en los Montes Metálicos, en el 54 por ciento.
(¡Oigan, oigan!, en los bancos socialdemócratas.)
En Mannheim el consejero escolar municipal constató que el 47 por ciento de los niños y el 61 por ciento de las niñas estaban afectados de tuberculosis. En el primer congreso de la tuberculosis en Berlín, el Dr. Petruschky, de Danzig, comunicó —y el Dr. Ritter, de Berlín, confirmó sus datos en medio de gran movimiento de la asamblea— que el 85 por ciento de todos los niños debían considerarse portadores de los gérmenes de la enfermedad tuberculosa.
(¡Oigan, oigan!, en los bancos socialdemócratas.)
El señor concejal Dr. Gottstein, de Charlottenburg, decía en un memorial elaborado por encargo del Congreso de Ciudades de Prusia —con permiso del señor presidente, cito—:
La difusión de la tuberculosis de la edad infantil es, sin embargo, como han demostrado las investigaciones anatomopatológicas y los métodos modernos de la vacunación diagnóstica con tuberculina, verdaderamente espantosa entre la población proletaria de las grandes ciudades, y no menos en algunos distritos rurales. Con la edad infantil creciente, el número de infectados sube al 50 a 80 por ciento y más.
Más aún: recientemente se ha comprobado, por ejemplo, en el distrito de Idar-Oberstein, hasta un 90 por ciento de escolares tuberculosos. Donde la tuberculosis abierta no puede constatarse en esa medida, está sin duda presente en una medida extraordinaria su forma previa latente, la escrofulosis; esta es, como el raquitismo, la enfermedad típica de los niños proletarios. En el informe que he mencionado del Ministerio del Interior prusiano sobre la situación sanitaria en el año 1911 figuran numerosos informes particulares, por ejemplo de las circunscripciones de Bromberg, Minden, etc., que subrayan todos que, según los datos coincidentes de los médicos de distrito, la escrofulosis está extraordinariamente extendida entre los escolares. El ejército de los escrofulosos constituye el terreno más abonado para la tuberculosis. Por eso la lucha contra la tuberculosis, incluso en su forma más intensa y más adecuada, es decir, en la forma del tratamiento en sanatorios, se queda en una medida a medias si no se añaden el tratamiento médico y el cuidado de los niños afectados de escrofulosis. Esta convicción la ha expresado también hace algún tiempo la Korrespondenz de la Asociación de Maestros Alemanes.
De los 100 000 marcos asignados en este título, 60 000 se transfieren al Comité Central Alemán para la Lucha contra la Tuberculosis. En su memoria de 1912, este comité decía: la asistencia a la infancia hace en general buenos progresos, pero todavía hay mucho que hacer en ella; sobre todo en el campo, todavía son necesarios exámenes sistemáticos sobre la extensión de la infección tuberculosa entre los niños y medidas para combatirla. Quisiera expresar aquí el deseo de que se fomenten estos exámenes de modo que muy pronto pueda obtenerse una imagen clara de toda la extensión de la ayuda necesaria, y sobre todo de que entonces no se nieguen por más tiempo los medios necesarios para una lucha eficaz contra la tuberculosis.
Hoy hay sobre este título una resolución que prevé para el próximo presupuesto un aumento de 50 000 marcos del fondo para el fomento de la investigación y la lucha contra la tuberculosis. Cincuenta mil marcos son una cantidad extraordinariamente modesta para este fin. Hace unos días el Reichstag aprobó una moción de Bassermann y otros, presentada en primavera, que pide a los gobiernos federados que presenten cuanto antes al Reichstag un proyecto de ley que asegure una lucha eficaz contra la tuberculosis de modo que también los círculos de la población que hasta ahora no ha alcanzado la asistencia puedan participar de ella, en particular mediante la provisión de más medios económicos y mediante medidas legales que aseguren la desinfección de las viviendas contaminadas, etc. Esta moción va mucho más lejos que la que hoy tenemos delante, y, puesto que el Reichstag ya la ha aprobado, cabe esperar que el gobierno emprenda por fin algo serio y, sobre todo, tome amplias medidas profilácticas para poder hacer frente con éxito a la tuberculosis entre los jóvenes y los niños.
Mi intención era llamar especialmente la atención tanto del Comité Central como del gobierno sobre la mortalidad por tuberculosis entre la juventud; pues sigue siendo verdad la frase de que la riqueza y el futuro de una nación dependen del número, la salud y la capacidad vital de sus nuevas generaciones.
(Aplausos en los bancos socialdemócratas.)
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del facsímil de las actas del Reichstag en la Bayerische Staatsbibliothek: Verhandlungen des Reichstags, XIII. Legislaturperiode, I. Session, t. 287, 105.ª sesión (6 de febrero de 1913), págs. 3537-3539 (https://www.digitale-sammlungen.de/de/view/bsb00003354?page=534).
Traducción: traducción íntegra al español de las intervenciones de Rühle, hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). La intervención del vicepresidente se resume entre corchetes; las anotaciones taquigráficas de las reacciones de la sala se traducen en cursiva entre paréntesis, y la negrita reproduce la del acta. Einzelstaaten se traduce «Estados federados»; Heilstättenbehandlung, «tratamiento en sanatorios»; Skrofulose, «escrofulosis»; Kreisärzte, «médicos de distrito». Las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo.
Martin Kirchner (1854-1925), director ministerial en el Ministerio de Cultos prusiano, responsable de la sanidad y figura destacada de la lucha contra la tuberculosis. (N. del T.) ↩
Zentrale für Jugendfürsorge: asociación berlinesa (fundada en 1900) que coordinaba la asistencia privada y pública a la juventud. (N. del T.) ↩