Niños sordomudos
En el Imperio alemán hay unos 40 000 sordomudos, de los cuales aproximadamente la sexta parte está en edad escolar. Según un recuento del año 1899, en Alemania se enseñaba a 6596 niños sordomudos en 97 institutos de sordomudos, con 720 maestros. Calculado sobre el total de habitantes, en el Imperio alemán corresponden 96 sordomudos a cada 100 000 habitantes. Esta proporción es relativamente alta si se la compara con la frecuencia de la sordomudez, por ejemplo, de Holanda (34), Bélgica (44), Inglaterra (57), Dinamarca y Francia (62), España (69), Italia (73) y Noruega (93). En cambio, parece baja si se tiene en cuenta que, según una recopilación de Meyer (Múnich), por cada 100 000 habitantes hay, por ejemplo, 102 sordomudos en Suecia, 134 en Hungría, 208 en Estiria, 245 en Suiza y 278 en Salzburgo; en Carintia incluso 444, y en algunas localidades, como Zell am See, St. Veit y Wolfsberg, en Carintia, 500, de modo que allí corresponde siempre un sordomudo a cada 200 habitantes. Entre los Estados federados alemanes van a la cabeza Baden, con 122, y Württemberg, con 111, mientras que en Prusia corresponden 102, en Baviera 90 y en Sajonia 59 sordomudos por cada 100 000 habitantes. Todas las cifras citadas, reunidas en lo principal por Migino1, deben acogerse sin embargo con cierta reserva, pues las estadísticas de las que proceden adolecen en parte de defectos considerables y, por otro lado, los métodos de recuento no coinciden en todos los casos.
La asistencia y la educación de los niños sordomudos están todavía extraordinariamente mal en muchos Estados. Mientras que en Europa hay, según se calcula, al menos 60 000 sordomudos en edad escolar, solo 20 000 están acogidos en los institutos existentes. Así, por ejemplo, Austria-Hungría, a pesar de su insólita frecuencia de sordomudez, no tiene más que 31 institutos, con 230 maestros y 1817 niños. Para otros Estados, las cifras siguientes permiten conocer el estado de la asistencia a los sordomudos: Bélgica, 5 institutos (475 niños); Dinamarca, 5 (363); Francia, 70 (3848); Gran Bretaña, 45 (3625); Italia, 51 (2138); Países Bajos, 3 (464); Noruega, 5 (304); Rusia, 12 (797); España, 2 (222); Suecia, 9 (543); Suiza, 17 (567). En África hay 5 institutos, en los que 4 maestros enseñan a 72 alumnos sordomudos; en Asia, 5 institutos con 11 maestros y 198 alumnos; en Australia, 4 institutos con 24 maestros y 160 alumnos; en Europa, 357 institutos con 2676 maestros y 21 852 alumnos; en Norteamérica, 100 institutos con 1117 maestros y 10 127 alumnos, y en Sudamérica, 3 institutos con 13 maestros y 74 alumnos. Ya un examen del todo superficial de las cifras muestra que la asistencia a los sordomudos deja muchísimo que desear en todo el mundo civilizado.
Si por sordomudez ha de entenderse la mudez causada por la sordera, ello quiere decir que la sordera es la condición previa o el estadio previo de la sordomudez.
La sordera se presenta sobre todo como padecimiento congénito, pero también puede adquirirse. Según Urbantschitsch, la sordera congénita se debe o bien a una anomalía de formación del sistema nervioso central o del órgano del oído, o bien a un proceso inflamatorio en el oído, o bien se presenta sin que pueda demostrarse alteración alguna del órgano acústico. El papel más importante en la sordera congénita lo desempeña la herencia, y la sordera puede transmitirse de los padres a los hijos directamente o de modo que no aparezca hasta miembros y generaciones posteriores. Es notable el hecho, comunicado por Wilde, de que en una familia determinada la sordera congénita se dé a veces solo en los hijos varones o solo en las hijas. Wilde habla también de familias en las que nacía sordo, con regularidad, uno de cada dos o de cada tres hijos. Cuando en la sordera congénita no hay ascendencia de padres sordomudos, hay en la inmensa mayoría de los casos ascendencia de familias consanguíneas, en las que la acumulación de defectos constitucionales de formación y de desarrollo por línea paterna y materna, tal como resulta fácilmente cuando los cónyuges proceden de un mismo tronco familiar, «recae» —como se dice vulgarmente— casi con regularidad en el niño. Junto a la predisposición a la escrofulosis, la tuberculosis, la imbecilidad o la enfermedad mental, se ha observado sobre todo la sordera como rasgo de la ascendencia de un matrimonio consanguíneo. También se ha demostrado con una estadística irlandesa que en un matrimonio nacen tantos más hijos sordos o sordomudos cuanto más estrecho es el parentesco de los cónyuges. Así se explica probablemente también la observación de que en regiones montañosas apartadas y solitarias, donde la endogamia es muy frecuente, la sordera aparece con especial intensidad. Según Mayr, los Alpes del Allgäu y de Berchtesgaden son más ricos en sordos y sordomudos que los demás Altos Alpes bávaros, si bien Mayr quiere que se tengan en cuenta también como causas las condiciones territoriales y climáticas, mientras que Leut2 y Schirmer suponen que la composición del agua desempeña en ello un papel aún por investigar. Hasta ahora no se ha logrado aclarar de modo definitivo esta discutida cuestión científica. La sordera adquirida se produce casi siempre en la primera infancia y se debe a enfermedades del sistema nervioso central, del laberinto o del aparato de conducción del sonido, también a enfermedades infantiles y además al tifus, etc. Wilde registra, entre 503 casos, la aparición de la sordera 120 veces dentro de los tres primeros años de vida, la mayoría de ellos en el segundo año; 109 veces apareció la sordera entre el tercero y el cuarto año, 76 veces en el cuarto año, 38 en el quinto, 36 en el sexto, 32 en el séptimo, 21 en el octavo, 11 en el noveno, 15 en el décimo, 33 entre el décimo y el decimoquinto y 12 después del decimoquinto año. En los niños la sordera es más frecuente que en las niñas, pero solo la congénita, que suele presentarse en la proporción de 100 : 74,5, mientras que en la sordera adquirida la proporción es de 93 (niños) : 96 (niñas).
La sordera es, como ya se ha dicho, en la edad infantil casi sin excepción una afección que conduce a la sordomudez. Si los niños pierden el oído antes de los siete años, con ello «se pierde el estímulo más importante para el lenguaje, así como su desarrollo ulterior, y los niños, según sus disposiciones intelectuales y el cuidado que les dedique su entorno, olvidan más o menos el habla; esta se vuelve cada vez más áspera, más confusa, se pierde la suavidad del sonido y poco a poco a la sordera se suma la mudez; el niño en cuestión, que antes
solo era sordo, se ha vuelto ahora sordomudo y parece descender al nivel en que se encuentra desde el principio un niño sordo de nacimiento». Pero la sordera no siempre precede a la sordomudez; esta puede ser también congénita en el niño. En este caso entran en consideración como causas los mismos factores a los que se debe la sordera congénita, es decir, en primer lugar un grado de parentesco demasiado estrecho entre los cónyuges. Hace ya más de treinta años que Liebreich lo señaló, después de haber encontrado esta causa 14 veces entre 38 casos; más tarde, otros muchos investigadores han observado el mismo fenómeno. Así, comprobaron sordos de nacimiento procedentes de matrimonios consanguíneos Meckel en 1864 en Nassau, el 13,6 por ciento; Cohn y Bergmann en 1869 en Breslau, el 15,8 por ciento; Lent en 1869 en Colonia, el 4,8 por ciento; Wilhelmi en 1871 en Magdeburgo, el 9,5 por ciento; Falk en 1872 en Berlín, el 10,2 por ciento; Wilhelmi y Hartmann en 1875 en Pomerania, el 17,9 por ciento, en 1875 en Erfurt, el 5,9 por ciento; Hartmann en 1877 en Berlín, el 17,7 por ciento; Bergmann en 1869-1879 en Breslau, el 15 por ciento; Hedinger en 1881 en Baden y Württemberg, el 2,8 por ciento; Schmaltz en 1884 en Sajonia, el 3,4 por ciento; Uchermann en 1885 en Noruega, el 23 por ciento; Mygind en 1879-1890 en Dinamarca, el 14,6 por ciento; Lemcke en 1885 en Mecklemburgo, el 12,9 por ciento. Pero también intervienen otras causas. Así, Mygind llega a la conclusión de que las enfermedades del oído y ciertas formas de enfermedades nerviosas (epilepsia, idiocia, enfermedad mental) pueden conducir a la sordomudez. A enfermedades cerebrales, en los niños casi siempre entre los 2 y los 4 años, se deben según Hartmann el 38,8 por ciento, y en Dinamarca el 39,9 por ciento, de todos los casos de sordomudez; a la meningitis, según Hartmann, el 26,8 por ciento de los sordomudos de Pomerania y el 14 por ciento de los de Baden, y según Moos, Knapp y Uchermann el 23,5 por ciento en Noruega; a la escarlatina, según Wilde, el 5-6 por ciento en Nueva York, según Sauveur el 11,3 por ciento y según Mygind el 20,8 por ciento en Dinamarca; al sarampión, según Hartmann, el 3,8 por ciento; al tifus, el 20 por ciento; a la difteria, el 0,3 por ciento; a la viruela, la gripe, las paperas, la sífilis y el reumatismo articular agudo, porcentajes menores. Moos, Lemcke y Uchermann opinan que también el raquitismo y la escrofulosis, las enfermedades de masas de los hijos del proletariado, pueden tener por consecuencia la sordomudez. A este respecto parecen notables las observaciones que hace sobre este punto Brauckmann en el Handbuch der Pädagogik [Manual de pedagogía] de Rein: «En lo que toca a las condiciones sociales, es un hecho que las capas del pueblo más pobres e incultas dan un porcentaje mayor de sordomudos que las acomodadas y cultas. La alimentación deficiente y el modo de vida insalubre de los padres y de los hijos, y en general las malas condiciones higiénicas, crean en mayor medida predisposición a enfermedades que traen consigo afecciones del oído, y el cuidado deficiente de los niños deja que los estragos se extiendan, tanto más cuanto que todavía faltan a menudo médicos suficientemente familiarizados con el tratamiento de las afecciones del oído».
Los institutos destinados a la educación y la enseñanza de los sordomudos son, por decirlo con Sander, esencialmente productos de los afanes humanitarios que se manifiestan desde la segunda mitad del siglo XVIII. Algunos filántropos habían hecho ya antes intentos aislados de instruir a sordomudos. El más famoso de los antiguos maestros de sordomudos es el monje español Pedro Ponce, de Sahagún, en León (muerto en 1584), que habría enseñado la lengua hablada a cuatro sordomudos. En tiempos posteriores trabajaron en este campo, con éxitos mayores o menores, el español Bonet, el holandés van Helmont, el suizo Amman, en Francia el judío portugués Pereira, y en Alemania el predicador de la corte de Brandeburgo Pascha (muerto en 1578), que enseñó con éxito a su hija sordomuda. En 1765 el abate Charles Michel de l'Epée fundó en Versalles3 el primer instituto de sordomudos y al mismo tiempo dio que hablar con su enseñanza de sordomudos en Eppendorf, cerca de Hamburgo, el chantre Samuel Heinicke, nacido en 1727 cerca de Weißenfels. A partir de 1772 se le llevaron tantos niños sordomudos que más tarde se dedicó por entero a la enseñanza de sordomudos y —llamado a Sajonia en 1777 por el príncipe elector sajón, fundó en 1778 en Leipzig el primer instituto público de sordomudos de Alemania— se convirtió en el fundador de la enseñanza de sordomudos en Alemania. «Unidos en el fin, el abate de l'Epée y Heinicke tomaron caminos muy distintos para alcanzar su meta. El primero se propuso como tarea principal instruir al sordomudo en el lenguaje de gestos que le es propio y natural, procurando darle formas fijas y completarlo, donde no bastaba, con un alfabeto manual artificial; Heinicke, en cambio, rechazó con brusca resolución ese camino, porque el lenguaje de signos solo capacita al sordomudo para tratar con quienes han aprendido ellos mismos esos medios artificiales de comunicación. Quería enseñar al que solo tiene cuatro sentidos la lengua hablada común y devolverlo así al mundo como un miembro útil.» Una larga y encarnizada disputa entre los partidarios de estos dos métodos tuvo al principio por resultado que de l'Epée y su escuela se impusieran; pero más tarde, cuando el método de Heinicke se mejoró, se profundizó y —sobre todo gracias a Hill, en Weißenfels— se puso cada vez más de acuerdo con los principios de la pedagogía moderna, se hizo valer y se ha mantenido con éxito hasta hoy. Varios congresos se han pronunciado por el método articulatorio y contra el lenguaje de signos; incluso en Francia el llamado método francés está en vías de extinción. Aunque en el curso de los dos siglos recién transcurridos se ha ganado relativamente mucho para la causa de la educación de los sordomudos, los círculos que conocen mejor la situación están dominados unánimemente por la convicción de que lo existente no basta en modo alguno para las necesidades y solo de manera sumamente deficiente puede ponerse de acuerdo con las exigencias de la época.
O. R.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha a partir del número completo del Unterhaltungsblatt des Vorwärts, Nr. 46, Berlín, 7 de marzo de 1906, págs. 182-183, digitalizado por la Friedrich-Ebert-Stiftung. Los comentarios S. n del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Se conservan la división en párrafos, las cursivas (que reproducen el espaciado del original), las cifras y la paginación original. Taubstummenanstalt se traduce «instituto de sordomudos»; Taubstummenfürsorge, «asistencia a los sordomudos»; Lautsprache, «lengua hablada»; Artikulationsmethode, «método articulatorio»; Blödheit, «imbecilidad» (término de época); Skrophulose, «escrofulosis». Las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo.