Dibujos infantiles
Hace algún tiempo apareció en la prensa pedagógica un llamamiento que merece el interés de círculos más amplios y la atención de todos los padres y educadores. El conocido catedrático de historia de Leipzig, el doctor Lamprecht,1 se dirigió al público con el ruego de que se le enviaran dibujos de niños de todas las edades, para «reunir un material lo más rico y científicamente aprovechable posible para la investigación del desarrollo intelectual de los niños». En primer término se tendrán en cuenta dibujos libres, independientes, que el niño haya hecho enteramente por propio impulso, sin incitación, invitación o ayuda alguna de padres, maestros u otras personas; dibujos tales como los que suelen nacer, como producto natural del impulso a la actividad y a la representación, directamente de la actividad lúdica del niño. En segundo término se desean dibujos que hayan surgido a raíz de una invitación determinada o de una incitación de padres, maestros, etc., en especial aquellos cuya ejecución se haya hecho bajo el control personal del maestro que participe en la colección. Se desean además, en el mayor número posible, dibujos de un mismo niño. Es sumamente importante poder seguir, desde un punto de vista determinado, el proceso de formación intelectual de un niño a lo largo de varios años. Los dibujos prestan en esto los más valiosos servicios; a ser posible, deben pertenecer a distintos años de la vida, preferiblemente al tiempo que va de los primeros a los últimos años de la infancia, de modo que en cada caso pueda establecerse con exactitud el desarrollo individual. Por último, también son muy bienvenidos dibujos de adultos, pero solo de aquellos que no dibujan por oficio. Quedan excluidos, pues, los dibujos de artistas, pintores, profesores de dibujo, etc. En este grupo ha de prolongarse el desarrollo desde el niño hasta la plenitud del individuo maduro; muy bienvenidos son también los dibujos de personas adultas de aquellos pueblos que se encuentran en un grado de cultura inferior.
Coleccionar y estudiar dibujos infantiles es una ocupación científica todavía relativamente joven; aparte del extenso trabajo del doctor Levinstein,2 no existen todavía —al menos en lengua alemana— publicaciones dignas de mención. La razón está en que la ciencia de la psicología infantil solo ha recibido mayor atención desde que se sabe que el desarrollo del ser humano individual —como dice el profesor Lamprecht en su llamamiento— transcurre, en general, de manera análoga al desarrollo de la especie, no solo en lo físico sino también en lo psíquico. Dicho en pocas palabras: desde que se sabe que la investigación del proceso de formación corporal y anímica del niño individual constituye una clave acertada para la investigación de la evolución del género humano en general.
Ante el paralelismo entre individuo y especie así expresado, uno se acuerda involuntariamente de la ley biogenética fundamental formulada por Haeckel, según la cual en la evolución del individuo se refleja, a través de todas sus fases, la evolución histórica de toda la estirpe, del género humano en su conjunto. Esta ley biogenética fundamental ha llegado a tener una importancia orientadora tanto para las ciencias naturales como para el desarrollo de la psicología científica.
Ya hace unos cien años la psicología había abandonado el punto de vista metafísico, que se remonta a representaciones religiosas, según el cual los múltiples fenómenos y manifestaciones de la vida interior humana debían considerarse formas de actuación de fuerzas anímicas fundamentales existentes, efectos de ciertos actos de una facultad psíquica del alma. Poco a poco el principio de la experiencia fue ganando terreno; la psicología entró en una relación más estrecha e íntima con las ciencias naturales, la anatomía y la fisiología, hasta que finalmente el profesor Wundt, de Leipzig —aprovechando los trabajos preparatorios de Fechner, Lotze, Weber, Helmholtz y otros—, creó la psicología fisiológica, que se basa en el conocimiento de que lo intelectual, lo psíquico, debe concebirse en algún sentido como fenómeno paralelo de ciertos procesos fisiológicos, es decir, materiales, y de que entre ambos ámbitos, la vida corporal y la intelectual, existen relaciones recíprocas. Desde aquí ya no había más que un pequeño paso para que también la teoría fisiológica de la evolución influyera en la psicología. Se formó una rama especial de la psicología, la psicología genética o evolutiva, que se apoya estrechamente en la psicología de los pueblos y que en el fondo no es otra cosa que la transferencia de la ley biogenética fundamental de lo fisiológico a lo psicológico, de las ciencias naturales a la ciencia de la llamada vida anímica; una transferencia que, naturalmente, no debe entenderse como un proceso exterior, burdo, mecánico, sino que se caracteriza como una revaloración muy gradual de los valores antes obtenidos, resultante de puntos de vista científicos que han cambiado. Una de las aportaciones más ingeniosas al desarrollo de la psicología genética la hizo Darwin en su obra La expresión de las emociones en el hombre y en los animales (1872). Salvo en algunos puntos discutidos, la ciencia se sitúa hoy de forma muy general en el punto de vista de la analogía entre el desarrollo físico y el psíquico del ser individual y de la especie. Lazarus, Steinthal, Wundt y otros se han servido en especial de la evolución del lenguaje para obtener información sobre el perfeccionamiento intelectual del género humano en la época prehistórica. Otros psicólogos han recurrido con este fin al desarrollo anímico del niño. Y la psicología infantil, cuyos representantes más importantes son en Francia Bernard Perez y Gabriel Compayré, en Inglaterra James Sully, en América Stanley Hall, Mark Baldwin y Harlow Russel,3 en Alemania Preyer y Lindner, al tomar como objeto de su estudio no solo el desarrollo del lenguaje infantil sino toda la personalidad psíquica del niño, ha dado como resultado que el desarrollo del niño «discurre en muchos puntos paralelo a aquellas épocas de la historia de la cultura que se designan como prehistoria; y no menos presenta rasgos que son propios también de las culturas de los pueblos primitivos que todavía hoy se encuentran en grados inferiores de desarrollo». En consecuencia, la investigación del niño está en condiciones de aportar materiales e indicios muy valiosos para una historia comparada de la cultura de las distintas razas y, con ello, para una historia general de la humanidad.
De esta conciencia y de este conocimiento científico nace el llamamiento que ha hecho el profesor Lamprecht. Para reunir el material se han previsto varios años, de modo que queda tiempo suficiente para colecciones, experimentos y cosas semejantes. Se reembolsan los gastos y el franqueo; previa petición, los dibujos enviados se devuelven tras hacer copias de ellos. Los nombres de los remitentes se tratan con discreción y no se publican. La dirección es: Prof. Dr. Lamprecht, Leipzig, Schillerstraße 7, primer piso.
En toda familia en que los niños desarrollan su alegre actividad, el «pintar» desempeña un gran papel entre los juegos y ocupaciones. Todo niño es un artista, y antes aún de saber manejar el lápiz, la pizarra y el libro, revela disposiciones plásticas, artísticas. Cuando arrastra tras de sí una rama, una vara o un palo, observa encantado la línea trazada en la arena. Con palitos o con los dedos se dibujan en la arena imágenes y figuras. En la mesa moja el índice en la sopa y en la salsa y con ese color natural pinta el borde del plato, la mesa y la cara. Y cuando por primera vez le ponen un lápiz en la mano, pinta con alegría el caos de líneas en zigzag, y quizá también curvas, que produce su actividad. Por desgracia, las primeras creaciones gráficas de nuestros pequeños suelen ser muy subestimadas y malentendidas, y a menudo incluso despachadas con una sonrisa despectiva. ¿Qué valor van a tener semejantes mamarrachos?, dice más de una madre. —Calma: en ciertas circunstancias tienen un gran valor, si no para nosotros y para el primero que llega, sí para la ciencia, que los ha escogido como objeto de una investigación seria e importante. Los dibujos de los niños, de los salvajes y de los hombres primitivos presentan muchos rasgos comunes, emparentados: si se logra investigar a fondo uno de estos tres ámbitos, se habrán ganado caminos que conducen a los lejanos territorios, aún más o menos inexplorados por la ciencia de hoy, de la vida y el devenir prehistóricos. En este meritorio trabajo científico puede participar cualquiera, aun el más inculto y humilde, si contribuye a que el llamamiento mencionado al principio se conozca también en su ambiente y encuentre la atención que merece.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), establecida sobre la Volkswacht de Bielefeld (Nr. 265, 11 de noviembre de 1905, Beilage, pág. 5), cotejada con su facsímil (ULB Münster); el mismo artículo salió en el suplemento Zur Unterhaltung und Belehrung del Volksblatt für Halle, Nr. 46, 16 de noviembre de 1905 (referencia de la bibliografía de Stecklina; de esa página solo hay un OCR fragmentario). Id OR1905-41.
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Se conservan la división en párrafos y las cursivas (espaciados) del original. Rasse se traduce «especie» cuando se opone a individuo y «raza» cuando se habla de razas humanas; biogenetisches Grundgesetz, «ley biogenética fundamental»; Völkerpsychologie, «psicología de los pueblos»; Entwicklungs-Psychologie, «psicología evolutiva»; Werdeprozeß, «proceso de formación». La cita del llamamiento de Lamprecht se traduce del alemán de Rühle. Las equivalencias fijas se recogen en el glosario del archivo.
Karl Lamprecht (1856-1915), historiador de la Universidad de Leipzig, que reunió en esos años una gran colección internacional de dibujos infantiles. (N. del T.) ↩
Siegfried Levinstein, autor de Kinderzeichnungen bis zum 14. Lebensjahr (Leipzig, 1905). (N. del T.) ↩
Así en el impreso; probablemente se refiere al psicólogo norteamericano E. Harlow Russell. (N. del T.) ↩