Paul Natorp, Pestalozzi und die Frauenbildung [Pestalozzi y la educación de la mujer]. Leipzig, Verlag der Dürrschen Buchhandlung. Precio: 60 Pfennig.

Quien no sepa otra cosa de Pestalozzi, dice Natorp en un pasaje de este escrito suyo recién aparecido, sabe que quiso poner la educación del niño muy especialmente en manos de la madre. En efecto, la alta estima de la mujer como educadora del niño constituye uno de los rasgos característicos de la pedagogía de Pestalozzi. Es el amor materno lo que para él significa el fundamento de toda formación humana, si esta ha de llevarse a un término provechoso, que alcance el fin de la educación. Por eso considera que despertar el sentido maternal en la personalidad del educador es su misión más importante. «Aunque al niño le falten padre y madre», dice, «el cuidado paterno y materno, el sentido paterno y materno tiene que estar ahí; de lo contrario, al niño le falta el primer fundamento de su formación para la humanidad». De acuerdo con esta concepción, la escuela materna (Mutterschule) es para él la primera forma de la educación; en varias obras —Cómo enseña Gertrudis a sus hijos, El libro de las madres, etc.— subordina, en exposiciones de mayor o menor amplitud de miras, su sistema y su método a esa escuela materna. Tampoco faltan por lo demás en sus escritos indicaciones y observaciones destinadas a favorecer el desarrollo y la realización práctica de su idea. Como para cumplir los deberes educativos maternos el amor solo no basta a la larga, por supuesto, la propia madre debe disponer, según las exigencias de la época, de cierta formación. También en este sentido da Pestalozzi orientaciones. Natorp, como excelente conocedor de Pestalozzi, se ha tomado el trabajo de entresacar de sus escritos los pasajes más significativos que se refieren a la educación y a la formación de la mujer, y de reunirlos en un cuadro de conjunto bien redondeado. Puede que lo haya logrado bien; pero valor práctico alguno para la educación de la juventud femenina del presente y del futuro apenas lo tiene. La época en que Pestalozzi obró y pensó es tan radicalmente distinta de la actual que entre ambas ya no se encuentran prácticamente puntos de contacto; sobre todo, la posición de la mujer en la sociedad y en la familia ha experimentado un vuelco completo. El desarrollo del sistema capitalista ha llevado a que innumerables mujeres hayan sido empujadas fuera de la familia a la vida laboral, donde se ganan el pan en fábricas, comercios, oficinas, etc., en un alto porcentaje sin perspectiva alguna de llegar a fundar un hogar propio y a cumplir su profesión «natural» de ama de casa, madre y educadora. Si, como afirma Natorp, figuras femeninas de Pestalozzi, como la Gertrudis o la Mareili, pueden encontrarse todavía hoy en las aldeas de Hesse y en otras partes en exactamente las mismas condiciones de vida que entonces, no lo vamos a discutir. También los idilios de ciudad pequeña a lo Ludwig Richter1 pueden encontrarse todavía hoy en la realidad, y sin embargo el cuadro de la vida es hoy, en general, completamente distinto. No son más que excepciones, que desaparecen de día en día. Las mujeres del presente necesitan menos una formación que las capacite, como educadoras maternas, para cumplir tareas que quizá nunca se les presenten, que una formación que las provea de las armas necesarias para la lucha por la existencia. También las mujeres del futuro podrán prescindir de la formación que exigía Pestalozzi, tanto más cuanto que la consideración de la marcha evolutiva de nuestro sistema educativo lleva a reconocer que le es inherente la tendencia a conceder a la sociedad una influencia cada vez mayor sobre la educación. La educación puramente individual de hoy, y con ella la educación completamente individualista de la escuela materna, tendrá que ir cediendo cada vez más el sitio a la educación social. Pero el propio Natorp, uno de los teóricos más destacados del problema de la pedagogía social, sabe muy bien que la educación social no comprende solo la educación del individuo para la vida social, sino también la influencia educativa del medio social sobre el individuo, y que, para desplegar plenamente estas relaciones recíprocas entre sociedad e individuo y hacerlas eficaces, será necesaria desde el principio una educación de los niños completamente distinta de la que jamás podría ofrecer la escuela materna, que ya por el solo hecho de que solo es concebible como educación individual tiene un efecto antisocial. La grande y sin duda justificada veneración por Pestalozzi ha inducido a Natorp, nos parece, al error, frecuente entre los investigadores, de atribuir valor eterno también a aquellas concepciones e ideas del maestro que la marcha imparable de la evolución ha dejado atrás hace mucho tiempo.

O. R.


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha desde la imagen de la Leipziger Volkszeitung, 12.º año, n.º 150, lunes 3 de julio de 1905, suplemento de folletín (Feuilleton-Beilage), rúbrica «Literarisches», firmada «O. R.» (SLUB Dresden, digital.slub-dresden.de/id394414608-19050703, imagen 11). En el mismo número sigue la reseña de Spiel und Arbeit (OR1905-24).

Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Frauenbildung se traduce «educación de la mujer» en el título y «formación de la mujer» en el texto, junto a Frauenerziehung, «educación de la mujer»; Mutterschule, «escuela materna»; Muttersinn, «sentido maternal». El título de Pestalozzi Wie Gertrud ihre Kinder lehrt se da como en el resto del archivo, «Cómo enseña Gertrudis a sus hijos». Se repone la puntuación que falta en el impreso (comilla de apertura de la segunda parte de la cita, punto final). Se conservan las cursivas del original, que reproducen su espaciado.

  1. Ludwig Richter (1803-1884), pintor e ilustrador de Dresde, célebre por sus escenas idílicas de la vida aldeana y de las pequeñas ciudades alemanas. (N. del T.) ↩