La falta de maestros
Por Otto Rühle
La falta de maestros de escuela popular1 en el Imperio alemán es enorme. Aunque solo se quisiera crear puestos de enseñanza según la medida usual hasta ahora, habría que aumentar el número de los existentes en más de cuatro tercios. Con ello, sin embargo, solo se eliminaría la falta crónica de maestros, que consiste en que no hay suficientes fuerzas en proporción al número de niños en edad escolar y al número de alumnos asignado hasta ahora a cada maestro. A ello se suma la falta aguda de maestros, que tiene por consecuencia que ni siquiera los puestos de maestro hoy existentes estén plenamente cubiertos.
Ahora bien, estos dos fenómenos solo pueden calificarse de falta relativa de maestros, a la que se contrapone además una falta absoluta. Esta se debe a que el número de alumnos por maestro está fijado en el Imperio alemán en una cifra demasiado alta. Unos 870000 escolares reciben enseñanza de unos 15000 maestros de escuela popular2, de modo que a cada maestro le corresponden por término medio 58 niños (en Gran Bretaña 55, Austria 49, Francia 46, Italia 35, Estados Unidos 29). Según los principios de una pedagogía razonable, un maestro no debe enseñar a más de treinta niños, porque de lo contrario ya no puede hablarse de una labor educativa provechosa. Si se toma esta exigencia como medida para calcular el número de maestros de escuela popular que debería haber en el Imperio alemán para eliminar la falta absoluta de maestros, resulta la enorme cifra de unos 290000 maestros, es decir, el doble de los maestros de escuela popular que hay actualmente en el Imperio alemán.
La magnitud de la falta crónica de maestros la ilustra el hecho de que, según la estadística escolar oficial, en 1896 se enseñaba en Prusia a unos 1400000 escolares en clases abarrotadas. Es casi el 27 por ciento del total de alumnos. En el campo, por término medio, solo 72 de cada 100 niños recibían su enseñanza en condiciones normales de asistencia. En el distrito gubernativo de Oppeln esta cifra bajaba a 49 de cada 100. Hay que tener en cuenta, además, que según los principios del Gobierno una clase solo se considera abarrotada cuando en la escuela de una sola clase hay más de 80 niños, y en una escuela de varias clases más de 70 niños en una clase (Sajonia 60, Holanda 48, Noruega 40, etc.). Para aclarar mejor la falta crónica de maestros sirven las cifras proporcionales sobre la distribución de las clases y los puestos de maestro entre los escolares. Según el censo estadístico escolar del 27 de junio de 1901, la escuela popular pública de Prusia contaba, en grandes promedios:
| Año | En las ciudades: clases | puestos de maestro | escolares | En el campo: clases | puestos de maestro | escolares |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1886 | 6,28 | 6,03 | 404 | 1,71 | 1,40 | 110 |
| 1891 | 6,88 | 6,80 | 417 | 1,82 | 1,47 | 107 |
| 1896 | 7,11 | 7,05 | 418 | 1,94 | 1,55 | 109 |
| 1901 | 8,12 | 8,17 | 456 | 2,11 | 1,68 | 113 |
Según esto, la proporción entre clases y puestos de maestro ha mejorado algo en las ciudades, pero en el campo ha empeorado, y aun mucho más de lo que muestran las cifras. Hay que tener en cuenta, en efecto, que alrededor del 2 por ciento de los puestos de maestro existentes en Prusia no están cubiertos en absoluto, de modo que muchos maestros tienen que enseñar a dos clases.
El material oficial disponible sobre la magnitud de la falta aguda de maestros es sumamente escaso e insuficiente. Se limita casi exclusivamente al dato, contenido en la citada estadística escolar de 1901, de que el número de puestos vacantes de escuela popular en Prusia casi se cuadruplicó de 1896 (472 puestos) a 1901 (1863 puestos). Tanto más numerosas e interesantes son las noticias sueltas de la prensa diaria y de la prensa pedagógica especializada sobre este triste capítulo de la escuela popular en el país de los poetas y pensadores.
En Prusia Occidental había a comienzos de 1901 unos 200 puestos vacantes; en Pomerania, solo en el distrito de Köslin, 80; en Brandeburgo, concretamente en el distrito gubernativo de Potsdam, 75. De 1116 escuelas populares católicas de Silesia, en 1897, a causa de la falta de maestros, en 599 escuelas (51,6 por ciento) un maestro tenía que enseñar a más de 80 alumnos. En 252 escuelas, como expuso Bebel en su discurso en el Reichstag del 24 de noviembre de 1902, con ocasión del debate del arancel aduanero, correspondían 100 y más alumnos a un maestro, a saber: en 106 escuelas, de 101 a 110 niños por maestro; en 59, de 111 a 120; en 31, de 121 a 130; en 23, de 131 a 140; en 11, de 141 a 150; en 14, de 150 a 170; en 7, de 171 a 200, y en 1 escuela incluso 209 niños por maestro. Solo en el distrito gubernativo de Oppeln faltaban el 1 de octubre de 1900 más de 100 maestros;
en el distrito de Lauban hubo que cerrar durante meses una escuela de media jornada porque no se encontraba maestro; en el distrito rural de Beuthen no se pudo abrir una escuela recién construida porque no había manera de dar con un maestro. Del mismo modo, el municipio de Herzdorf, pese a sus reiteradas solicitudes, no consiguió que el Gobierno de Liegnitz le asignara una tercera fuerza docente para su segundo edificio escolar recién construido. Estas situaciones son una auténtica burla del Estado de cultura prusiano.
En Silesia, donde la escuela popular presenta tal desamparo3, el príncipe de Pless ejerce el patronato sobre 123 escuelas populares, el conde Henckel von Donnersmarck sobre 129, el conde Tiele-Winckler sobre 94, el duque de Ratibor sobre 87 escuelas4. Además, el camarada Bebel hizo constar en el Reichstag lo siguiente:
Entre las escuelas que gozan del patronato del señor von Tiele-Winckler hay una en la que 1 maestro enseña a 178 alumnos; en las del conde Guido Henckel von Donnersmarck, 1 maestro para 172 alumnos; conde Hugo Lazy y Arthur Henckel von Donnersmarck, 1 maestro para 162 alumnos; príncipe de Pless, 1 maestro para 166 alumnos; conde von Garnier-Turawa, 1 maestro para 192 alumnos y 1 maestro para 168 alumnos; conde von Strachwitz, 1 maestro para 188 alumnos; condesa Frankenberg, 1 maestro para 178 alumnos; conde von Wilczek, 1 maestro para 179 alumnos; consejero de distrito y consejero privado Gerlach, 1 maestro para 209 alumnos; príncipe Hohenlohe-Ingelfingen, 1 maestro para 154 alumnos; duque de Ratibor, 1 maestro para 148 alumnos; el terrateniente Neumann, 1 maestro para 181 alumnos; conde Wengerski, 1 maestro para 162 alumnos; caballero von Studnitz, 1 maestro para 149 alumnos; pertenecen además a los patronos amigos de la escuela popular: la Cámara de la Corona real en Berlín (1 maestro para 168 alumnos) y el fisco real de minas (1 maestro para 183 alumnos y 5 maestros para 810 alumnos). Con mucha razón observó el camarada Bebel sobre estos datos: Puede decirse con razón que en Prusia las tareas culturales más elementales se descuidan de la manera más escandalosa.
Peor aún que en Silesia está la escuela popular en Posen. El 30 de enero de 1901 escribía la Preußische Lehrerzeitung [Gaceta de los Maestros Prusianos]: En ninguna provincia hay una situación escolar tan triste como aquí. Según la estadística oficial, hay en la provincia de Posen 6406 clases, pero solo 4874 maestros, de modo que resultaría una falta de 1532 maestros.» En algunos distritos faltaban 100, 150 y más maestros; en Wengorzewo, cerca de Welnau, un maestro enseñaba a 130 alumnos, en Pawlowo a 150, en Horytnica a 140, en Grabowo (Wreschen) incluso a 160 y en Lutomek a 170. Según la Vossische Zeitung, en el distrito gubernativo de Posen corresponden 155 puestos escolares por cada 100 maestros, y en el de Bromberg 143. Además, una cuarta parte de todos los escolares ha de recibir enseñanza en clases abarrotadas. Otra gran parte, por falta de fuerzas docentes y de locales escolares, queda sencillamente dispensada durante varios años de asistir a la escuela. Cuando un niño de Posen iba a ser inscrito en una escuela de Dresde, resultó que, aunque llevaba ya dos años en edad escolar obligatoria, no había ido aún a escuela alguna. Las averiguaciones mostraron que, por estar las escuelas abarrotadas, se le había «aplazado» dos años. El número de estos aplazados es a menudo bastante grande. Según los datos del diputado rector Kopsch, en 1900 eran 200 en Ostrowo, 80 en Krempe y entre 300 y 350 en todo el distrito. En los últimos años el número de estos niños ha disminuido algo; en 1882 eran todavía 9432, en 1891, 3239 y en 1896, 2409 los niños aplazados por falta de sitio. «Nunca hemos oído», observaba a este respecto la Preußische Lehrerzeitung, «que se mande a casa a los mozos sujetos al servicio militar porque no haya locales para ellos; pero con los reclutas de la escuela se deja que ocurra sin más. El servicio militar obligatorio se cumple, sin duda, pero la escolaridad obligatoria sigue todavía, como se ve, en el papel para algunas regiones del país.» No hará falta señalar especialmente que las provincias orientales, dominios del conservadurismo, marchan a la cabeza en los males descritos. En Posen existe además, según comunicó el diputado polaco von Jazdzewski el 5 de noviembre de 1902 en la comisión de protección de la infancia, la práctica de despedir a los niños de la escuela ya antes de cumplir los doce años, porque todas las escuelas estarían abarrotadas. En su comarca (Schroda)
habría 1000 niños alojados en 12 clases. O sea: primero dos años aplazados, luego quizá año y medio de vacaciones porque la tormenta derribó la escuela y no se construye otra, más tarde escuela de media jornada en una clase de 180 alumnos y, por último, despedidos de la escuela antes de cumplir los doce años: ¡magnífica educación ha de salir de eso! ¡Y un Gobierno que tolera semejantes horrores gasta cientos y cientos de millones para llevar la «cultura alemana» a China!5
Incomparablemente mejor, aunque todavía muy lejos de ser brillante, está la escuela popular en las provincias occidentales; de ellas, la peor, relativamente, en la provincia de Sajonia, que parece contarse todavía a medias como parte de la Elbia oriental. Así, en 1901 había en el distrito gubernativo de Merseburg 216 localidades con escuela en las que correspondían a cada maestro de 80 a 153 alumnos.
En Baviera la falta de maestros es ya tan grande que en algunos distritos ya no hay ningún maestro auxiliar. En su lugar irrumpen en la escuela popular las monjas maestras clericales, que devastan y corrompen lo que con esfuerzo se había construido. En un plazo previsible la falta de maestros adquirirá aquí dimensiones aún mayores, pues la asistencia a los seminarios de maestros6 disminuye de manera muy llamativa.
También la escuela popular sajona sufre sensiblemente la falta de maestros. Allí se recurre al mismo medio que se empleó en Prusia en la época de los Reglamentos7: se envía sencillamente a los seminaristas a las escuelas populares.
Según la estadística escolar sajona, de 1897 a 1900 el número de maestros fijos aumentó un 9 por ciento, el de maestros auxiliares solo un 2 por ciento, pero el número de vicarios un 125 por ciento. La ley entiende por vicarios aquellas fuerzas docentes que el inspector escolar nombra, sin participación de la junta escolar ni del colaborador, «para la sustitución temporal» y «para remediar necesariamente una falta sobrevenida». Por regla general son candidatos de teología, maestros jubilados o seminaristas, en todo caso nunca fuerzas docentes de pleno valor. En Pascua de 1900 los inspectores escolares pidieron 538 candidatos al magisterio para cubrir los puestos de maestro vacantes; pero solo había disponibles 353 candidatos. Por eso, además de 3 candidatos de más edad disponibles, se colocaron como fuerzas docentes 182 seminaristas, es decir, jóvenes de dieciocho o diecinueve años que no tienen formación pedagógica ni la menor idea del trato con los niños. En Pascua de 1901 hubo que emplear en el servicio escolar a 232 de estos maestros a medio hacer, y en Pascua de 1902 incluso a 503. No cabe la menor duda de que la educación de los niños sufre los daños más sensibles con este modo de remediar la falta de maestros. Décadas no podrán reparar lo que estos pedagogos inmaduros echan a perder y devastan.
También en Altenburgo y en los Estados de Turingia hay vivas quejas por el abuso de los vicarios, que causa a la escuela el mayor daño.
Sumamente triste es sobre todo el estado de la escuela popular en Mecklemburgo, país de junkers, donde en las tierras de la nobleza caballeresca8 están vacantes por lo menos el 10 por ciento de todos los puestos escolares. ¡Ya puede uno imaginarse en qué miseria intelectual crece allí la juventud del pueblo trabajador!
Las causas de la falta de maestros han de buscarse única y exclusivamente en el miserable sueldo de los maestros. 900 marcos en Prusia, que suben a 1800 marcos en 31 años de servicio, o 1200 marcos en Baviera, que suben a 2530 marcos en 40 años de servicio, o 1200 marcos en Sajonia, que suben a 2100 marcos en 30 años de servicio, o, por último, 1200 marcos en Wurtemberg, que suben a 2000 marcos en 29 años, son sueldos que en verdad solo permiten a quienes los perciben una vida muy modesta, por no decir mezquina y escasa. Esta circunstancia aparta a muchos jóvenes inteligentes de dedicarse a la profesión de maestro; encuentran en diez, veinte campos ocasiones mucho más favorables para sacar mayor provecho de sus capacidades. Lo que hoy acude todavía a los seminarios de maestros es la pobre mediocridad o, como dice Nietzsche, la semipobreza intelectualmente pretenciosa de la clase media. Con ello no se sirve a la escuela en cuanto a calidad. Cuando un empresario privado, expone muy
atinadamente la Pädagogische Zeitung en un artículo sobre la falta de maestros, tiene que poner en un puesto importante a un hombre con responsabilidad propia, seguro que no elige al inexperto. Procura atraer candidatos mediante una oferta de la que sabe que la demanda le traerá fuerzas adecuadas. El medio es tan sencillo; se sabe también lo eficaz que resulta cuando se buscan los hombres adecuados para otros puestos de responsabilidad. Solo en la educación del pueblo no se considera necesario elegir este medio. Si las leyes y reglamentos de sueldos han hecho un comienzo, falta el desarrollo necesario. También la ley prusiana de 1897 parece que ha de ser por muchos años un noli me tangere, porque se la considera un non plus ultra. Quizá ayude la falta de maestros. A las escuelas secundarias siempre les ha ayudado. Aunque allí la situación en los últimos decenios nunca ha sido tan agobiante que la gris preocupación fuera huésped permanente de la familia y la caza de ingresos accesorios tomara forma de deporte, las justificadas quejas de los colegas de la enseñanza media han hallado un oído más favorable, y en las escuelas secundarias no se conoce la falta de maestros como calamidad permanente. Para la escuela popular, en cambio, se recurre a otros remedios. Se hace activa propaganda de la profesión de maestro, se fundan escuelas preparatorias de maestros y se conceden de muy buen grado subsidios. Ciertamente, en las ciudades mayores no es tan fácil atrapar aspirantes; en Barmen la escuela preparatoria de maestros municipal no tiene aún ningún alumno, pese a los afanosos esfuerzos del ayuntamiento; en Baviera se promete a los alumnos de la escuela media que posean el certificado de «voluntario de un año»9 admitirlos sin examen en el seminario de maestros. ¿No resulta cómico que la falta de maestros empuje a esta medida, considerada durante mucho tiempo una utopía de las asociaciones de maestros? En el seminario de maestros se dan luego por todas partes facilidades y subsidios, y aun así faltan alumnos.
Ahora bien, tan seguro como que la falta de maestros solo puede eliminarse con una mejor remuneración del trabajo de los maestros es, por otra parte, que esa mejor remuneración no llegará nunca mientras la legislación esté dominada por clases sociales que no tienen el menor interés en elevar y fomentar la escuela popular, cosa a la que contribuiría la mejora económica del magisterio. Solo la entrada del elemento socialista en las distintas dietas y concejos municipales puede producir aquí un cambio a fondo de la situación. Los maestros, por su propio bien y por el de su estamento, tendrían el mayor interés en contribuir a que este cambio se produzca cuanto antes.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre el facsímil de la Friedrich-Ebert-Stiftung: Otto Rühle, «Der Lehrermangel», Die Neue Zeit, 21. Jg. (1902/03), 1. Bd., Nr. 18, S. 564-568 (enero de 1903, fecha deducida de la Sozialpolitische Umschau del mismo número, del 28 de enero de 1903). Los comentarios S. n del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Se conservan las cursivas del original (espaciado en Fraktur), la tabla y las cifras tal como se imprimieron. Volksschule se traduce «escuela popular», Lehrerseminar «seminario de maestros», Präparandenanstalt «escuela preparatoria de maestros», Regierungsbezirk «distrito gubernativo». Las citas de Bebel y de la prensa pedagógica, que el original da en parte sin comillas, se traducen como en él. Las adiciones del traductor van entre corchetes.
Volksschule: la escuela elemental obligatoria y gratuita, a la que iban los hijos del pueblo; Volksschullehrer, su maestro. (N. del T.) ↩
Así en el original; las cifras reales eran del orden de 8,7 millones de escolares y 150000 maestros, como confirman la media de 58 alumnos y el cálculo de 290000 maestros que sigue. (N. del T.) ↩
Verwahrlosung: «desamparo», abandono material de la escuela; en otros contextos se traduce «descarrío». (N. del T.) ↩
Los patronos (Patronatsherren) eran los grandes terratenientes que, en las provincias orientales de Prusia, sostenían las escuelas de sus fincas e intervenían en el nombramiento de los maestros. (N. del T.) ↩
Alusión a la expedición contra el levantamiento de los bóxers (1900-1901) y a la colonia alemana de Kiao-Chau. (N. del T.) ↩
Lehrerseminar: seminario de maestros, centro alemán de formación de los maestros de escuela popular; equivale a la escuela normal española. Seminarist, «seminarista». (N. del T.) ↩
Los Stiehlsche Regulative de 1854, reglamentos reaccionarios que restringieron la formación de los maestros prusianos; derogados en 1872. (N. del T.) ↩
Ritterschaft: en Mecklemburgo, el conjunto de las fincas de la nobleza terrateniente, donde la escuela dependía de los señores. (N. del T.) ↩
El certificado que daba derecho al servicio militar voluntario de un año (Einjährig-Freiwilliger), exigido para muchas carreras medias. (N. del T.) ↩