Las amantes de Luis XIV, llamadas inferiores

Un psicólogo vienés coincide con un autor inglés en que un complejo dominaba al rey

Por DOROTHY DUCAS

Las amantes de Luis XIV, aquellas damas que le arrancaban a uno exclamaciones cuando llegaba a esa parte del libro de historia, eran señoritas poco atractivas, las más humildes y menos respetadas del séquito real, y el Rey Sol las eligió solo para ocultar su propio sentimiento de inferioridad.

Esta es la versión moderna del relato novelesco de una de las cortes más alegres y depravadas de toda la historia, una versión escrita recientemente por un inglés, Sisler Huddleston1.

Pero detrás de esa historia hay otro hombre, un hombre bajo y fornido, con unos quevedos posados desafiantes sobre una nariz que le tiembla cuando habla; un hombre con un brillo en los ojos que atrae la atención; un hombre cuyo nombre se conoce en todo el mundo allí donde se reúnen personas cultas.

Es el Dr. Alfred Adler, psicólogo vienés, que se encuentra ahora en este país. Nunca ha visto a Sisley Huddleston, y leerá el libro, Louis XIV in Love and in War [Luis XIV en el amor y en la guerra], por primera vez durante su viaje de regreso a Europa, que emprende el 31 de mayo.

Pero de no ser por este científico, a quien el señor Huddleston ha dedicado su volumen, no se habría podido escribir este nuevo material sobre Luis XIV de Francia. Porque el Dr. Adler descubrió el complejo de inferioridad.

La clave del carácter

«¿Está usted de acuerdo con el señor Huddleston en que el complejo de inferioridad de Luis XIV daba la clave de su carácter?», se le preguntó hoy al Dr. Adler en su suite del Gramercy Park Hotel.

El señor Huddleston dice que el rey de Francia se encontraba más a gusto con las mujeres que menos se parecían a las grandes damas de la corte, y que por eso elegía como amantes a las cojas, las sosas, las feas, las humildes, las regañonas y las de mediana edad.

«¡Absolutamente!», respondió el Dr. Adler. «Un hombre que se siente inferior elige siempre como pareja a la lisiada, a la deforme, a la borracha, a la canalla. Así puede estar seguro de que su compañera le estará siempre agradecida.

»En el Pygmalion de Shaw encontramos a un hombre culto que saca de la calle a una florista y la educa simplemente para sentirse poderoso. Goethe se casó con su ama de llaves. Los científicos se casan a menudo con sus criadas.

»Pero un hombre puede decidir si se conforma con su complejo de inferioridad o lo supera. Si quiere superarlo, mira alto, para que se le alabe por su elección. Si se conforma, solo quiere estar seguro de sentirse [ilegible]

[ilegible] da conferencias desde enero en la New School for Social Research, el 80 por ciento de las personas del mundo tienen complejos de inferioridad. Y es más común entre las mujeres que entre los hombres, porque «nuestra cultura concede un privilegio al varón».

Todos los complejos de inferioridad pueden curarse: cuanto más inteligente es la persona, más rápida es la cura. Incluso Luis XIV podría haberse curado, si en su tiempo se hubiera conocido algún psiquiatra. La mayoría de quienes tienen estos complejos no saben que los tienen, dijo el Dr. Adler, hasta que se pone a prueba si su adaptación social es adecuada.

Todos los niños difíciles

«Puede verse lo extendido que está el complejo de inferioridad si nombro unas cuantas clases de personas que lo tienen casi sin excepción», prosiguió el psicólogo. «Son los niños difíciles, los hombres y mujeres neuróticos, los delincuentes, los suicidas, los borrachos, los solterones y las solteras».

De niño, Luis XIV iba vestido con harapos, no recibió educación y a menudo le faltaba el dinero, cuenta el señor Huddleston. Ya rey, buscó comprensión y consuelo para las humillaciones pasadas y los temores presentes en las mujeres más humildes de su corte. Es el proceder habitual de la víctima de un complejo de inferioridad, dijo el Dr. Adler.

El primer amor de Luis, María Mancini, sobrina del cardenal Mazarino, era un patito feo, según el señor Huddleston. Luisa de La Vallière era «insignificante y apocada». La anciana Madame de Maintenon, viuda del procaz escritor Scarron, era «una mujer pobre, achacosa y beata que había sido institutriz de los hijos ilegítimos del rey». Madame de Montespan era ridículamente gorda. Enriqueta, hermana de Carlos II de Inglaterra y esposa del hermano del rey Luis, el duque de Orleans, era «alta, delgada, ligeramente jorobada; tosía a menudo y a veces la sacudían convulsiones». Incluso la esposa de Luis XIV, María Teresa, hija del rey de España, era carrilluda, de mal cutis y dientes negros.

El Dr. Adler dijo que se sentía halagado por que se le hubiera dedicado este libro. Es la tercera vez que se le rinde tal honor. The A B C of Individual Psychology, de Philip Meiret2, y Technique of Education [Técnica de la educación], de un grupo de científicos alemanes, también se dedicaron al creador de la psicología individual.


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre la imagen de la página en Old Fulton NY Post Cards (fultonhistory.com): Dorothy Ducas, «Louis XIV Loves Called Inferior. Viennese Psychologist Agrees With English Author That Complex Ruled King», New York Evening Post, 22 de mayo de 1929, p. 9. La imagen corta el pie de la primera columna.

Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026), con titulares y ladillos tal como se imprimieron. Problem children se traduce «niños difíciles»; social adjustment, «adaptación social». Los nombres de la corte de Luis XIV se dan en su forma española usual.

  1. Así en el original, por Sisley Huddleston (1883-1952), periodista y escritor inglés afincado en París; su Louis XIV in Love and in War es de 1929. Más abajo el periódico da bien el nombre. (N. del T.) ↩

  2. Philippe Mairet, autor de ABC of Adler's Psychology (Londres, 1928). (N. del T.) ↩