Todos los criminales son cobardes, se dice a un grupo

La educación de los niños es la solución del delito, dice un doctor

HABLA EN EL TORCH CLUB

«Todo criminal es un cobarde, es vanidoso y busca la compañía de los de su tipo.»

Esta fue una de las afirmaciones del doctor Alfred Adler, el famoso psicólogo vienés, en su discurso ante el Torch Club de Binghamton, en la cena que celebró el miércoles por la noche en el hotel Arlington.

Tomando como tema «Neurosis y prevención del delito», el doctor Adler recorrió el campo de la psicología en lo que atañe a las personas neuróticas y delincuentes, para dejar claro su punto de vista de que la solución del problema de la prevención del delito está en la debida crianza del niño: un problema, dijo, ante todo de los educadores, pero también de los padres y del clero.

Evitando por completo hablar de su conocidísima «teoría del complejo de inferioridad», el doctor Adler declaró que en los primeros años de la vida de un niño se manifiestan los rasgos individuales del niño.

«Demasiado poca actividad social es peligrosa», dijo. El niño que quiere mandar a los demás, darles órdenes, que lo sirvan, utilizar a sus compañeros de juego y a sus padres carece de actividad social.

«Por otro lado, el delincuente tiene más actividad. El delincuente busca una salida para alguna fuerza que lleva dentro, que es útil pero que no se aprovecha.»

Las tendencias de los criminales pueden remontarse a la infancia. No hay, según el doctor Adler, ningún criminal cuyo pasado no muestre tendencias delictivas desde la infancia.

«Y —explicó el psicólogo— se quedan en su estilo. Carterista una vez, carterista siempre. Un ladrón de casas sigue siendo siempre un ladrón de casas. Un atracador, lo mismo.»

El delincuente medio, señaló el doctor Adler, tiene una vanidad característica. Si lo pillan en un delito, su reacción es pensar que ha debido de cometer un error. Cavila sobre cómo podría haberlo hecho mejor. El remordimiento que pueda tener es por sus errores.

Los delincuentes buscan a los de su nivel, y esto, se explicó, es lo que da lugar a la formación de bandas.

Una característica de los delincuentes, afirmó el doctor Adler, es que invariablemente son zurdos de nacimiento.

«Si se busca lo bastante atrás en la vida de Hauptmann —dijo—, se encontrará que era zurdo.»

En el coloquio abierto que siguió al discurso, se preguntó al doctor Adler si había estudiado lo suficiente el caso del secuestro de Lindbergh para llegar a una conclusión sobre la constitución mental del individuo que cometió el crimen, y si Hauptmann entraba en esa categoría.

«La persona que secuestró al niño —dijo el doctor Adler— era un ladrón de casas. El secuestro es robo con allanamiento. Hauptmann fue delincuente en su juventud. Estuvo en la cárcel en Alemania.»

El doctor Adler dio a entender que la sociedad es en cierto modo responsable de la culpa de Hauptmann, si se le declara culpable, a causa de su falta de adaptación social.

Al presentar una solución para la prevención del delito, el doctor Adler dijo que la responsabilidad corresponde a los educadores. Los niños problemáticos, dijo, deben ser vigilados y educados. Habló de sus experiencias con niños en escuelas de Viena y de Detroit (Michigan), como ejemplos de cómo desarrollar rasgos en los niños para adaptarlos socialmente.


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre la imagen de la página en Fulton History (Binghamton NY Press Grayscale 1935 - 1486): «All Criminals Are Cowards, Group Is Told», The Binghamton Press, Binghamton (N.Y.), 17 de enero de 1935 (edición de tarde), p. 17, sin firma.

Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026), con los titulares tal como se imprimieron. Social activity se traduce literalmente, «actividad social» (el periodista parece confundir aquí social interest con la «actividad» de que habla Adler); burglar, «ladrón de casas»; problem children, «niños problemáticos». Bruno Richard Hauptmann estaba entonces procesado por el secuestro y asesinato del hijo de Charles Lindbergh (el juicio se celebraba en Flemington desde el 2 de enero de 1935). Las cursivas reproducen el espaciado del original.