Cuentos, sueño y fantasía

El sueño es un producto creador de la fuerza creadora del hombre

(De nuestro corresponsal)

En una reunión muy concurrida de la Stichting voor Kinderstudie [Fundación para el Estudio del Niño], el profesor doctor Alfred Adler habló el 11 de septiembre, en el Liceo Neerlandés de La Haya, sobre «Cuentos, sueño y fantasía». Estos tres factores están estrechamente unidos. Quizá se eche de menos lo único e irrepetible en los cuentos difundidos por todo el mundo, pero es llamativo cómo cada niño vive los cuentos a su manera y saca provecho de ellos. También inventan cuentos; buscan apoyarse en uno existente, y los cuentos que, ya sea apoyándose en uno existente, ya inventados por completo por el niño, contienen una parte de la vida del niño concuerdan hasta tal punto con sus deseos y situaciones, etc., que pueden sacarse de ellos conclusiones importantes sobre la vida del propio niño.

El mundo de los cuentos significa algo que se asimila en razón de su forma de vida. En el mundo de los cuentos de todos los pueblos y tiempos hay algo que nos recuerda la vida de nuestros niños; por eso tienen también una fuerza de enseñanza extraordinariamente grande: todos hemos sacado de ellos conocimiento del hombre, conocimiento del carácter. La aplicación del problema de la madrastra, en cambio, ha causado mucho daño a los niños, y él exige que se interprete a los niños cada cuento que lean, pues las crueldades que a menudo aparecen en ellos pueden causar mucho perjuicio, como ilustró con ejemplos de su práctica: miedo a las vendedoras de manzanas (Blancanieves), miedo a los deformes (magos), etc.

La vida anímica puede imaginarse como movimiento y nada más que movimiento, como parte de la vida misma, que es movimiento. La meta del movimiento es una meta de victoria, la evolución. Desde una situación de menos se aspira a una situación de más. En todo niño se desarrolla este proceso de aspiración a la meta de victoria. Todos los movimientos de la vida anímica se adaptan a esta meta, que se presenta bajo diversas formas: ser más listo, más fuerte, más sano que otro, etc., etc. De ahí que esta meta cambie una y otra vez cuando el niño se da cuenta de que su elegido no es el más poderoso; por ejemplo, que el cochero no es tan poderoso como el guardia de tráfico, que con un gesto de la mano hace detenerse a los caballos del cochero; el médico que salva de la muerte a la diva de cine que se ha fijado como meta, etc. Esto tiene mucho que ver con los cuentos y la fantasía. Una meta así no puede fijarse sin que ocurra en el niño algo maravilloso. Aparece en el niño una fuerza de impulso (Schwungkraft), que debe a la fantasía. Y por eso puede decirse que casi ningún niño carece de fantasía.

Naturalmente, la fantasía puede tener una influencia menos favorable, desviar al niño de su tarea y de la vida real. Pero ninguna tarea puede hacerse bien sin fantasía. En los niños débiles mentales, sin embargo, la fantasía no desempeña casi ningún papel.

Con los cuentos vivimos, nos identificamos con ellos como en una novela; eso lo hace la fantasía, igual que la fantasía nos arrastra en una representación teatral. A menudo la fantasía del hombre consiste en cometer o sufrir atrocidades, una fantasía que, si llegara a la realidad, solo causaría desgracias. Esta fantasía de horrores se encuentra también en los cuentos, y hay que mantenerlos alejados todo lo posible, aunque pudiera sacarse de ellos una buena lección. Lo mismo hay que hacer con toda clase de relatos semejantes para niños, que tienen ya bastante miseria sobre su conciencia.

Los cuentos muy difundidos se encuentran en todos los pueblos, en razas superiores e inferiores. Como las fábulas, serán siempre una de las materias de enseñanza más importantes para que el niño viva su fantasía. Solo hay que cuidar de que no saque de ellos conclusiones que no podamos aprobar.

La fantasía es un factor muy importante para conocer la forma de vida unitaria (einheitlich) del hombre. Si la fantasía se pierde antes de que se haga algo, decimos que un niño es un soñador. Todo artista se encuentra a veces en la esfera de lo inmóvil, en la fantasía, donde se incuba algo que más tarde madura en obra de arte y resulta de provecho para la comunidad.

La universalidad de la fantasía se encuentra en la universalidad de los sueños. La psicología individual no contrapone la vida onírica a la vida real, igual que el dormir no se contrapone a la vida. De la postura del hombre al dormir pueden sacarse muchas conclusiones sobre lo característico de su forma de vida. De un niño que duerme enroscado como un erizo no hay que esperar valor; de uno que duerme estirado cuan largo es, como en posición de firmes, que estará constantemente en guardia en la vida; un niño que duerme boca abajo sobre las rodillas no quiere separarse de sus parientes y está en una posición de escucha: es un niño mimado, dependiente, al que no le gusta nada irse a dormir.

El sueño lleva al niño al país de la fantasía. El propósito del sueño es alcanzar una meta sin que uno sea consciente de ello, como ocurre también en la vida de vigilia. En la estructura de la fantasía onírica se encuentran todos los medios para hallar la actitud vital propia del hombre. El sueño quiere desligarse de nuestro sentido común (common sense), de nuestra vida pensante consciente, puesto que apela a nuestra vida afectiva. Tiene algo de intoxicante. Se da un fuerte impulso (Schwung) en la dirección de la meta que fija la índole propia del soñador. El poder del estilo de vida suscita la fantasía, también en el sueño. De ahí que los niños débiles mentales, que no tienen fantasía, casi no sueñen. Y si sueñan, también sus sueños son débiles mentales. Pues el sueño es un producto creador de la fuerza creadora del hombre. Los sentimientos y las emociones del sueño actúan como motores.

Así pasa una sola línea por los cuentos, los sueños y la fantasía. La fantasía los mantiene unidos. Quizá todo sueño sea un cuento. Así también un sueño lleva a la clarividencia.

Se preguntó si el miedo a los deformes de los niños de disposición estética especialmente marcada no podría deberse al miedo a lo imperfecto.

El profesor Adler no puede negarlo del todo, aunque naturalmente interviene el miedo a lo insólito. La aspiración a la perfección se presenta, en efecto, en más de un niño como un sentimiento estético.

A una pregunta sobre la clarividencia, planteada a propósito de un caso en que un niño había visto en sueños algo que luego ocurrió de verdad, el profesor Adler, muy escéptico respecto de la telepatía y cosas semejantes, respondió que por clarividencia entiende que un niño sueña algo sin que él influya en ello, y que eso se cumple. Eso ocurrirá con bastante frecuencia. Mal le iría al espíritu humano si no se cumpliera nunca.

El señor A. Rienks, consejero del Departamento de Enseñanza, que presidió la velada, la cerró con unas palabras de agradecimiento al conferenciante.


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre la imagen de la página en Delpher: «Sprookjes, Droom en Fantasie», Soerabaijasch Handelsblad, Surabaya, Vierde blad, p. III (ejemplar fechado en Delpher el 7 de octubre de 1933; cabecera impresa: 30 de septiembre de 1933), de un corresponsal sin firma.

Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026), directamente del neerlandés, con titular y subtítulo tal como se imprimieron. Las palabras alemanas que deja el periódico (Schwungkraft, Schwung, einheitlich) se dan en cursiva. Sprookjes se traduce «cuentos» (cuentos de hadas); doel der overwinning, «meta de victoria»; zwakzinnig, «débil mental»; helderzien, «clarividencia». Dos frases defectuosas del original («Verzandt de fantasie voor het wat verricht…», «Dat moet ook met allerlei dergelijke verhalen…») se traducen según el sentido probable.