LA POSICIÓN DEL NIÑO EN LA FAMILIA Y EN LA ESCUELA

Lo más importante es educar al niño como semejante

La tragedia del niño mimado

En una reunión de la Stichting voor Kinderstudie [Fundación para el Estudio del Niño] tan concurrida que el aula del Liceo Neerlandés estaba completamente llena, el profesor doctor Alfred Adler habló anoche sobre la posición del niño en la familia y en la escuela. El señor A. Rienks, consejero del Departamento de Enseñanza, lo presentó con unas cordiales palabras de bienvenida. El profesor Adler expresó la opinión de que esta época necesita, más aún que cualquier otra, una pedagogía consciente. ¿Qué tiene que realizar en realidad un hombre en este mundo para ser considerado sensato? Garantizar el trabajo de la perpetuación del género humano. Con la invención de la división del trabajo se ha resuelto una parte del problema. Mediante la tradición, la técnica, el juego, la instrucción, etc., el niño se prepara para el trabajo, para la profesión. Pero son demasiados los que tienen que pasar por la vida sin trabajo. La segunda cuestión es la relación con el semejante. Es quizá la más importante de todas. Un hombre no puede, sencillamente, prescindir de los demás; toda teoría que lo niegue o quiera esquivarlo es errónea. El sentimiento de comunidad es innato en el hombre. Es una función que espera su desarrollo. Y esta cuestión debe dirimirse mediante la comprensión, pues en nuestra complicada cultura ya no basta con lo que se designa con una palabra, sin mayor desarrollo.

La tercera cuestión nace del hecho de que procedemos de dos sexos. Los que tienen defectos corporales han aportado a menudo lo mejor a la humanidad. De la mezcla de sangres no se sabe todavía casi nada, pero la naturaleza sigue actuando y hasta ahora no ha trabajado mal.

El niño tiene, pues, que ser llevado hasta tres cuestiones. La relación del yo con el tú está en la cuestión de la profesión. Un niño solo encuentra en la vida lo que otros han aportado antes que él: son las huellas del desarrollo de los hombres que aportaron algo a la seguridad del desarrollo humano. Estas aportaciones tienen un valor de eternidad; el espíritu de esos hombres vive entre nosotros y nosotros vivimos con él. La época de Caín, que se creía superada, reaparece sin embargo una y otra vez. De los hombres que no aportaron nada no ha quedado nada en el desarrollo general. Han sido expulsados, exterminados: hombres, familias, pueblos, razas.

El niño tiene, pues, que ser educado como colaborador, para llegar a ser un semejante. También de eso se han encargado ya las aportaciones de nuestros antepasados. El niño, al nacer, busca la conexión que le ofrece la naturaleza de la madre. Eso no es canibalismo, sino cooperación, y cada uno de los dos hace su aportación necesaria.

El sentimiento de comunidad (sociale interesse) está puesto en primer lugar en manos de la madre; ella está a la puerta del sentimiento de comunidad. Es el primer ser que el niño vive como un tú, y debe llevar al niño de modo adecuado a la participación en la vida de los demás, a saber, mediante una guía de camaradería que haga al niño embellecer su vida, no enredarla. Si la madre no lo logra, el niño carecerá de esa conexión. De un modo u otro, la madre hace cobrar vida al sentimiento de comunidad latente: de abandono completo desde el nacimiento, Adler no ha tenido ni un solo caso en todas sus investigaciones.

El mimo de los niños causa una gran miseria. El niño está demasiado ligado a la madre y considera enemigo al resto del mundo. No es un vínculo sexual, sino social. El niño crece como un parásito y no quiere cambiar por ninguna otra la situación con su madre. Esos niños se convierten en personas que siempre lo esperan todo de los demás y que quieren tenerlo todo de la vida sin dar nada ellos mismos. Solo quieren tomar; no saben dar nada.

En efecto, lo más importante en la educación es hacer del niño un semejante. Los hombres siempre han sabido el significado del sentimiento de comunidad. Se encuentra en todas las religiones. Si hasta ahora no se ha logrado, es que tiene que añadirse algo más: la comprensión. Todas nuestras cuestiones vitales tienen una estructura que indica que no pueden resolverse sin el sentimiento de comunidad. Son, pues, pruebas.

Un niño que está más ligado al padre que a la madre se encuentra en su segunda fase; que los chicos estén más cerca de la madre y las chicas del padre no tiene una base sexual. Está en la naturaleza del varón ser más suave con las niñas que con los niños, y eso el padre todavía no lo ha olvidado. Y la madre se entiende mejor con los chicos porque en muchas de ellas pervive todavía la idea de que los chicos son preferibles a las chicas.

El niño mimado solo está preparado para una situación (aquella en que la madre está presente) y por ello no será nada que exija un rendimiento propio. El gremio de estos niños es extraordinariamente numeroso. La escuela se presenta para este niño como una prueba, porque exige colaboración (el desarrollo psíquico del niño en su período de párvulo es todavía poco conocido: vivimos en la época del «niño olvidado»); en un niño que no mira a la cara, que siempre mira al suelo o de soslayo, hay poco o ningún sentimiento de comunidad. Esos niños mimados son siempre miedosos, no tienen valor y son difíciles en toda clase de aspectos. Las madres tienen que bregar día y noche con esos niños; aquí se demuestra la falta de colaboración. Toda clase de malas cualidades —odio, avaricia, etc.— se desarrollan en esos niños, que solo consideran a los demás como objeto de explotación y por eso caen también a menudo en actos delictivos. También los niños que mienten, etc., son niños que no han sido educados en el sentimiento de comunidad.

Los niños que no han sido educados en el sentimiento de comunidad soportan muy mal la llegada de un hermanito o una hermanita. A menudo la difícil educabilidad parece empezar en este punto. A ello se añade que el niño mimado se deja seducir con mucha facilidad, a diferencia del niño que se ha hecho colaborador y que, sin saberlo, lleva en sí el sentimiento de comunidad. El niño mimado no tiene una vida instintiva (Triebleben) más fuerte; simplemente está acostumbrado desde el principio a conseguir todo lo que quiere. En la escuela fracasan, no por falta de inteligencia, sino porque no se les entusiasma. Ya el primer día se le nota al niño si está preparado o no para la escuela. Estos niños fracasan por completo en la vida, aunque hayan hecho la escuela con éxito; lo cual se debe a que entonces ya nadie se interesa por ellos.

Necesitamos una generación que no quiera solo lo agradable de la vida, sino también lo desagradable, porque sabe que hay que resolverlo para hacer avanzar la vida. Por eso no se debe desalentar a ningún niño en la escuela. Hay que convencer a la generación que crece de que todos los logros que no se orientan a la colaboración y al bienestar de la humanidad son cobardía y que no hay en ellos ni pizca de valor. Eso evitaría muchos delitos, pues casi nadie quiere cargar con el oprobio de ser un cobarde.

El profesor Adler dedicó unas palabras al niño con defectos y al niño abandonado, a los que es muy difícil educar para la colaboración. No han recibido lo que hace falta para ello. En algunas enfermedades —escarlatina, tos ferina, encefalitis— se mima tanto al niño que, tras curarse, es mucho más difícil que antes.

La entrada en el parvulario, en la escuela ordinaria y más tarde en la vida son pruebas (tests); también lo es la pubertad.

En la vida escolar el zurdismo desempeña un gran papel. Alrededor del 40 por ciento de la humanidad es zurda; de ellos, solo el 5 por ciento lo sabe. Estos niños zurdos viven en un mundo de diestros, para el que no están preparados, y ofrecen la imagen de niños torpes. Además de con la escritura, tienen dificultades con la lectura, porque deletrean al revés, esto es, de derecha a izquierda. Estos niños se vuelven a menudo difíciles en el momento en que tiene que activarse su mano derecha, y eso es una prueba. Si tienen sentimiento de comunidad, desarrollan esa mano derecha de tal modo que llega a ser mucho mejor que la de los diestros, y casi siempre dibujan muy bien.

No se logrará mejorar la humanidad si no se consigue hacer de los niños colaboradores.

El señor Rienks, entre grandes aplausos, dio las gracias al profesor Adler, que piensa volver a nuestro país en septiembre, antes de regresar a América.


Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre la imagen de la página en Delpher: «De positie van het kind in het gezin en in de school», Het Vaderland, La Haya, 28 de mayo de 1933, edición de la mañana, p. 1, sin firma.

Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026), directamente del neerlandés, con titulares tal como se imprimieron. Gemeenschapsgevoel y sociale interesse se traducen «sentimiento de comunidad»; medemensch, «semejante»; aansluiting, «conexión»; verwennen, «mimo»; testproef, «prueba». El periódico dice «opgevoerd» («llevado») por «opgevoed» («educado») en «Het kind moet dus worden opgevoerd tot drie vraagstukken»; se traduce la letra. Las palabras alemanas que deja el periódico («du», Triebleben) se dan en cursiva.