Los antialcohólicos deliberan
En la Casa Billroth se inauguró ayer el séptimo Congreso Austriaco Antialcohólico (Alkoholgegnertag). Lo había convocado una comisión preparatoria de la que formaban parte el higienista profesor Reichel, el médico jefe doctor Kurz, como representante de la Liga de Obreros Abstemios, y el director del sanatorio para alcohólicos del Ayuntamiento de Viena, el primario doctor Gabriel. El ex presidente federal doctor Hainisch dirigió la primera jornada de sesiones. Primero se pronunciaron varios discursos de saludo: el jefe de sección doctor Scherer habló en nombre del Ministerio de Asuntos Sociales. No tenía que enumerar ningún logro digno de mención de la Federación en la lucha contra el alcohol, ni tenía tampoco que comunicar a los antialcohólicos ningún plan mínimamente alentador. En cambio, deseó el mayor éxito al congreso, por el que el Gobierno, naturalmente, se interesa.
Cuando a continuación habló el profesor Tandler en nombre del alcalde y de la ciudad de Viena, aquello ya no fue un discurso de saludo vacío. Tandler recordó brevemente la creación del sanatorio para alcohólicos y de la asistencia a los alcohólicos (Trinkerfürsorge) de la ciudad de Viena, que sin duda no puede ser más que un comienzo, aunque ya presta valiosos servicios en la lucha contra el alcoholismo. La verdadera lucha contra el alcohol tendría que partir de la legislación. A la larga, un pueblo no puede vivir con el alcoholismo. Basta pensar cuánto dinero sale al extranjero por la importación de bebidas alcohólicas para saber que con ese dinero ya nos habríamos podido ahorrar más de un empréstito en el extranjero. En la medida en que la legislación es competencia de los Länder, Viena hará lo que le corresponde. Una ley de asistencia a los alcohólicos, que debe discutirse en este congreso, se presentará con toda probabilidad en la Dieta de Viena y adquirirá fuerza de ley.
Luego se oyó de nuevo a una oradora de los cristianosociales, la consejera federal señora Rudel-Zeynik. No dijo que los partidos burgueses tuvieran la intención de combatir alguna vez al pernicioso capital del alcohol ni de crear una obra legislativa de cierta envergadura contra el alcoholismo. Pero declaró que los partidos burgueses sí habían hecho algo: aquella ley que prohíbe servir alcohol a los menores. A ello respondió Hölzl, que habló en nombre de la Unión de Diputados Socialdemócratas: cuando se hizo esa ley, los socialdemócratas ni siquiera consiguieron que el ámbito de la prohibición del alcohol se extendiera a los jóvenes hasta los dieciocho años. ¡Se quedó en la prohibición de servirles solo a los menores de dieciséis! Y lo que por lo demás ha hecho el Gobierno burgués en la lucha contra el alcohol se ve en que primero incluyó en su presupuesto 30.000 chelines, luego 25.000, de subvención para la lucha contra el alcohol; ¡pero ahora ha suprimido del presupuesto incluso esa cantidad ridícula!
El congreso entró luego en sus deliberaciones propiamente dichas. Habló primero el profesor Delbrück, de Bremen, sobre «Psicología cotidiana de la vida de los establecimientos y la prohibición del alcohol en el manicomio». Después, el profesor Bleuler, de Zúrich, describió la psicología del bebedor. Bleuler, uno de los neurólogos vivos más importantes y experimentados, sucesor de Forel, habló sobre todo contra los «moderados» en la bebida: si solo hubiera alcohólicos y abstemios, pronto se acabaría con la cuestión del alcohol. Los moderados nos hacen muy difícil la lucha. Son ellos los que hacen posible que la bebida, que el alcohol en general, tenga algún valor; son ellos los que crean la sugestión alcohólica que hace parecer disculpables y en cierto modo comprensibles los excesos de la bebida, de modo que incluso los desmanes brutales de personas achispadas no se reciben con indignación, como en otros casos, sino hasta con regocijo, porque provienen del alcohol, «dispensador de alegría».
Desde el punto de vista de la psicología individual, el doctor Alfred Adler trató luego de exponer los presupuestos psíquicos de la dipsomanía. Cree haber encontrado entre los bebedores sobre todo a personas que, por una educación errónea, no han encontrado la conexión con la comunidad, y que son ahora personas desalentadas, pero a la vez especialmente susceptibles y al mismo tiempo impacientes, ávidas de éxito. Su debilidad las lleva al alcohol.
En opinión de Adler, el centro de gravedad de la lucha contra el alcohol debe trasladarse a la escuela. Hay que ganarse a los maestros para que eduquen a los niños contra el alcohol, lo que debe hacerse sobre todo haciéndoles ver a los niños que, por regla general, son la cobardía ante la vida y el desaliento de las personas los que dan lugar a las costumbres de la bebida.
En la sesión de la tarde, el médico municipal doctor Drucker expuso los principios y la organización de la asistencia municipal a los alcohólicos en Berlín y en algunas otras ciudades alemanas. En Berlín, esta rama de la asistencia la dirige una sección propia de la administración sanitaria y la llevan a cabo dieciocho centros de asistencia a los alcohólicos. Pero Berlín no tiene todavía un sanatorio para alcohólicos como el que se ha creado en Viena. El médico municipal Drucker logró demostrar que la asistencia preventiva a las personas en peligro de alcoholismo puede reducir tanto los gastos ocasionados por las víctimas del alcohol que el resultado financiero de esta asistencia supone un ahorro para el presupuesto de beneficencia de las ciudades.
Dr. P. St.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre la imagen de la página en ANNO, Österreichische Nationalbibliothek (ANNO_aze19311122, imagen 7): «Die Alkoholgegner beraten», Arbeiter-Zeitung, Viena, n.º 322, 22 de noviembre de 1931, p. 7, firmado «Dr. P. St.».
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026). Las cursivas reproducen el espaciado del original. Trunksucht se traduce «dipsomanía» (término de época para el alcoholismo como adicción), Trinker «bebedor» o «alcohólico» según el contexto, Trinkerfürsorge «asistencia a los alcohólicos» y Trinkerheilstätte «sanatorio para alcohólicos»; Anschluß an die Gemeinschaft, «conexión con la comunidad»; Entmutigung, «desaliento»; Lebensfeigheit, «cobardía ante la vida». Primarius (médico jefe de un servicio hospitalario austriaco) se da como «primario».