¿Son neuróticos los norteamericanos?
por ALFRED ADLER
¿Qué es una persona neurótica? A un profano no le resultaría fácil decir más que es irritable, que no hay quien la maneje. Si aceptáramos semejante definición, casi el mundo entero —y en igual grado todas las naciones— podría llamarse neurótico, sobre todo si se recuerda que ciertos miedos extraños, por completo ajenos al terreno del sentido común, figuran entre los síntomas de las personas neuróticas. Esto no cambiaría mi convicción de que las llamadas personas neuróticas están repartidas de manera bastante uniforme por todo el mundo. Un visitante japonés, al que se preguntó cuál creía que era el rasgo más común de los pueblos blancos, respondió: «El miedo». Pero el miedo es probablemente el azote común de todas las razas de la tierra.
Desde el punto de vista de un profano es prácticamente imposible responder a la pregunta: «¿Son los norteamericanos más neuróticos que otras nacionalidades?». Y ni siquiera el uso de definiciones científicas, que difieren según las muchas escuelas de psicología y psiquiatría, facilita la tarea. Observadores experimentados que compararan Europa y los Estados Unidos a este respecto discreparían en la medida en que difirieran sus diagnósticos de la neurosis. Deseos reprimidos, la lucha entre lo llamado inconsciente y lo consciente, reflejos condicionados perturbados, sugestionabilidad, deficiencias de las glándulas endocrinas: cualquiera que sea la definición que se acepte, no nos permitiría responder a la pregunta planteada. En realidad, todavía no hemos encontrado una definición satisfactoria de la neurosis.
El número de pacientes registrados en las clínicas, en los sanatorios o en la consulta privada no es un indicio fiable. La comprensión de los factores psíquicos que producen síntomas neuróticos es quizá mayor en los Estados Unidos que en cualquier otra parte del mundo, mayor tanto entre los profanos como entre los médicos. El norteamericano neurótico se inclina más que su hermano europeo a buscar ayuda psiquiátrica, sea en fuentes cualificadas o en curanderos. Incluso en tiempos difíciles, el paciente norteamericano y su médico suelen llegar a un acuerdo para unos honorarios más bajos o sin honorarios en absoluto.
El número de pacientes no podría aducirse como prueba de diferencia entre los distintos países. Incluso contar a los niños neuróticos en las escuelas —quizá más revelador que cualquier otro recuento— es peligroso, porque depende en gran medida de la actitud y la concepción del maestro. Una encuesta entre maestros ha mostrado que en realidad solo hay un pequeño número de niños —vergonzosos, cohibidos, irritables, hipersensibles— a los que con razón podría llamarse nerviosos. Naturalmente, esto no significa que otros no puedan desarrollar síntomas de nerviosidad más adelante, ni que todos los niños registrados entren realmente en esa categoría.
La persona neurótica
Debo intentar explicar aquí qué es realmente una neurosis y las circunstancias que suelen provocarla.
El estallido de una neurosis, que se expresa en miedos aparentemente desconcertantes, fobias, ideas obsesivas, melancolía, esquizofrenia y síntomas semejantes, resulta invariablemente de una situación que el individuo en cuestión encuentra intolerable. Esta es la experiencia de la psicología individual, que también puede mostrar que nada en el entrenamiento del individuo afectado lo había preparado para hacer frente a esa situación concreta. Su falta de preparación se caracteriza por una falta de sentimiento de comunidad, una ausencia de valor y de concentración y una completa incapacidad para cooperar con los demás. Habiéndose formado durante la infancia lo que yo he llamado la actitud mimada ante la vida (y esto no siempre significa que el individuo haya sido realmente mimado), ha crecido esperando solo tareas fáciles, contando con que otros —o las circunstancias favorables— encuentren soluciones propicias a sus problemas. Una marcada falta de actividad —una pereza mental y física— es siempre característica de la persona neurótica.
Cuando se encuentra con un problema difícil que afecta a su vida social, a su trabajo o a sus afectos, sufre un intenso choque emocional. Abandonado a sus propios recursos, se siente perdido, como si se muriera. Estas emociones perturban los delicados equilibrios del alma y del cuerpo, y en lugar de afrontar con audacia sus problemas se retrae cada vez más en sí mismo en un esfuerzo por escapar de la realidad. Esto le procura un alivio pasajero, por el que, sin embargo, paga un precio terrible.
Esta exposición es importante porque nos da una base firme sobre la que fundar nuestra indagación acerca de si en los Estados Unidos hay más individuos de lo normal que adoptan una actitud neurótica ante sus problemas. Solo hay una manera de averiguarlo, y es estudiar la tradición educativa de la mayoría de la población y cómo reaccionan los niños ante la vida.
No podemos ser muy precisos sobre esto último, pero podemos suponer que los niños están muy influidos por las tradiciones generales y los hábitos de pensamiento de sus mayores.
El país de la eficiencia
A todos los visitantes de este país les impresiona su extraordinaria eficiencia, la «eficiencia norteamericana». Sus ciudadanos han construido el país más rico y más fuerte del mundo y siguen construyéndolo cada vez más, obligados a ello por las exigencias de una población que crece rápidamente. Estas exigencias no pueden dejar de dar a la gente del país una impresión muy honda de la importancia de la eficiencia. Como fruto natural de esta eficiencia encontramos logros extraordinarios en los campos de la ciencia y la invención, empresas notables en la arquitectura y el arte, los mejores laboratorios del mundo, el mayor desarrollo industrial, el más alto nivel de la agricultura, la mayor amplitud de los deportes.
Comparados con otros países, los Estados Unidos deberían tener el menor número de casos neuróticos, porque su eficiencia ha creado mejores oportunidades de actividad útil entre sus ciudadanos. Podríamos esperar un número mayor de fracasos activos, pero un número menor de fracasos más pasivos. Razonando en esta línea, podemos concluir también que en los Estados Unidos hay más fracasos activos que en muchos otros países.
La falta de sentimiento de comunidad en los distintos países no puede medirse con exactitud. Mi impresión es que en los Estados Unidos no hay menos sentimiento de comunidad que en otros países; quizá un poco más.
La mayor eficiencia de este país puede explicarse por el hecho de que entre los inmigrantes a los Estados Unidos ha estado la flor y nata de los individuos activos y aventureros: colonos, pioneros, gente a la que su patria se le había quedado demasiado estrecha, demasiado limitada. Así, la tradición de la eficiencia se convirtió en los Estados Unidos en una especie de ideal y, por sí misma, en una protección contra cualquier aumento de las neurosis.
Fuente: traducción de la transcripción del archivo (véase la versión original), hecha sobre el facsímil de The Forum and Century (Nueva York), vol. 95, n.º 1, enero de 1936, págs. 44-45, digitalizado en Internet Archive. Los comentarios p. n del código marcan el comienzo de cada página impresa del original.
Traducción: traducción íntegra al español hecha para la Escuela Libre de Psicología Adleriana (2026), con los ladillos tal como se imprimieron. Social interest se traduce «sentimiento de comunidad»; pampered attitude, «actitud mimada»; efficiency, «eficiencia»; active / passive failures, «fracasos activos / pasivos».